Et In Barcino Ego...: Mush basado en el Mundo de Tinieblas de White Wolf, localizado en la ciudad de Barcelona en el año 2010. En él, podrás interpretar humanos, vampiros y changeling, entre otros, y por fin, encontrar la manera de volver a jugar a rol después de tanto tiempo (o de probarlo por primera vez) de forma grat
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Publicado: Jue Mar 13, 2003 5:57 pmAsunto:
93 Hielo y Fuego
Nasser se enfureció. Ya eran tres los rehenes que habían escapado. Primero el hombre prepotente, y ahora las dos mujeres, ayudadas por el extraño ser de hielo. ¿De dónde había venido? ¿Y donde las había llevado? No importaba, ahora estaban fuera de su alcance, no podía atravesar el suelo así para seguirlas. Pero aún tenía a Iskander en su poder. Él le revelaría todo lo que deseaba saber. Se acercó a él orgulloso, intentando no mostrar el enfado que tenía.
-Bien primo, esto se está volviendo cada vez más íntimo. Si no fuese por estos dos- añadió, señalando a Ydarka y Karthamon- esto sería como una pequeña reunión familiar. Ahora, charlaremos un rato tú y yo, y me dirás todo lo que quiera saber.
-Vete al infierno- le dijo Iskander, tremebundo de furia, con una voz que ni era la suya propia ni la de la Llama Verde, sino una mezcla de ambas.
-Ya he estado bastante cerca, gracias, tuve que sufrir mucho para demostrar que era digno de mi encargo. –miró de nuevo a Ydarka y Karthamon y vio que estos seguían debatiendo con su prisión helada.- ¡Dragón! Vigila a esos dos. Si se mueven demasiado, hiélalos.
El dragón se levantó y avanzó dos pasos hacia los dos prisioneros, se echó de nuevo sobre su lomo con su cabeza a menos de un metro de la cabeza de Ydarka, de modo que su respiración movía el cabello de los dos hombres. Al momento cesaron de moverse, mientras el dragón les miraba detenidamente.
-Bueno, así nos dejarán tranquilos- dijo Nasser. Se acercó hasta ponerse al lado del Iskander, que quedaba por encima de él, subido a su caballo, cubiertos los dos por el hielo.- Primo, dime donde está la Llama Verde, por los viejos tiempos. No quiero que sufras, recuerda que somos familia, y a la familia hay que tratarla bien. Si me das la Llama Verde, te dejaré marchar.
La Llama habló a Iskander, que seguía debatiéndose a pesar de la sangre que empezaba a manchar el hielo, fruto de los cortantes filos del hielo mientras trataba de liberarse. “Calmate. Esta es mi lucha. Déjame tomar el control y yo te liberaré”. Iskander se detuvo, y cerró los ojos para calmarse. Cuando volvió a abrirlos, eran completamente verdes.
-Haremos otro trato- dijo la Llama a través de Iskander, dominándole completamente y fluyendo libre por su interior.- Déjanos marchar, y te perdonaré la vida. Ya sabes, por ser de la familia.
-Me parece que no puedo hacer eso, primo. –dijo Nasser.- Tendré que hacer algo para que colabores, darte algún aliciente. Por ejemplo, partirte una pierna. Creo que es algo muy doloroso, y al fin y al cabo no la necesitas para hablar.
-No creo que sea lo mejor para ti. He de ir tras las mujeres.
-No te estoy pidiendo tu opinión, únicamente te estoy informando de lo que te pasará si no colaboras. Dragón, ven aquí.
El dragón se levantó y se acercó a Nasser, poniéndose amenazadoramente tras su dueño.
En ese momento, un rugido estremeció el cielo e hizo que Nasser se arrojase al suelo con las manos en los oidos, y el resto chillasen de dolor. Una sombra tapó la luz del sol, y todos miraron hacia arriba. Un dragón rojo se lanzaba hacia ellos desde las alturas, emitiendo su rugido, con las alas pegadas al cuerpo para ganar más velocidad. Nasser reaccionó rápidamente tras el primer instante de pánico, y corrió hacia el dragón blanco. La Llama Verde se dio cuenta de que a lomos del dragón blanco, más pequeño y rápido que el inmenso dragón rojo, podría escapar. Recurrió a su poder, y una luz verde recorrió el cuerpo de Iskander. El brillo comenzó a hacerse más luminoso, tanto que Ydarka y Karthamon tuvieron que cerrar los ojos para evitar quedarse ciegos.
Cuando volvieron a abrirlos, Iskander había derretido el hielo con la Llama Verde, y ahora corría hacia Nasser, que trataba de montar en el dragón. Este, aterrorizado ante el gran tamaño de su hermano, intentaba huir, pero debía obediencia a Nasser, que le decía que estuviese quieto para que pudiese subir. Por fin, el dragón blanco levantó el vuelo, mientras lanzaba una nube helada para ocultarse del dragón rojo. Cuando se disipó, todos pudieron ver que Iskander colgaba tras él, sujeto a la túnica de Nasser, a varios metros de altura y volando a toda velocidad.
El dragón rojo se detuvo pesadamente frente a Ydarka y Karthamon, y los dos pudieron ver entonces que era Alcor el que montaba a su lomo.
-Ydarka, tú puedes acabar con esa prisión de hielo. Deja que el poder que tienes en tu interior se haga cargo. Piensa en la noche en que te atacaron las brujas. ¡Ahora he de irme!- y el dragón rojo, levantando un vendaval, partió de nuevo tras el dragón blanco.
Iskander colgaba bamboleante de la túnica de Nasser. El dragón volaba a toda velocidad a un centenar de metros del suelo, tratando de poner la mayor distancia posible entre el dragón rojo y él. Los ojos de Iskander lagrimeaban mientras se esforzaba por agarrarse, si bien saltaba en el aire, dándose golpes contra el duro lomo del dragón. Nasser se sujetaba al cuello del dragón, tratando de evitar que el peso añadido de Iskander le arrojase al suelo. Se dio cuenta de que tenía que librarse de él cuanto antes. Sujetándose como pudo al cuello del dragón con una mano, con la otra desenvainó la ornamentada daga que Shaitar le había entregado para completar su vestimenta. Se giró e intentó cortar la tela que le mantenia unido a su odiado primo.
Iskander se dio cuenta de que su primo trataba de hacerle caer, pero no sabía que hacer. Como siempre que la Llama Verde guiaba sus actos, el se sentía en un segundo plano, como si se viese actuar a si mismo frente a un espejo, pero sin ser él. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, se sentía más identificado con la Llama. Eso fue lo que pasó cuando la Llama le habló.
“Extiende tu mano hacia él”
Así lo hizo Iskander, y cuando su primo se inclinaba hacia su ropa para cortarla, un rayo de energía verde brotó de la mano de Iskander para impactar contra el brazo de Nasser, arrojándole contra el cuerpo del dragón y arrebatándole la daga de su mano. El dragón blanco se asustó por el impacto, creyendo que se trataba de un golpe de su hermano mayor, y se lanzó en un ascenso casi vertical que arrojó a Iskander contra su escamosa cola. Iskander se sujetó desesperado, viendo cómo el cielo ascendia imparable hacia él, pero al menos la cola del dragón le ofrecia más seguridad que el trozo de tela, proximo a romperse cuando lo soltó. Un millar de metros después, el dragón detuvo su ascenso y volvió a recuperar la estabilidad, batiendo sin cesar las alas para huir de su enemigo, a la vez que giraba su largo cuello para intentar ver dónde estaba. De repente, el dragón rojo salió tras una nube, y lanzó una terrible llamarada unos metros detrás de donde estaban, para avisarles de que se detuviesen. El dragón hizo caso omiso y siguió con su huida, logrando aumentar poco a poco la distancia que le separaba de su rojo perseguidor.
Nasser se envalentonó al ver que huían del dragón rojo y se volvió de nuevo hacia Iskander. Unicamente deseaba matarle. No había ningún otro pensamiento en su mente que ver el cuerpo de su primo cayendo hacia el suelo, cientos de metros más abajo. Se acercó poco a poco hacia él, dejándose caer por el lomo del dragón, y empezó a golpearle con su pie para que cayese.
-¡Te mataré, primo!
-¡Ya no somos primos!- respondió Iskander, también a gritos para hacerse oir por encima del silbido del viento.- ¡Eres un engendro de Shainar!
En uno de los golpes que le daba, Iskander se arriesgó a soltarse y tomó a su primo del tobillo. Este pataleó para intentar soltarse, pero no pudo por más que lo intentó, la presa era demasiado fuerte. En ese momento, una gran esfera de energía azul impactó contra el dragón blanco. Este giró por el impacto mientras gemía de dolor, y sus dos jinetes se desprendieron de su lomo, cayendo al vacio.
Iskander caía hacia su muerte, un millar de metros más abajo, donde el suelo se extendía como una gran alfombra. Había soltado a su primo, que caía unos metros frente a él, mientras gritaba desesperado. Extrañamente, Iskander estaba tranquilo. No sabía por qué, pero lo estaba. De pronto lo vio. Un destello plateado a su espalda. Algo se aproximaba hacia él. Por encima, el dragón rojo seguía con su vuelo, demasiado lejos para alcanzarles. Nasser se alejaba de él, aumentaba la distancia entre ellos. El punto luminoso se aproximaba, pero el suelo también, a toda velocidad. Su vida empezó a pasar por delante de él. El punto se acercaba. El suelo crecía ante él. Más rápido. Más cerca. Algo pasó bajo él. Era Altair. Se puso bajo él, y dejó que cayese sobre su lomo. Estaba salvado.
Pero su primo seguía cayendo. Instintivamente supo que hacer. Pudo sentir la fuerza de la Llama Verde ardiendo en su interior. Extendió la mano. Podia notar el tacto de las moléculas de aire bajo sus dedos. Se concentró y las unió en un colchón de aire que frenó la caida de Nasser, que siguió chillando con los ojos tapados y encogido por un niño, hasta que Altair y Nasser aterrizaron suavemente en el suelo.
Vuestro turno... _________________ Mientras yo viva tendras,
un alma que te comprenda,
unos ojos que te adoren,
y un hombre que te defienda
Iskander bajo de Altair como una exhalación y se dirigió al lugar donde había desaparecido el acnames, no había nada mas que un pequeño montículo de nieve. Se giro buscando a Alcor, este acababa de liberar a Karthamon e Ydarka y buscaba a su alrededor a las mujeres. Cuando su mirada se encontró con la de Iskander no hizo falta mas, sus ojos reflejaron una tremenda ira y se dirigió hacia Nasser que seguía hecho un ovillo sobre el suelo.
- ¿Dónde están nuestras compañeras? ¿Qué has hecho con ellas?
La furia hacia que la voz de Alcor temblase. Iskander fue rápidamente hasta él y le explico lo sucedido.
- ¿Dices que un acnames apareció aquí de repente y se llevo a Karsin y a Aras? pero eso es imposible
Había sorpresa en su voz.
- a no ser que......., Tengo que irme, creo que............
La cara de Alcor se transformo en una mueca de rabia mezclada con incertidumbre, luego dio media vuelta y se alejo volando del lugar.
Iskander se quedo asombrado por la extraña partida de Alcor, este no solía comportarse de forma tan...... humana. Luego miro a Nasser. La ira fue haciendo presa en su rostro. Se acerco muy lentamente hasta él, y le dio una tremenda patada en él estomago.
- Maldito seas una y mil veces. Si no hubiéramos estado presos en hielo el acnames jamás se hubiera llevado a Aras y Karsin.
Nasser se encogió mas sobre sí mismo, mientras con los brazos se sujetaba él estomago.
Iskander comenzó a dar vueltas en circulo alrededor del montículo de nieve, estaba furioso, mas que furioso, pero sabia que de nada valía pagarlo con Nasser, el no había tenido nada que ver con la desaparición de las mujeres, bueno, al menos nada que ver directamente. Se paro en seco, y arrodillándose en el suelo comenzó a escarbar el montículo de nieve, para comprobar con gran pesar, que bajo el, solo había tierra y piedras, ninguna gruta, ninguna pista, nada que le dijera el camino a tomar ahora. Cambio de posición, sentándose en el suelo, con las piernas encogidas, la cabeza enterrada entre ellas, mientras sacudidas de rabia y pena recorrían su cuerpo. Karthamon e Ydarka vigilaban a Nasser, evitando mirar a Iskander.
Una voz comenzó a hablar dentro de su cabeza, tenia el mismo sonido que la de Aras, pero sabia que no era ella. La llama le estaba hablando.
- ¿Qué es lo que haces?, Buscas algo que no existe, esperas que vengan y no lo harán, té quedas inmóvil cuando deberías ponerte en marcha. Mi hermano ha ido a buscarlas. No pierdas mas el poco tiempo de que dispones. Levántate y ponte en camino.
- No sé hacia donde dirigirme
- Té hacia menos estúpido. Ve donde te esperan, ve hacia Almarch.
Iskander se levanto poco a poco del suelo, miro a su alrededor con los ojos anegados, buscando a quien no estaba. Luego se dirigió hacia los caballos y monto sobre Altair.
- Pongámonos en marcha, lo que haya de ser, será. Cabalgaremos sin descanso hasta Lakshmi, allí descansaremos.
- ¿Lakshmi?
- Es un poblado del desierto, tengo allí buenos amigos, nos ayudaran, y desde allí hasta Almarch hay pocos días de viaje. No debemos entretenernos. Coger a ese saco de estiércol que tengo por primo y atarlo sobre un caballo, nos lo llevamos, quizás nos pueda ser útil.
Ni Ydarka ni Karthamon se atrevieron a decir nada, el porte de Iskander, mas alla de su ropa destrozada y su camisa manchada de sangre, era el de un rey que afrontaba lo que más temía, sabiendo que no podía mirar atrás, pues si lo hacia, su determinación se esfumaría.
95 Aras y Karsin
El sonido era atronador, sus oídos estaban a punto de estallar, de su garganta ascendían ramalazos de dolor, había intentado en varias ocasiones sujetar el fino hilo de plata que torturaba su cuello, pero había sido en vano, cuanto más pretendía separarlo de su traquea, mas se apretaba a ella.
No sabían donde se encontraban, el frío reinante helaba sus cabellos, y hacia rechinar sus dientes. Al principio cuando la tierra se abrió dando paso al Acnames pensó que se encontraban en una caverna de hielo, pero poco a poco, se fue dando cuenta que era el monstruo quien creaba los helados pasillos, los cuales se cerraban a su paso, haciendo que tuvieran que correr tras él para no quedar sepultadas por el hielo.
Era imposible medir la distancia que llevaban recorrida, el pasadizo que se iba creando no cambiaba de dirección ni tenia recovecos, parecía una recta sin fin a ninguna parte. El tiempo tampoco corría igual que en la superficie, pues aunque sabia que llevaban caminando mucho rato, no sentía hambre ni sed, solo un cansancio inmenso que atenazaba sus músculos.
Tan absorta estaba en dar un paso mas, que no se dio cuenta de que el ser había detenido su avance, chocó contra su espalda sintiendo gélidos pinchazos en su rostro. Se separo rápidamente de el, para quedar petrificada por el panorama que se erigía ante ella.
Estaban en el interior de una habitación de dimensiones colosales, de la cual salían umbrales que daban a otras cámaras. Las paredes eran de mármol blanco, las puertas de negro ébano, el suelo del color de la sangre. Quizás en otro lugar, tal mezcla de colores fuera sorprendente o desagradable, pero allí, era como si definiera la personalidad del amo del lugar, fría, oscura y cruel.
El mobiliario era escaso, una mesa y unas pocas sillas ocupan un ínfimo espacio de la sala, lo que daba a esta aun más apariencia de austeridad e inmensidad.
El Acnames comenzó a andar de nuevo, dirigiéndose hacia una de las negras puertas, esta se abrió antes de que él llegara, mostrando una estancia pequeña y sobria, con dos camastros en el suelo, un orinal en un rincón de la pared, unas tablas que seguramente harían las veces de mesa, y unos viejos candelabros sujetos al muro que proporcionaban la luz que iluminaba escasamente el lugar. Comparado con la enorme sala en la que antes habían estado, esta se les antojo un calabozo, posiblemente lo era.
Karsin intento hablar con el Acnames, pero este ni siquiera le dirigió la mirada, se limito a empujarlas dentro, salir y cerrar la puerta, al cabo de unos minutos regresó con un paquete en sus manos que dejo caer sobre el suelo, luego volvió a marcharse.
Aras se acerco al paquete, le dio unos cuantos toques con el pie, luego se agacho y lo abrió, contenía algo de comida. Karsin se aproximó a su amiga y la abrazó. Estuvieron así durante mucho tiempo, sin hablar, sin mirarse, solo sintiendo que pasase lo que pasase se tenían la una a la otra.
Dos días se sucedieron sin que nada cambiara, el ser les daba una bolsa con comida casi putrefacta, y luego no volvía a aparecer hasta la mañana siguiente. Habían intentado todo, le habían suplicado, le habían amenazado, cualquier cosa con tal de lograr una palabra, pero el ser no hacia caso, era como si estuviera sordo a sus ruegos.
96 Arodna
Alcor voló sin pausa hasta llegar a Arodna, este lugar que antaño fue un paso entre montañas, ahora estaba cubierto por un glaciar inmenso, no era solo blanco, pues estaba demasiado helado para ser de ese color, vetas azul brillante recorrían su interior formando caprichosas imágenes de sueños que podían haber sido y no fueron. Recorrió todo su perímetro buscando una entrada, una puerta que sabia que no vería a no ser que el amo del hielo quisiera que encontrara, aun así no podía permanecer parado.
Sabia que un engendro como el Acmanes solo podía ser dominado por Algiedi, pero se le escapaba el motivo que tenia el cruel dios para raptar a las mujeres. Lo único que se le ocurría no podía ser posible, No debía ser posible.
Paso dos días consumiéndose entre la incertidumbre y la seguridad, hasta que oyó que el hielo se rompía. A su lado, una grieta surcaba el glaciar, abriéndose hasta ocupar la altura y anchura de un hombre. Alcor penetro en ella. Camino a través del azul pálido del hielo, hasta que llego a una cámara, allí encontró a Algiedi, sentado sobre un pequeño iceberg que se adaptaba perfectamente a su cuerpo.
- ¿Llevas mucho esperando, sobrino?
- De sobra lo sabes
- Mmm, como no llamaste a la puerta, no vi la necesidad de abrirte. Por cierto, esperaba que tu padre te hubiera enseñado mejor educación. Aunque conociendo a Benetnash tampoco me extraña.
- ¿Por qué te has raptado a las mujeres?
- ¿Yo?, yo no he hecho nada
- No te atrevas a mentir, sé que has sido tu, el acmanes es tu siervo.
- ¿ Mi siervo?¿Que se supone que ha hecho?
- Se ha llevado a las mujeres por la fuerza. Y estoy seguro que lo ha hecho obedeciendo tus ordenes.
- Mmm, déjame que piense, si, efectivamente, las vi un poco apuradas, estaban prisioneras en hielo por culpa del primo de tu amigo, ¿No?, Así que pensé que les podría echar una mano, mande al Acmanes que las sacara del apuro, las trajera a mis dominios y las dejara aquí, pero también le ordene que no las hiciera daño, que cumpliera todas sus ordenes, de hecho, lo que hice fue darles como regalo al Acmanes. Mmm, si, Esas fueron exactamente mis ordenes.
- No intentes engañarme, no creo nada de lo que dices. Si algo les ha pasado a las mujeres.............
- Mmm. ¿No? Como quieras, te las mostrare. Y te prometo sobrino, que si el Acmanes no ha las ha tratado bien, yo mismo le daré muerte.
Y diciendo esto, Algiedi movió una mano e hizo aparecer un espejo de hielo, en el se veía el interior de la celda en la que estaban confinadas Aras y Karsin. Su aspecto era deplorable, estaban sucias, sus cabellos enredados, sus ropas hechas jirones. Se miraban una a la otra con ojos asustados, en ese momento entro en el Acmanes, las mujeres suplicaron que las dejara salir, o que las diera alguna manta pues tenían mucho frío, pero el ser hizo caso omiso, depositó una bolsa en el suelo y salió de la cámara. Aras abrió la bolsa, en su interior había pan mohoso y una cantimplora roñosa de agua turbia. Algiedi volvió a mover la mano y el espejo desapareció. En su rostro se dibujo una sonrisa cruel.
- Ha desobedecido mis ordenes, no te preocupes sobrino pagara por ello.
Antes de que Alcor pudiera decir nada sobre el trato dado a las mujeres, Algiedi se levanto bruscamente de su helado asiento y con un gesto hizo aparecer al Acmanes.
- Quien te has creído que eres, no has obedecido mis ordenes, te dije que debías cumplir cada deseo de las mujeres, me has hecho quedar mal a los ojos de mi sobrino, pagaras por ello.
Y mientras así hablaba miraba fijamente al engendro, alla donde posaba la vista el dios, el cuerpo del ser comenzaba a agrietarse, lanzando aullidos de dolor, el Acmanes no paraba de rogar y suplicar clemencia a su señor, hasta que llego un momento en que su cuerpo se hizo pedazos, quedando solo unos trozos de hielo mezclados con sangre sobre el suelo.
- Como ves sobrino cumplí mi palabra, esta muerto. Ahora, debo despedirme, mi presencia es reclamada en otro lugar, no tardare mas de dos o tres días, si quieres continuaremos nuestra conversación entonces.
La cámara se torno borrosa hasta que de repente aparecieron al pie del glaciar. Algiedi se volvió hacia Alcor con una sonrisa en la boca.
- Mmmm lo malo ahora, es que tus amigas ya no tienen nadie que las cuide. Piensa en ello mientras me esperas. Adiós sobrino.
Y desapareció entre una nube de nieve.
Alcor se quedo estupefacto. ¿Qué habría querido decir? No, no podía ser así, no podía insinuar eso. NO.
97 Aras y Karsin
Algo había pasado, era el tercer día de su encierro y el acmanes no llegaba, vieron pasar las horas sin que nadie acudiera a limpiar el orinal o depositar comida, la rutina se había roto para ser todavía más horrorosa. La moral ya de por si baja, fue dando paso al temor y la frustración. Llego la noche sin que este apareciera, y se hizo de día con el estomago rugiendo de hambre y el olor a excrementos y orín llenando la habitación. Se miraron una a la otra, si el acmanes se olvidaba de ellas, morirían de sed y hambre, la desesperación poso sus frías garras en sus mentes.
Pasaron así dos días mas, sus lenguas estaban ásperas, sus labios cuarteados, el mareo las acompañaba constantemente, no tenían fuerzas siquiera para hablar.
98 Algiedi
Alcor estaba realmente asustado, jamás había sentido tal miedo por una persona, Karsin llevaba encerrada cinco días, y los tres último además estaba sin comida, sin bebida, indefensa, asustada, sola. BASTA, no estaba sola, estaba con Aras, entre las dos conseguirían pasar la prueba. Algiedi volvería pronto, sabia que tenia una importante baza a su favor, no la dejaría pasar, no las dejaría morir de inanición, imaginaba a las dos mujeres tendidas sobre el sucio suelo de la habitación, delgadas y demacradas consumiéndose, BASTA, tres días eran pocos días, eso no llegaría hasta dentro de mucho tiempo, cuanto tiempo, cuantos días aguantaban los humanos sin comer ni beber, cuanto tiempo hasta que se consumieran, ¿cuánto?
Movió violentamente la cabeza para deshacerse de esos pensamientos, necesitaba razonar, necesitaba pensar, mantenerse frío y seguro, si Algiedi descubría hasta que punto le importaba Karsin todo estaría perdido, le tendría en su poder.
El dios apareció por fin esa noche. Miro a Alcor impasible y creo una entrada en el hielo. Ambos se encontraron de repente en la gran sala.
- Y bien ¿has pensado en ellas?
- Si
- Mmmm, ¿y tienes alguna propuesta?
- Déjalas libres.
- Mmmm, ahhh, claro, por supuesto, mmmm, pero si lo hiciera...... no crees que morirían congeladas en cuanto traspasaran el umbral de mi sala, mas alla, solo esta el frío glaciar.
A un gesto de Algiedi, la pared de la celda se volvió transparente, mostrando a las mujeres en un deplorable estado. Alcor sintió que su sangre hervía de rabia, pero no iba a entrar en el juego, ni ha suplicar por la vida de ellas, si lo hacia, Algiedi sabría lo que realmente sentía por Karsin, y tendría demasiada ventaja. Prefería que el moviera sus fichas. Por el momento.
- ¿Qué propones?
- Mmm, he pensado alojarlas como a reinas, darlas comida, agua para bañarse, ropas nuevas, etc. Ya sabes.
- Y luego ¿que?
- Estarían tan encantadas que se quedarían conmigo por una temporada. Mmmm, siempre y cuando, claro esta, tu no te inmiscuyeras en mis asuntos. Por que si lo hicieras, no me quedaría mas remedio que atender otros menesteres, y desgraciadamente las dejaría de lado.
- Crees de veras que son tan importantes como para que no intente frenar tus ambiciones.
- Vamos, vamos, mi querido sobrino, yo no creo nada, solo expongo una situación. Puedes hacer lo que quieras, nadie te obliga a nada.
- Puedes hacer lo que quieras con ellas, pero recuerda, no puedes inmiscuirte en la vida de los mortales, si Larissa se entera tu castigo será atroz.
- Vaya, sobrinito no esperaba esa amenaza de ti. Pues escucha atentamente, si Larissa se entera, ellas morirán. Y lo harán de la peor manera que te puedas imaginar.
- Tu sabrás lo que haces.
- Te equivocas, tu sabrás lo que haces.
En ese momento apareció en la sala una gran bañera de oro y viandas sobre la mesa.
- ¿Crees que les gustara mi regalo? ahhh, seguro que si, tanto tiempo sin comida, y sin lavarse, tienen que encontrarse muy mal, las pobres. Mejor será que nos despidamos y las dejemos gozar de estos placeres. Pero recuerda, no hagas nada que me distraiga de su cuidado.
- Te lo repito puedes hacer con ellas lo que quieras.
- Bueno, mi querido sobrino, como quieras, pero yo confiare en que tu no haces el tonto, y tu confiaras en que yo no me olvido de ellas. Y ahora, sin mas preámbulos me despido, tengo muchísimo que hacer.
Alcor se encontró inmerso en una ventisca, cuando esta pasó, se encontraba de nuevo fuera del glaciar.
No podía hacer nada, se encontraba atado por unas cuerdas mas fuertes que el hierro, atado por los sentimientos encontrados, a un lado Karsin y Aras, al otro los demas humanos. Cabizbajo, comenzó a andar en dirección hacia sus amigos, no quería volar ni apresurarse, aun no sabia lo que les iba a contar.
Algiedi sonrió, no sabia hasta donde le importaba a su sobrino la mujer, por eso no había querido presionarle demasiado, por ahora, bastaba con que se mantuviera al margen, pero .........., quizás pudiera averiguar algo con la ayuda de Karsin, sin que esta se diera cuenta, naturalmente.
99 Karsin y Aras
Ya llevaban tres días encerradas. De repente la puerta se abrió dando paso a la esperanza.
Un hombre apuesto estaba en el umbral, de piel y cabellos blanco, con una sonrisa cruel en la boca las miro y poso un pañuelo en su nariz.
- Jamás pensé que los humanos pudieran llegar a oler tan mal.
Dicho esto, dio media vuelta y se alejo dejando la puerta abierta. Aras, cogió a Karsin de la mano y se acerco a la puerta. Apoyo su espalda contra el dintel y asomo ligeramente su cabeza, no vio a nadie. Dio un paso hacia el exterior de la habitación, y sus ojos se abrieron por la sorpresa. En la sala en la que antes no había nada mas que una mesa y varias sillas, ahora había una enorme bañera de oro, de la cual salían volutas de vapor, una toallas blancas como la nieve reposaban en una silla al lado de esta, frascos de los que emanaba un delicioso olor a jabón estaban depositados con cuidado en el suelo. La mesa que otrora estaba vacía, se encontraba repleta de los mas variados platos, carnes guisadas con regueros de salsa, patatas asadas con especias, pan horneado todavía caliente, verduras de todos los tamaños y colores, fruta brillante y tentadora, y vasos llenos de vino y agua.
Abandonando toda precaución tiro de Karsin dirigiéndose a la mesa, cuando estaba a menos de dos pasos de ella, una pared de hielo la cubrió.
- No me lo puedo creer, ¿tan zafias sois como para sentaros a tan magnifica mesa, sin antes haberos aseado?
El hombre que les abriera la puerta había aparecido de repente, estaba repantigado en un trono de mármol blanco que tampoco estaba antes, sus piernas sobre uno de los brazos de este, su espalda apoyada en el otro, su mano seguía sosteniendo el pañuelo sobre su nariz.
Aras sintió arder la furia en su interior.
- Estamos muertas de hambre, el engendro no ha traído comida ni cambiado el orinal desde hace tres días. ¿Qué esperas que hagamos?
- Espero que os bañéis.
- Primero déjanos comer algo
- Mi mesa no esta destinada a mendigas, si no a damas, si no os portáis y os vestís como tal, no comeréis.
- Maldito seas, quien demonios te crees que eres para darnos ordenes.
- Tse, tse, tse, me parece que me he equivocado contigo, Aras, te tenia por otra cosa, solo eres la hija de un sucio tabernero. ¿Lo sabe tu enamorado? O también le tienes engañado haciéndote pasar por la dama que no eres. En cuanto a ti Karsin, mas te valdría alejarte de tan inadecuadas compañías.
Aras olvido todo resto de razonamiento y mesura y se abalanzó contra el hombre, Karsin la detuvo, luego miro altaneramente al hombre y comenzó a meterse en la bañera.
- Tanto dices de nosotras, y tu eres menos todavía, cualquier caballero que se preciara, habría dejado al lado de las toallas ropa de calidad con que vestirnos cuando acabemos de bañarnos.
- Mi querida Karsin, cualquier dama, se negaría a bañarse vestida con esas ropas inmundas.
- Te equivocas, ninguna dama se bañaría desnuda en presencia de un patán.
Y dicho esto se acabo de introducirse en la bañera sin haberse quitado nada de ropa, Aras, comprendiendo que Karsin actuaba de manera mas cabal que ella, se apresuro a hacer lo mismo, cuando ambas estuvieron metidas del todo en la bañera, el hombre sonrió.
- Parece que tu ingenio me ha dejado sin espectáculo, Karsin. Pero recuerda, yo no he dicho que sea ningún caballero.
Y diciendo esto se levanto del trono, hizo una pronunciada reverencia y desapareció entre una nube de nieve. Cuando esta se desvaneció pudieron ver que donde antes estaba el hombre ahora se encontraba un hato de ropa.
Karsin y Aras aprovecharon la supuesta ausencia de este para asearse detenidamente, luego se secaron y vistieron con las nuevas ropas. Cual no fue su sorpresa al comprobar que había un vestido de excelente manufactura de la talla de Karsin y unos pantalones y un jubón bastante normales de la de Aras. Encogiéndose de hombros cada uno se vistió con el que le correspondía, cuando hubieron hecho esto la pantalla de hielo que rodeaba la mesa se evaporo, dejando que los mas apetecibles aromas llegaran hasta su pituitaria. Se miraron la una y a la otra, y con toda la mesura que fueron capaces de reunir se dirigieron hacia la mesa. El hombre apareció de repente, se acerco con paso indiferente hasta la cabecera de la mesa y se sentó sobre una silla despreocupadamente. Luego miro a Karsin admirativamente y le ofreció una fuente llena de apetitosa carne, Karsin sirvió el mejor trozo de carne en un plato y se la paso a Aras, luego se sirvió a ella misma.
- Desde luego tu bondad te precede, querida Karsin. Solo una dama como tu daría a...... a alguien como Aras el mejor trozo de guiso.
- ¿A que te refieres con alguien como yo?, quien te crees que eres tu, eres un.........
- Tse, tse, tse, tranquila Aras. Ves Karsin a esto me refiero, no he dicho nada, y ella ya ha comenzado a insultarme, o al menos lo ha intentado.
- ¿Qué no has dicho nada? Será posible, como te atreves. Yo...... - Aras echaba fuego por la mirada
- Tranquila Aras, no le hagas caso, solo intenta molestarte. – Karsin miro al hombre detenidamente- dices que soy una dama, y sin embargo aseguras que tu no eres un caballero, lo cual demuestras abiertamente.
- ¿Lo demuestro? Mmm, ¿cómo?
- Primero nos encierras, después nos dejas sin comida, y ahora te atreves a hablar con nosotras sin ni siquiera haberte presentado. Eso es propio de patanes, no de caballeros.
- Tienes razón, me presentare, mi nombre es Algiedi. Y estoy a tu entera disposición.
- Tal y como se han desarrollado hasta ahora las cosas, preferiría tenerte lo mas lejos posible, en vez de a mi disposición.
Algiedi soltó una gran carcajada a la vez que miraba a Karsin con ojos admirados.
- Desde luego me voy a divertir mucho contigo, tu intelecto esta a mi altura.
Luego se levanto de la silla y desapareció de nuevo.
Karsin miro a Aras. Ambas intuían que lo que Algiedi quería era hacer que Aras se sintiera inferior que Karsin, y así lograr separarlas. Pero era un iluso si pensaba que lo iba a conseguir.
Algiedi sonrió para sí mismo, que pensaran lo que quisieran, el no era tan idiota como para intentar separarlas, tenia algo mas en mente, algo mucho más divertido. _________________ lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.
Comienza tu dÃa con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahà desentonando con todo el mundo
Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
Seguía persiguiendo al dragón de hielo, si hubiera sido antes no hubiera tenido forma de alcanzarlo pero Alcor lo había cambiado mas de lo que parecía, no solo era mas listo sino que tenia nuevos poderes.
Un brillo azul cubrió su cuerpo, al tiempo que aumentaba su velocidad, manteniendo la distancia con su presa, espero pacientemente al momento oportuno y disparo una bola de fuego.
El dragón blanco la vio venir, como todos los dragones tenia sentidos mágicos, pero al calcular su trayectoria vio que no le alcanzaría así que no malgasto fuerzas en esquivarla y la dejo pasar, sintiéndose mas seguro creyendo que la falta de puntería se debía a que empezaba a cansarse, de repente la bola de fuego exploto delante de el con una fuerza descomunal y el dragón blanco se metió dentro de ella sin poder evitarlo.
El dragón blanco no había sentido tanto daño en su vida y herido de consideración intento recuperarse al sentir que caía hacia el suelo, con gran esfuerzo consiguió extender sus alas y estabilizarse pero al alzar la cabeza vio un enorme dragón rojo que se le echaba encima con las fauces abiertas y un enorme brillo que se lo trago y lo llevo a las tierras del olvido.
La llamarada consumió por completo al dragón blanco matándolo y cayendo a plomo al suelo con gran estruendo. Sirius aterrizo sobre el y empezó a darse un banquete con los restos todavía humeantes, y lanzando un bramido a los cuatro vientos para que el mundo se diera cuenta de su proeza.
101 Alcor
Alcor tenia cada vez mas dudas y mas confusión hasta el punto que llego a detenerse sin saber que hacer, todas las opciones le parecían sin salida aparente y no podía liberarlas ya que Algiedi las tenia prisioneras en sus dominios (todos los dioses poseían una pequeña zona en la tierra adaptada a sus gustos donde podían ejercer su poder de forma mas directa) y allí no podía hacer nada sin que Algiedi lo supiera y pudiera intervenir para pararlo.
No supo cuanto tiempo estuvo parado pero poco a poco su lado mortal fue haciéndose el dominante (hacia mucho tiempo que se habían unido como un solo ser, pero normalmente la parte divina solía llevar la mayoría de las acciones, solían ser bastante mas acertadas, pero eso no significaba que la parte mortal no tuviera ni voz ni voto) y empezó una discusión entre si mismo. Aunque esto tenia lugar dentro de su mente, por fuera no había ningún signo visible pero después de todo nadie sabe como es la mente de un dios.
- deja de lamentarte y ponte a trabajar.
- pero es que si hago algo podría dañar a Karsin.
- y Aras, ya no te importa su destino.
- si a ella también.
- como veo que no te aclaras yo tomare las riendas esta vez, hasta ahora no te habían interesado las mujeres, pero después de tanto tiempo esta te ha cogido con fuerza.
- ¿tu no la aprecias?
- …. Si yo también la quiero pero en estos asunto se algo mas que tu y olvidas algo importante cuando decidimos juntarnos como uno solo yo acepte todas tus responsabilidades y obligaciones pero tu también aceptaste varias conmigo y mi familia.
- ¿a que te refieres?
- Algiedi ha secuestrado a Karsin para obligarnos a no hacer nada y cuando termine la matara, o peor aun desearía estar muerta, si permitimos que nos influya a partir de ahora todos los seres queridos de mi familia, tu familia estarán en peligro de cualquiera que quiera algo de nosotros y no lo permitiere.
- mmmm puede que tengas razón pero no se que hacer.
- no harás nada, a partir de ahora yo mando, ya se hay ciertas reglas para los conflictos de tu familia donde os estáis pellizcando durante milenios sin cambiar nada pero ahora es un asunto humano, esto es la guerra y vosotros los dioses no tenéis ni idea de lo terrible que es en realidad, Algiedi lamentara el día que se cruzo en nuestro camino.
Alcor se levanto decidido, un observador atento se hubiera dado cuenta de que sus rasgos reflejaban una dureza impropia de el y que sus ojos por lo normal luminosos y alegres ahora eran puro fuego, el tipo de mirada que hace que la gente aparte la mirada y que los pendencieros consideren repentinamente que esa persona no les ha ofendido de ninguna forma.
Lo primero que hizo fue mandar mensajes, uno a su primo Dathanna (lo echaba mucho de menos), explicándole como había cambiado la situación y que medidas se debían tomar a partir de ahora. El segundo a su tío mortal, este se encargaría de comunicárselo a los demás y empezaría la campaña para acabar con todos los aliados que se había buscado Algiedi. El tercero por petición de su parte divina a su padre Benetnash, el era diferente a los demás dioses y también intervendría. El cuarto a Sirius, le conminaba a volver a reunir el mayor ejercito de dragones que se conociera, lo iba a necesitar pronto, si alguno apoyaba a Algieri o intentaba jugar a dos barajas debía eliminarlo inmediatamente. Y por ultimo un mensaje a su hermana, explicando parcamente la situación y que no se preocupara ya se ocuparía el del asunto pero que no podría acompañarla de momento. A continuación salio volando alejándose de estos asuntos, quizás podría conseguir mas ayuda en otros sitios además de había dicho que no interfiriera en los asuntos de Mandertal, pero no había dicho nada de otros países.
102 Almarch
El mago negro paseaba tranquilamente cuando vio a alguien al que reconoció inmediatamente, se acerco a ella sin alterar el ritmo y la cogió del brazo diciendo:
- buenos días, que hace una bruja como tu en un sitio como este.
- TU, …¿que haces por aquí?
- trabajo, tengo un encargo del maestro, hay ciertos problemas con unos rebeldes y vengo a solucionarlos, ya sabes que tengo mucha habilidad en eso.
- si – dijo con una sonrisa- sobre todo para eliminarlos.
- y a que se debe tu presencia en esta ciudad
- he venido porque la gran bruja Etien ha ordenado que nos reunamos aquí.
- Etien, ella va ha venir
- la conoces
- por supuesto, el maestro nos ha hablado maravillas de ella, alguien que goza de toda su confianza y a quien no es sensato contrariar.
- pues he venido buscando a una compañera que vivía en la ciudad y me temo que la han matado y es extraño que no haya visto a ninguna compañera mas.
- lo mas probable es que los templarios la hayan eliminado, algunos de ellos tienen experiencia como cazadores de brujas y poseen amuletos protectores que les protegen de la mayoría de vuestros poderes.
- ¿si? – miro con aprensión a su alrededor- malditos, me encantaría descuartizarlos a todos
- si, lo he sentido en un guardia de la puerta pero tengo una manera de sortearlos, para mi solo suponen un ligero engorro. Si quieres podemos hacer un trato, acompáñame a el cuartel de los templarios yo los paralizo y les quito los amuletos, y tu a cambio me enseñas a despellejarlos vivos, todavía no le he cogido el truco y se me mueren antes de terminar, tengo entendido que las brujas entrenadas por Etien son maestras en esos temas.
- Si estas en lo cierto, y me encantara acompañarte, tu si que sabes tratar a una dama.
Ambos cogidos del brazo se introdujeron en el cuartel y fueron directamente a la sala de oficiales.
103 Dathanna
- Cuando estaban llegando al cuartel de los templarios, se volvió al oficial y le dijo, siento también a una bruja, vosotros seguir la corriente y cuando acabe con el mago debéis eliminar a la bruja, vuestros amuletos os protegerán en mayor medida de sus poderes pero no le deis tiempo.
Entro con decisión en el cuartel y fue directamente a la sala de guardias, cuando llegaron se encontraron con todos los oficiales y varios soldados paralizados, la puerta se cerro y el mago los paralizo a todos.
- Ves que fácil ha sido, en cuanto mate a los oficiales mayores tu podrás entretenerte con los demás y de paso me enseñas como lo haces.
La bruja sonrió de forma cruel y debajo de su ropa saco un cuchillo curvo afilado como una cuchilla y señalando a uno de ellos dijo:
- Empezaremos con ese, tiene aspecto de ser tan imbécil que no sabe lo que le espera.
De repente Dathanna se movió con rapidez mientras el mago estaba mirando a la bruja y colocándose detrás puso las manos sobre los lados de la cabeza diciendo:
- Ahora.
A partir de ese instante todo se desarrollo muy rápidamente, los templarios seguían inmovilizados pero los cuatro que habían entrado con Dathanna podían moverse, este les había protegido con un conjuro extra y al hablar este anulo la parálisis del mago. Los cuatro como uno solo se abalanzaron sobre la bruja sacando sus puñales (con unas hojas de 35 centímetros de acero y doble filo, a cualquier cosa se le llamaba hoy en día puñales) ya que en una habitación no había espacio suficiente para blandir la espada sin herirse unos a otros. Pero la bruja no se dejo sorprender tan fácilmente, normalmente los hubiera paralizado, revuelto las entrañas o anulado sus sentidos pero ya sabía que los métodos normales no funcionaban debido a los amuletos protectores así que recurrió a métodos mas directos. El primero salio volando en dirección contraria hasta chocar contra la pared, en condiciones normales debería haberse roto todos los huesos del cuerpo pero el amuleto desvió la mayor parte de la fuerza, el segundo llego mas cerca pero termino por los suelos hasta llegar hasta la puerta y terminar rompiéndola, el tercero termino sobre la mesa pero antes consiguió alcanzar a la bruja en la mano casi cortándosela en dos, con semejante jaleo los guardias del piso inferior dieron la alarma y empezaron a subir por las escaleras, la bruja intento no prestar atención al ruido de las escaleras pero ya era demasiado tarde el cuarto consiguió llegar a ella y atravesarle el corazón con su puñal hasta la empuñadura, la bruja a pesar de las heridas intento reaccionar pero ya era demasiado tarde, el que había caído sobre la mesa ya estaba de nuevo en pie y se abalanzo sobre ella apuñalándola de nuevo, los templarios estaban pasmados, normalmente costaba mucho mas matar a una bruja, todos recordaba a una en particular que después de perder la cabeza la recogió y se la puso otra vez, tuvieron que descuartizarla y quemarla por separado, ese día murieron muchos templarios, hasta que se fijaron en el brillo azulado de los símbolos que había escrito el mago antes de salir de su casa y como la carne de la bruja humeaba al contacto con ellos.
Mientras tanto se desarrollaba otro combate en la habitación, ambos magos estaban rodeados de una luz que casi parecía sólida y con vida, la mitad con un color azul brillante lleno de puntos luminosos y el otro roja sangre con bandas negras como tentáculos luchado una contra la otra intentando imponerse mutuamente. Mientras los conjuros de paralización iban perdiendo fuerza y otros templarios llegaban de los pisos inferiores la lucha entre los magos cobraba fuerza y rayos de energía empezaban a recorrer toda la habitación destrozando muebles y golpeando a todo templario que fuese demasiado lento para apartarse, hasta el punto de que la mayoría opto por salir por la escalera y esperar a ver que pasaba y unos pocos esperaban escondidos detrás de muebles sin poder evitar querer ver lo que sucedía. Poco a poco la luz azul se fue imponiendo avanzando inexorablemente y consumiendo al mago negro sin remedio hasta que dejo de resistirse y cayó al suelo, muerto y totalmente quemado.
- Joder, no creí que fuera tan fuerte.
El oficial templario salio detrás de un gran sillón y arreglándose un poco su ropa como si no hubiera pasado nada del otro mundo se dirigió a su comandante en jefe que aparecía en esos momentos por la puerta con la espada desenvainada.
- Señor, le presento a …- cayo en la cuenta que todavía no sabia su nombre- un mago bueno, o eso creo.
- Dathanna, es un placer, ya veo que la reputación de su unidad es merecida.
Las explicaciones llevaron un buen rato aunque, se convencieron de que el mago era bueno tampoco se fiaban mucho ya que este lo sabia prácticamente todo de la rebelión, sus fuerzas y sus debilidades y decía poco de si mismo. Pero lo peor fue cuando Dathanna le explico que durante su combate le había echado un vistazo a la mente y había visto que muchas brujas se dirigían a esta ciudad y que lo mas probable es que terminaran todos como su comida. El comandante le dijo a su oficial que le ayudara en lo que pudiera y que lo mantuviera informado que el iba a informar a los demás lideres y a ponerle guardias con amuletos por si acaso.
Mientras se iban el oficial le pregunto si necesitaba algo.
- Pues si, ahora que lo dices si, necesito juguetes, montones de juguetes.
- ¿Juguetes?
- Para mis brujitas, no lo sabes, me lo dijo mi padre, con una bruja hay que tomar ciertas precauciones, era posible manejar a una bruja de mal humor, pero no cuando estaba aburrida, una bruja aburrida es capaz de todo. DE TODO.
Y el no tenia una sino 9, esto tenia cada vez mas visos de convertirse en una autentica pesadilla.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
Los niños se hallaban ocultos entre los manglares del río Benetnash. Ninguna queja asomaba a sus labios. Cada uno tenia su navaja en la mano, sabían que si los hombres de la aldea perdían ante las brujas, ellos serian los siguientes. Alpherat se había hecho cargo de ellos. Estaba arrodillada en el suelo mirando fijamente al río. Sus labios entonaban una muda suplica.
Sadalmelik había ordenado a los aldeanos que abandonaran sus casas, que en las carpas bajo las que solían trabajar dejaran todos las herramientas desordenadamente, así como los canastos de grano derramados por el suelo, que las chozas tuvieran las cortinas de entrada medio corridas, y que en su interior dejaran las mesas a medio poner y la comida derramada sobre el suelo, que en las calles abandonaran muñecos y juguetes de los niños, y sacos de viaje a medio hacer, y que pisotearan todo esto, para dar mayor apariencia de una huida precipitada.
Kochab dirigió a la gente de Lakshmi hasta la frondosa vegetación del río, lo mas alejados posible de los niños, había situado a las mujeres provistas de arcos y hondas en las palmeras, desde donde tendrían una buena vista, y podrían hacer uso de su pericia con las flechas. Los hombres se hallaban escondidos entre la abundante vegetación, con las hachas y las espadas en las manos.
Yildun, oteaba el horizonte, a la espera de ver surgir de un momento a otro a las brujas que había visto Sadalsuud en sueños. Esperarían a que llegaran al pueblo, después, si se quedaban allí, las dejarían que se confiaran y atacarían por la noche, pero si las brujas los buscaban les seria difícil encontrarlos en el vergel en que estaban escondidos. En ambos supuestos la sorpresa estaría de su lado.
Sadalsuud había repartido amuletos a todo el pueblo, tenia sus hechizos preparados, aunque sabia que poco podría hacer contra las brujas. De repente sintió que el río le llamaba, se acerco hasta la orilla y miro las aguas. Estuvo largo tiempo contemplándolas, una sonrisa afloro a sus arrugados labios, se incorporo de su escondite y comenzó a andar. Los ruegos de Alpherat habían sido escuchados.
Iskander galopaba a lomos de Altair, era este último quien guiaba al grupo, pues el portador de la llama verde se hallaba sumido en oscuros pensamientos. Hacia poco que la llama le había dado un mensaje de Alcor, este tenia planes en mente, por lo que no podría acudir de momento a su lado. Pero no especificaba que planes, ni tampoco la situación en que se encontraban Aras y Karsin. Su mente ofrecía espantosas imagines de las mujeres, ora atrapadas en hielo, ora luchando contra el engendro, ora heridas y abandonadas sobre nieve de color rojo. Las desechaba según aparecían, pero no podía evitar la angustia que poco a poco se abría paso dentro de el. Tan absorto estaba en estas reflexiones que no se dio cuenta que Altair se acercaba a orillas del río aminorando el paso, Iskander cabeceo para quitarse las brumas de su cabeza. Ante él estaba Sadalsuud.
- Sabia que venias, tu presencia es muy necesaria.
Dicho esto se dio media vuelta y comenzó a andar. Iskander bajo del corcel y le acompaño, mientras iba escuchando las palabras de su amigo una mueca de perplejidad asomaba a su rostro.
hala, ya ta, hoy poco que estoy vaga. _________________ lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.
Comienza tu dÃa con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahà desentonando con todo el mundo
Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
Se llamaban las montañas del dragón o al menos así las llamaban en los lugares vecinos, eran unas montañas grandes, que cubrían una gigantesca extensión de terreno con numerosos valles por medio, lugares donde el hombre no había pisado nunca, incluso se rumoreaba que habían ciudades mágicas en las cimas de algunas montañas y maravillas esperando ser descubiertas. Aunque había un problema con la fauna local, Todas las montañas estaban plagadas de dragones, de todos los tipos y tamaños, eran su territorio y algunos de ellos muy celosos de sus territorios, así que la mayoría de la gente corriente habían llegado a un acuerdo, ellos no molestaban a los dragones y estos no se los comían por molestarlos, un gran acuerdo, sobre todo según la gente corriente.
Sirius llego y empezó a contactar con los mayores dragones, los mas viejos y poderosos, si convencía a estos los demás no tendrían mas remedio que seguirles o ganarse su rencor y eso podía ser mortal. Siguiendo las instrucciones que le había dado Alcor, les contó bastante de la situación y cual seria su situación si decidían seguir a Algiedi así que la mayoría lo siguió con la excepción de dos viejos dragones, el primero por gallito y porque decía que no permitiría que nadie reuniese un ejercito de dragones sin que estuviera el al mando un par de minutos le basto a Sirius para enseñarle algo de humildad y hacerlo cambiar de opinión, el otro hacía tiempo que servía a Algiedi y había estado atrayendo a su lado a varios dragones y intento oponerse. Aunque Algiedi le había dado algo de poder no podía compararse y en menos tiempo que el otro acabo muerto y devorado. Los demás siguiendo una política de supervivencia sensata (los dragones son ante todo muy conservadores) decidieron seguir a Sirius.
En otro lugar había habido una reunión de magos muy importante, la familia Dathanna hacía siglos que no se reunía al completo, y se había llegado a la conclusión de que Algiedi se había pasado y había que detenerlo, las razones eran diversas, unos opinaban que aunque Alcor fuera mitad divino todavía pertenecía a la familia y no podían permitir que se utilizaran seres queridos para luchar contra el (además Alcor les había dado numerosos secretos gracias a sus conocimientos divinos), otros opinaban que el conflicto entre los dioses podía ser muy beneficioso si cogían el bando vendedor, sus servicios podían ser muy valiosos (todos sabían que los magos y las brujas estaban en medio, se consideraban mortales pero podían afectar a los dioses o a sus criaturas) y a otros les preocupaba las acciones de Algiedi y que si se salía con la suya tarde o temprano se volvería contra ellos.
Así la familia Dathanna marcho al completo a la guerra, unos a buscar aliados de Algiedi y eliminarlos antes de que supieran lo que pasa, lo del honor y esas cosas estaba muy bien pero en la vida real el que se movía mas rápido y golpeaba primero solía ganar. Otros empezaron a buscar aliados, ofreciendo jugosas recompensas o pidiendo la devolución de pasados favores a cambio de su participación y un tercer grupo, los mas viejos y peligrosos de todos empezaron a preparar su magia y ver como podían afectar a Algiedi directamente, ellos sabían que a pesar de la fuerza que poseyera uno siempre tenía puntos débiles y si se atacaba con la suficiente habilidad hasta el mas grande podía caer.
El país de Kirtan era grande y rico, y no hacia mucho bastante poderoso, pero hacía unos años que una tremenda guerra civil asolaba el país, en condiciones normales hubiera sido difícil, la familia real era muy querida por el pueblo y se preocupaba mucho por la prosperidad del país pero nadie sabia como alguien había conseguido reunir a todos los que tenían algo contra ella, los que buscaban medrar a costa de los demás, y tenían cantidades ingentes de dinero para comprar mercenarios y tropas, a pesar de ello las bien preparadas tropas reales podrían haber acabado con ellas si no fuera porque el ejercito de la media luna como se hacían llamar tenía brujas y algún mago a su servicio y el mago real y unas pocas brujas que se habían unido a las tropas reales no bastaban para detener su magia negra y evitar la corrupción que traían consigo.
Así que cuando un hombre entro en las habitaciones del mago real a pesar de todas sus protecciones (ya habían intentado asesinar al el y al rey en varias ocasiones) con las que se había cubierto el palacio con el emblema de una casa de magos que el conocía, le llevo rápidamente a una audiencia privada con el rey donde se llevaron acuerdos secretos. En cuestión de días la cosa cambio por completo de repente las brujas y magos del ejercito de la media luna empezaron a morir a una velocidad espantosa, y lo peor de todo es que parecía que alguien estaba usando su esencia para ayudar a la tierra a recuperar su vitalidad. Las tropas reales empezaron a recibir ordenes de atacar en lugares determinados y a unas horas especificas, cogiendo a sus enemigos por sorpresa y obteniendo numerosas victorias.
Pero lo peor no fue eso, el líder del alzamiento había reunido su ejercito para el ataque final a la capital, con las brujas y magos mas poderosos a su lado, sabia que su victoria estaba cerca ya que triplicaba las tropas reales que habían podido reunir para proteger la capital. Estas recibieron la orden de que pasara lo que pasara esa noche nadie debía salir del campamento hasta el amanecer y que este debía estar totalmente iluminado toda la noche. La niebla se alzo poco después de anochecer y los soldados reales no pudieron dormir en toda la noche debido a los gritos y alaridos que empezaron a escuchar del campamento enemigo, y no pararon hasta poco antes del amanecer, cuando los soldados reales fueron al campamento enemigo con las primeras luces se encontraron con la mayor carnicería que algunos de ellos veteranos de muchas campañas hubieran visto, nadie, ni un solo animal o hombre había podio escapar y todos habían muerto, unos despedazados, otros abrasados y otros sin ninguna marca aparente excepto un tono azul claro en las quemaduras, como si el fuego hubiera sido de color azul. Tardaron semanas en cavar las grandes tumbas comunales y enterrarlas según las instrucciones que habían recibido, después plantaron arbolillos en toda la zona e incluso se puso una estatua donde se explicaba que aquel era el destino de todos aquellos que desafiaran el bienestar del reino, servir de alimento a los árboles.
Días después, tras las celebraciones y el comienzo de la recuperación del país (la gente descubrió que las zonas corruptas creadas por las brujas negras se recuperaron a una velocidad sorprendente y que los cultivos en esas zonas eran a partir de ahora de los mejores del país) el rey hizo varios decretos nuevos. Las tres brujas que le apoyaron recibieron los mas altos honores y formaron con el mago real el primer consejo para la magia del país, a partir de ese momento todos los magos y las brujas debían pasar por pruebas hechas por el consejo que determinaran que no practicaban la magia negra bajo pena de muerte si se negaban o la practicaban. Y lo mas importante la religión, culto o adoración de Algiedi era a partir de ese momento anatema, totalmente prohibida bajo pena de muerte y puesto que nunca nadie había hecho esto causo bastante revuelo sobre todo en los países vecinos que empezaron a comprender el repentino auge del ejercito de la media luna y a mirar con mas detenimiento a los que seguían a dicho dios, con letales consecuencias para ellos.
106 Dathanna
Los templarios se sintieron algo estúpidos ya que Dathanna les hizo cargar con todos los juguetes hasta la casa, no acababa de entregarlos cuando la bola volvió a bajar y enseñarle nuevas imágenes, esto era el cuento de nunca acabar, así que cogió un baúl, o más bien que los templarios lo cogiesen y unos papeles y volvió a salir, aunque añadió algunos hechizos mas a la casa por si acaso. Al salir de nuevo comento con el oficial lo que ocurría.
- Varias brujas se están reuniendo en las afueras, hay que ocuparse de ellas.
- Vale, y el cofre para que es.
- Contiene amuletos protectores, son parecidos a los que tenéis pero no tan buenos, aunque mejor que nada. Y estas hojas tienen unos símbolos de deberíais escribir en vuestras armas, las harán mucho mas efectivas con las brujas y con los magos, algún orfebre podría tallarlas.
- Eso si que seria muy beneficioso.
Y dando una orden varios de ellos se fueron con el cofre y los papeles para empezar a distribuirlos y grabar los símbolos en las armas de inmediato.
Mientras tanto había una reunión extremadamente peligrosa para Dathanna, que en esos momentos se habían reunido 9 brujas para tratar la situación y decidir que hacían a continuación con la victima. De las nueve niñas, había algunas que no eran tan niñas, en concreto había tres que habían tenido una bruja como maestra, asesinada por las brujas negras, estas tres todavía no podían considerarse como mujeres pero desde luego no eran niñas ni por asomo y rápidamente se pusieron al mando de las demás, después de haber pasado durante meses algunas por los caminos sin saber que seria de ellas en manos de las brujas negras, el trato de Dathanna (prácticamente de princesas) era muy bien recibido. Las tres habían llegado a la conclusión que en algunos aspectos era muy inocente, eran mujeres de campo y allí algunas cosas se aprenden muy rápido, y como no eran tontas se daban cuenta de mucho, además de haber oído a los templarios hablar, se dieron cuenta de que había una especie de reunión de brujas negras, las mismas que las habían secuestrado y el las estaba protegiendo.
Así que decidieron que debían hacer algo, sobre todo para seguir teniendo su protector (le estaban cogiendo cariño) y empezaron a enseñar a las demás lo necesario para formar un circulo (aquelarre) que ellas se encargarían de dirigir. A las demás les pareció una gran idea y se pusieron a ello. Claro que nadie les había dicho la razón por la que ninguna bruja sensata formaba círculos de más de 6 brujas, y que solo unas pocas eran lo suficientemente hábiles y tenían talento para hacer círculos de mas de 3 y controlarlo adecuadamente.
107 Alkes
En Azhara las cosas estaban peor si cabe, en el palacio ya nadie sonreía y los criados tenían miedo de llamar la atención o de sobresalir con los dos magos y Shainar paseando por hay, se oían rumores de desapariciones en la capital o en los pueblos cercanos y de las atrocidades que ocurrían en las mazmorras del palacio. La ultima noticia era la guerra contra los últimos herederos del rey que se habían unido en contra de Shainar, pero parecía que no tenían muchas posibilidades sobre todo por el nuevo general llamado Alkes había creado un regimiento de elite y uno a uno estaba acabando con todos los herederos que quedaban y sus tropas. Según dichos rumores solo quedaban 2 y la lucha continuaba.
La lucha se desarrollaba bien, Alkes esperaba a que las tropas llegaran al lugar idóneo para su emboscada, mientras tanto recordó las ultimas semanas, primero le habían ordenado que eliminara uno de los herederos con su regimiento, después que uno de los generales fallara y lo consiguió sin muchos problemas, su regimiento estaba muy bien entrenado y todos eran leales a él y la oportunidad de eliminar a uno de los tiranos que habían traído la desgracia al país no la desaprovecharon y atacaron con tanta furia que no pudo hacer nada para defenderse, después de este éxito vinieron nuevas misiones y como era el único que tenía éxitos, al poco era el comandante de todo el ejercito, excepto del ejercito privado de Shainar que nunca salía de la capital, formado por hombres leales al el, venidos de todos sitios, incluso de fuera del país.
Mientras tanto el seguía eliminando a los herederos, porque sabia que cuando el ejercito rebelde marchara los herederos y Shainar unirían sus fuerzas ante un enemigo que los destruiría a los dos y al mismo tiempo se ocupaba de que las tropas que eran leales a Shainar tuvieran la mayoría de las bajas. Si las tropas del heredero, la mayoría mercenarios estaban en la posición, dio la orden y sus tropas empezaron a retroceder lentamente, sin perder la formación. Las tropas enemigas se adelantaron creyendo que la victoria era suya y se adelantaron demasiado dejando a los arqueros y su campamento desprotegidos. Alkes dio la orden y el grueso de su caballería que se había situado, bien escondida, en el bosque salio dando un rodeo y pillando a los arqueros totalmente desprotegidos con una carga. Tras el ataque las tropas formaron de nuevo y los arqueros, detrás de ellas empezaron a lanzar nubes de flechas contra el enemigo sin temor de los arqueros enemigos, matando a centenares.
Sin la protección de sus arqueros y con su caballería ocupada defendiendo el campamento las tropas fueron masacradas y rompieron la formación y echaron a correr, seguidos por las tropas de Alkes. Una vez mas su regimiento de elite dio el golpe decisivo para la victoria. Alkes estaba contento, solo quedaba ya un heredero intacto, y cuando acabara con el nadie quedaría para defender o ayudar a Shainar, y lo mas gracioso era que lo estaba haciendo en nombre de Shainar.
hala, ya esta, vuestro turno.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
bueno, aqui pongo algo de lo que se me ha ocurrido hasta ahora, espero que os guste.
108 Io
¿Aún no lo entiendes?, Pregúntate algo, en todos estos siglos, después de tu rabia, tu ira y tu odio, hazte esta pregunta ¿Qué has conseguido? ¿Qué has obtenido con todo ese odio?.
Io seguía teniendo pesadillas con esa frase. Dubhe, su padre había dado en clavo. Tantos y tantos siglos, y no había conseguido nada, tanto tiempo perdido, tantos esfuerzos inútiles, y no tenia nada.
Se levanto del asiento de roca sobre el cual estaba sentada, y comenzó a dar vueltas alrededor de la estancia. En su rostro bailaban la ira y la duda.
Había mandado a sus pequeñas criaturas a espiar los progresos de los humanos, gracias a ellos se había enterado del secuestro de las mujeres y de los pasos seguidos por los hombres. Sobre Alcor, sabia que había estado en Arodna y que ahora se encontraba viajando de una parte a otra del mundo, posiblemente buscando aliados a su causa.
Pero con eso no bastaba, quería saber mas, quería saber que había pasado en Arodna, que le había dicho Algiedi, cuanto había sufrido el hijo de su odiado hermano Benetnash.
Sabia por sus criaturas, que Alcor tenia sentimientos humanos con respecto a una de las mujeres presas, y la divertía pensar en el padecimiento que sentiría sabiéndose inútil, sabiendo que no podía hacer nada para rescatarla, quería que sufriese todo lo que ella había sufrido por culpa de su acuoso padre. Quería que se sintiese devorado por una pasión que jamás se llevaría a cabo, quería que le doliese el corazón por amar a quien no puede ser amado.
Al diablo con Dubhe y sus filosofías baratas, ella sabia de sobra que había conseguido con su rabia, su ira y su odio. Ahora por fin obtendría resultados. Paro en seco su deambular por la habitación, y sonrió para sí misma, las dudas habían cesado, sabia exactamente lo que iba a hacer. Iba a divertirse como nunca lo había hecho.
Se situó en el centro de la estancia, señalo con la mirada el suelo, este comenzó a licuarse y hervir, hasta convertirse en lava, la diosa fue introduciéndose en esta poco a poco, hasta desaparecer.
Alcor estaba sentado sobre una piedra reflexionando sobre cual seria su siguiente movimiento cuando noto que el suelo a sus pies comenzaba a arder, se levanto y se alejo un poco del lugar.
Del suelo se elevaban volutas de humo casi negro, mientras que el color de la roca sobre la que hasta hace un momento habían reposado sus botas, pasaba del gris al rojo, para acabar por licuarse y convertirse en lava. De esta asomo la Diosa que tanto odiaba a su padre. Todo en ella indicaba el desprecio que sentía hacia él, en sus ojos del color del lapislázuli se intuía una mirada severa y cruel, sus labios se fruncían en una mueca irónica, sus manos se apoyaban sobre sus caderas en una posición que indicaba desdén. Miro a Alcor con arrogancia y sonrió.
- así que tú eres el hijo de Benetnash. Veo en ti las debilidades de tu padre aumentadas por tu preocupación por los mortales.
- Debilidades? Creo que estas equivocada.
- ¿De veras?, Me habrán informado mal. Pensaba que tenias esa clase de sentimientos que atontan a los humanos, de hecho, mis espías me dicen que tienes demasiados de esos estúpidos sentimientos hacia una de las mortales con las que ahora esta jugando Algiedi.
- Algiedi NO esta jugando con ella. - el dolor se reflejo en el semblante de Alcor
- Si tú lo dices. Aunque por lo que conozco a Algiedi, y creo que lo conozco bastante mas que tu, te puedo asegurar que en estos momentos se lo estará pasando en grande con ella.
- te gustaría que así fuera, ¿verdad? - había tristeza en su mirada
- me encantaría que sufrieras mas de lo que yo he sufrido.
- Desearía que nunca hubieras sufrido - había verdad en sus ojos
-¿Acaso sientes lastima por mi? No intentes engatusarme medio hombre, de nada te servirá, ahora, yo soy la que se ríe de ti, no me das ninguna pena. Tu dolor solo causa mi dicha.
- No siento lastima por ti, siento pesar por la diosa que pudo haber sido y no fue. - la mirada de Alcor contenía melancolía
- deberías sentir pesar por tu mujer, no por mi, es ella la que sufre, no yo, es con ella con la que juegan, no conmigo, es ella, la que esta en manos de Algiedi.
- ¿estas segura de eso?
- Tan segura como que el carbón es negro.
- la presión y el paso del tiempo hacen que algunas clases de carbón se conviertan en diamantes, y dejen de ser negras para adquirir las mas bellas tonalidades.
- ¿te burlas de mi?
- No, solo me pregunto que clase de carbón eres tu, aquel que es inútil para todo excepto para hacer fuego, o aquel que poco a poco se convierte en diamante, manteniendo su dureza, pero dotándose a la vez de calidez y luz.
- Tienes la lengua viperina de los humanos, pero yo tengo la inteligencia de los dioses, no lograras embelesarme con tu elocuencia.
- Créeme si te digo que no es lo que pretendo.
- Se bien lo que pretendes, quieres embaucarme para que te ayude con tu hembra, ni lo pienses, de hecho, ahora mismo voy a pedirle a Algiedi que me deje jugar con ella. Francamente me has aburrido con tu palabrería y necesito algo de diversión.
Io penetro de nuevo en el pozo de lava y desapareció ante la mirada triste de Alcor.
El encuentro no había tenido el resultado esperado, lo que en un principio iba a ser divertido, se había tornado en incertidumbre. Io sabia de sobra que Alcor pretendía engatusarla para que le ayudase, pero había algo en su mirada que la hacia dudar. Le recordaba la mirada que Benetnash tenia cuando ella comenzó a odiarle. Era la mirada del que no miente, del que no engaña para conseguir, del que asume su destino sin culpar ni pedir explicaciones. Pero eso no podía ser posible, Alcor era como los humanos, artero y egoísta, como su padre, cruel y traidor.
Viajo por las profundidades de la tierra hasta Arodna, según salió de la lava, noto una turbación en el hielo. Algiedi salía a recibirla.
- Que sorpresa mi querida hermana, es un placer tenerte aquí.
- No te hagas ilusiónese, he venido a divertirme con tus prisioneras, no contigo.
- Ahhh, que lastima, pero en fin, si eso es lo que deseas, acompáñame y te las presentare.
Io siguió a su hermano a través del laberinto de hielo, sabia que no hacia falta recorrer las grutas, pues Algiedi podía llevarlos hasta el centro mismo con un solo gesto de su mano. Lo hacia para molestarla, ¿por qué?
Durante el gélido paseo, pensó detenidamente en las frases de su hermano, todas eran mentira. Algiedi nunca se sorprendía, jamás sentía placer por tener a nadie cerca, y de ningún modo sentiría lastima por no obtener este placer, mas bien todo lo contrario. Y por supuesto no le iba a presentar a las mujeres, de eso estaba totalmente segura.
Cuando por fin llegaron a la estancia paralela a la que se encontraban las mortales, Io, sentía el frío en sus entrañas, para alguien de fuego como ella, las bajas temperaturas eran algo mas que una molestia sin importancia, pero aun así, no dejo que su incomodidad se reflejara en su persona. Su hermano creo un trono de hielo, y ella se sentó sobre el. Desde luego Algiedi, trataba de hacerla sentir muy incomoda.
- espero que estés cómoda en mi humilde morada, hermanita
¿Humilde? ¿Cómoda? , ¿Acaso pensaba que era idiota?
- Aunque, me parece que esto no es totalmente de tu agrado, o me equivoco.
- No te preocupes, entiendo que tus poderes nunca podrán crear nada de mi agrado.
Algiedi frunció el ceño, no esperaba esa respuesta. Si pretendía impresionarla no lo había conseguido.
- Y bien, donde están las fierecillas.
- Tanto interés tienes en ellas, hermanita
- Mucho, se que una de ellas es la amante del hijo de Benetnash, me interesa muchísimo ver como se divierte.
- Te complaceré. Observa.
109 Karsin y Aras
La puerta se abrió dejando paso a otro de los engendros de Algiedi, era esta una criatura mas digna de lastima que de miedo. Su piel era azul, quizás debido al intenso frío, el pelo caía enmarañado sobre su cara, sus ojos carecían de párpados, sus labios muy pequeños y delgados permanecían estirados debido al gran tamaño de sus dientes, las babas escapan por sus comisuras, lo que le daba un rictus feroz a su boca, ferocidad que desmentían sus tristes ojos. Sus brazos fuertes y musculosos se apoyaban en el suelo, las piernas cortas y casi atrofiadas apenas le servían para guardar algo de equilibrio, y lo mas impresionante de todo, su tronco, este parecía carecer de columna vertebral, pues cuando los brazos no se apuntalaban en el suelo, el engendro se arrugaba sobre si mismo hasta no superar apenas el metro de altura, pero si estaban apoyados y erguidos sobre el piso, sujetaban los hombros mas allá de los dos metros.
Las mujeres no pudieron evitar retroceder hasta encontrarse con la pared, la visión del ser era mas que aterradora, repelente. Se acerco hasta ellas lentamente, usando sus poderosos brazos a modo de piernas. Luego cogió cariñosamente de la mano a Karsin indicándola que le siguiera. Karsin no pudo reprimir un gesto de repugnancia, pues al liberar su brazo del suelo, el ser se había vuelto a contraer sobre si mismo. Venciendo los escalofríos que la recorrían, alargo una mano hasta su hombro para indicarle que le seguiría de buen grado. Los ojos sin párpados del espécimen sonrieron. Luego se alzo de nuevo sobre sus extremidades superiores, y las guió a través de una puerta que no estaba antes. Recorrieron pasillos helados y oscuros, el intenso frío se internaba en su cuerpo, pero ni Karsin ni Aras desfallecieron.
Habían pasado dos días desde la ultima vez que vieran a Algeidi, y desde entonces no habían comido ni bebido nada. El dios jugaba con ellas, como si de conejillos se tratara, y no estaban dispuestas a permitir que supiera cuanto las atemorizaba aquello. Por eso seguían al aversivo ser, sin una mueca de desdén o temor.
Karsin se fijaba mucho en el, sentía que no era malo, se imaginaba lo difícil que tenia que ser la vida de alguien hecho como el, poco a poco, la aversión se fue convirtiendo en pesar, y el pesar en simpatía.
Karsin imaginaba que el ser era al igual que ellas, un juguete para Algiedi, una demostración mas de hasta que punto podía ser cruel. Incluso era probable, mas bien seguro, que el odioso dios estuviera observándolas. Este pensamiento sacudió su mente, las había mandado aquel monstruo para divertirse con ellas, pues no lo lograría. Se irguió en toda su estatura, alzo su barbilla y miro al ser detenidamente, en el no había maldad, estaba segura de ello, solo una infinita tristeza. Se acerco a el, y poso su mano sobre uno de los malogrados hombros, el engendro la miro asombrado, Karsin le sonrió, no retiro la mano y comenzó a cantar una tonada, Aras se mostró confusa, pero una mirada a Karsin la explico todo lo que no sabia, poso su mano sobre los hombros de esta y así formaron una especie de cadena, haciendo imposible la probabilidad de perderse en la oscuridad. A los pocos segundos Aras unió su voz al canto y entre las dos mujeres, hicieron del tortuoso camino, un paseo agradable.
110 Fann
Fann no siempre había estado solo, pero ahora el único ser que soportaba su presencia era su amo, y este era todo menos agradable, le recordaba continuamente su asqueroso aspecto, aspecto que el dios había creado a su antojo, se reía de su incapacidad para hablar, incapacidad que Algiedi había ordenado.
Recordaba el momento en que nació a este cuerpo. Antes era un inofensivo morador del hielo, vivía tranquilo junto a su familia, quería y era querido, pero un día tuvo la mala suerte de atravesarse en el camino del dios.
Excavaba una nueva gruta de acceso hasta la madriguera de su familia, cuando sin querer, un trozo de hielo fue a caer sobre el helado dios. Ocultó la cabeza asustado en el angosto túnel, pero el dios le obligo a salir, le miro detenidamente y sonrió, luego habló.
- Me has molestado, eso no esta nada bien. Comprenderás que esto no puede, no debe quedar así, si no te castigara todos creerían que soy blando y eso no seria adecuado. ¿Verdad? Veo que no contestas. A lo mejor es que no me entiendes. Te lo explicare mas claramente. A partir de ahora, tendrás que usar los brazos para andar, por lo que te crecerán hasta lo grotesco, el cuerpo del que tan orgulloso te sientes, perderá sus huesos y su fuerza, las piernas seguirán igual de cortas, para que recuerdes en algo a lo que fuiste, los ojos perderán sus párpados, para que no puedas dejar jamás de adorarme, el hocico disminuirá hasta parecer una parodia de los hombres, la mandíbula te crecerá hasta tal punto que tus labios se estiraran de tal manera que no podrás moverlos para hablar, así no tendré que escuchar tus lastimeros quejidos, y por ultimo tu vello caerá hasta hacer que tu piel se vea desnuda. mmmm, espero que no pases mucho frío.
Y al mismo tiempo que así hablaba su sonrisa se iba convirtiendo en una carcajada cruel, mientras que él sentía como su cuerpo se transformaba entre horribles dolores.
Lo único que le quedaba eran sus sueños. Cuando soñaba, se veía como era antes, un pequeño animal, cubierto de pelo blanco, con diminutos ojos, hocico prominente, cortas pero fornidas extremidades culminadas en enormes garras que usaba para excavar, el tronco robusto y fuerte, capaz de soportar grandes cargas, estaba rodeado de su familia, en su pequeña cueva, caliente y querido, pero eso eran solo en sueños.
Ahora sin embargo, todo parecía cambiar. Su amo le había ordenado dirigir a las mujeres hasta el lago helado, lo había hecho para mortificarle a el, y para divertirse con la reacción de las mujeres ante su repulsiva apariencia, pero no estaba sucediendo lo esperado, no solo no le habían rechazado horrorizadas, si no que además una de ellas, le había tocado sin asomo de temor o rechazo, y ahora ambas entonaban la melodía mas bonita que jamás hubiera escuchado.
Las fue guiando a través del helado corredor, limando con su cuerpo las astillas de hielo que sobresalían de las paredes, avisando con la mirada de los socavones y elevaciones del suelo, parándose cuando las veía cansadas, caminando mas lentamente cuando tenían que subir amplias cuestas, haciendo el menor ruido posible para así disfrutar por completo de la melodiosa voz de las mujeres.
Llegaron por fin hasta el lago helado, las aguas eran gélidas tal y como indicaba su nombre, estaba en el interior de una enorme caverna hecha completamente de hielo. De las paredes emanaba una luz fría que iluminaba el recinto. En el centro del lago había una pequeña isla, y en esta, una mesa con comida. Las mujeres miraban asombradas alrededor, estaban muertas de hambre, o al menos eso creía él, pero ninguna de ellas podría sobrevivir jamás a la inmersión en ese agua.
Fann no se lo pensó un segundo, las miro indicándoles que no le siguieran y se sumergió en él liquido elemento. Pinchazos de frío recorrieron sus miembros, pero no les hizo caso, continuo nadando hasta el centro de la isla y cogió toda la comida que fue capaz entre sus manos, mientras nadaba de regreso, sentía que se iba congelando poco a poco, pero recordaba la hermosa canción y no paraba de nadar. Cuando regreso a la orilla, ambas mujeres estaban esperándole, hicieron a un lado la comida y le taparon con las mantas que llevaban sobre sus hombros, quedándose ellas con unas ropas finas que apenas alejaban el frío de sus cuerpos, Fann, intento devolver las mantas a las mujeres, sabia que ya nada se podía hacer, la temperatura del agua era tan baja que había comenzado a helar la sangre en sus venas, pero ellas hicieron caso omiso, le taparon de nuevo y se tumbaron sobre el acariciándole, dándole el escaso calor que sus pequeños cuerpos guardaban. Ni siquiera miraban la comida, solo le miraban a el. Fann sentía que se iba durmiendo poco a poco, que de ese sueño no iba a despertar, en ese momento sintió agua caliente sobre su mejilla, la mujer que le había tocado estaba llorando.
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