Buscar    en 
 

Menú

·Inicio
·Ayuda
·Top 10
·Noticias por Temas
·Archivo de Noticias
·La Rueda del Tiempo
·Asociación Cultural
·Juegos
·Relatos
·Publicaciones
·Galería de Imágenes
·Descargas
·Enlaces Web

Comunidad

·Tu Cuenta
· Foros
· Chat
· Mensajes Privados
· Libro de Visitas
· Lista de Miembros
· Contactar
· Recomiendanos

Servicios

·Enviar Noticia
·Correo gratuito
·Trivial
·Postales
·Diario de Usuarios
·Generador de nicks
·Calendario de Eventos

No te pierdas...

El Club de Lectura

Foros

Lista de Correo



Enlace del Momento

El Trono de Rime: El trono de Rime es una novela de literatura fantástica online, que se publica por capítulos. Sucede en Ombur, mágico mundo donde conviven humanos, elfos, enanos, orcos, silfos, huargos y dragones, y donde, 1.000 años atrás, durante la Edad Oscura, hubo gnols. Cierto día, el pasado reaparece...

¿Conoces una página web interesante? Añádela a nuestra sección de enlaces.

RELATOS DE LA RUEDA DEL TIEMPO

"La Lanza"

Por Ninemoons 

 

Aún sentía un leve escozor en los labios cuando entraba en la tienda. Recordó la incipiente barba de dos días de Joel y sonrió traviesa a la oscuridad, como un niño que esconde un secreto. Mientras dejaba resbalar la ropa en la que antes habían estado posadas sus manos y se metía dentro del lecho, vestida con el recuerdo de su aroma y de su voz, también sonreía. Sonrió hasta que vislumbró en la penumbra una familiar sombra alargada, recostada contra una de la paredes más cercanas y una nube de dudas se cernió sobre su frente. ¿Realmente iba a abandonar a su actual esposo, a su lanza, por este muchacho? 

Rememoró entonces de nuevo ese beso, el primero que él había dado nunca, ese beso ansioso, como del sediento que encuentra agua fresca después de un largo día de marcha bajo el sol, y supo que iba a renunciar a lo que tanto le había costado conseguir, a su condición de doncella lancera.

Que raro resultaba aceptar que iba a olvidar tan fácilmente a todas las penalidades, todos los sacrificios que había tenido que hacer para conseguir la lanza. Había arriesgado su vida para huir de esa maldición que pesa sobre la mayoría de las mujeres consistente en no vivir las vidas que desean, renunciar a su esencia y a sus deseos para servir a los hombres, y ahora iba a dejarlo todo por ese chiquillo de ojos grises. La aiel de pelo negro no podía aceptarlo...

Hubo un tiempo en el que la joven Rosewyn no había sostenido jamás una lanza entre sus manos, en el que sol jamás se había posado más de unos segundos en su cobriza y  exquisita piel. Un tiempo, doce años atrás, en el que Rose era una joven bailarina en la corte de Arad Doman. 

El padre de Rosewyn era un estudioso dentro de palacio, uno de los consejeros del rey, que se pasaba todo el día leyendo y narrando historias de pueblos lejanos, naciones con otras costumbres, otra política, con gente diferente que afrontaban la vida de otra manera. Ella adoraba escucharle, sobre todo cuando hablaba de los Aiel, ese pueblo casi legendario, bravo y peligroso, que vivía en el Yermo. Cuando su padre murió y su familia decidió casarla con el hijo de un noble al que ella apenas conocía y que le resultaba del todo indiferente, la hermosa bailarina domani de 16 años decidió huir de Bandar Eban y de su destino. Huir en  pos del espejismo de unas feroces mujeres que vivían y luchaban sin necesitar a los hombres.

Durante meses huyó hacia el este, decidida a encontrar a las Aiel, o a morir en el intento. Durmiendo en posadas a cambio de hacer pequeños trabajos y acogiéndose a la hospitalidad de los campesinos. Al principio avanzaba sola, escondiéndose, por miedo a encontrarse con los rastreadores que probablemente habrían salido en su búsqueda. Pero pronto aprendió a buscar la compañía de otros viajeros para protegerse de los ataques de ladrones y maleantes.

Durante unas semanas acompañó a un juglar, pero se detenía demasiado tiempo en los pueblos, y su avanzar era demasiado errático. También viajó varios meses acompañando a un buhonero, un buen hombre que se sentía algo sólo y que intentaba convencerla continuamente de la locura que iba a cometer adentrándose en una tierra inhóspita llena de salvajes. En la última parte de su periplo se unió a una caravana de gitanos, donde redescubrió la alegría de bailar para uno mismo.

Fue con los gitanos con quienes cruzó ese macizo montañoso conocido como la Columna Vertebral del Mundo y se adentró en el agostado paisaje del Yermo. Y a su lado vio por primera vez a los aiel. Había pasado alrededor de un año y medio desde que  abandonara Arad Doman. Cuando les habló, les dijo que se quería quedar con ellos, vio el desprecio y la incredulidad en sus ojos.

Obtuvo su oportunidad cuando una doncella lancera que podría ser su madre, acompañada de una sabia llamada Aliss que podría haber sido su abuela, la llevaron a parte y escucharon su historia, oyeron atentamente todas las penalidades y los sacrificios que había consagrado a la meta de encontrarlas y convertirse en una de ellas. Ambas la permitieron acompañarles no sin antes avisarla de que todo lo pasado parecería un viaje de placer comparado con lo que la esperaba antes de ser aceptada. No exageraron ni un ápice.

Ella se sabía fuerte para ser una mujer, bajo su aparente fragilidad se escondían los músculos de una bailarina, pero nada le costó tanto como adaptarse al ritmo de los Aiel, infatigables caminantes desde generaciones atrás. Llegó a creer que moriría de cansancio. En sus aventuras siempre se había imaginado doblegando briosos corceles de batalla y no arrastrando los pies por el polvo.

Aún recordaba el día en que se sorprendió soportando sin excesivos problemas el ritmo de sus futuras hermanas, que la sonrieron alentándola, y a ella, considerando en su inconsciencia que había dado un gran paso en su aceptación se le había ocurrido bromear “"Siempre me han gustado los caballos, te llevan y te traen encantados. ¿Por qué renunciar a ellos? ¿Porqué cansarse por gusto?". "Nunca serás una aiel”"dijo una de las doncellas secamente "podrás correr como nosotras, podrás manejar la lanza con cierta soltura, pero jamás serás de las nuestras".

Fue todo un mazazo, pero era cierto, peor aún que adaptarse a la dureza de la vida en el yermo, aprender determinadas habilidades o manejar la lanza, era entender el modo de pensar de este pueblo. Pero estaba decidida a ser aiel. Siendo ya una doncella, Rose llegó a detestar su pelo negro, su baja estatura y su piel cobriza que la hacía destacar allá por donde fuera. Soñaba con ser alta y dorada como sus hermanas de lanza.

Todo compensó cuando realmente fue acogida en el seno de su clan. La camaradería, la libertad, y la emoción de la lucha cuerpo a cuerpo. Aún recordaba vivamente, con un estremecimiento de excitación, la primera vez que bailó para su nuevo pueblo. Si se esforzaba aún podía sentir la mano sobre el hombro que la despertó, y el susurro: "ven, vamos a danzar bailarina, tu primera danza con nosotras".

Habían pasado diez años y era aiel, nadie lo ponía en duda, apenas recordaba a la jovencita que huyó o las costumbres de las tierras húmedas. Durante una década había ignorado a los hombres y había dormido junto a su lanza y vivido al lado de las otras doncellas. Feliz. Hasta que había irrumpido en su vida este muchacho, tan joven como lo era ella cuando consiguió pisar por vez primera el suelo pedregoso del Yermo. 

En su vida había habido otros hombres. Los aiel eran apuestos y apasionados, y una de las primeras cosas que aprendió es que las doncellas no renuncian a disfrutar de su compañía. Pero no habría abandonado la lanza por ninguno, ni siquiera se lo había planteado.

Rose apretó los párpados y dibujó en su mente el rostro de Joel, con sus rizos rojos, su amplia sonrisa y sus honestos ojos grises. Acompañada por esa mirada brumosa, la mujer cayó en un profundo sueño.

Pocas horas después abrió los ojos lentamente y se desperezó. Mientras se lavaba y se vestía, al tiempo que deslizaba sus pies desnudos en las flexibles botas, observaba la lanza. En ningún momento su mirada se apartó de esa pieza de madera y metal. Se acercó en unos pocos pasos, la aferró y salió de la tienda con la determinación plasmada en su semblante.  

La aurora asomaba tímidamente en el horizonte. Poca gente estaba en pie en el septiar, aún era demasiado pronto, pero distinguió claramente una figura larga y desgarbada sentada a lo lejos, en una elevación del terreno. La figura se levantó de un salto y fijó los ojos, anhelantes, en ella. Rose giró la cabeza para no verle, no quería ver el rostro de Joel, ya sabía de sobra lo que se encontraría: un hombre expectante y preocupado, "y enamorado" pensó para si.

Apretó el paso hacía la tienda de Aliss, la sabia era una de sus mejores amigas. "Aliss" llamó quedamente. "Pasa bailarina, te estaba esperando". La anciana ya estaba despierta, sentada en el suelo frente a dos tazas de té humeantes. "¿Qué has decidido al fin?". Rose miró sonriendo a la mujer, nunca se había andado por las ramas. "He pensado qué tal vez querrías aceptar un intercambio. Yo ya no necesito esto, y sé que la mayor de tus nietas está esperando con ansia cumplir los años necesarios para desposarse con la lanza".

Cuando Rose salió de nuevo al exterior llevaba una larga falda y las manos vacías. Se dirigió directamente al lugar donde Joel seguía esperándola de pie. Rose se percató de cómo al verla se le iluminó el rostro. "¿Darás sombra a mi vida mujer?" preguntó con voz baja y profunda cuando llegó a su lado. "¿La darás tú a la mía chiquillo?" respondió ella alzando la cabeza  para mirar directamente los ojos de pedernal del alto soldado de piedra. Lo siguiente que supo es que había unas manos aferrando su cintura y unos labios sobre los suyos, que reían.

Cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, se pasó la lengua por los labios y acarició el rostro del joven, "pero antes tendremos que hacer algo con esa cara soldado" sonrió. Joel se pasó la mano por la incipiente barba, se le veía feliz, "¿y tú que me darás a cambio doncella?". Un brillo pícaro asomó a los ojos de la mujer, "tengo guardado en mi tienda el vestido que solía llevar cuando bailaba ante el rey en Bandar Eban. Quizás haya llegado el momento de volver a ser una mujer domani".  

 

AGRADECIMIENTOS:  A Ashaman, porque gracias a ti gaidin he vuelto a escribir relatos de fantasía épica después de tanto tiempo. A Ishamael, que además de hacerme un huequecillo en su web, me ha hecho recuperar la sana costumbre de escribir relatos cortos. Y a ambos, gracias por las noches en las que os habéis dejado martirizar por esta seanchan, y por las que os quedan por sufrir en mi compañía.

PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PERMISO EXPRESO DEL AUTOR.

Los Espejos de la Rueda© 2002

Volver a la página de Relatos

Entrar

Nombre

Clave

¿Todavía no tienes una cuenta? Puedes crearte una aquí. Como usuario registrado tendrás diferentes ventajas. Consulta la ayuda.

Novedades Editoriales

Para saber más... Haz click aquí

Usuarios Conectados

invitados 107 invitado(s)
miembros 0 miembro(s)
Eres un invitado
Registrarse Regístrate

Encuestas

¿Que Novela de Fantasía del 2006 te ha gustado más?

El Profeta Guerrero
Las Mentiras de Locke Lamora
La Búsqueda Sagrada
Señores del Olimpo
La Ciudad del Grabado
La Torre de la Golondrina
Elantris
Panteón (Idhun III)
La Torre Oscura VII
Juglar
Imajica
Otros



Resultados
Encuestas

votos: 1214
Comentarios: 5

Noticias Anteriores

Solidaridad


Ayuda a paliar el Hambre con un click al día

 


Copyright © 2000 - 2005 Los Espejos de la Rueda. Textos bajo licencia Creative Commons si no se indica lo contrario.
Términos y Condiciones | Política de Privacidad | Estadísticas
Este sitio web funciona con PHP-Nuke. PHP - Nuke es software gratuito bajo la licencia GNU/GPL