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Diario: Bitácora de Vicente Gutiérrez, reconocido poeta que ha sido premiado varias veces por sus trabajos de poesía y narrativa; entre sus intereses están el surrealismo y el movimiento situacionista, una corriente estético-política cercana al dadaísmo y el surrealismo.

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marlene_dragon
Jenn Sorei
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D'ayende'din Hermanos Lobo

MensajePublicado: Dom Ago 26, 2007 7:02 pm    Asunto: AHORA VIENE LO MEJOR :D Responder citando

La barca llegó a su destino. Un embarcadero apareció como por arte de magia, de repente.
El barquero viró con rapidez y amarró la barca.
Ayudó a Sher a sacar con cuidado el cuerpo de Julian que depositaron en el embarcadero y regresó al barco.
-No la uses- dijo Sher- La piedra no te dará lo que deseas.
El barquero sonrió y se alejó del embarcadero.
Pronto se perdió entre las oscuras aguas.
Sher se quedó a solas con el cuerpo de Julian todavía en el embarcadero.
Con cuidado lo fue estirando y lo llevó a tierra firme. Una vez hecho esto, el embarcadero desapareció.
Sher acarició el rostro de Julian.
Parecía que no iba a despertar nunca cuando, por fin, gracias a su tacto abrió los ojos.
-Eres tú... como en mi sueño...
-Tranquilo, ya hemos llegado. Estemos donde estemos, es nuestro destino.
Julian se puso en pie con dificultad y con dolorido gesto se llevó la mano hacia donde le habían golpeado.
Julian gruñó.
-No te enfades. Era necesario- con gesto cariñoso Sher le cogió del brazo y mientras caminaban le susurró- Sí, quiero.
Julian la besó.
Esta vez fue un beso normal, sin visiones.
Sher le sonrió.
-Ahora tendremos tres vínculos entre nosotros. El vínculo de pareja de halcón, el vínculo del verask y el vínculo de la boda. ¿No te cansarás de mí?
-De ti nunca.

Siguieron caminando medio a oscuras por entre un espeso bosque. Les guiaban unas extrañas marcas que estaban en algunos pinos.
Extrañamente sólo en algunos pinos.
Julian miraba alrededor con desconfianza.
Según Sher, su misión era encontrar y dar caza a un hombre llamado Caste. Aunque no tenían ni la descripción del tal Caste ni conocían su ubicación. Sher le había dicho que el comandante tan sólo le había comentado que era un hombre peligroso, con muchos contactos y con un gran poder. Nadie sabía cuál era su escondite ni el de sus hombres.
Por ello enviaba a sus halcones a la misión. Con la certidumbre de que le encontrarían.
Julian se preguntó si sería siempre igual de pedante el comandante. Nadie era infalible. Julian estaba seguro de que el comandante no viviría muchos años.
Pero ese pensamiento no lo había compartido con Sher. Ella adoraba a su comandante y a su patria. Decir algo así haría que no lo quisiera besar nunca más.
Y eso era un lujo que no estaba dispuesto a asumir. Estaba claro que la sinceridad no siempre era el mejor camino.

-Percibimos, algo.
-Entendido- dijo Caste- Enciende los dispositivos secundarios.
Lash el encargado de la seguridad tocó un botón verde y encendió las segundas defensas.
-Los tengo.
-Bien- respondió con tranquilidad Caste- Aproxima un sensor de visión y asegúrate de que tenemos una imagen clara.
Lash marcó un código y una ardilla salió de su escondite dentro de un pino. Miró con curiosidad a Sher y Julian y saltó de rama en rama hasta acercarse mucho a ellos.

-Son dos. Un hombre y una mujer. Ella parece...
-Thraestiana, sí. No lo parece, lo es- dijo Caste con voz que sonó preocupada- ¿A qué distancia se encuentran?
-A unos 10 kilómetros al norte, Caste. ¿Activo la defensa terciaria?
-Aún no. Suelta primero a los lobos.

-¿No oyes algo?- le preguntó Sher
Julian y ella se pararon.
-No...
Un aullido resonó en la lejanía.
-Ahora sí.
Sher echó a correr. Julian la siguió.
En su loca carrera huyendo del aullido Julian y Sher se adentraron aún más en el bosque. Dejando de seguir las marcas.

Julian se detuvo y agarró a Sher.
-¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?- repuso jadeante.
-Ya no se les oye.
Sher escuchó con atención.
-No lo entiendo, no nos hemos alejado tanto...
-¿Tienes agua?- preguntó Julian, que notaba muy reseca su garganta.
Sher cogió su bolsa y sacó una bolsita llena de líquido negro.
-Otra vez no... ¿No tenéis agua transparente en Thraes o qué?
Sher rebuscó en su bolsa y sacó lo que parecía una lanza plegada sobre sí misma.
Mientras Julian bebía vio la lanza y comprendió.
-¿Por qué no la habías sacado antes?
-No quería llamar la atención sobre esto a nuestros Observadores.
-¿Observadores?- preguntó Julian
-Nos están observando- dijo Sher mirando hacia las copas de los árboles- Pero eso no importa. Ya están aquí nuestros amigos caninos.
Julian miró alrededor y vio como unos cuantos lobos ya les estaban dando alcance. Eran rápidos, pero sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y los veía claramente. La mayoría eran plateados.
Los lobos no dudaron más, y atacaron.
Sher utilizó una de las muchas tecnologías que habían robado a la organización en el pasado y los lobos cayeron fulminados con rapidez.

-¿Has visto eso? Han utilizado uno de nuestros lanser.
-Sí, pero un modelo antiguo- repuso con calma Caste.
-Al menos ya sabemos para que están aquí esos dos. Deben haber venido a actualizar su armamento.
-Hasta que no los capturemos no lo podemos saber- dijo Caste- Dispón de una unidad de rescate. Pero que vayan armados.
-Entendido.

Cuando las compuertas subterráneas se abrieron para dejar salir a las naves de rescate llovieron verask del cielo.
La localización secreta de las ciudades topos, donde residía la organización fue desvelada ante los ojos expectantes de los nobles thraestianos que estaban en las naves aéreas de mando.
Los verask descendieron hacia el suelo y con velocidad inusitada empezaron a entrar por las compuertas abiertas.
Las compuertas empezaron a cerrarse, pero cuando lo hicieron ya era demasiado tarde.
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tossim
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MensajePublicado: Lun Ago 27, 2007 5:13 pm    Asunto: Hola Responder citando

___Ta bueno, grasias por seguir mis consejos.
Tengo un relato que publiqué hace tiempo en la rueda y me gustaría que opines de él"Atarandrelle El Imperio en Llamas". No es un Buen relato, pero quisiera saber si te gusta. El el primer relato que escribí.


Saludos y sigue escribiendo icon_mrgreen.gif
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marlene_dragon
Jenn Sorei
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MensajePublicado: Lun Ago 27, 2007 6:06 pm    Asunto: AHORA VIENE LO MEJOR :D Responder citando

Las unidades de defensa se activaron y Julian y Sher cayeron bajo una lluvia de rayos, explosiones y cegador dolor.

-¡Ya están en la segunda ciudad!- chilló Lash
-Avanzan con rapidez, como es de esperar en un verask- repuso con tranquilidad Caste- ¿Cuántos han podido acceder?
Lash tecleó algo y apretó varios botones.
-Unos 50, se han dispersado, al parecer. Hay 10 aún en las entradas, 35 en la primera ciudad y 5 en la segunda ciudad.
-Eso nos da un margen de unos 15 minutos, ¿no?- repuso con calma Caste- ¿Dónde están los Mart?
-En camino- dijo Lash- Los interceptarán en los pasillos de comunicación entre la segunda y nosotros.
Caste sonrió.
-¿Cómo están funcionando los Elegidos?
Lash tecleó.
-Contienen a duras penas a los verask, pero están impidiendo que las bajas sean numerosas y están dando tiempo a la evacuación. Pero ya han caído dos de ellos... Ojalá estuviera Lirio aquí...
Caste no contestó. Se escuchó un sonido y una alarma que se repetía cada cinco segundos.
“Evacuación subterránea --- Utilicen los sensores de emergencia”

Los verask combatían fieramente. Pero su enemigo era el más poderoso con el que se habían enfrentado. Algunos verask habían explotado, otros estaban paralizados sin ser capaces de atacar ni defender.
El haberse disgregado había disminuido su potencial de ataque. Pero esas eran las órdenes.
Unos cinco verask trataban de abrirse camino por la enorme ciudad, era extraño que la población hubiera huido tan rápidamente....
Uno de las verask chirrió con enfado... Algo no iba bien
Entonces uno de los Elegidos utilizó su marca del “ojo”, la única que tenía y vio el punto débil de ese verask.
Tenía dañado el casco.
El Elegido envió su marca contra el verask, quedando indefenso durante unos instantes. Fue entonces cuando otro verask atacó y le hirió de muerte. Pero eso no pudo impedir que la marca alcanzase al ya dañado verask disgregándolo y dejando a la portadora indefensa en el suelo y en estado de shock.
Los portadores no podían sobrevivir mucho tiempo sin el verask. Solían morir a los pocos instantes, pues su vínculo era tan estrecho que su fuerza era su mayor debilidad.

Los cuatro verask restantes siguieron avanzando por la segunda ciudad. Cuando por fin, llegaron a los amplios pasillos que lo conectaban con su objetivo final.
Al acceder a los amplios pasillos se encontraron con una sorpresa.

Enfrente estaba un grupo de Mart, sólo que los verask no tenían ni idea de qué era eso. Eran unas armaduras muy diferentes a los verask. Mucho más grandes, y sin ocupantes.
Sin duda, más debiles.
Los verask atacaron con rabia, utilizando su metralla para hacer volar por los aires los Mart. Los objetos brotaron de sus armaduras y en ese preciso momento los Mart abrieron sus bocas metálicas e hicieron brotar un alarido cuyos ecos resonaron en el exterior.
El alarido impactó en los verask de forma brutal y las armaduras se resintieron, el vínculo se quebró y las portadoras murieron en el acto.
Los Mart siguieron avanzando en busca de los demás verask. Lash les guiaba hacia sus otros objetivos. La defensa de la ciudad era lo más importante ahora.

-Caste- dijo Lash- los Mart se preparan para barrer al resto de verask.
-No lo entiendo- dijo Caste- Los verask los diseñamos hace ya más de tres décadas... ¿por qué enviarlos aquí? Debían saber que a estas alturas ya habríamos encontrado los puntos débiles de nuestra propia creación.
-Los thraestianos son muy orgullosos... siempre piensan que son invencibles. Seguramente sobrestimaron sus verask, tal vez pensaron que no tenían punto débil o que nosotros no habíamos creado nada superior a eso.
Caste no contestó. Si el arma más poderosa de Thraes no podía hacer nada contra ellos, ¿con qué se suponía que iban a invadirles? Sus fuentes en Thraes no le habían dado respuesta. Tan sólo sabía que la invasión estaba próxima, como así había sido. Pero no tenía sentido.

El comandante miró con ojos expectantes las pantallas de sus naves aéreas. Como había previsto los verask ya se habían quedado anticuados. Las compuertas se habían cerrado y eran incapaces de entrar más de 600 que estaban en las puertas acumulados sin poder ayudar a sus compañeros. Estaban inquietos, presentían la muerte atroz que estaban sufriendo los verask que habían podido bajar a las ciudades topo subterráneas.
Por ahora.

El comandante era observado por los nobles, que sin duda sufrían tal vez más que los propios verask por la humillante derrota que estaban sufriendo.
Y observaban con más detenimiento aún, a la mujer con sedas transparentes que con respiración relajada se apoyaba en el regazo del comandante.
Éste casi con pereza, dejó de acariciar la cabeza de Sisia.
-Se que estás lista- le susurró- Cumple con tu cometido, Thraestiana.
Sisia abrió los ojos y miró con desprecio a los nobles. Alzó los dos brazos y empezó a invocar al espíritu benéfico que le había ayudado a cumplir su sueño.
El espíritu se presentó. Era su guía en el mundo de los muertos.
-Necesito- dijo Sisia- Que me ayudes.
El espíritu escuchó con atención. Había sido vinculado a la mujer en el proceso de curación, a la vez que ésta había sido vinculada al comandante.
-Necesito- dijo Sisia- Que me ayudes a penetrar en la mente de un hombre... que pueda actuar a través de sus manos y de sus conocimientos... ¿Puedes ayudarme?
-Yo no... – repuso con voz extrañamente aguda el espíritu- Pero conozco a uno que sí. Era un antiguo nigromante en su vida pasada... Ahora su poder es inmenso. Pero tal vez el precio sea demasiado alto...
Sisia negó.
-Tráelo.
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MensajePublicado: Lun Ago 27, 2007 6:13 pm    Asunto: AHORA VIENE LO MEJOR Responder citando

Julian abrió los ojos. Un grito estruendoso le había despertado de su letargo. Un peso muerto estaba encima de él, casi no le dejaba respirar.
Con fuerza consiguió apartarlo de él.
Y entonces gritó, gritó con todas las fuerzas que aún tenía. Gritó hasta quedarse sordo.
Era Sher... Era Sher la que estaba sin vida a su lado. La que, con su cuerpo, le había protegido a él de la muerte. Pero ella no se había protegido a si misma.
Había perdido a su compañera... A su halcón.
Julian enloquecido perdió el control y fue entonces, como antaño, cuando se presentó su salvación y su perdición. Un sonido rugiente le hizo darse cuenta de que tenía a su lado. Nuevamente su antiguo verask estaba allí.
Como había llegado poco le importaba a Julian. Sus deseos de venganza eran tan grandes que él mismo no era otra cosa que ansia por matar. Ansia por morir...
El verask fue como agua en sus dedos, como acero en su mente.
Se activó con delicadeza y le guió hacia donde estaban los demás verask. Impacientes por entrar en combate. Impacientes por vengar a sus compañeros. Ese sentimiento partía de forma natural de Julian, y penetraba en los demás portadores a través de las mentes conjuntas de los verask.
Los portadores no tenían alma, la habían perdido por estar conectados con sus verask durante tantos años...
Pero Julian era especial. Él no había perdido su alma. Aún no.

Lirio se encontraba junto a Taim. Habían salido de la capital sin problemas y ahora se dirigían de vuelta hacia las ciudades topo. Lirio había fracasado en su misión, por muy poco.
Taim estaba destrozado. Su hija muerta... por salvar al comandante. Por salvar Thraes. ¿Cuándo la había perdido? ¿Cuándo no supo enseñarle por qué merecía la pena morir?
Lirio le miró con ojos rasgados. Era su culpa. No había sido capaz de matar al comandante.
Ni siquiera de manipularlo de algún modo, como ella había planeado en un principio... Y ahora la guerra seguía su curso de manera precipitada, como enloquecida. Se habían enterado de que las tropas se habían dirigido hacia el este.
En busca de la organización, como habían previsto. Esperaba que su retorno no fuera demasiado tarde. Esperaba que no le retirasen ninguna marca, como castigo por su estrepitoso fracaso que había conducido con furia al comandante hacia la venganza.

Confiaba en que el comandante no localizara las ciudades topo. Era casi imposible... pero no se debía subestimar al enemigo. Bajo ningún concepto.
Las lágrimas acudieron a sus ojos. Otra víctima inocente se sumaba a su derrota. La hija de Taim, un thraestiano que lo había perdido todo por la causa. Incluida a su hija.
Todo por su culpa...
-Estoy hastiado de tanta autocompasión- dijo una voz ronca enfrente suya- ¿Nunca te cansas de equivocarte, Lirio?
Lirio se quedó petrificada. Apareció el resto de la voz.
Un cuerpo con los brazos marcados a fuego.
-Me hiciste un bonito presente, Lirio- dijo Muerte sobre dos piernas- Esto me hará recordar que tu nombre no te hace justicia.
-La sombra era tuya... –dijo Lirio con calma- Me seguías.
-¿Quién es este?- dijo Taim- ¿Le conoces?
-Vaya, vaya... ¿Pero a quién tenemos aquí? Si es el padre de la médium. Debes estar muy orgulloso de tu hija. Es una verdadera artista en lo que hace.
-¡No te permito que nombres a mi difunta hija! – repuso con ciega furia Taim- ¡No hables así de ella!
-¿Difunta?- repuso con una sonrisa que le hizo poner los pelos de punta a Lirio- Me temo que tu hija no está muerta. Es la perrita faldera del comandante, ahora mismo. Su última adquisición, y bastante buena por cierto. Se está convirtiendo en una nigromante...
-¡¡Calla!!- gritó Taim- ¡¡No quiero oírlo!!
Para Lirio fue como si una estocada le partiera el corazón.
-¿No mientes, verdad?
Muerte sobre dos piernas estaba disfrutando.
-No miento, Lirio. Y él lo intuía. Lo sabía, ¿no es cierto? Parece que su hijita tenía fijación por los altos cargos militares. Eso de ser verask.... Pero ahora se ha superado. Está alcanzando un gran poder a través de un espíritu maléfico llamado Toka. Y el comandante la utiliza, no sólo a través del amor enfermizo que ella siente por él... sino a través del vínculo que les unió durante el proceso de la curación. Todo esto es obra tuya, Lirio.
Y con una gran risotada Muerte sobre dos piernas hizo temblar el espíritu de Lirio. Que cayó arrodillada al suelo.
-Tú les has proporcionado el arma más poderosa, Lirio. Tu querida organización está perdida.
-Ayúdame- rogó Lirio- Ayúdame a salvarlos.
-¿Ayudarte?- preguntó con voz casi luminosa Muerte sobre dos piernas- ¿A cambio de qué?
- A cambio de cualquier cosa- dijo Lirio- Te daré lo que sea.
Muerte sobre dos piernas no podía parar de reír. Mientras Taim enloquecía y Lirio se rendía ante él.
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MensajePublicado: Mar Ago 28, 2007 5:10 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

Las defensas habían caído. Lash había sido el traidor. Había dejado que los Mart fueran vencidos por los verask. Había abierto las compuertas y había permitido que entraran a tropel, había permitido la caída de las ciudades topo.
Y la organización había caído con ellas. Todo gracias al poder de Toka, que permitió a Sisia controlar la mente de Lash y brindar la victoria a Thraes. Y a su comandante.
Claro, que todo eso no lo sabía Caste. Él sólo sabía que Lash les había traicionado. Y Lash había muerto por su traición.
Todos los poseedores de marcas habían muerto. Caste había sido capturado. Una victoria completa.

Y Julian había participado en la victoria. Con sus ansías de venganza había recobrado sus viejas costumbres. Había desperdiciado su oportunidad volviendo a aquello de lo que se había escondido en las montañas. Muerte sobre dos piernas le felicitaría si estuviera allí. Pero no estaba en las ciudades topo. Sino arriba, junto al comandante.

-¿Lirio?
-Sí. Ella es ahora mía.
El comandante le miró con rabia.
-Lirio ya no me importa. Te mentiría si dijera que no la ejecutaría si pudiera por alta traición...- repuso con tirantez- Pero he encontrado algo mucho mejor que Lirio, ¿no es verdad?
Y mientras hablaba, Sisia se acercó hasta él y se sentó a su lado.
-¿Te has puesto a pensar qué estás obligándole a hacer?- dijo mientras señalaba a Sisia- Si te importara algo no le permitirías jugar con fuego. Admito que es poderosa... Pero no creo que pueda lidiar con Toka. Es demasiado para ella.
El comandante rió con fuerza.
-¿Desde cuándo te preocupan mis juguetes? Me brindaste a Lirio y no te importó lo que le ocurriría a ella. ¿Y ahora eres un alma caritativa? No será que temes su poder, ¿verdad? Ella es tan fuerte como yo, aunque de otra manera. Lo sabes y no te gusta.
Muerte sobre dos piernas siguió sonriendo, pero forzadamente.
-No me compares. Ella será una nigromante, pero sólo maneja esa faceta de la magia, y a través de un espíritu guía. Mi magia abarca todos los aspectos y no requiero de nadie para poder utilizarla. No me gusta que me subestimen.
El comandante sonrió.
-Todavía no me has dicho a qué debo tu visita.
Muerte sobre dos piernas carraspeó.
-Quiero a Caste, los restos de su organización y las ciudades topo.
El comandante dejó de sonreír.
-No- dijo mientras se levantaba.
Sisia miraba fijamente a Muerte sobre dos piernas. Estaba empezando a acumular mucho poder.
A Muerte sobre dos piernas no le gustó.
-Me ha costado mucho conseguir esta pieza y no te la voy a dar. No está en venta. No hay nada en este mundo que me haga renunciar a los trofeos que voy a encontrar ahí debajo. Pertenecen a Thraes no a Muerte sobre dos piernas.
Muerte sobre dos piernas notó algo, un estremecimiento en la nuca. Levantó el brazo y con un gesto rápido congeló el tiempo. Justo a tiempo.
Sisia había invocado un esqueleto que estaba justo a su espalda, con una espada que no tenía muy buen aspecto.
Muerte sobre dos piernas la maldijo en voz queda. Demasiado poderosa.
Aprovechando el poco tiempo que le quedaba fue hasta donde estaba Sisia, la agarró y se apartó del camino del esqueleto. El hechizo no lo podía mantener durante mucho tiempo, pero había sido suficiente para sus propósitos.
Había llegado el momento de que el comandante eligiera.

Julian era el único hombre portador que quedaba vivo. Su verask estaba en muy buenas condiciones, lo cual era un alivio.
Julian empezó a recordar a Sher. Y las lágrimas brotaron sin poder hacer nada por evitarlo. El verask se movió con tensión. No le gustaba eso.
Todas las portadoras se habían quitado ya sus verask, y Julian por primera vez en mucho tiempo también. Era extraño, pero el verask le había obedecido enseguida. Quizás quería huir de su dolor.
Las portadoras le miraban con sus ojos acuosos. Julian no se dignó a mirarlas. En un rincón estaban los prisioneros que habían hecho los verask.
Eran muchos. Realmente las ciudades topo estaban muy escondidas, pero eran una ratonera. Las salidas estaban demasiado cerca de las entradas, y la mayoría habían sido capturados gracias a las naves aéreas thraestianas. Los demás no habían tenido tiempo de salir y se habían sumergido aún más en la tierra. No les había servido de nada. Patrullas de verask los estaban recogiendo a todos y llevando al mismo lugar.

Entre ellos estaba el famoso Caste. El hombre por el que Sher había muerto. Julian no pudo reprimir una sonrisa triste.
No parecía una presa tan buena como para tener que haber pagado ese precio.
El dolor retornó con fuerza. Era casi insufrible.
Julian se dirigió hacia Caste.
Se le dejó pasar. Los verask habían sido los artífices de la victoria. Así lo creían todos.
Caste alzó los ojos.
-Tú no eres thraestiano.
-No- repuso Julian.
-Pero eres portador... ¿cómo es posible?
-¿Por qué vales tanto, Caste? ¿Por qué tu organización es una presa tan grande?
Caste sonrió amargamente.
-Pregúntaselo a tu comandante.
-Él no es nada mío- dijo tirante Caste- Soy un ave libre.
Caste le miró con lástima.
-Pensaba que hablaba con un hombre, perdona.
Julian enrojeció.
-Yo... me hicieron halcón, ¿entiendes? No se cuándo he dejado de ser yo... o que parte de mi es Julian... Casi no recuerdo ni lo que me pasó ayer. Sólo quiero explicarme el porque ha muerto Sher... el porque han muerto tantos.
-¿Conoces a una mujer llamada Lirio?- le preguntó Caste en un susurro.
Julian asintió.
-Acércate más- le dijo Caste con voz inaudible.
Julian se acercó y Caste le marcó. Después le besó las dos manos.
-Ahora eres el último Elegido. Abandonas tus garras y vuelves a tener manos. Busca a Lirio y dale el siguiente mensaje. Sólo a ella.
Julian asintió con gratitud, estaba empezando a ser él de nuevo... y por ello escuchó con atención.
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MensajePublicado: Mar Ago 28, 2007 5:11 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

Muerte sobre dos piernas regresó junto a Lirio. Sangraba por un costado y había perdido un ojo. Uno de sus brazos colgaba roto.
Lirio no pudo reprimir un grito.
-Maldita criatura- repuso jadeante Muerte sobre dos piernas- Tu petición me ha resultado muy cara. Espero que merezca la pena.
Lirio se acercó hasta él. Si no fuera su única opción de salvación lo remataría allí mismo.
Muerte sobre dos piernas pareció leerle el pensamiento y sonrió con su más oscura mueca.
-Pero ya está... He salvado lo poco que queda de tu organización... Es mía y te la brindo como te ofrecí.
Lirio suspiró y se arrodilló junto a Muerte sobre dos piernas.
-Todo tiene su precio, ¿sabes?- le dijo jadeando debido al esfuerzo y el dolor - ¿Crees que el tuyo va a ser demasiado alto?
Lirio tragó saliva.
Muerte sobre dos piernas alzó el brazo. El roto tenía el símbolo de la rata grabado a fuego, así que la mano que le puso sobre la cabeza a Lirio no estaba marcada.
Muerte sobre dos piernas enlazó su brazo libre detrás de la cabeza de Lirio. Ésta se vio obligada a acercar su cara al rostro sanguinolento de Muerte sobre dos piernas. Y como le había prometido le besó.
Muerte sobre dos piernas se separó de ella con una sonrisa.
-¡Ah! Cuánto echaba de menos estar casado. ¿Tú no?
Lirio no pudo reprimir las lágrimas.
Muerte sobre dos piernas rió, a pesar del dolor.

Julian salió de las ciudades topo con un nuevo cometido. Una nueva luz se había abierto en su camino. Abandonaba a Sher, abandonaba sus vínculos con Thraes y retomaba unos nuevos. Ahora volvía a ser un hombre. Lágrimas de gratitud brotaron de sus ojos.
Julian no sabía cómo encontrar a Lirio. Caste le había dicho que utilizara sus marcas, pero no le había explicado cómo.
Julian se miró las manos. No parecía que fueran distintas. Él no se sentía tan distinto. No se sentía más poderoso.
Julian se apartó del ejército de Thraes que estaba acampado en la superficie. Al parecer ya habían tenido tiempo de sacar algunos objetos que llevaban a las naves de Thraes. Y algunas personas, Julian vio de lejos que Caste era conducido a la nave del comandante.
No perdían el tiempo, los thraestianos... Pero él no podía hacer nada por Caste. Se las tendría que apañar solo...
Cuando se hubo alejado bastante se detuvo. Ya no veía las naves, ni las entradas de las ciudades topo. Poco a poco fue consciente de un sonido. Le pareció oír algo... como un susurro.
Cerró los ojos y prestó atención.
“¿No me oyes? ¿No me sientes dentro de tu alma?”
Julian abrió los ojos. Sí, esa sensación.... le dirigía hacia algo o hacia alguien. Ahora entendía su significado. Con prisa se dirigió hacia el lugar que le indicaba su marca.

Sisia estaba arrodillada junto al comandante. Éste estaba herido, aunque no de gravedad. Ella lo sabía. Con la misma certeza que sabía que a ella sólo le quedaba una pequeña cicatriz en su brazo derecho.
El comandante la miró con ojos enrojecidos.
-No permitas que se quede con todo – le rogó, mientras la agarraba por su vestido y la acercaba más a él- No permitas que se lleve nuestros trofeos.
Sisia le miró con infinito amor y le dijo.
-Tú no se lo permitirás. Te curaré como me he curado yo antes.
-¡No! – le ordenó el comandante- No vuelvas a hacer eso, nunca más. Es peligroso.
Cuando Sisia iba a protestar, diciéndole que ella era muy poderosa, el comandante la besó.
-Ve – le ordenó con voz queda- Ahora.
Sisia obedeció. Salió hacia el salón de comandancia de la nave principal. Los nobles y el resto de guerreros de las naves la miraron. Ella hablaba por el comandante.
Y les dio las órdenes oportunas. Había que sacar la mayor cantidad de objetos en un plazo de media hora. Y llevarse a Caste de allí. Media hora. Quien quedase dentro de las ciudades topo en ese plazo, sería exiliado.
Ella misma bajó a tierra para ayudar a encontrar los objetos más poderosos. El tiempo lo era todo.
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MensajePublicado: Mie Ago 29, 2007 4:06 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

Julian siguió corriendo hasta alcanzar a ver lo que parecían dos amantes. Dos sombras abrazadas, tan cerca la una de la otra que por un momento pensó que se estaba volviendo loco... hasta que vio quienes eran.
Julian se paró en seco.
-¡Tú! ¿Cómo has podido...?
Muerte sobre dos piernas no se pudo levantar. Jadeaba y sangraba todavía.
Pero sonreía con esa sonrisa de suicida.
Lirio se levantó y le miró con unos ojos que no parecían suyos.
Eran como dos pozos tan profundos... tan extrañamente fríos...
-No entiendo nada- le dijo Julian- ¿Qué haces con ella? Sino te conociera pensaría que...
Muerte sobre dos piernas empezó a reír.
-¿Qué quieres?- le dijo Lirio.
-Quiero su vida- repuso Julian, señalando a Muerte sobre dos piernas- Pero primero tengo que hablar contigo sobre la organización. Alejémonos de aquí, no creo que Muerte sobre dos piernas pueda huir en las condiciones en las que está.
-Lo que tengas que decirme puedes hacerlo delante de él. Es mi esposo.
Julian creyó no haber oído bien.
-Debes estar bromeando... No puede ser...
Pasó su mirada del uno al otro. Empezó a comprender.
-A ti también, Lirio... Has dejado que te atrape en su tela de araña...
-Habla de una vez- le repuso cortante Lirio- Veo que te han marcado. Enhorabuena.
-¿Qué te ha dado para que hayas accedido a casarte con él? ¿Qué ha podido ofrecerte? No lo entiendo...
Lirio suspiró.
-Me ha ofrecido lo único que me importa. La organización, Caste... él los ha salvado de Thraes.
Julian explotó.
-¡Pero si Caste ha sido llevado a la nave de comandancia! ¡Están sacando todo lo preciado de allí! No lo entiendes... ¡Muerte sobre dos piernas no te ha dado nada!
Lirio negó con la cabeza.
-Él me ha dado lo que podía salvarse.
Julian no sabía que pensar. No sabía que hacer.
-Vamos Julian. Cuéntanoslo todo- dijo sonriendo Muerte sobre dos piernas- Lástima que no esté Sher... Podríamos haber ido las dos parejas de enamorados a caminar bajo la suave luz de la luna.
Julian no pudo contenerse.
Pero cuando utilizó casi inconscientemente su marca contra Muerte sobre dos piernas, Lirio le detuvo.
Su ataque se volvió contra él debilitado, pero con energía suficiente como para tirarle al suelo con fuerza.
-Habla, Julian. Dime el mensaje de Caste.
Julian ya no podía más...
Su mente se quebró con un crujido. Algo le estaba haciendo Lirio, pero no sabía que. Las manos le ardían.
-¡Para!
-Habla, Julian- repuso con frialdad Lirio- Habla, por favor.
Julian se enderezó. Ver a Lirio delante de Muerte sobre dos piernas, defendiéndole, luchando por él fue lo más triste y lo más hermoso que había visto nunca.
-No te merece...-dijo Julian, con lágrimas en los ojos- Pero hablaré. Caste me dijo que te transmitiera lo siguiente. Me dijo que sólo tú lo entenderías.
Lirio abrió mucho los ojos. No podía creerlo.

Pasada la media hora el hechizo que había puesto Muerte sobre dos piernas sobre las ciudades topos y todo el territorio de la organización empezó a funcionar.
Todos los objetos que no habían sido extraídos, todas las personas que aún estaban dentro o en los alrededores recibieron su protección. La decena de soldados de Thraes que no escaparon a tiempo quedaron prisioneros dentro de la protección.
Las naves de Thraes abandonaron los territorios de la organización con las tripas llenas, pero con una recompensa mucho menor de la esperada.
El comandante había hecho llamar a los curanderos, y éstos habían curado sus heridas. Aunque aún no podía ponerse en pie.
Sisia estaba a su lado, vigilando a los militares que le rodeaban.
Estaban proporcionándole los primeros informes sobre lo que habían podido coger.
Cuando todos ellos abandonaban la estancia, el comandante le pidió a uno de los nobles que se quedara.
-¿Alguna noticia sobre los templos?-le preguntó el comandante con voz firme.
-¿Perdón?
El comandante se incorporó con una mueca de dolor.
-¿Se ha cumplido la orden de hacer jurar a esos malditos sacerdotes y ancianos fidelidad a mi persona a través de un juramento enlazado?
El noble dudó.
-Creo que sí, señor.
-Compruébalo- repuso el comandante con voz seca- Thraes siempre había sido muy comprensiva con sus sacerdotes, pero estos han demostrado que no guardan lealtad a nada sino a si mismos. Pretendían quedarse con Sisia como su tesoro personal, ocultándome su poder y negándome el vínculo con el que me habían unido a ella.
-Sí, señor. Todo un acto de traición. Deberíais haberles cortado el cuello a todos.
El comandante sonrió.
-Los sacerdotes son muy útiles a su manera... Tan sólo había que ponerles unos límites claros.
Comuníqueles a los demás que pronto podremos probar los juguetes que hemos encontrado en las ciudades topo.
-Todos estamos impacientes, señor- repuso con ojos brillantes el noble antes de retirarse.
-Tráeme a Caste- le ordenó el comandante a Sisia, cuando estuvieron solos- Es hora de aclarar algunos puntos con ese traidor.

Caste fue conducido a la presencia del comandante. Lo vio sentado rígidamente en su asiento de comandancia. Sino hubiera sido por su rostro sereno Caste hubiera pensado que sufría grandes dolores.
Junto a él una joven envuelta en sedas semitransparentes.
-Ya tenemos aquí al gran Casterius, querida- repuso el comandante con voz muy controlada- ¿Qué opinas de él?
Sisia se acercó hasta Caste y le miró con la impunidad de un amo a un esclavo.
-Parece poderoso- repuso con voz melodiosa y con una mirada dura- Posee una magia no muy antigua... no visceral... Como si... la hubiese creado de algún modo artificial
-¿Es correcto eso, Casterius?- preguntó con tranquilidad el comandante- ¿Son vuestras famosas marcas fruto de vuestra avanzada tecnología?
-¿Qué vais a hacer con las ciudades topo?
-Aún no lo he decidido- repuso quedamente el comandante- Todo dependerá de ti, Casterius. De lo que me respondas y de tu actitud. El destino de tu gente está en tus manos, aunque eso no debería ser una situación extraña para ti.
Caste trató de mantener la calma.
-Empezemos... Ya que Sisia ha dado su opinión, sería de muy mala educación no permitir lo contrario. ¿Qué piensas de ella?
Sisia se apartó de Caste y se situó nuevamente al lado de su comandante.
Caste se removió incómodo. La conversación iba por los derroteros más extraños.
-No la conozco. Tan sólo puedo pensar lo que veo de ella. Es joven, thraestiana y siente adoración por vos.
-Adoración que no compartís, ¿no es cierto?
-No.
-Marcadme- ordenó el comandante.
Caste palideció.
-No puedo- dijo con la voz temblorosa- No quiero hacerlo.
El comandante sonrió.
-Querida- le dijo a Sisia- ¿Conoces algún medio de obligar a un hombre a hacer lo que no desea, lo que no podría hacer de ninguna de las maneras?
Sisia le miró con ojos brillantes.
-Sí, mi comandante- repuso fríamente.
-¿Puedes explicarle a nuestro querido amigo Casterius lo que le hiciste a Lash?- le preguntó con voz cruel el comandante.
Caste quiso morir mientras escuchaba cómo Sisia había utilizado un demonio para entrar en la cabeza de Lash. Para obligar a Lash a traicionar todo lo que creía. Para abandonarle finalmente antes de que el propio Caste le matase por su abominable acción.
-Dime, Casterius- dijo con voz mortalmente queda el comandante momentos después- ¿Me marcarás? ¿O me obligarás a perdirle a Sisia que invoque a Tako?
Caste no tuvo más remedio que acercarse al comandante, extender los brazos temblorosos y marcarle.
Cogió sus manos y las besó.
-Ya está.
-Me temo que no es suficiente- le dijo con voz paternal el comandante- Que yo sepa Lirio fue marcada tres veces. ¿Cuántas marcas tienes tú mismo?
Caste tembló, creyó que iba a desmayarse.
-Por favor...
-¿Cuántas?
-Poseo cuatro marcas- dijo finalmente con voz muy cansada- Las “manos”, el “ojo”, el “oído” y el “cerebro”.
-Prosigue, entonces.
Caste marcó tres veces más al comandante. De este modo, Caste le otorgó el poder que nadie, excepto sí mismo, poseía.
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MensajePublicado: Mie Ago 29, 2007 4:07 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

Muerte sobre dos piernas seguía en el suelo, junto a él Lirio.
Julian seguía de pie, mirándoles con pena. Mirándoles con envidia.
Muerte sobre dos piernas estiró el brazo y abrió su bolsa colgada al cinto.
-Lirio- le dijo con voz rasposa- Coge las piedras que me quedan.
Lirio metió la mano en la bolsita y extrajo tres piedras.
-Dámelas- dijo Muerte sobre dos piernas- Y vigila a Julian. No quiero que cumpla su absurda amenaza.
Lirio se levantó nuevamente y se colocó delante de Muerte sobre dos piernas. Protegiéndole.
Julian no pensaba atacar a Muerte sobre dos piernas, no con Lirio como su protectora.
Muerte sobre dos piernas colocó una piedra donde ya no tenía ojo. Otra en la mano que colgaba muerta y la tercera en la zona del tórax.
Con un grito que hizo estremecerse al propio Julian llamó a la tormenta y tres rayos cayeron donde estaban las piedras.
Un olor a chamuscado llegó hasta las narices de Julian, pero momentos después Muerte sobre dos piernas se ponía tambaleante de pie.
Cojeó visiblemente cuando se situó junto a Lirio. La abrazó mientras ignoraba a Julian y le decía tranquilamente a su esposa.
-Es hora de ir a nuestro nuevo hogar, Lirio
Con esas últimas palabras desaparecieron.
Julian se quedó solo.
Sin Sher, sin Muerte sobre dos piernas, sin su verask... Sólo le quedaba su marca como un nuevo vestigio de lo que era.
Nuevamente escuchó el susurro. Con más claridad que la otra vez. Su marca le llamaba hacia algún sitio lejano... hacia alguien...
Siguiendo la llamada de la marca Julian emprendió camino. Al menos tenía una meta, aunque no supiera cuál era.


-¿Estáis herido, no es cierto?
El comandante le miró con ojos brillantes.
-¿Lo sabéis por las marcas?- dijo con el cuerpo muy tenso.
Caste esperó que lo que iba a hacer sirviera de algo.
-Lo se por lo sereno de vuestro rostro, por la posición forzada de vuestra espalda... Por la forma extraña en que estáis sentado. Por como tenéis colocadas esas piernas que no pueden sosteneros.
Sisia miró con compasión a su comandante. Estiró ligeramente las manos...
-No- le dijo el comandante.
Sisia le miró sin entender.
-¿Por qué sufrir de este modo comandante? ¿Es qué pensáis quedaros como un inválido el resto de vuestros días?
Y con un movimiento ligero, aprovechando su proximidad hacia él le estiró y lo tiró al suelo.
-¡No!- chilló Sisia que se situó junto a él. Y sin pensar, estiró las manos e inició la convocación.
Justo lo que Caste quería.
Estiró los brazos y enfocó su marca hacia el comandante. Lo sostuvo en el aire con su “mano” y lo atrajo hacia él como un escudo. Mientras le amordazó con la otra “mano”.
Sisia miró con ojos desorbitados lo que estaba pasando, pero no podía ayudar a su comandante. No podía parar la convocación.
No podía detener la llegada de Tako.
Por unos instantes, ella misma se perdió en la convocación como le pasaba siempre. Debía esforzarse por no perder el control del demonio cuando éste entraba a este mundo.
Caste aprovechó para unir sus marcas con las del comandante sellando su unión completa.
Ahora si él moría el comandante moriría con él.
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MensajePublicado: Mie Ago 29, 2007 5:28 pm    Asunto: EL FIN Responder citando

Muerte sobre dos piernas rompió el hechizo protector y, con un ademán, trajo para sí a los restos del ejército thraestiano. Unas decenas de hombres y mujeres estaban frente a él. Con lo ufanado aún en sus manos.
-¿Cómo os atrevéis a entrar a robar en mi casa? ¡Y encima con la desfachatez de hacerlo delante mía! Debéis ser castigados por tal...- Muerte sobre dos piernas miró a Lirio- ¿Qué te ocurre?
Lirio del valle estaba mortalmente pálida con lágrimas en los ojos.
-Esto es todo lo que queda...
Muerte sobre dos piernas se olvidó de sus entretenimientos.
-Yo te lo devolveré, Lirio. Volverá a ser la flor que era antes. Reconstruiré esto para ti, si es lo que tanto deseas.
-¿Por qué?- dijo Lirio mirándole fijamente- ¿Por qué haces esto?
-Yo siempre cumplo mis tratos- dijo con voz clara- Al igual que tú, ¿no es cierto?
Lirio no contestó. Ella ya había roto uno, y le había costado muy caro.
-Va a ocurrir algo...- repuso cortante Muerte sobre dos piernas- Lo presiento... Noto un gran poder que se aproxima...
Lirio le miró estupefacta cuando Muerte sobre dos piernas, con el rostro demacrado por el terror se acarició el brazo marcado. Cuando se tocó donde ya no tenía ojo...
-No... Ha vuelto a hacerlo...

Sisia consiguió volver. Vio a su comandante como un títere, con los ojos enrojecidos por el esfuerzo de intentar liberarse. Con un brillo enloquecido y desesperado en su mirada.
Sisia sintió tanto odio que alimentó con gran fuerza a Tako. Notó como su poder crecía junto al de ella. Estaba segura de liberar al comandante.
Con una fuerza sobrehumana Sisia ordenó a Tako que matara a Caste, pero respetara al comandante.
Tako, imbuido de gran poder por el odio de Sisia atacó con brutalidad y precisión sesgando la vida de Caste... y la del comandante.
Un grito horroroso petrificó a los nobles thraestianos que entraron en el salón de comandancia de la nave. Con estupefacción, vieron a su comandante en el suelo sin vida. Junto a él Sisia se había roto las vestiduras y lloraba atrozmente. Clamaba y llamaba a su comandante.
Los nobles avisaron a los curanderos y a los dos sacerdotes que estaban en las naves. Esta vez no hubo forma de librar al comandante de las garras de la muerte.

Julian se paró en seco. Su marca había dejado de guiarle.
Algo extraño pasaba. Pero no entendía el qué...
De repente el susurro volvió a sonar de manera distinta... pero le guiaba igualmente. Julian se vio obligado a cambiar de dirección.
Esto de no saber a dónde iba era un fastidio. Parecía que llevaba meses andando...Si al menos tuviera algún medio de transporte...
Notaba sus manos como entumecidas... Notaba su garganta seca como si hiciera años que no bebía.
Las manos le dolían. Tal vez la marca... podía hacer algo…
Julian trató de recordar cómo manejaba a los verask... quizás era similar. Era lo único que se le ocurría.
Julian enfocó su mente... la necesidad era básica. La necesidad y la férrea voluntad.
“Necesito ir hacia mi destino. Sea cual sea”- pensaba- “Sher... ¡Oh, Sher!”
-¡No!- se recriminó- ¡Concéntrate!
Pero Julian vio donde estaba.
Con Sher justo delante de él. Muerta.
Julian se acercó hasta ella. No podía apartar la mirada...
-Sher... –dijo con lágrimas en los ojos- Mi halcón...
Vio la mochila a su lado. La sed se hizo insoportable.
Con manos temblorosas abrió la bolsa y extrajo la bolsita con agua negra.
“Beberé y la enterraré”- pensó con la garganta muy seca- “He de hacerlo”
Y mientras bebía de las frías y negras aguas manipuladas del Rhio se abrió su mente.
Creció su ansia. Y la marca funcionó como lo haría un verask.

Recordó su reencuentro con Muerte sobre dos piernas. Recordó como éste le había marcado con su mano donde ponía “rata”. Rememoró su alarido, mientras el gélido viento de la madrugada azotaba su cuerpo. Recordaba...


La marca le llevó hasta la presencia de Muerte sobre dos piernas.
Parecía envejecido. Con una cojera permanente cuando andaba. Se le veía tan absorto en algo, que no se dio cuenta de que Julian estaba justo detrás de él.
Julian deseó vengarse por fin, cuando vio a quienes miraba con tanta fijeza Muerte sobre dos piernas.

Una mujer que no conocía, con un rostro pétreo y terrible tenía a sus pies a Lirio. La cual estaba también envejecida...
La extraña estaba rodeada de nobles thraestianos y con una corona en su cabeza tenía atada a Lirio la cual miraba desesperada a Muerte sobre dos piernas.
-Esta vez te toca elegir a ti, Muerte sobre dos piernas. O ella o las ciudades topo. Será esta la última vez que vuestra asquerosa organización se interponga en el camino del Imperio Dole.
-Imperio Dole... ¿qué opinaría el comandante del detalle que habéis tenido con él? Rebautizando Thraes con su ridículo nombre.
Sisia le miró con furia.
-Pregúntaselo tú mismo. Ven a mi, querido Dole.
Un espíritu se materializó al lado de ella.
Julian se quedó sin aliento.
Era el comandante... Pero no estaba vivo. Era tan sólo la sombra del hombre que había sido.
Julian sintió compasión. No pudo evitarlo.
-Debiste haberlo dejado en el mundo de los muertos- repuso fríamente Muerte sobre dos piernas- Hubiera sido más... caritativo.
-¡Calla!- gritó con dolor Sisia- ¡Nada me lo arrebatará! Ni siquiera la muerte podría hacerlo...
Y con furia tiró de la cadena de Lirio.
Muerte sobre dos piernas cerró los puños con lo que a Julian le pareció desesperación...
-Elige de una vez. Estoy cansada de tus juegos.
Muerte sobre dos piernas pareció darse cuenta de algo.
Y se giró hacia donde estaba Julian.
-Vaya, parece que el tiempo no pasa por ti, Julian. ¿Has venido a matarme? Ahora no tengo tiempo, como verás. Estoy tratando de salvar la vida de mi esposa... cosa que tú no lograste si mal no recuerdo.
Julian pudo ignorar su dolor. Sher...
-No se que hago aquí, ni que está pasando...- repuso Julian- Pensé que tú podrías darme una explicación.
Muerte sobre dos piernas se encogió de hombros.
-Yo cambio el destino, pero no lo elijo- repuso cortante- Sino te aseguro que no estaríamos aquí porque...
-¡Ya me he hartado!- chilló enloquecida Sisia- Te mataré a ti y a ella y a tu otro amigo también. ¡No os necesito vivos!
Con furia Sisia levantó la cadena y se dispuso a rematar a Lirio.
Muerte sobre dos piernas alzó su mano y paró el tiempo.
Su poder se había ido debilitando con los años, así que le fue imposible elegir.
Todos los caminos que había tomado le habían llevado a la derrota.

Julian contempló con estupefacción como Muerte sobre dos piernas moría por amor.
Como haciendo gala de su nombre mataba muriendo.
Sisia cayó desplomada al suelo y Muerte sobre dos piernas también.
Lirio echó a llorar abrazando con desesperación a Muerte sobre dos piernas. Ella había aprendido a amarlo. Ella fue la que, finalmente, lo atrapó en su red.
-Me vendiste tu alma... ahora la recuperas...-dijo moribundo Muerte sobre dos piernas- Al final... tu nombre te hace justicia, querido Lirio... Yo...
Julian se sentó en el suelo, abatido. Los nobles thraestianos estaban tan estupefactos que apenas podían pensar.
No tenían líder... Necesitaban un líder... Alguien gritó...
-¡Es él!- dijo un guarda- ¡Es el último portador!
Ignorando a Lirio que aún lloraba a su esposo y el cadáver de Sisia se dirigieron a Julian y le alzaron.
Julian no podía creer que estaba pasando.
-¡Coronémosle como nuestro emperador!- dijo el guarda- Que nos conduzca con su verask a la gloria.
Todos los nobles le vitorearon. Julian fue llevado en hombros hacia el templo de coronación.
Lo último que vio fue cómo le ponían una pesada corona en la cabeza y lo nombraban dios.

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MensajePublicado: Mie Sep 12, 2007 4:17 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

¿Qué os parece el relato?

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En qué puedo mejorar?


agradeceré cualquier comentario icon_mrgreen.gif

Un saludo

PD. ACEPTO COMENTARIOS, CRÍTICAS, OPINIONES...
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