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¿Conoces una página web interesante? Añádela a nuestra sección de enlaces.

RELATOS DE LA RUEDA DEL TIEMPO

"La Caza de Aes Sedai"

por Joar Adam Nessosin (R.H.S.)

            

Era una mañana fría y gris en la que Treshiam se despertó tenso y sudoroso. Aunque como siempre había puesto salvaguardas a sus sueños, estas no podían evitarle sus propias pesadillas, repetidas todas las noches desde el día en que descubrió que tenía el poder de encauzar. Su historia comenzó cuando al intentar quitar una piedra, que le impedía el normal laboreo de su campo, lo hizo pero no con las manos, sino con la mente. Solo se movió un poco, apenas unos centímetros, pero eso le bastó para que saliera corriendo como si hubiera aparecido el mismísimo señor oscuro de repente. Se escondió en el refugio de su casa, hasta que un día volvió a intentarlo con un libro y lo mantuvo en el aire cual pluma de oca flotando suavemente con el viento, luego pasó a levantar una silla. Parecía como si una voz en su interior le guiará en cada paso, le enseñara que hacer, que tejidos enlazar. Intentó la realización de otras tareas, como la de encender fuego en el llar solo con el uso de su poder, pero la voz no acudió esta vez en su ayuda y la fuerza se le descontroló, ardió toda la casa y tuvo tiempo apenas de sacar las mínimas cosas de valor que tenía. Mas tuvo suerte, o tal vez no, no pasó ni una hora cuando apareció un curioso personaje vestido de negro, con porte orgulloso, sus ojos reflejaban conocimiento pero también había algo en ellos que infundía un cierto temor y respeto a Treshiam.

- Que. ¿ Jugando un poco?  - le preguntó sarcásticamente.

- No sé a que se refiere – le contestó Treshiam.

- Y parece ser que nos hemos sobrepasado un poquito. Has tenido suerte que fuera yo quien estuviera cerca de aquí y notara esa oleada de poder suelto. Si hubiera sido una Aes Sedai, hubiera sido lo ultimo que hubieras hecho en esta vida – le dijo el hombre.

- Le repito que ... – empezaba a decirle Treshiam cuando le atajó diciéndole

- Y yo te digo que dejes de hacer el tonto. Mi nombre es Darms, soy Asha’man y reclutador de gente como tú. Además parece que el poder en ti se manifiesta con una fortaleza considerable. Deberías acompañarme a un lugar donde se te podría preparar para el uso de esa fuerza que tienes en ti. ¿Qué dices?

La verdad es que mirando a sus escasas pertenencias, a su casa destrozada, Treshiam decidió aceptar su propuesta

- De acuerdo te acompañaré, deja que vaya a buscar mi montura para el camino

- No hace falta – le contestó Darms – llegaremos enseguida.

Treshiam notó algo raro en su interior cuando Darms usó el poder para abrir como un agujero en medio de la noche, y le instó a que lo cruzara con él. Llegaron a un pueblo en el que le instalaron en una pequeña habitación con dos hombres más. Su ascensión fue rápida, en menos de una año ya mostraba su alfiler de plata con forma de espada, y siete meses después era el alfiler esmaltado en rojo y oro con forma de dragón lo que lucía y que le distinguía como Asha’man. Después le habían asignado varias misiones simples, que habían consistido fundamentalmente en el reclutamiento de futuros Asha’man, y en dar clases en la escuela. Fue entonces cuando le citaron ante el maestro. Al llegar allí, se dio cuenta que aparte de él había 4 Asha’man más, los conocía a todos, el más experimentado era Vart, los otros eran recién promocionados como él. Se arrodilló ante el maestro y luego se levantó. El maestro les dijo:

- Tengo conocimiento de la presencia de dos Aes Sedai del Ajah rojo en la posada de un pueblo cercano. Vuestra misión será traerlas escudada hasta aquí, así conoceremos los planes de esas despreciables mujeres y si conocen el verdadero poder de esta escuela. También servirá para realmente conocer vuestras capacidades y si se puede depender de vosotros llegada la hora del combate.

El grupo estaba compuesto aparte de por Vart y Treshiam, por Sinno, Griel y Wuon. Sinno era uno de esos hombres tímidos y apocados, parecía menos de lo que era, aunque no era tan fuerte como Treshiam en el poder, poseía la capacidad superior a la media entre los Asha’man. Griel era independiente, en las clases siempre había ido por separado, era como un espíritu libre. Wuon era el menos poderoso de todos ellos, había sido promocionado hacía tan sólo un mes.

 Y es por todo ello que se despertaba en un lugar para él desconocido, helado, y con el recuerdo de sus pesadillas todavía latentes en el cerebro. Con lentitud y con un ligero protestar de sus músculos logró incorporarse, vistiéndose rápidamente pues el frío apretaba de lo lindo. Fue hacia la pequeña hoguera en la que ya estaban tres de sus compañeros, afanosos en la preparación del desayuno.

- Buenos días – susurró Vart, que como cabría esperar había sido nombrado jefe de la expedición, pues no era tan fuerte como el maestro, por supuesto, pero Treshiam no hubiera querido por nada del mundo estar cerca si se produjera una disputa entre ellos.

- Buenos días – le contestó nervioso.

Se incorporó el último de los Asha’man al círculo y Vart pasó a repetir el plan que ya casi se sabían de memoria:

- Nos encontramos a una hora de camino del pueblo, así que llegaremos sobre las diez. Recordad que yo seré el mercader, tu serás mi contable– señalando a Treshiam – y el resto, nuestros guardaespaldas. Nuestro objetivo es no llamar la atención, pues el punto fuerte será coger a esas mujeres por sorpresa. Vamos simplemente a comprar una cosecha. Bajo ningún concepto utilizareis el poder, parece ser que ellas no lo detectarían, pero no lo vamos a comprobar hoy. Así que ¿lo tenéis claro?. ¿Alguna pregunta?.

- Pero, Vart, seremos lo suficientemente fuertes para escudarlas, nunca hemos intentado nada parecido con mujeres – exclamó Sinno.

La mirada que le dirigió Vart fue de desprecio, tal vez hacia el propio Sinno o hacia la tan improbable posibilidad de que unas Aes Sedai pudieran superarlos. El orgullo era probablemente una característica innata en él y tan poderoso como su fuerza en el poder único.

- Si piensas que dos miserables Aes Sedai pueden protegerse de cinco Asha’man, es que a lo mejor el maestro se ha equivocado en tu elección. Si prefieres no acompañarnos será tu elección – le contestó Vart.

- Claro que os acompañaré Vart, pero aún así, tengo dudas – dijo Sinno.

- Si seguimos el plan diseñado por el maestro no habrá problemas, así que si cada uno desempeña a la perfección su papel, en dos horas estaremos en casa y con dos Aes Sedai escudadas. Alguien más quiere expresar sus dudas.

Todos permanecieron callados y respondieron casi al unísono:

- Seguiremos los designios del maestro y  las capturaremos.

Se encaminaron hacia el pueblo, cada uno imbuido en el disfraz que le correspondía. Por delante iba Sinno, como el que protege de un posible ataque frontal, después iban Vart y Treshiam, cerrando la comitiva Griel y Wuon. El pueblo consistía en una serie de casas, medianamente lucidas que se arremolinaban alrededor de apenas cinco calles. Que podría tener de interés ese pueblo para las Aes Sedai se preguntó Treshiam, pero la verdad es que los pensamientos de esas mujeres era prácticamente una incógnita siempre para él. Se dirigieron a la calle principal, si es que se le podía llamar así a una calle de barro deformada bajo el continuo paso de los rodados, y de una anchura que no podrían pasar ni dos carros. Al llegar allí contemplaron el rótulo indicativo de la presencia de la posada, La noche. El rótulo consistía tan solo en un tablón de madera en donde toscamente se había grabado una luna y unas estrellas a su alrededor.

Entraron con parsimonia a la posada, tratando de mostrar calma, pero Treshiam notaba como si una colonia de hormigas se hubiera instalado en su estomago. El salón de la posada consistía en una habitación bastamente decorada, con paredes desconchadas debido a los efectos de la humedad y a los años pasados sin ser ni cuidadas ni restauradas. Había un mostrador donde se ubicaba el que probablemente sería el posadero, pues no paraba de escudriñar los alrededores, dando ordenes a una única camarera. A la derecha del mostrador se podía ver la escalera que conducía al único piso superior, destinado a las habitaciones. En el centro y fondo de la sala  estaban colocadas  seis mesas, cerca de una chimenea que dotaba por lo menos a la habitación de un calor ligeramente confortable. Tres de las mesas se encontraban vacías, en las otras se observaban granjeros, que habiendo hecho seguramente su tarea diaria descansaban tomando el vino especiado tan típico de la zona y hablando entre ellos animosamente. De momento ni rastro de las Aes Sedais. Tal vez hubieran salido fuera pensó con temor Treshiam. De todas formas habría que seguir con el plan establecido. Vart se encaminó a una de las mesas en la que había un granjero con aspecto, al menos, mínimamente pulcro.

- Buenos días tengáis – saludó.

- Buenos días – le contesto el campesino.

En su rostro había un retazo de curiosidad pues no eran muchos los extranjeros que entraban en esa posada.

- Vengo con la intención de buscar vendedores de avena. ¿ He acudido a las personas indicadas? – preguntó Vart.

- Por supuesto que sí, señor. Este año la cosecha ha ido bien, así que podemos ofreceros una ... Aunque ¿ de qué cantidad hablamos? – contestó uno de los granjeros.

- De unas 15 toneladas – respondió Vart.

- ¡15 toneladas ¡ - su expresión cambió totalmente – mi buen señor, por favor, sentaros – y girándose hacia el posadero exclamó – Sern trae tu mejor vino a este señor – mirando de nuevo a Vart le inquirió - ¿ de que precio hablamos? , mi señor.

- De 10 monedas de oro por tonelada – contestó Vart, mientras se sentaba con Treshiam a su lado y el resto permaneciendo de pie.

Aunque el campesino intentó controlar su expresión, no pudo. Ese dinero era mucho más de lo que podría obtener en cualquier mercado. Era más de lo que había imaginado nunca.

- ¿No será algo ilícito?, mi señor, si es que os lo puedo preguntar – comento en un susurro, que Treshiam estando al lado de Vart pudo apenas escuchar.

- No te preocupes buen hombre. Un Poderoso señor me ha encargado ese cargamento de la mejor Avena y visto lo visto, la que he visto en esta zona lo es con diferencia – le respondió Vart.

- Pues no se hable más, ha hecho un trato – tendiéndole la mano el granjero – mi nombre es Aerosh y en verdad os aseguro que sí es la mejor avena de toda esta comarca.

Vart le estrechó la mano. El primer paso de la escenificación estaba realizado. Aerosh estaba tan contento que no paraba de hablar sobre en lo que se iba a gastar ese dinero. Vart con tranquilidad y astucia redirigió la conversación.

- Tal vez os podrías gastar el dinero en bellas mujeres – le dijo.

- Pero en este pueblo no hay muy bellas mujeres y menos de esas que se les puede comprar un favor con dinero, y yo no puedo ausentarme de mi granja, aunque... – se detuvo en su explicación – ahora que pienso, hace dos días vinieron dos extranjeras muy hermosas, extrañas pero hermosas, aunque no se si ellas.

- Déjanos a nosotros si podemos convencerlas te lo daremos como un detalle más.          ¿ Dónde están  ahora? – le atajó Vart.

- Sern ¿ donde se encuentran las extranjeras? – trasladó la pregunta Aerosh.

- Como a ellas le gusta decir en sus aposentos, habitación tres- le contestó Sern, que seguía con su ardua tarea de conseguir sacar brillo al mostrador.

Vart y Treshian se levantaron de la mesa mientras el granjero no sabía como seguir mostrando su agradecimiento. Se encaminaron hacia las escaleras con tranquilidad, sin denotar ese estado de nerviosismo que imperaba sobre todos menos sobre Vart, que siempre se mostraba seguro y firme como una piedra. Subieron las escaleras procurando hacer el menor ruido posible, y por fin llegaron a la puerta tres. Así pues ya se encontraban preparados para entrar en acción. A la señal indicada por Vart, Treshiam encauzó, entremezclando los tejidos de aire y fuego destrozó silenciosamente la puerta. Allí estaban las dos Aes Sedai, una sentada en un sillón colocado al costado de la cama y la otra de pié leyendo un manuscrito, sus rostros mostraron una expresión de sorpresa al verlos y fue mayor cuando se dieron cuenta que habían sido escudadas. Treshiam, al igual que los demás, notaba los “empujones” que daba la mujer sobre su escudo que había tejido junto con Sinno y Wuon. Vart y Griel habían aislado a la otra Aes Sedai.

- Vuestros nombres – preguntó imperativamente Vart.

- No es de vuestra incumbencia, hombres – esta última palabra la pronunció con el mayor desprecio posible.

- Aprenderás a tener modales Aes Sedai, vaya si aprenderás – le dijo Vart.

Al instante una herida le apareció en el terso rostro de la Aes Sedai y su grito de dolor inundó la sala. Vart sonreía anchamente.

Aunque aquí llegó el primer error de los Asha’man, habían subestimado las fuerzas de las Aes Sedai, siendo como eran cinco, eran insuficientes para mantener escudadas a las Aes Sedai y a su vez abrir un acceso por el que llevárselas. Tendrían que pasar a la segunda opción dentro del plan, salir andando, no debería provocar más problemas en sí, solo un retraso de tiempo.

Pero fue cuando Treshiam notó un fuerte empujón sobre el escudo, sintiendo en ese momento como un punto de unión comenzaba a debilitarse, miró a Sinno, y lo que vio no le gustó nada, era el semblante de una persona llena de miedo, las dudas de Sinno le habían llevado a perder el control, Treshiam veía, pues, el final inevitable. Soltó su tejido con desgana pero con rapidez, deseando que Wuon hiciera lo mismo, pero en ese mismo instante un horrendo grito le llegó, era el grito desgarrado de unos hombres cuyo destino le es conocido pero no por ello aceptado, los dos habían sido neutralizados, al haber intentado mantener el escudo, habían absorbido más de lo que podían aceptar. Henchido de poder como se encontraba Treshiam, pudo apreciar la situación en que se encontraba, por un lado Vart y Griel que aunque con problemas lograban mantener a su Aes Sedai aislada y por otro lado él, que se tenía que enfrentar a la suya. Pasó inmediatamente al ataque, lanzándole lo primero que atisbó su vista, una silla, pero antes de que esta llegara a su destino se volatilizó en el aire, lo siguiente que vio es como un cuchillo se dirigía directamente a su corazón. Intentó esquivarlo, con un movimiento que denotaba desesperación, pero al momento notó un pequeño dolor en su hombro izquierdo, que parecía pertenecer a otro, pues con la cantidad de poder que le llenaba este dolor le llegaba muy filtrado. En este estado es cuando en su mente pareció cobrar vida una idea, idea que provenía de esa voz, la de su casa en sus inicios, la de las pesadillas nocturnas. Estaba todo muy claro, mezclando unos ciertos tejidos, tal vez con un poco más de fuego, y sin más solución de continuidad de su cuerpo brotó un sólido de color dorado brillante, tan luminoso que estuvo a punto de cegarle, alcanzó a la atónita Aes Sedai y fue lo último que este mundo supo de ella. El dolor que laceraba su hombro desapareció con ella, como si nunca hubiera existido. Notó como en ese instante alguien intentaba aislarlo de la fuente. Era Varts. La voz en su interior brotó atronadora

- Como se atreve ese gusano inmundo, pagará por su atrevimiento.

Instantáneamente de las manos de Treshiam manaron cientos de hojas de luces multicolores y cortantes como cuchillas, que fueron clavándose, ante la atónita mirada de Vart, en distintas partes de su cuerpo. Su vida se fue desvaneciendo como la llama de un candil cuando ya ha agotado su aceite. La mirada de Treshiam se fijó ahora en la Aes Sedai que temblaba como una niña que es vista cuando ha cometido una travesura y espera inexorablemente su castigo asociado.

- ¿Quién eres? ¿Qué vas a hacerme? – preguntó la Aes Sedai

- Quien sea yo tiene excesiva importancia para tí, Aes Sedai – contestó Treshiam, aunque era su voz no eran exactamente ni sus pensamientos, ni sus ideas las que se plasmaban. Sería que tal vez la locura se había apoderado de él, o es que la voz existía de verdad y había tomado el control de su mente.

- Eso que has hecho esta prohibido, desde la – la Aes Sedai dejó inconclusa la frase al ver a Treshiam como desenfundaba el arma lentamente- tienes que entregarte, se te someterá a un juicio justo. Es por tu bien y del resto de nosotros- expresó gritando esta última frase.

Treshiam se había acercado suficientemente a ella sin escuchar bien su parloteo. Había extraído completamente la espada. Le estaba cansando la situación. Con un movimiento rápido y certero atravesó a la Aes Sedai a la altura del corazón. Ella se desplomó mientras le retiraba el arma. En ese mismo instante la voz fue desvaneciéndose y con ello pudo recuperar el control total de su cuerpo y mente. Siguió aferrado al poder único y observó la habitación, o más bien lo que quedaba de ella. Enfrente de él había un agujero de una anchura considerable, recordaba ligeramente algo de lo sucedido, aunque todos los recuerdo giraban confusamente. A sus pies observó una Aes Sedai  muerta y con un semblante lleno de dolor y de impotencia. Los recuerdo parecía girar más lentos e ir fijándose poco a poco en su mente. Pero los recuperó por completo cuando vio a Vart tendido en el suelo sobre una gran mancha de sangre. A su lado había trazos de un acceso abierto, Griel debería haber huido a la escuela. Al otro lado estaban Wuon y Sinno sollozando. La mente de Treshiam tomó conciencia de todo, a la vez que los remordimientos le llegaban, y le seguirían hasta el final de sus días. Desde entonces vive atormentado en el interior de los bosques escondido de la gente y rezando por el perdón de sus actos, pero sobre todo rezando para que nunca más vuelva esa voz. 

PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PERMISO EXPRESO DEL AUTOR.

Los Espejos de la Rueda© 2002

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