Buscar    en 
 

Menú

·Inicio
·Ayuda
·Top 10
·Noticias por Temas
·Archivo de Noticias
·La Rueda del Tiempo
·Asociación Cultural
·Juegos
·Relatos
·Publicaciones
·Galería de Imágenes
·Descargas
·Enlaces Web

Comunidad

·Tu Cuenta
· Foros
· Chat
· Mensajes Privados
· Libro de Visitas
· Lista de Miembros
· Contactar
· Recomiendanos

Servicios

·Enviar Noticia
·Correo gratuito
·Trivial
·Postales
·Diario de Usuarios
·Generador de nicks
·Calendario de Eventos

No te pierdas...

Traducción del Blog Oficial de Robert Jordan

Foros

Lista de Correo



Enlace del Momento

El Rincón del Vampiro: Probablemente una de las páginas más completas en castellano sobre el juego de rol Vampiro: La Mascarada. Posee gran cantidad de material, fichas, módulos, ayudas y un interesante foro. Muy recomendable para todos los aficionados al Mundo de Tinieblas.

¿Conoces una página web interesante? Añádela a nuestra sección de enlaces.

RELATOS DE LA RUEDA DEL TIEMPO

"Luz y Oscuridad"

Por Ishamael  (F. J. C.) 9/12/2000

 

- ¡Allí está! ¡Que no escape! - gritó el sicario, tenuemente iluminado por la luz de la Luna.
El cielo estaba despejado de nubes. El viento, frío y tan cortante como una cuchilla helada, se colaba por las rendijas de la escasa ropa de Joadam penetrando hasta sus huesos y transportando sonidos inquietantes. Podía percibir claramente en el silencio de la noche el repiqueteo de espadas contra petos y los resuellos de los esbirros que lo perseguían. El corazón saltaba desbocado en su pecho amenazando con estallar. Demasiado tiempo huyendo. Demasiado.
Varias voces distantes respondieron - ¡Nosotros iremos por el otro lado!

Las calles de Aridhol estaban completamente desiertas. A estas horas no encontraría ayuda. Transcurría el año 995 después del Desmembramiento. Habían pasado casi mil años desde que las Aes Sedai destruyeron el Mundo. Aridhol, la gloriosa capital de la nación del mismo nombre, era probablemente una de las mayores ciudades del mundo, con más de tres millones de habitantes y una sólida economía a escala mundial. Su construcción, al menos la mayor parte, había sido encargada a los albañiles Ogier más de seiscientos años atrás. Las calles estaban empedradas meticulosamente y desembocaban en amplias plazas, todas ellas con monumentos o fuentes de gran belleza, que ayudaban a transmitir una imagen de prosperidad. Una prosperidad que no era tal.

En los últimos tiempos las cosas no iban como debieran. Todos se miraban con la desconfianza plasmada en el rostro. Lanzaban miradas de reojo, escudriñando todas las esquinas, como si temieran que una sombra se abalanzara sobre ellos para consumir su alma. El temor a los seguidores del Oscuro, los llamados Amigos Siniestros, alcanzaba cotas hasta hacía poco tiempo impensables. Se decía que realizaban terribles ritos a las afueras de la urbe. Que sacrificaban vidas humanas a seres de pesadilla a cambio de obtener vida eterna. Corrían rumores sobre siniestros entes que se desvanecían en las sombras, que recorrían de noche las calles de la ciudad buscando nuevas víctimas. Nadie quería hablar sobre este tema en voz alta. 

Muchos decían que todo se debía a las noticias llegadas desde Jaramide y Aramaelle, las tierras fronterizas. Rumores que hablaban de tenebrosos seres que, amparándose en la noche, atacaban granjas y pueblos pequeños arrasando todo a su paso para luego desaparecer misteriosamente. Nadie se atrevía a pronunciar el nombre que estaba en las mentes de todos: trollocs, los ejércitos del Pastor de la Noche.

La gente se preguntaba qué medidas estaba tomando el Rey al respecto. Pero su Majestad no se preocupaba en exceso de las habladurías que circulaban por el pueblo. Las Puertas de la Luz, que franqueaban el acceso a través de las murallas, permanecían abiertas todo el día y toda la noche. La Gloriosa Ciudad de Aridhol tenía una reputación que mantener. Una reputación de seguridad y, sobre todo, de cobijar a los viajeros. Tal y como rezaban las inscripciones de las puertas de la muralla: " Bienvenido peregrino a la  seguridad de la Gloriosa Ciudad de Aridhol, bendecida por Luz". Los consejeros del Rey opinaban que era una imprudencia, en los  extraños tiempos que corrían. Las murallas debían cerrarse. Pero claro, ¿quién iba a contrariar al Monarca?

Por este motivo, la guardia de la ciudad se encontraba desbordada. No disponían de suficientes efectivos para patrullar toda la ciudad. Esta era la principal razón por la que todos se encerraban en sus casas al anochecer. Todos excepto los que consideraban todo aquello como historias infantiles,  y bravuconeaban mientras se dirigían a su taberna favorita. - ¡Bah! ¡Cuentos de norteños para asustar a los crédulos!- Todo el mundo vivía pendiente de un hilo. 

Mientras trataba de poner distancia entre sus perseguidores, Joadam cerró los dedos en torno a la espada que pendía de su lado izquierdo en un acto reflejo, como para comprobar si continuaba donde debía. Haberla utilizado contra aquellos que lo acosaban habría sido un grave error, lo superaban diez a uno. Sin embargo... - ¡No! ¡Se prometió a sí mismo no volver a hacer nada parecido! - No puedo usarlo, no debo usarlo... - masculló mientras corría aturdidamente por las laberínticas calles. Tenía que ocultarse, los nervios sumados a la poca comida ingerida en los últimos días estaban pasando factura.

No podía seguir corriendo. Parecía que sus pulmones fueran a reventar y sus piernas apenas podían sostener la endiablada carrera. - ¡Gracias a la Luz! -  Pensó. Pocos metros más adelante, recortándose entre dos edificios como una puerta a la salvación, se distinguía un callejón vagamente alumbrado por la mortecina luz de la Luna. Se ocultó como pudo en un amplio portal de lo que probablemente era la puerta trasera de la casa de algún mercader.  Permaneció quieto, agazapado como una rata y rezando al Creador para que permitiera que se zafara de aquélla pesadilla.  Los sonidos de persecución pasaron de largo y lentamente se desvanecieron en las silenciosas calles de la zona vieja, casi como un mal sueño. Casi.

Joadam de la casa Meresin, hijo de Jared, Cabeza Insigne de la casa Meresin. Al menos lo había sido hasta hace dos noches. 

- ¡Maldita sea la Luz por siempre por no permitirme compartir su destino!- Exclamó - Y malditos mis perseguidores, ¡así se los lleve la Sombra! ¿Por qué no me dejan en Paz?- La respuesta era muy clara pero sencillamente no podía, no quería admitirla. Lo buscaban a él...

***

Aquella fatídica noche volvía a caballo de una velada en la ciudad en una de las tabernas de plebeyos que tanto gustaba frecuentar. Había sido una divertida fiesta, tal vez había bebido en exceso, pero no importaba demasiado. Era una cálida noche de primavera y se podía percibir el olor de los árboles en flor de la campiña. A sus veinte años y a pesar del oscuro secreto que guardaba, la vida le sonreía, las mujeres le sonreían. No era muy alto, pero sus cabellos de color rubio oscuro y sus rasgos nobles le conferían un atractivo que gustaba mucho a las chicas. A pesar de estar prometido con Aliera de la Casa Nasare, no le importaba tontear con algunas de las muchachas que trabajaban en las tabernas. - ¿Qué había de malo en divertirse un poco? - pensaba alegremente.

Inhaló un poco más del perfumado aire primaveral sonriendo y absorto en sus cavilaciones. A medida que se aproximaba a la casa de su familia, pudo advertir un resplandor que iluminaba el cielo nocturno con tonalidades rojizas, a la par que una columna de humo negro se elevaba sinuosamente hacia el cielo desde algún punto indeterminado cercano a las tierras de su familia. Un mal presentimiento se apoderó él. Taconeó los flancos de su caballo, Manshima  y lo puso a galope.

Al aproximarse al lugar donde  hubiera debido estar la casa, sólo halló un motón de ruinas humeantes con algunos focos aún ardiendo entre los calcinados restos. Se bajó de un salto de la montura y corrió  hacia la casa llamando a gritos a su familia. Entonces los vio. En su estupor, no había acertado a distinguir en la oscuridad, vagamente iluminada por los restos de llamas y la luz de la luna, varios bultos tendidos en el suelo, colocados en fila en medio del camino. Corrió hacia ellos para presenciar lo que su corazón ya sabía pero su mente se negaba a aceptar.

- ¡No! - exclamó. Toda su familia había sido degollada cruelmente. Sus rostros cenicientos,  paralizados en una mueca de terror y los ojos abiertos pero velados por la muerte. Derrotado por la pena cayó de rodillas a su lado. No podía quitarse de la cabeza las risas de sus hermanas menores. Esas dulces risas que ya nunca más sonarían en sus oídos.

Un repentino siseo, surgido del mismísimo fondo de la tumba, le provocó un escalofrío. Se volvió escudriñando la zona para buscar el origen de aquel sonido siniestro.

- Alguien importante desea verte, humano - Explicó la voz -  El Gran Señor de la Oscuridad ha oído hablar de ti y de tus... florecientes habilidades.

Aquella voz, si es que se podía denominar así a aquel sonido ultraterreno, provenía de un hombre encapuchado que se encontraba a unos pasos, semioculto entre las sombras que proyectaban los árboles. Desde su posición no conseguía distinguir su rostro, pero sus palabras bastaron. Una floreciente rabia, que subía desde la boca del estómago como un ácido corrosivo, le proporcionó las energías que necesitaba. Cegado  por las  lágrimas, se incorporó de un salto encarándose con su oponente y desenvainó su espada. - ¡Malditos asesinos, pagaréis con vuestra miserable vida! - bramó.

 - Estúpido humano, nunca podrías equipararte conmigo en combate - se burló el hombre. - Tira tu arma y ríndete. El Gran Señor quiere proponerte un trato. El hombre encapuchado levantó ligeramente la cabeza para que la tenue luz de la Luna, reforzada con los restos del incendio, iluminara su pálido rostro. En ese momento el miedo atenazó el estómago de Joadam como si lo estuvieran retorciendo con un hierro candente. En el lugar donde debería haber habido un par de ojos sólo había piel lisa. Los finos labios de la criatura se entreabrían esbozando una mueca cruel y maligna. -¡Un Myrdraal! -  Consiguió articular.

El miedo paralizaba todos sus miembros como una gruesa capa de escarcha. La piel le hormigueaba. Experimentó un fuerte mareo acompañado de una terrible fiebre que corroía las entrañas, igual que las otras veces, igual que ahora... Tenía que soltarlo, que echarlo fuera, tenía que... El Myrdraal desenvainó su arma seguramente presintiendo lo que se avecinaba. No fue lo bastante rápido. Se consumió en una brillante llamarada con un grito de dolor, de rabia infinita. Los hombres que hasta entonces habían estado ocultos en las sombras colindantes, esperando que el Myrdraal redujera al joven noble, huyeron aterrorizados. Nadie podía hacer frente a eso.

Una vez más la maldición a que estaba sometido desde su nacimiento se hacía notar. Una maldición que acababa de salvarle la vida.  Era un hombre que podía encauzar el Poder Único. Un hombre condenado a enloquecer y morir de una terrible enfermedad. Un cuento para asustar a los niños hecho realidad. Su familia había guardado el secreto pero las habladurías eran inevitables. Habían pagado por ello. Primero había llevado la vergüenza a la Casa Meresin. Ahora había atraído la desgracia sobre todos sus seres queridos y sobre sí mismo. Alguien lo buscaba. Alguien cuya identidad estaba clara, lo bastante al menos para que no quisiera saber más sobre ello. Debía irse cuanto antes. Eso es lo que hubiera querido su familia. Dirigió una última mirada a los cadáveres, a modo de despedida. Ya nada podía hacer por ellos. Debía irse, sus enemigos podrían volver con refuerzos. Se volvió, embargado por la pena y por el sentimiento de culpa, hacia el lugar donde había dejado a su montura.

- Si no me hubiera ido esta noche... - se reprochó - ¡Si no hubiera nacido, esto no habría pasado! ¿Por qué yo?¿Por qué? - Exclamaba mientras se internaba en la noche a lomos de Manshima.”.

***

¡Debéis encontrarlo! - bramó una voz - ¡No puedo entender cómo un muchacho imberbe ha podido escapar! Quien así hablaba se encontraba envuelto en sombras. Pero no eran sombras normales, pues se movían con vida propia y culebreaban en torno al ser que furibundo gritaba a sus siervos.

 Estos, varios hombres y mujeres, todos embozados en negras capas y arrodillados, no se atrevían siquiera a responder por miedo a suscitar la ira de su amo. Se encontraban en una espaciosa sala, pobremente iluminada, que emulaba a las conocidas salas de audiencia de los castillos. La única diferencia con estas era que no había ventanas.

- ¡Lo quiero vivo!. ¡Erandar! - llamó la voz. - ¡Tráemelo! ¡Vivo! - ordenó. ¡Sirvo y obedezco, Gran Señor! - respondió una voz. ¡Ya conocéis el precio del fracaso! ¡Pero por lo visto necesitáis un recordatorio! Inmediatamente a continuación de sus palabras, la sala de llenó de gritos desgarradores. Todos los arrodillados se retorcían por el suelo en una agonía indescriptible. Tras lo que pareció una eternidad, el proceso, tal como había comenzado, terminó. Los terribles gritos de dolor fueron sustituidos por leves gemidos y sollozos. Todos los hombres y mujeres yacían en el suelo aún presa de convulsiones y con las caras perladas de sudor.   - Pi... Piedad, G... Gran Señor, daremos con el muchacho - habló  Erandar con un hilillo de voz. Cuando levantó la vista no había nadie en el otro extremo de la sala.

***

Joadam despertó sobresaltado y comprobó que se había quedado dormido en el maldito callejón. El agotamiento le había vencido y no era de extrañar. Dos días. Dos largos días de persecución, escapando por casualidad y sin encontrar dónde ocultarse. Sin montura, pues durante su huida, Manshima, su caballo, había tropezado rompiéndose una pata y tuvo que sacrificarlo.

 Fueron días de correr por el bosque intentando alcanzar la ciudad por rutas poco frecuentadas, sin comer apenas y ocultándose, ya que sus perseguidores podían aparecer en cualquier momento. No podía fiarse de nadie, de nadie. Tenía que llegar a palacio. Por mucho que le desagradara la idea, tenía que hablar con la consejera del Rey. Tenía que encontrar a Asheana Sedai, ella sabría qué hacer. Sí, ella lo sabría.

Aún era noche cerrada y no podía presentarse a las puertas del castillo, así, sin más. Tenía que buscar una posada, a esta hora todavía habría alguna abierta donde pudiera descansar y esconderse. Salió lentamente del callejón, mirando a un lado y a otro, intentando que sus botas de montar no hicieran demasiado ruido contra el pavimento de la calle. 

-¡Ya sabía yo que si me escondía por aquí tarde o temprano aparecerías muchacho! - tronó una voz a la vez que un hombre salía de la protección de un portal cercano. - Deberías agradecer la oportunidad que se te ofrece- continuó. - De todas maneras, Ba'alzemon, el Gran Señor del Oscuridad quiere verte, y vendrás lo quieras o no.

- ¡Nunca! - respondió Joadam  a la par que desenvainaba su espada. -¿Lo oyes? ¡Nunca! ¡Ya os lo he dicho! - el  timbre de locura en su voz era patente e hizo dudar momentáneamente al sicario.

- Esta bien, chico, tú lo has querido - respondió mientras desenvainaba su arma, una enorme espada que al parecer llevaba colgada a la espalda. - Si no es por las buenas, será por las malas.

El entrechocar de las espadas resonaba en los oídos de Joadam como un canto fúnebre. En sus condiciones no podía competir con ese tipo, que además era buen espadachín. Sólo había dos salidas, o iba a parar a manos de Ba'alzemon o bien...

El proceso comenzó una vez más... La extraña sensación de frío y calor en su cuerpo. Sus huesos helados, como si estuvieran a punto de quebrarse. En su mente una voz - ¡no lo hagas, no lo hagas! Después de tanto tiempo, ya era capaz de distinguir cuando encauzaba el Poder Único. Pudo sentir como entraba a raudales como una catarata de luz y calor que fluía hacia él... No era capaz de concentrarse plenamente en la lucha, por lo que su adversario le propinó un mandoble en un brazo que apunto estuvo de sesgarlo. La sangre manó a borbotones y manchó el empedrado suelo.  Pero la luz lo era todo, no había dolor, sólo calor, calor, calor...

El Amigo Siniestro estalló en llamas tan violentas que Joadam, desde la insensibilidad que le proporcionaba el Poder sintió como se chamuscaba su pelo y parte de la cara. El calor y la luz siguieron penetrando en su cuerpo con terrible furia, no podía parar, no quería... Absorto en la gloria del Poder, no se percató de que un nuevo adversario, seguido de un nutrido grupo de hombres armados, avanzaba hacia él.

- Impresionante, realmente impresionante - alabó el desconocido. Una negra melena enmarcaba los angulosos rasgos de su cara. Sus ojos, de un inquietante color azul claro, transmitían autoridad, poder y tal vez algo más. Era alto, muy alto, pero a su vez extremadamente delgado, lo que le daba un extraño aspecto. Vestía una chaqueta de terciopelo de azul oscuro y una capa del mismo color.

- Soy Erandar, ya sabes quién me envía - continuó.  - Ya que esos inútiles no han logrado apresarte vengo a proponerte un trato. Inca la rodilla, sirve al Gran Señor de la Oscuridad y te salvarás. Es más, el Poder que ahora esgrimes es una ínfima parte de tu potencial que, una vez desarrollado, sería de gran utilidad para la guerra que se avecina. - explicó extasiado. - Además, serás salvado de la locura que el uso del Saidin conlleva, pues la pátina del Gran Señor está impronta en él. ¡Únete a nosotros, sólo los Señores del Espanto estamos por debajo de Ba'alzemon! Ni siquiera esas brujas de Tar Valon, con sus insignificantes poderes pueden hacernos frente. ¡Cuando la guerra termine, dominaremos el mundo!

- ¡Nunca! ¿Me oyes? - gritó Joadam al borde de la desesperación. - ¡Estoy harto de repetirlo! ¡Estoy harto de huir! ¡No huiré más! -espetó a su oponente. El Poder se llevaba su vida y lo consumía por dentro. Ya nada importaba.

- Sea, pues. - replicó tranquilamente  Erandar. - Entonces, te destruiré...  Una bola de fuego surgió de sus manos a la vez que hablaba.

El proyectil se desvió antes de tocar a Joadam y chocó contra una pared cercana provocando un tremendo estallido. En ese mismo momento el suelo comenzó a temblar con violencia y algunos edificios cercanos comenzaron a resquebrajarse.  El Poder entraba con tal ímpetu en Joadam que su cuerpo comenzó a emitir un brillante fulgor, arrastrando los últimos vestigios de cordura. Su cabeza se inclinó hacia atrás a la vez que unas roncas carcajadas surgían de su boca. Los brazos extendidos hacia el cielo mientras sus manos se contraían convulsivamente como arañando el aire. Erandar no podía dar crédito a lo que veía. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había sido tan estúpido para subestimar a aquél... ? Ese fue su último pensamiento. Una docena de relámpagos cayeron salvajemente sobre su cuerpo y los de sus esbirros provocando una lluvia de piedras, polvo y grava.

Cuando se asentaron los restos, en el lugar que ocupaban  Erandar y los Amigos Siniestros, sólo quedaba un profundo cráter y algunos despojos humeantes. El Saidin abandonó a Joadam, que se desplomó en el suelo. La falta de sangre ocasionada por sus heridas,  sumada a los efectos de la descomunal cantidad de Poder Único encauzado, hacían rápidamente su trabajo.  Los atroces dolores que sufría amenazaban con privarle de la conciencia, lo que en su estado, sería una bendición.

Sonidos de una multitud de pasos consiguieron llegar hasta Joadam a través de las brumas que lo arropaban. - La guardia de la ciudad - pensó. - Luz... Mi familia... He vengado a la Casa Meresin - logró articular entre violentas toses y esputos sanguinolentos. Alguien se inclinó hacia él - Tranquilo, muchacho, te vas a poner bien- dijo una voz. - Mentís muy mal, señor - respondió Joadam. - Padre, Madre, Selana, Idrien, ya voy... La oscuridad lo envolvió como un suave manto, alejándole de las penurias del mundo...

 

AGRADECIMIENTOS:  A Silvara y a Ninemoons por su inestimable ayuda en la perpetración de este relato.

PROHIBIDA LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIN PERMISO EXPRESO DEL AUTOR.

Los Espejos de la Rueda© 2002

Volver a la página de Relatos

Entrar

Nombre

Clave

¿Todavía no tienes una cuenta? Puedes crearte una aquí. Como usuario registrado tendrás diferentes ventajas. Consulta la ayuda.

Novedades Editoriales

Para saber más... Haz click aquí

Usuarios Conectados

invitados 107 invitado(s)
miembros 1 miembro(s)
Eres un invitado
Registrarse Regístrate

Encuestas

¿Que Novela de Fantasía del 2006 te ha gustado más?

El Profeta Guerrero
Las Mentiras de Locke Lamora
La Búsqueda Sagrada
Señores del Olimpo
La Ciudad del Grabado
La Torre de la Golondrina
Elantris
Panteón (Idhun III)
La Torre Oscura VII
Juglar
Imajica
Otros



Resultados
Encuestas

votos: 1214
Comentarios: 5

Noticias Anteriores

Solidaridad


Ayuda a preservar la Naturaleza con click

 


Copyright © 2000 - 2005 Los Espejos de la Rueda. Textos bajo licencia Creative Commons si no se indica lo contrario.
Términos y Condiciones | Política de Privacidad | Estadísticas
Este sitio web funciona con PHP-Nuke. PHP - Nuke es software gratuito bajo la licencia GNU/GPL