Nadie prestó mucha atención a los dos personajes que entraron en
la taberna. Fuera, un letrero recién pintado, mecido por el viento, anunciaba
que el nombre del establecimiento era El Descanso de la Divinidad. Uno de esos
personajes vestía una sencilla túnica blanca e irradiaba un halo de poder, pero
un poder sosegado, tranquilo. Tenía el cabello largo, una barba aun más luenga e
igualmente blanca y unos ojos que contenían toda la luz del universo. El otro,
en contraste, iba vestido de negro. Sus rasgos resultaban imprecisos, aparte de
un vago indicio de cuernos y unos ojos rojos y ardientes como ascuas que
contenían todo el dolor y el odio existentes. Un hombre bien vestido, de mediana
edad, se acercó a ellos.
-¿En qué puedo ayudarles, señores? -inquirió el obsequioso
hombrecillo.
-TENGO HECHA UNA RESERVA. -Más que una voz, las palabras fueron
un trueno en la mente.
-¿A nombre de quién, señor? -preguntó el hombre.
-EL GRAN SEÑOR DE LA OSCURIDAD.
-Bien, veamos. Gran Calamocano, Gran Señor... Oh, sí, aquí está.
Mesa para dos, Gran Señor de la Oscuridad. ¿Quieren acompañarme, por favor?
Siguieron al hombrecillo hasta un banco de madera situado en el
rincón del fondo.
-¿Qué les apetece cenar a los señores? -inquirió el hombrecillo
mientras señalaba la carta, en la que aparecía el menú del día.
-Néctar y ambrosía para mí, por favor. -Eran las primeras
palabras que pronunciaba el hombre de blanco-. Con mucha Salsa Verdadera.
El hombrecillo se volvió hacia el oscuro cliente y ladeó la
cabeza en un gesto interrogante.
-HUEVOS DUROS CON SALSA PICANTE DIABÓLICA. Y CARNE AL FUEGO
ETERNO, EN CRÁNEO PARTIDO DE CABRA.
-¿Y para beber, señores?
-¿No tendrá por casualidad la belgariana espumosa Matadioses?
-Claro que sí, señor.
-Estupendo, entonces tráigame una jarra de seis litros -pidió el
de la túnica blanca al tiempo que se frotaba las manos con regocijo-. Te digo
que esta noche estoy dispuesto a caer redondo, vaya que sí.
-YO TOMARE SANGRE DE UNA DOCENA DE VÍRGENES.
-Muy bien, señores -dijo el hombrecillo, que se escabulló
rápidamente hacia la cocina.
El oscuro personaje se inclinó hacia el de la túnica
blanca.
-¿UN CIGARRILLO?
-Oooh, mejor no, si no te importa. Estoy intentando
dejarlo. Por cierto, ¿te importaría dejar de hablar con esa tonta voz
retumbante? Hace que me castañeteen los dientes.
-Lo siento -se disculpó el personaje oscuro en un tono más
normal-. La mitad de las veces lo hago sin darme cuenta. Uno tiene que mantener
esas cosas si quieres inspirar temor constante a tus servidores.
-Así que tienes problemas con tus Renegados, ¿eh? -rió el
otro-. No sé cómo te las apañas. Yo sólo utilizo un apoderado, ese tipo, Rand
al'Thor, y no deja de darme problemas.
-Podrías
pasármelo... -empezó el personaje oscuro.
-¡Ja! ¡No me pillarás
con ese truco tan simple! Conoces las reglas: tiene que elegir él.
En ese momento, el
pequeño camarero regresó con los platos. Después de que se hubiese marchado, el
Creador se metió un gran bocado de su comida.
-¡PUAAAAAG! -exclamó,
escupiendo lo que tenía en la boca-. ¡No lo soporto sin sal! ¡Camarero!
-Permíteme -dijo el
Oscuro, uno de cuyos negros brazos empezó a extenderse a través de la sala,
alargándose más y más. La garra de obsidiana cogió el salero, retrocedió hasta
la mesa y se lo pasó al Creador.
-Vaya, tu alcance se ha
extendido mucho, ¿eh?
El Oscuro le sonrió.
Poco después, el
camarero acudió de nuevo a su mesa.
-¿Les apetece a los
señores el postre especial de esta noche?
-¿QUÉ ES?
-Pastel de Ángel, hecho
con... -Sus palabras se cortaron de golpe cuando una negra mano le aferró por la
garganta.
-¿ME ESTÁS TOMANDO EL
PELO?
De pronto se oyó una
llamada desde el bar.
-¡Teléfono para
Shai'tan! ¡Teléfono para Shai'tan!
El Oscuro soltó al
camarero... unos seis metros más allá de lo necesario.
-¡Le dije que no me
llamase aquí! ¡Se lo dije a la muy jodida!
Sin dejar de mascullar
su dirigió hacia la zona del bar. Cuando Shai'tan regresó a la mesa, advirtió
que el Creador estaba hundido flojamente en el asiento y que tenía una
sonrisilla estúpida.
-¿Qué te pasa?
-Nadaa. Naaa en
abzoludo. Greo que porbalbemende he domado maz de la cuenda... Ezda Madadiozez
pega fuezde, ¿zabeeez?
-Bueno, pues controla.
El tío del bar nos ha reconocido de la semana pasada. He tenido que pedirle
disculpas tres veces por la gresca que se montó. Aún no le han arreglado la mesa
de billar. He tenido que explicarle que hemos acordado restringir nuestras
eternas disputas a un universo convenido de nuestra propia creación. Juro que si
empiezas a entonar otra vez la canción del goblin...
-Nooooooo de
peorcupezzz... Ezzzdas dodo el diempo perocupándode... ¡Anda, adímade! ¡Adegra
eza cara! A ver... uda zondiza que idumine tu cadda....¡Eeh, que te idumineee!
¿Lo pillazz?
A juzgar por el gesto
de Shai'tan, obviamente lo había pillado.
-Vaaaale, vaaaale. Un
chizte malo. Eh, ¿puedo pergundarde algo?
-Dispara -contestó
Shai'tan.
-¿Quién mató a Azmodean?
-Sabe Dios.
-Nop, no lo zé.
-No, quiero decir que
nadie lo sabe. Tú no lo sabes y yo no lo sé. ¡Y SOMOS omnipotentes!
-¿Cómo de adreves?
Jamáz tuve porblemazz en eze terrreno...
-No. Opnipotentes. OM-NI-PO-TEN-TES.
Significa que somos unos listillos del carajo.
-Ah, endoncezz fale. En
eze cazo zoy... onmi... omini... onni... ezo que haz disso. -El Creador se
rascó un sobaco-. Dengo que id a hacess un piz.
Se levantó
y cruzó la sala dando bandazos y con pasos desequilibrados de un modo ridículo.
Una camarera que había cerca dirigió una mirada despectiva al Creador cuando
pasó de esa guisa a su lado. Echó una ojeada de soslayo a Shai'tan.
-¿Se
encuentra bien vuestro amigo?
-Pues claro
que sí. Es un dios.
-Ya, pero lo que digo
es que fijaos como va. Apenas se tiene en pie.
-Eso es simplemente el
modo misterioso de actuar de un dios. Nada por lo que deba preocuparse una
preciosa criatura como tú.
Los rojos ojos de
Shai'tan se detuvieron un momento en el cuerpo de la chica.
-¿Cómo te llamas,
monada?
-Gerty -contestó ella
con una risita tonta.
El Oscuro alargó una
garra y la posó en el trasero de la chica.
-¿TE GUSTARÍA SER
NAE'BLIS, GERTY?
¡Zas! El bofetón de
Gerty resonó en toda la sala.
-¡No me tragaré otra
vez eso, imbécil de mierda! -gritó mientras se alejaba hecha una furia.
Al cabo de un rato el
Creador regresó a la mesa.
-Me siento mucho mejor
ahora -comentó, limpiándose un poco de vómito seco de la comisura de la boca-.
¿Nos vamos?
-Sí, no me vendría mal
un poco de aire -contestó Shai'tan al tiempo que se frotaba la mejilla.
-¡Eh, por cierto!
¿Viste el otro día a esos chiflados de la cadena LRDT BBS? -preguntó el Creador
mientras se dirigían hacia la salida-. Discutían quién había hecho al Creador.
-Soltó una risa estridente-. ¡Quién me hizo A MÍ! ¿Puedes creértelo? No tienen
ni idea.
-Seguramente se caerían
muertos si lo descubrieran, Beidomon -respondió Shai'tan, riendo también.
-¿Quedamos entonces a
la misma hora la próxima semana? -preguntó el Creador.
-Me temo que no puedo.
Viene a visitarme mi primo Sauron. Es un plomo de mucho cuidado. Está siempre
con lo mismo, dale que te dale con unos jodidos anillos o algo así.
Los dos personajes
salieron de El Descanso de la Divinidad y cada cual se marchó por su lado.
PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PERMISO EXPRESO DEL AUTOR.
Los Espejos de la Rueda© 2002
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