Fantasy Realms Of Magic & Lore: Entra en los mundos de la Fantasía épica: La Tierra Media, Reinos olvidados, Dragonlance, La Rueda del tiempo, Crónicas de Belgarath, Crónicas de Mallorea... y todos los mundos y escenarios de fantasía que tu mente alcance a imaginar.
16 Azhara
Myllian observaba la ciudad desde el balcón. Hacia solo dos días todo su mundo había temblado, hacia dos dramáticos días Shainar Ru hizo un nuevo llamamiento al pueblo.
- Gentes de Azhara y de todo Mandertal, Nadie a regresado con la Llama Verde, Nadie a encontrado una sola pista sobre esa misteriosa Llama, las Sabias con toda su sabiduría, han sido incapaces de guiar a las orgullosas gentes de Mandertal hacia la consecución de la profecía. Ante su incapacidad para guiaros, me veo en la obligación de dar una solución al conflicto. Vosotros sabéis tan bien como yo, que esto No puede, No debe continuar, las tierras están Sin dueño, la ciudad Sin ley, el reino Sin dirigente. Los herederos reclaman lo que es suyo para poder dirigirnos hacia un nuevo resurgir. La antecámara se ha reunido de nuevo y a acordado que a partir de hoy, todas las tierras sean repartidas tal y como se votó. Los herederos tomarán posesión de ellas por la integridad de todos los ciudadanos de esta gran nación. – arengaba Shainar Ru con su mejor ropa, en una pose que denotaba a la vez constricción por lo ocurrido y esperanza por el nuevo futuro.
- Pero el reino seguirá sin dirigente si las tierras se reparten, - grito una potente voz desde la multitud-
- He aquí que el pueblo habla inteligentemente –Shainar Ru sonreía para sí, el actor había hablado en el momento preciso- La antecámara esta deliberando sobre esto, y algunos han propuesto que sea un hombre fuera de la sangre de los herederos el que dirija Mandertal.
- Si, que no sea un noble, que sea alguien del pueblo, alguien que Entienda al pueblo, alguien que Hable por el pueblo- volvió a decir la potente voz.-
- Por que no Shainar, él es de Azhara, sabe como dirigir la ciudad, sabe como llevar las riendas de Mandertal, es como nosotros, hijo de un carretero, - rugio otra voz desde el extremo opuesto de la plaza.-
- Si, Shainar es el apropiado – empezó a corear el pueblo-
- Amigos, Vecinos, yo no podría aceptar- Shainar tenia que hacer verdaderos esfuerzos para no carcajearse, el pueblo es como un rebaño, se deja llevar por los perros del pastor.-
- Shainar, Shainar –coreaba el pueblo-
- Esta bien, puesto que así lo queréis, a mi no me queda mas remedio que plegarme ante vuestra sabiduría. Desde ahora hasta mi muerte os serviré, os honrare y os defenderé. POR MANDERTAL –remato su magnifica actuación-
- POR MANDERTAL – coreo el pueblo.
Nadie las había pedido consejo, nadie había acudido para curar sus heridas, nadie creía ya en ellas. En estos meses de tregua, habían perecido varios de los herederos. Ilmor Kain, nieto de Ildur Kain, el que hubiera sido nuevo rey si se hubiera hecho publico el testamento, había sido el primero, pero no el único, le siguieron sus tres hermanos, aquellos que mas integridad y valor tenían para gobernar, después fueron muriendo paulatinamente otros, herederos en mayor o menor valía, incluso había uno desaparecido, Iskander Kain, el nieto mas joven. Myllian lo recordaba como un joven prematuramente huérfano que acostumbraba a pasar largos ratos en la biblioteca, leyendo toda clase de libros, creía recordar que era carpintero, o leñador, algo que ver con la madera.
Myllian negó con la cabeza, aquello no había hecho mas que empezar. El mal que Shainar Ru iniciara estaba dando sus frutos. El consejo de las Sabias tenia los días contados. La única solución era encontrar la Llama Verde, si es que existía.
La carta de Karsin las había dejado paralizadas, nadie sabia a que se refería, habían investigado pero no encontraban nada relativo a Terror y Miedo. Únicamente, Shorana había apuntado la posibilidad de que fueran las ciudades Phobos y Deimos, pero estas se encontraban mas allá de la frontera de Mandertal, en un lugar inhóspito donde nadie en su sano juicio osaría internarse.
Tenían las manos atadas. No se atrevían a mandar a Karsin a través del desierto, sola no tendría ninguna posibilidad, y si iba acompañada, podía descubrirse que ellas eran tan ignorantes como los demás. Solo les quedaba una única esperanza, que quien preguntó antes que ellas al dios tuviera suerte y consiguiera la Llama Verde, y que además lo hiciera rápido. Mientras tanto, seguirían revolviendo cielo y tierra buscando al Gran Mago Ashanon, si este existia o existió alguna vez, nada se sabia de el. Quizás el pudiera dar solución a su dilema. No podían fracasar, el futuro de Mandertal estaba en juego.
Myllian mando mensaje a Karsin, averigua quien pregunto y si se encaminó hacia la frontera sur de Mandertal, después vuelve, hacemos falta todas en estos momentos.
Shainar Ru era feliz, había engañado a los herederos y al pueblo, conseguía rentas y sobornos de unos e impuestos del otro. Él, en realidad no era hijo de un carretero, sino de un mercader poco escrupuloso, y desde luego había aprendido bien de su padre. La profecía de Ashanon jamás llegaría a cumplirse, que estúpidas habían sido las Sabias al hacerla publica, nadie sabia nada de la Llama Verde ni del Mago, y jamás lo sabrían, su padre había viajado por todo el mundo, y una vez le contó algo que en su momento no le dio importancia, pero ahora le había servido bien. Shainar sabia donde se encontraba el supuesto mago o mejor dicho, su padre sabia donde estaba, eso si no había muerto. Ya se había ocupado de todo, sus emisarios le estaban buscando, cuando lo encontraran lo llevarían ante el, y si esa Llama Verde tenia algún poder, seria para el, pero si todo era una quimera, entonces rodarían cabezas.
Dentro de poco eliminaría del todo a las Sabias. Ellas eran las únicas que se oponían a su poder. Dentro de poco ya nadie confiaría en ellas, estaba haciendo que se extendieran los mas malévolos rumores, que gente enferma culpara a las sabias de sus males, que aparecieran cadáveres de niños, asesinados como en un ritual. Pronto el seria el nuevo Rey. Los herederos beberían de su mano, daría al pueblo lo este quisiera mientras lo necesitara, pero después....., después lo primero que haría seria cerrar escuelas y bibliotecas, cuanto mas ignorante es la gente, mas fácil es dirigirla.
Pronto se decía una y otra vez, Pronto.
17 Aras
Iskander se recuperó rápidamente, su cuerpo no había llegado a deshidratarse, tenia muy mal aspecto pero era solo exteriormente. Aras contrariamente a lo que Iskander pensó en un primer momento, había cuidado de el delicadamente, sin brusquedad, mantenía las llagas de su cara limpias e hidratadas, les procuraba a ambos los frutos de las palmeras, impidiéndole que subiese por ellas, por si se mareaba y caía, pescaba e incluso ponía alguna que otra trampa para los animales incautos. No se quejaba por nada, y tampoco parecía impaciente por partir cosa que a el le extrañaba. Las conversaciones sin embargo no se habían vuelto mas dulces, ella seguía cortante, y apenas si le respondía algo mas que monosílabos. Iskander estaba intrigado por su tranquilidad, si él hubiera emprendido la búsqueda, estaría deseando ponerse en marcha, la paciencia no era una cualidad que se preciara tener.
- Es raro que no tengas prisa por irte, no sientes curiosidad por saber como son esas ciudades, ¿o es que te da miedo emprender el viaje?. – pregunto Iskander, no esperando respuesta alguna.-
- Estas aquí, pero no ves lo que te rodea, te tumbas sobre el suelo, pero no sientes sus latidos, oyes el río, pero no escuchas lo que dice, si lo hicieras no me preguntarías tonterías.- respondió Aras con una mirada soñadora.
Iskander parpadeo sorprendido, en los tres días que llevaban acampados allí, era la primera vez que Aras pronunciaba mas de tres palabras juntas, y desde luego no de esa manera, había poesía en su voz al responder.
Extrañado por la enigmática contestación Iskander observo su alrededor buscando comprender. Anochecía, en ese momento lo entendió.
Vio al orgulloso río agitar sus aguas en una triste sonata por la partida del astro amigo. Vio a las altivas palmeras inclinarse imponentes ante el ocaso, mientras sus hojas entonaban melodiosos cantos de despedida. Vio los humildes arbustos erguirse para observar a su señor ocultarse. Vio los juncos mecerse en oleadas de color llenando el espacio de intensos verdes. Vio los manglares agitarse en un baile sin fin, buscando la esperanza del nuevo día. Vio las grullas vestida de etiqueta posarse en la orilla del río, al Ibis con su plumaje rosado y su largo pico volar en majestuosos círculos sobre su cabeza, a la Garza entonar lastimeros cantos. Vio a los hipopótamos cual islas en el centro del río levantar su cabeza con los ojos brillantes con lagrimas de adiós. Vio a los pequeños animales que poblaban los márgenes del río salir de sus escondites para despedirse del sol. Sintió como la cálida arena se estremecía con la brisa del ocaso. Oyó gemir al viento, oyó a los insectos zumbar alborotados. Vio un millar de ojos, que no eran tales, sino mariposas imperiales, surcar el cielo en busca de refugio. Vio como todos y cada uno de los seres vivos que le rodeaban rendían pleitesía al astro rey. Y en ese momento comprendió. Comprendió todas y cada una de las palabras que Aras le había dicho.
Permacio silencioso, mirando a Aras por el rabillo del ojo, admirado de la percepción que esta había demostrado. El cielo se había oscurecido y ya apenas se veía nada mas que las estrellas en el firmamento y la luna luciendo en todo su esplendor.
- Si te fijas, veras ahí arriba en el techo del mundo una gran mancha blanca, mi abuelo decía que son las lagrimas que derrama Larisa por sus hijos Telesto y Tetis. Telesto era el mayor de los hermanos, mientras que Tetis fue la última en nacer. Telesto adoraba la luz y sus moradores, mantenía permanentemente iluminados los cielos , Tetis amaba a los habitantes de las cavernas, seres pequeños, de piel blanca , sin pelo que maculase su hermosa piel, con ojos tan delicados que la mas mínima luz podía herirles profundamente, Telesto sin querer los ahuyentaba con su luz, pues el no podía soportar la oscuridad. Tetis por el contrario disfrutaba siempre que podía de la compañía de los pequeños seres, hasta que un día se dio cuenta de que prefería las tinieblas de la noche a la claridad del día. Hablo con su hermano, para que la permitiera unas pocas horas de oscuridad y así disfrutar al aire libre de sus amigos, pero este se negó. Tetis monto en cólera y discutió con Telesto, Se pelearon violentamente durante mucho tiempo, hasta que Larisa intervino, ordeno dividir los días en dos, dando 12 horas a Telesto y otras 12 a Tetis, pero la tregua no duro, volvieron a pelearse intentando conseguir mas tiempo para cada uno. Esa pelea continua aun hoy. Por eso ningún día ni noche es igual al anterior, y mientras tanto Larisa llora lagrimas de luz sobre su manto de oscuridad. O al menos eso me contaba mi abuelo.
- Es una historia preciosa. –dijo Iskander impresionado, Aras nunca había sido tan expresiva.-
- Mi abuelo solía contarme una cada noche.- sonrió Aras al recordar-
- ¿ Tuvo mas hijos Larisa? – Pregunto Iskander con la esperanza de oír mas cuentos.-
- Tuvo mucho hijos- contestó Aras-
En ese momento Aras se giro bruscamente, triste, - te echo de menos abuelo- se tumbo sobre su manta y entorno los ojos recordando las facciones arrugadas de Sesmar, su pelo gris con hebras doradas, los ojos arrugados brillando mientras le relataba historias de antiguos Dioses y ciudades olvidadas.
18 Iskander
Estaba de nuevo en casa, son su madre, hacia ya tanto tiempo, estaba en su casa, en la pequeña cabaña de troncos en la que vivía antaño, estaba en casa, con el hogar colmado de leños ardiendo, estaba en casa, con su madre preparando la comida mientras una canción le asomaba en los labios, estaba en casa, su madre le acariciaba el pelo y le susurraba palabras de consuelo. Estaba en casa, su madre le agitaba tratando de despertarle, estaba en casa, su madre se alejaba con su padre, ambos eran sombras, estaba en casa, y esta se hundía sobre el golpeándole con fuerza el estomago....
- Me voy,- dijo Aras cuando Iskander abrió por fin los ojos.-
- ¿Me has golpeado?- Dijo todavía dormido-
- Si, no te despertabas. Me voy,- repitió Aras-
- ¿A dónde vas?- todavía veía su pequeña casa-
- A recoger flores silvestres para colocármelas en el pelo y estar mas bonita para ti- Respondió Aras con voz melosa-
- Bien – bostezo Iskander mientras se daba la vuelta y cerraba los ojos buscando su casa-
Un manantial de agua helada fue a caer sobre su cabeza resbalando por su nuca hasta su espalda.
- Ups, se me ha derramado el agua para la infusión,- dijo Aras inocentemente-
- Dios – Iskander dio tal salto que casi sobrepaso las copas de las palmeras-
- ¿Cómo demonios se te ha derramado el agua? ¿Qué infusión? Nosotros no tomamos infusiones. – Dijo confuso- Jod.. El agua estaba helada.
- ¿De verdad? Cuanto lo siento. Mmm,. Por cierto me voy.- Aras ya había recogido sus enseres.-
- ¿Te vas? ¿A dónde te vas?
- A recoger flores silvestres para colocármelas en el pelo...
- Vale, vale, ya lo he cogido- dijo en un destello de su memoria- Partimos hacia Phobos, ¿No?
- Yo parto para Phobos.
- Pero bueno, ¿se puede saber que te pasa? ¿Por qué estas tan borde?
- Yo, ¿Borde?- Aras estaba imponente desde su pequeña estatura-
- Bueno, borde no, mas bien como siempre.
- ¿Cómo siempre?- Aras apoyo su peso sobre la pierna derecha a la vez que enarcaba la ceja izquierda-
- Si, ya me entiendes, primero apenas hablas, y de repente ayer cuentas esa historia sobre la diosa. Pensé....
- ¿Pensaste?- Aras se había cruzado de brazos e inclinado ligeramente la cabeza-
- Bueno, la historia era muy hermosa, y tu la contabas con tanto ardor –peligro gritaba Sexto Sentido-
- ¿Ardor? – de la figura de Aras emano de repente un halo que presagiaba peligro, mucho peligro-
- Vamos a dejarlo, espera un segundo mientras recojo mis cosas. –Concluyo Iskander haciendo caso a Precaución.-
Comenzó a empacar su reducido equipaje, había perdido casi todo durante su viaje por el Megrez, Aras oteaba el horizonte buscando un camino entre la vegetación.
No hay quien la entienda, una noche esta incluso simpática, y al día siguiente vuelve a ser..... vuelve a ser Aras. ¿Por qué me salvaste? ¿Por qué me cuidaste? Se pregunto Iskander no por primera vez, no te hace falta mi presencia, y tampoco parece que la quieras, pero sin embargo me dices tu destino como si buscases ¿compañía? Y mírame, aquí estoy acompañando a una niña extraña que cambia de opinión sin previo aviso. Una vez dijo mi madre que las mujeres prefieren llevar razón a ser razonables, y mi madre nunca se equivocaba.
Cuando el estuvo listo, Aras comenzó a andar con un paso ligero que apenas si movía las plantas de su alrededor, miraba continuamente mas allá de la flora, buscando algo o a alguien, como si esperase una visita ajena a ellos.
Dándose cuenta Iskander, trato de poner palabras a sus actos.
- A partir de ahora, probablemente nos encontremos con algún salvaje que otro- comento a la ligera, a ver como caían sus palabras-
- ¡¿ Cómo sabes que son salvajes?!- dijo Aras medio indignada
Las palabras de Iskander no solo habían caído, se habían tropezado dando un triple salto mortal aterrizando de culo sobre la arena.
- Bueno es lo que dicen los libros que he leído
- Libros que escribió cualquier ignorante que jamás habrá salido de su casa.- ataco Aras- Yo se que no son salvajes
- ¿Y como lo sabes? – Contraatacó Iskander- ¿has visitado a menudo el Megrez?
- Mi abuelo me lo dijo- Sentencio Aras-
- Perfecto, si no te molesta, yo, prefiero estar alerta, solo por si acaso, claro.-
Esto va mejorando por momentos, estoy de viaje con una niña tonta que cree saber mas que nadie por que su abuelo, que probablemente nunca salió de Mandertal, le contaba cuentos de cuna sobre diosas que lloran y salvajes bondadosos. Seria mas rápido buscar un áspid, seguramente la serpiente tendrá mas piedad de nosotros que los amables y cariñosos salvajes.
Se fijo en Aras, esta llevaba su cabello suelto, la brisa mecía las hebras rojas como el fuego formando una corona alrededor de la muchacha, su paso era ligero, casi parecía que bailase con la arena, en vez de sobre ella. Las ropas que llevaba eran horribles, estaban llenas de desgarrones y manchadas casi en su totalidad aparte de quedarle enormes. Las suyas estaban mucho peor. Cualquiera que les viera con esa guisa pensaría que eran mendigos, o peor, maleantes.
Tendrían que buscar nuevos atavíos, y también algo de comida, por muy mal que le sentara, mas valía que averiguasen algo sobre los salvajes. Necesitaban ropa, y también algo de comida.
- ¿Qué mas te contó tu abuelo de los salv.. De los habitantes del desierto?
- Viven en pequeñas aldeas a un par de kilómetros tierra adentro del Benetnash, entierran sus casas bajo la arena para resguardarse del calor y del frió, y cultivan sus campos robando el agua al Benetnash.
- ¿Robando el agua? ¿Cómo se roba a un río?- sonrió imaginando a los incultos salvajes amenazando al río con sacos de tierra.-
- Excavan canalizaciones que van desde el río hasta parcelas que previamente han preparado mezclando el limo de la orilla y excrementos triturados de animales.
- ¿Excrementos de animales? Eso lo usaba mi madre, se llama estiércol.
- Si tu lo dices. –asintió Aras cortante, odiaba que se burlaran de su ignorancia, no tenia la culpa de no haber podido ir a la escuela-
- ¿Qué vamos a hacer si nos encontramos con alguno de ellos? ¿Crees que deberíamos darle un beso?, o solo un apretón de manos, por aquello de no abusar del contacto físico mas que nada.
- Los encontraremos en un par de días, lo ideal será que intentáramos comunicarnos con ellos.- dijo obviando la ironía implícita en las palabras de Iskander, si quería pensar que era tonta halla el.-
- Es verdad, no había caído en eso ¿Cómo?
- Hablando con ellos.
- Por supuesto, había olvidado que hablas perfectamente su idioma.
- Se algunas palabras, con ellas y gesticulando bastara.- Aras no se sentía tan segura como pretendía aparentar.-
- Mmmm – dijo Iskander mirando a Aras de manera distinta, esta chica es una caja de sorpresas.-
- Nos hace falta algo de alimento, no podemos vivir siempre de cocos y truchas, es necesaria la carne y las verduras.
- Eso por no hablar de la ropa.
- Habla por ti, mi ropa esta bien.
- De acuerdo. Si encontramos algún poblado, yo podría conseguir algo con mi trabajo, soy carpintero, doy forma a la madera.
- ¿Con los dientes?
- ¿Cómo?
- No tienes herramientas, y tus dientes no parecen tan fuertes como para romper leños y darles forma. –señaló.
- Bueno, entonces tendrás que ser tu la que consiga lo que precisamos, - estaba enfadado, Aras solo ponía inconvenientes a todo, ¿Qué se había pensado?- ¿Qué tienes para intercambiar en tu saco? ¿O es que piensas vender algo tuyo que no esta en el saco?- ataco hiriente-
Aras se giro como una exhalación y abofeteo a Iskander con todas sus fuerzas, luego se dio la vuelta para evitar mirarlo.
- Pero que demonios te he hecho, llevas desde que me encontraste metiéndote conmigo, y yo lo he aguantado, y por que yo, comento lo evidente me das una hostia. Mereces que te devuelva el bofetón.
- Si te atreves a tocarme te mato, a ti y a cualquiera que lo intente.- dijo Aras con voz glacial.-
Iskander pensaba responder que lo intentara, a ver si podía con el, pero al abrir la boca, distinguió una solitaria lagrima surcando la mejilla de Aras- quizás me he pasado un poco- pensó.
Caminaron durante el resto del día a bastante distancia uno del otro, sin hablarse, sin dirigirse la mirada. Al atardecer Aras soltó su hato y se dispuso a trepar a por cocos para la cena. Iskander se cruzo y trepo antes que ella.
Aras se dio media vuelta y preparo la “caña” de pescar , la dejo atorada entre dos rocas, luego hizo un pequeño fuego. En ese momento Iskander bajaba tras haber conseguido unos pocos cocos.
- yo soy de un pueblo de las afueras de Azhara, mi madre era alguien relativamente importante en la sociedad Mandertalí, pero al juntarse con mi padre perdió su escalafón. Al poco nací yo, un día que padre iba hacia la ciudad a vender mercancías tuvo mala suerte y se le rompió el radio de una rueda, puso unas piedras para mantener el carro alzado mientras sacaba la rueda rota, pero como la mala suerte nunca va sola, llamo a su amiga la mala leche y entre las dos hicieron que una de las piedras resbalase. Se le vino el mundo encima, bueno, mas bien se le vino el carro encima. Cuando alguien me pregunta por el, siempre contesto que murió por un problema de piedras, la gente piensa que me refiero a las del riñón y no me pregunta mas. No es una mentira y me evita soltar el rollo una y otra vez, la gente suele ser muy cotilla con la vida ajena ¿sabes?
- Yo no te he preguntado nada- dijo extrañada.
- Mi madre vivió el tiempo suficiente para criarme, mas o menos, y un buen día decidió que echaba de menos a mi padre y se cogió un buen resfriado, el resfriado se apiado de ella, y se la llevo con mi padre, y esa es mi historia.
- Yo nací en Azhara, viví en Azhara y no se donde moriré, esa es la mía.
Vuestro turno, no pareis de empezar, no empeceis a parar.
La leche, si te descuidas escribes todo un libro tu sola, por cierto maravillosa forma de escribir la tuya Etien.
19 Karthamon
Es la cosa mas rara que habia visto en su vida, también era verdad que no habia visto gran cosa en su vida, no hacia ni dos dias que el viejo habia muerto y veia a los primeros hombres desde que habia llegado aqui, cinco hombres, bastante equipados, caballos, mulas, equipo y armas, muchas armas.
Los pobres no se habian dado cuenta de las señales (claro que ni pasando a 1 metro de destancia se daba uno cuenta de ellas, mas cuando un palmo de tierra las tapaba) y se habian metido de lleno en el laberinto.
Penso en avisarles pero penso que era mejor que no parecian saber lo que se hacian y no queria molestarles, y si se encontraban alguna de las trampas o peligros del laberinto era problema suyo, seguro que en el fondo no querian ser molestados y el respetuoso siempre con los deseos de los demas no los molestaria.
Retrocedio de su escondite con cuidado de no levantar polvo o nada que le localizara, aunque a la distancia que se encontraba deberian tener la vista de un aguila para verlo. Guardo el tubo de visión mágica, un maravilloso artefacto mágico de gran poder que permitia ver a gran distancia y podia utilizarse de forma indefinida ya que su magia no desaparecia nunca y que absorvia su poder de la luz por lo que por la noche perdia mucha nitidez, al menos eso era lo que dicia uno de los libros que habia leido. Lo que hacia un par de cristales de aumento pulidos dentro de un tubo, de hecho el debia ser un gran mago ya que el mismo habia construido un par mas para ver como funcionaba.
Por si las moscas prepararia varios polvos y pociones magicos por si volvian y querian causar algun problema aunque ocurria igual que el tubo magico no habia forma de que el viera magia por ninguna parte, cada vez estaba mas convencido que de la malloria de la magia era puro engaño e ilusion y conocimientos que los demas no conocian.
Hasta ahora solo habia encontrado un libro que hablaba de la magia como el la entendia, de un sujeto llamado Ashanon con algunos pasajes que le producian dolor de cabeza y siempre que lo leia se preguntaba como demonios el viejo habia podido hacerse con semejante libro que habia encontrado escondido en su habitación cuando se habia vuelto mas loco de lo normal y habia empezado a leerlo.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
Cuando Kochab dijo en el pueblo que habia visto extraños en el río, Yildum acabó su trabajo y tras pedir permiso a Sadalmelik partió en su búsqueda. No fue difícil encontrarlos, eran dos, hombre y mujer, ambos de piel blanca, los cabellos de ella eran como el fuego, los de el como la arena, ninguno de ellos se dio cuenta de su presencia, estaban sentados cerca de la orilla del Benetnash, haciendo ruidos extraños con la boca, en algún momento la mujer decía palabras en la lengua de Yildum, y el hombre las repetía una y otra vez. La mujer estaba relajada mientras hablaba las palabras de Yildum, el hombre fruncía el ceño y se concentraba mientras las decía.
Yildum odiaba ocultarse, si quería ver algo lo hacia de frente, nunca como un ladrón escondido tras una roca, pero Sadalmelik la ordeno hacerlo hasta estar segura de las intenciones de los extraños. Estaban bajo las palmeras, su actitud no denotaba miedo, no trataban de ocultarse, lo cual significaba que no eran ladrones. No son peligrosos se aseguro a si misma, he cumplido la orden de Sadalmelik. Salio entonces del escondite y ando hacia ellos haciendo todo el ruido posible.
21 Aras
- bueno, creo que ya se las mismas palabras que tu.- concluyo Iskander-
- si. ya no se me ocurre que mas enseñarte.
- me gustaría saber como son, llevo todo el día diciendo sus palabras y no tengo ni idea que voy a encontrar.– comento Iskander –
- Mi abuelo me contó que eran gente con un profundo sentido del honor, que se basaban en lo bueno y lo malo, sin términos medios. Parecen ariscos en el trato, pero es por su idioma, este es como duro, cortante, pero es solo por que es extraño a nuestros oídos, solo usan las palabras cuando son necesarias. Son gente dura como el desierto, impetuosa como el río, y a la vez amable como la vegetación que lo rodea.
- ¿Tu abuelo conoció a alguno de ellos?
- Mi abuelo nunca hablaba de lo que no sabia.- contesto ofendida-
- no es eso lo que he dicho.
- Pues lo parecía
- Siento haber preguntado eso, pero es que es extraño, nadie que yo conozco los ha visto jamás, cuanto menos ha hablado con ellos.
- Eso no implica que nadie los conozca. Mi abuelo los conoció
- Tienes razón, ¿Cómo era tu abuelo?
- ¿Cómo era? Era un viajero, no estaba conforme con casi nada, le gustaba amanecer cada día en un lugar distinto, conocer cada vez una cultura diferente, una manera de pensar nueva. El decía que en la mezcla estaba lo perfecto. Que no debía quedarme solo con una manera de sentir. Para el no era malo cambiar de idea, lo malo era no tener ideas que cambiar.
- tu abuelo es un hombre sabio.
- el decía que era un niño ignorante, así nunca tenia ideas preconcebidas.
- ¿Qué es de el ahora?
- Los gusanos se dieron un banquete en su honor.- respondió cortante.
En ese momento oyeron algo, los dos se pusieron alerta , vieron surgir como si de una sombra se tratara a una mujer, el color de su piel asemejaba el ébano, llevaba el pelo recogido en trencitas de miles de colores, y sus rasgos parecían duros como la piedra. Camino hasta quedar a menos de dos pasos de donde estaban sentados, los miro fijamente y luego hablo.
- Ainmo mucem otrop-
- ¿Qué ha dicho?-Pregunto Iskander entre dientes. Se le habia olvidado todo de golpe.
- Llevo lo mío conmigo, esta saludándonos- respondió Aras muy despacio-, voy a responder. Ainmo mucem otrop.
La mujer pareció satisfecha, se sentó sobre sus talones y espero.
- ¿Qué hace?
- Esta sentada
- Ya lo se, pero por que esta sentada ahí sin decir nada.
- Espera que digamos algo.
- ¿El que?
- Y yo que se.
- Hola- dijo Iskander nervioso, sin darse cuenta que hablaba en su idioma, no en el de la extraña.
- Oa, - contesto Yildum
- Hola, - repitió el-
- Hola –dijo Yildum señalando a Iskander-
- Yildum- volvió a decir señalándose a ella misma, luego señalo a Aras-
- Aras,- se presento ella misma-
Después Yildum los miro detenidamente, se levanto y se fue sin hacer el menor ruido, asemejando un gato.
- Bueno Isk. Creo que te acabas de cambiar el nombre.
- ¿Yo?
- Ahora eres hola.
- Perfecto, siempre he querido llamarme igual que un saludo.
- ¿Qué hacemos ahora?
- Bueno, nos ha visto, nos ha saludado y ha averiguado nuestros nombres. creo que debemos quedarnos donde estamos, darles tiempo a que se acostumbren a nosotros, si nos vamos parecerá que queremos huir y ocultarnos, si por el contrario permanecemos aquí, les demostramos que no tenemos miedo y que al mostrarnos tal cual somos no queremos engañarles. Pasado mañana podríamos ponernos en camino y buscar disimuladamente su aldea, sin ocultarnos en ningún momento. Y si la encontramos, debemos actuar como lo ha hecho la mujer, mostrándonos abiertamente, saludando y dando a conocer nuestros nombres.
- Hablas con sabiduría.- dijo Aras-
Se levanto y copio la caña, luego se acerco a orillas de Benetnash rebusco entre el limo algún gusano y lo ensarto en el hueso que hacia de anzuelo, lanzo el hilo al agua y se sentó a esperar. Iskander se acerco mientras miraba el río y el desierto que habia mas allá.
- es igual, ambas orillas parecen gemelas. En el centro el río, a ambas orillas de este la vegetación, al lado de la vegetación el desierto. Nada cambia.- dijo Iskander –
- Larisa tuvo dos hijas gemelas, Nubi y Nelya, se parecían una a otra como dos gotas de arena, se amaban tanto la una a la otra que no cabía nadie mas en su mundo. Tanto se amaron, que se hicieron una promesa, jamás tendrían hijo ni amante, jamás conocerían otro amor que no fuera el suyo. Se instalaron en la tierra para vivir lejos de sus hermanos los demás astros. Durante miles de años fueron felices así, pero poco a poco la tierra en la que vivían se fue estacionando en una monotonía estéril que dio paso a la aridez que ves en el desierto. Y ellas se convirtieron en una sombra de lo que habían sido, eran yermas, sin vida, sin esperanza de futuro, decidieron tener un hijo, pero debido a los milenios de soledad les era imposible recordar ninguna clase de amor que no fuera estéril al igual que ellas. Desesperadas elevaron sus ojos hacia su madre Larisa, y entre lagrimas de arena, le rogaron que las diera un compañero. Larisa se apiado de ellas, pero su enfado por haber abandonado a sus hermanos y a ella misma era tan fuerte, que decidió ayudarlas pero también castigarlas por ese amor infructuoso que les habia costado la esperanza. Envió entonces a Benetnash, uno de sus hijos menores, este era fecundo, inagotable, impetuoso, el podría enseñarlas de nuevo el amor que engendraba. Al enviarles al salvador, mando también su castigo, ya que este partió la unidad que tenían, dividiendo en dos el desierto con sus aguas. Sembró de pasión y fuego el desierto, de vida lujuriosa y verde, pero a su vez, impidió que las hermanas se tocaran, pues siempre estaba el entre ambas. La gemelas rogaron y lloraron, pero Larisa no mostró oídos a sus suplicas. Entonces ellas crearon horribles tormentas de arena intentando anegar a Benetnash, pero todo fue en vano, Benetnash era joven y fuerte, y siempre sabia como prenderlas con su fogosidad. Las gemelas cambiaron entonces sus nombres por Zubenubi y Zubenelya, la llorosa Nubi y la llorosa Nelya para que jamás se olvidara su desgracia. Aceptaron su destino y amaron a Benetnash como dos mujeres en una. Pero a veces, las diosas recuerdan su amor prohibido, y entonces la rabia las llena, haciendo gritar a la arena, para que esta se eleve en horribles tormentas que llegan hasta Larisa clamando ser una sola de nuevo.
-
Aras se abandono a un silencio nostálgico que hizo asomar lagrimas a sus ojos. Iskander adivino en ese momento de silencio mas que en ninguna conversación. Vio a la niña esperando ansiosa la noche para oír un nuevo cuento, una nueva ilusión, vio a la adolescente soñando con los nuevos horizontes descubiertos por su abuelo mientras se ajaba en el pequeño mundo de su hogar. Vio a la joven abandonar la casa de sus padres buscando el recuerdo de su abuelo. Vio a la mujer a su lado, viviendo las historias hace tanto tiempo narradas. Se acerco a ella, y poso la mano sobre su hombro, y así esperaron a que Telesto se ocultara y Tetis iluminara la noche.
bueno, al final se me ha ocurrido algo, y lo continuo un poco mas.
22 Lakshmi
Kochab dirigía a los jóvenes en su entrenamiento diario cuando llegaron.
Sadalsuud estaba mezclando plantas cuando sintió su llegada.
Alpherat separaba el grano de la paja cuando aparecieron.
Sadalmelik impartía justicia cuando los vio.
Skat repartía conocimientos a los niños cuando entraron en la aldea.
Yildun estaba afilando su daga cuando los vio.
El viento y la arena comenzaron a murmurar con la llegada de los dos extranjeros.
Sadalsuud escucho los murmullos de los elementos preocupado, salio a la calle, entonces los vio.
El hombre de cabellos de arena llevaba a la mujer de cabellos de fuego inconsciente en sus brazos. En su cara se peleaban la preocupación y la desesperanza. Dio algunos pasos antes de derrumbarse de rodillas en suelo, miro a su alrededor buscando algo o alguien, su mirada encontró la de Yildun, luego dijo las palabras.
- Yildun, Ainmo mucem otrop. Yildun, xov sitnamalc ni otresed.- sus ojos sondeaban los de Yildun mientras pedía ayuda.
- Etasluop te ruteirepa.- contesto acercándose a ellos.
- Erotcep omi- agradeció, Yildun les había acogido.
Mientras se acercaba a ellos Yildun miro a Sadalsuud, este respondió con un asentimiento a su mirada. Yildun cogio a Iskander por el brazo mientras señalaba la casa de Sadalsuud, indicándole que fuera hacia ella. La mirada de Iskander denotaba temor, pero sobre todo determinación. Se levanto del suelo con Aras en brazos y se encamino hacia el lugar que le señalaba Yildun, un anciano esperaba a la entrada. Mientras caminaba un hombre joven se acerco y tomo en sus brazos el cuerpo dormido de Aras mientras que una mujer sujetaba a Iskander para que no cayera de nuevo. Les llevaron al interior de la cueva excavada en el suelo del desierto, y una vez allí tumbaron a Aras sobre una especie de cama, mientras guiaban a Iskander hacia un saliente de la pared que parecía hacer las veces de banco. El sitio donde se encontraban estaba fresco, e Iskander se relajo por fin tras haber caminado buscando la aldea durante tanto tiempo. Yildun hablaba con el anciano, mientras este desnudaba a Aras e impartía órdenes a las personas que le habían ayudado. Luego le miro a los ojos y pregunto algo.
- Hola, oitini ba- dijo
- No entiendo-
- Hola, OITINI BA
- Ondrusba ba Sadalsuud, Hola non avrev- contesto Yildun al ver que Iskander estaba cada vez mas confuso.
El anciano miro a Yildun, luego asintió, dijo algo al hombre joven que había llevado a Aras y este se acerco a Iskander, le cogio por el codo indicándole que se levantase. Iskander así lo hizo, luego le acerco hasta Aras y señalo al anciano.
- Hola,- dijo señalándole el pecho el anciano- Aras- empezó a recorrer el cuerpo de la joven- non – dijo señalándolo de nuevo- non –dijo señalando una gran cicatriz que tenia el hombre joven- sid – dijo señalando la frente de Aras, que ardía en fiebre, luego levanto sus brazos dando a entender que no había herida pero si fiebre- Oitina ba, Hola.
- Oitini ba- repitió Iskander
Cogio uno de los tobillos de Aras y señalo un pequeño punto apenas visible. Luego miro al anciano y se arrodillo en el suelo, dibujo una forma con el dedo en la arena, era algo semejante a una araña, pero con una larga cola de escorpión y tenazas como las mantis. Luego de dibujar se irguió y cogio el tobillo de Aras con la mano semejando una araña, levanto el dedo índice e hizo ademán de clavárselo en el punto antes señalado. Luego levanto la mirada hacia el anciano, la cara de este había palidecido mientras decía una única palabra.
- Emrac, Alpherat, EMRAC-
Empezó a hablar rápidamente, todos se quedaron muy quietos escuchando, luego la mujer se fue rápidamente hacia el interior de la cueva, saliendo al poco con un recipiente que lleno con agua y varias plantas y raíces, Yildun saco su daga y comenzó a calentarla en el fuego, El hombre joven agarro fuertemente a Iskander y lo saco a rastras de la habitación. Iskander al principio se resistió pero sus fuerzas estaban muy mermadas, llevaba desde el medio día anterior buscando la aldea, caminando con Aras en sus brazos a través de la vegetación, sin comer, sin apenas beber.
El hombre le llevo hasta otra “cueva” y ya en su interior soltó a Iskander. Luego se sentó sobre sus talones enfrente de la puerta de manera que le impedía salir.
- Hola- dijo señalando a Iskander- Kochab –dijo señalándose a si mismo-
- Kochab
- Euqiuc muss, Hola, Sadalsuud, suitrof,soutic, suitla, Hola. tavuj anutrof secadua Aras.
Apenas entendía lo que le decía, Sadalsuud el más algo, Aras, tenia fortuna, no comprendía todo, pero sabía que Kochab intentaba darle ánimos, y lo agradeció
- erotcep omi, Kochab
- atnap iehr, Hola
Kochab se levanto, luego cogio un cuenco y lo lleno de agua y se lo ofreció a Iskander, mientras este bebía, Kochab preparo comida en otro cuenco, que también le dio a Iskander, luego se sentó a esperar de nuevo.
23 Iskander
Cuando abrió los ojos no reconoció nada de lo que tenía alrededor. Un anciano la miraba atentamente mientras la tocaba la frente y la abría mas lo ojos, como para mirar en su interior, luego volviéndose pronuncio unas palabras, de las que solo entendió Hola, y se volvió a mirarla con una sonrisa. Alguien salio del lugar en el que estaba, y al poco rato volvió a entrar seguido de Iskander.
- ¿Qué tal estas? Me has dado un susto de muerte
- ¿Qué te he dado un susto de muerte? ¿Por qué?
- Joder, pensé que te morías.
- ¿YO?
- Has estado inconsciente una semana.
- ¿YO?
- Si, recuerdas que te pico un Amrec
- ¿Un amrec?
- Si , aquella araña rara.
- Si, me dolió mucho, pero no fue nada.
- Eso pensé yo, pero al poco rato te desmayaste y no había manera de despertarte.
- ……..
- cuando vi. que no podía hacer nada, busque ayuda, y recordando a Yildun, busque la aldea cuando por fin la encontré Sadalsuud te ayudo.
- ¿Sadalsuud?
- Es una especie de curandero. También es el guía espiritual de Lakshmi. Si no es por el no estarías aquí.
- Si no es por ti, no estaría viva, tú me trajiste, gracias.
- Vaya, parece que ya estamos en paz, tu me salvas yo te salvo.- en los labios de Iskander se formo una gran sonrisa.-
- Si – sonrió Aras débilmente.
- Tienes que conocer a esta gente Aras, no son como yo me los imaginaba, tu tenias razón.
- Siempre la tengo.
- Desde luego.
- Elibarim usiv- dijo en ese momento Sadalsuud.
- Se alegra de que estés mejor – tradujo Iskander.
- Erotcep omi.- agradeció Aras.-
- Euqiuc muss Hola, tnuexe.- dijo Sadalsuud
- Me tengo que ir, Aras, recuperate pronto. Volveré.
- No, ¿por que te vas?.
- Sadalsuud ha dicho: a cada cual lo suyo, que quiere decir algo así como que yo aquí no hago nada, luego a añadido tnuexe, sal. Lo ha dejado muy claro, y te aseguro, que nadie desobedece a Sadalsuud. No te preocupes, estas en buenas manos. Cuando vuelva te contare todo lo que ha pasado. – se acerco y deposito un beso en su frente- adiós Aras.
Iskander salio al exterior, en esos días se había acostumbrado a las extrañas casas en las que vivía la gente de Lakshmi. Excavaban túneles en el suelo como si de minas se tratase, desde fuera parecían abultamientos de arena. Pero si te fijabas atentamente veías que no eran tales, tenían unas telas del color de la arena cubriendo lo que era la puerta. Al principio le extraño, pero enseguida comprobó que al estar bajo la arena el calor era menor, las “casas” se mantenían siempre a la misma temperatura fuera de noche o de día, y en cuanto a las telas que usaban como puertas, no se hacia necesario nada mas sólido, ningún habitante de la Lakshmi osaría entrar en una casa que no fuera suya sin antes obtener una invitación, era cuestión de honor. En la arena del desierto habían instalado enormes carpas que les daban sombra durante el día, los habitantes de Lakshmi hacían toda su vida fuera de sus casas. Algunas personas estaba sentadas a la sombra de las carpas separando el grano de trigo de la paja, otras tejían el lino para convertirlo en las ropas que llevaban, los niños estaban reunidos en un lado de la Carpa mayor, mientras Skat impartía conocimientos, que era como ellos llamaban a enseñar. Kochab resulto ser algo así como el jefe de defensa. Tenia a su cargo numerosos hombres, a los cuales enseñaba a defenderse y a proteger a sus familias tanto de extraños como de animales salvajes. Yildun, como casi todos los Lakshmi no tenia una tarea especifica, a veces sembraba, a veces cazaba, a veces vigilaba. Alpherat era la ayudante de Sadalsuud, que no era un nombre, sino un titulo, significaba estrella de la suerte de todo el mundo, y era el guía del pueblo. Y por ultimo Sadalmelik, que era como el jefe del pueblo.
Kochab le había explicado muchas cosas, a veces con palabras que Iskander conocía y otras con gestos. Había resultado un anfitrión amable y hospitalario. La vida pasaba apaciblemente es Lakshmi, le resultaba imposible ver a estas pacificas gentes como los salvajes crueles y sangrientos que describían los libros.
Iskander estaba casi siempre bajo la carpa, trabajando, le habían prestado algunas herramientas, e intentaba compensar la amabilidad de la gente confeccionando para ellos bellos cuencos de madera, cajones para depositar el grano y todo lo que el viera que podía hacerles falta. Además así pasaba el tiempo pensando en otra cosa que no fuera Aras y sus sentimientos por ella
Iskander estuvo muy preocupado por Aras, durante los pasados días se desesperaba pensando que jamás despertaría, que nunca volvería a provocarle con sus puyas, que no volvería responderle irónica y cortante, que no le contaría mas historias sobre dioses. Le faltaría su determinación, su seguridad, su valentía ante lo desconocido.
Al principio cuando Aras se desmayo se preocupo un poco pero a medida que pasaba el tiempo y no conseguía despertarla ni encontrar a nadie, el pánico se fue apoderando de el, cuando por fin llego a Lakshmi estaba tan asustado que apenas podía pensar con claridad. Durante la primera noche Kochab tuvo que impedirle salir de la casa para buscar a Aras en varias ocasiones. Sadalsuud había ordenado que nadie le molestase, y entre ese alguien se incluya Iskander.
Aras tuvo una fiebre altísima durante los tres primero días, mientras, Iskander hacia tallas en madera como un loco, una tras otras, sin parar de día ni de noche para no pensar, luego la fiebre fue bajando poco a poco, y por fin en el cuarto día su respiración se fue haciendo mas regular, y el color volvió a su rostro. Cuando Sadalsuud le miro y asintió, no hicieron falta mas palabras, Aras estaba a salvo.
Lo que había picado a Aras no era una araña, era algo mucho mas peligroso, con un veneno casi siempre letal. El Amrec comenzaba por clavar el aguijón en su victima, al hacer esto, además de inyectarle el veneno, le inoculaba miles de huevos, que pasado un tiempo eclosionarían y se alimentarían de la carne putrefacta de la victima. Aras se salvo por que era más grande que las victimas habituales del amrec. Alpherat le dio un contraveneno, Sadalsuud cortó mas de diez centímetros de la carne que circundaba la herida, profundizando hasta casi el hueso. Se curaría, pero quedaría una gran cicatriz. Iskander no sabia cuando recuperaría Aras las fuerzas, pero suponía que pasarían una larga temporada el Lakshmi. Una temporada en la que tendría que poner en claro sus ideas, y también sus sentimientos recién descubiertos.
24 Shainar.
Shainar estaba furioso, las noticias que había recibido no eran las esperadas. Solo un emisario había sobrevivido y además se había vuelto loco, no solo no contaba nada de Ashanon, si no que le hablaba de trampas escondidas y laberintos imposibles de franquear. Odiaba no tenerlo todo bajo control.
Había mandado a sus mejores sicarios, si ellos no habían conseguido encontrar al puñetero mago, solo había dos opciones viables, la primera que no existiera, la segunda que fuera en efecto un gran mago con poderes mas allá de su entendimiento y que además el muy cabrón se reía del Gran Shainar Ru, y eso era algo que no podía soportar.
Se aproximo al palomar en que estaba encerrada la paloma que había traído el mensaje, abrió la puerta y la cogio, la estrecho entre sus manos hasta que noto la carne abrirse y las vísceras escurrirse entre sus dedos, mientras por el pico asomaban algunos pedazos sanguinolentos de pulmón.
Shainar Ru, estaba muy, pero que muy enfadado.
Si creia que podia burlarse de el no lo conocian, rapidamente cogio papel y escribio un mensaje a un viejo conocido, no le gustaba tratar con el ya que siempre resultaba muy caro, por eso solo recurria a el en ocasiones especiales, pero siempre conseguia resultados.
Asi como en el pasado habian eliminado o conseguido resolver algunos de sus problemas mas dificiles, como el matar a un rey haciendo que pareciera una muerte normal.
Seguro que estaria al tanto de su posición y su dinero y le pediria bastante por sus servicios pero eran pocos los que podian acceder a la Cofradia del buen servicio, un bonito nombre para la mas peligrosa cofradia de asesinos, espias, ladrones y mercenarios de esta parte del mundo.
26 Karsin
Cuando recibio la respuesta de las Sabias, se sintio desfallecer, no querian que cruzara el desierto hasta las dos ciudades (ahora se daba cuenta de que el Miedo y el Terror se referian a las dos ciudades gemelas) pero querian que siguiera a quien recibiera el mensaje de este dios, a donde se creian la sabias que se dirigia pues al desierto.
Pero decidio hacer antes una parada a un lugar cercano, mientras esperaba la respuesta de las sabias habian pasado unos pastores por las cercanias y al preguntarles uno viejo pastor de habia hablado de un sabio que vivia en una montaña cercana y que habia estado preguntando y buscando informacion durante años sobre el templo e incluso el mago, si alguien sabia algo el podria decirselo.
Le costo varios dias encontrar el sendero que llevaba a la casa del sabio, pero no se rindio y al final la encontro. Al llegar no esperaba la enorme mansion que habia, pero eso la animo, quien viviera aqui tendria recursos y podria haber acumulado muchos conocimientos.
Levanto el pomo de la puerta y llamo.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
No contesto nadie, volvió a intentarlo, nada, empujo un poco la puerta, esta cedió, estaba abierta.
- Hola, hay alguien, no quiero interrumpir, busco al dueño de la casa-dijo-
- Hola, no hay nadie –repitió.-
Echo un vistazo alrededor, la mansión era enorme, pero parecía abandonada, había polvo por todas partes, y multitud de ratas recorrían el suelo en busca de refugio, las ventanas estaban sucias, y del techo colgaban telarañas enormes cual sudarios. Todo estaba desordenado. Penetro en su interior.
La puerta daba a una gran sala con mosaicos en las paredes, pero estos estaban tan sucios que no se podían distinguir las escenas representadas en ellos. En la sala había tres puertas mas, una en cada pared y unas escaleras derruidas que subían al piso de arriba. Karsin abrió la puerta mas cercana, no encontró nada salvo unas cuantas sillas volcadas y una mesa rota con restos de algo que hacia años debió ser comida. Abrió la segunda, una cama destrozada, un armario vacío y ropa vieja en el suelo. Abrió la tercera, no había nada mas que cenizas, las paredes estaban negras por el hollín, como si hubiera habido un gran incendio, solo se salvaba un cuadro, pero estaba tan ennegrecido que era imposible ver que se ocultaba tras la suciedad. Volvió a salir, y miro hacia las escaleras, parecía que no la quedaba mas remedio que subir. Puso un pie sobre el lado izquierdo del primer escalón, y lo apoyo con fuerza, no paso nada. Parecía que todo ese lado resistía aun medio intacto. Se animo a subir, amarrándose a la pared con una mano, y sujetándose la falda con la otra. Subió uno tras otro todos los escalones hasta llegar a una puerta de madera tallada con horribles imágenes de ¿Dioses? Llamo con los nudillos un par de veces, como nadie contestaba empujo, la puerta se abrió haciendo un horrible ruido. La habitación a la que daba paso la puerta era enorme, estaba llena de aparatos extraños, botellas que contenían lo que parecían ser insectos, y un olor repelente en el aire. Las paredes estaban ocupadas por estanterías llenas de libros mohosos y carcomidos, y en el suelo se veían infinidad de papeles rotos, arrugados e incluso quemados. No se veía nada vivo. En el fondo de la inmensa habitación, casi oculta por lo que parecía ser un esqueleto de algún animal imposible, se hallaba una pequeña puerta negra. Karsin se encamino hacia ella con el miedo dibujado en el semblante. Llamo, pero no obtuvo contestación, empujo, pero estaba cerrada. Decidió que allí no había nada ni nadie que pudiera ayudarla. Se dio la vuelta dispuesta a irse por donde había venido.
- ¿Quién eres? ¿Y que haces aquí? –pregunto una voz
27 Aras
Casi estaba recuperada. En los dos meses escasos que llevaba en Lakshmi además de recuperarse, se había hecho muy amiga de Yildun. Esta le había enseñado a manejar la daga con mas destreza, y de paso a utilizar el látigo. También le había enseñado su idioma. Era increíble que en tan poco tiempo casi pudiera comprender el lenguaje de su amiga. Aun no se expresaba con fluidez, pero si seguía ese ritmo pronto lo lograría.
Estaba como soñando, a veces le parecía que había retornado a la infancia, cuando Sesmar aun vivía y estaba a su lado para hacerla reír. Sus padres tenían un carácter sedentario y pragmático que demasiado a menudo chocaba con su ansia de aventuras y conocimiento. Además en Azhara cada uno iba a lo suyo sin pararse a mirar a los demás, todos eran sombras, nadie conocía a nadie, y menos a la hija de un posadero. Desde que su abuelo murió se había sentido perdida, y se había refugiado demasiado en los cuentos y relatos sobre lugares lejanos. En Lakshmi por el contrario, todo el mundo se conocía, todos se ayudaban unos a otros, todos se reían juntos.
Se sentía como adoptada por una nueva familia, una familia de lo más variopinta, Yildun, una joven de ébano, con una destreza inigualable para manejar cualquier arma y hacer amigos, con la sonrisa siempre pronta. Kochab, un hombre alto y ágil, mas parecido a una pantera que a una persona, de movimientos fluidos, pocas palabras y muchos, muchísimos gestos y miradas que daban a entender lo que su boca no decía. Sadalsuud, un anciano sin edad, arrugado sobre si mismo, con las manos engarfiadas, capaz de parar en seco a un leopardo con una sola palabra, y de mantenerse inmóvil, escuchando durante horas lo que para cualquier otro seria palabrería insustancial. Y como punto final Iskander. El mas cercano, siempre ahí, siempre presente, siempre escuchando o lanzando puyas, siempre inventando sonrisas. Se había revelado como un gran tallador de madera, cualquier cosa que se le viniera a la mente sus manos eran capaces de llevarla a cabo. Pasaba gran parte del día bajo la carpa, trabajando. En ese mismo momento estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, mientras daba los últimos toques a una de sus creaciones, tenia el torso desnudo, y el sudor hacia brillar su piel marcando los músculos de sus brazos como si se hubiera untado de aceite, el largo cabello rubio le caía en mechones mas allá de los hombros acariciando su pecho, la boca se curvaba en una media sonrisa, mientras los azules ojos se entornaban intentando ver mas allá de las vetas de la madera. Como siempre tenia un coro de jóvenes extasiadas a su alrededor. Menos mal que ella no se fijaba en esas cosas, pensó Aras.
La noche anterior hablo con Iskander sobre la partida, lo discutieron durante toda la noche, ambos estaban de acuerdo en partir cuanto antes, ahora ella ya estaba recuperada, pero se les ocurrían miles de excusas para no hacerlo. Se sentían tan queridos y protegidos que se resistían a irse. Habían acordado hablar con hoy sus nuevos amigos para exponerles los motivos que les obligaban a partir, era lo mínimo que podían hacer.
Aras se encamino hacia donde estaba Iskander, con tanto aforo reunido apenas si podía pasar.
- Debéis tener cuidado de no pisar los ojos que se os han caído, queridas, sin ellos no podréis admirar a nadie- dijo en Lakshmi mientras atravesaba la muralla de admiradoras.
Iskander levanto la cabeza al oír su voz, y acto seguido se hecho a reír.
- vaya, Aras, veo que sigues con tus aristocráticos modales, - dijo en su lengua
- Bueno preciosas, nos vemos luego, el horrible deber me llama- continuo en Lakshmi mientras se despedía con una sonrisa a la vez que desviaba su mirada hacia Aras.
- te encanta verdad- dijo Aras
- no, cielin, lo que de verdad me encanta es ver como rechinas los dientes.- contesto riendo-
- Desde luego eres todo un espectáculo, deberías avergonzarte.
- ¿Yo? ¿Por qué?- dijo Iskander con la mas inocente de sus caras, mientras recogía su camisa-
- por andar semidesnudo, te estas exhibiendo- Aras se estaba enfadando-
- Aras, por si no te has dado cuenta, todos los hombres de aquí van sin camisa, es por el calor, ¿sabes?, de hecho tu no vas muy tapada, ¿verdad?
Aras acelero el paso, lo que mas la molestaba de todo es que el muy idiota tenia razón.
Las gentes de Lakshmi habían adoptado un modo de vestir acorde con el calor del desierto, los hombres llevaban pantalones de lino y sandalias de piel, el pecho siempre desnudo, las mujeres usaban una especie de cuadrado de lino del cual anudaban dos de sus extremos alrededor del cuello. El que ella llevaba en estos momentos apenas si tapaba sus rodillas y dejaba al descubierto sus hombros y brazos. Cuando acompañaba a Yildun y Kochab a cazar o a recolectar, volvía a usar sus antiguas ropas, un pantalón y la enorme camisa de lino, mucho mas calurosas, pero que evitaban que se quemase con el sol. Iskander, por mucho que dijese lo contrario también se ponía la camisa. Ambos se acordaban de su primera cacería, lo peor no habían sido los animales salvajes, ni la larga caminata hasta encontrarlos, lo peor habían sido las quemaduras en la espalda y los brazos. Desde entonces se habían curtido bastante, pero aun así ninguno de los dos se fiaba ya del sol.
Se encontraban frente al hogar de Sadalsuud, era allí donde se habían citado con sus amigos.
- bueno Aras, llego el momento.
- Si
- ¿qué tal te sientes?
- Perfectamente – la mirada que la dirigió Iskander la desarmo- fatal, no deseo irme, me siento mas completa que en toda mi vida.
- No tenemos por que irnos si tu no quieres.
- Me quedaría de buen grado, y seria feliz durante mucho tiempo, pero llegaría un día en que me vería como ahora son mis padres, siempre igual, sin ninguna inquietud, sin ningún sueño, acabando un día para empezar otro idéntico al anterior, y entonces me preguntaría por que no seguí viajando, por que no conocí mas lugares, por que me encerré aquí, por que deje de lado mis anhelos. No tiene que ver con encontrar la llama verde, supongo que es mas bien por demostrarme a mi misma hasta donde soy capaz de llegar. - dijo mirándole a los ojos, con una perseverancia impropia de alguien tan joven.
- Pues entonces veamos hasta donde somos capaces de llegar- prometió Iskander a la vez que entraba en el hogar.
- ¿por qué me apoyas en todo?- pregunto Aras en una voz tan baja que solo ella pudo oír-
Cuando entro en la vivienda un escalofrió la recorrió, estaban todos esperándola, Yildun, Kochab, Iskander y Sadalsuud.
28 despedidas
- hemos decidió partir mañana- comenzó Iskander en Lakshmi-
- llegamos hasta aquí buscando concluir una profecía que las sabias de nuestro país pronunciaron, ellas son dirigentes espirituales como tu Sadalsuud, creen que si encontramos cierto objeto nuestra tierra encontrara paz y prosperidad.- continuo Aras-
- Aras habla con media boca – sentencio Sadalsuud-
- También necesito saber hasta donde puedo llegar.- dijo Aras sumisa-
- ¿Que objeto buscáis? – pregunto Yildun.-
- Buscamos la Llama Verde- dijo Iskander -No sabemos lo que es, pero el Gran Mago Ashanon profetizo que aquel que la encontrara seria rey en nuestra tierra.
- Hola/Iskander no busca ninguna corona, hola/iskander, ya ha hallado su reino - declaro Sadalsuud -
- El dios Dubhe nos aseguro que encontraríamos respuestas en Phobos/Deimos, cuando preguntáramos a las Gemelas.- continuo obviando el comentario de Sadalsuud.
- Por eso hemos pensado partir al alba dentro de dos días.- concluyo Aras, ¿Qué había querido decir Sadalsuud con eso de la corona y el reino?-
- El viaje hasta Phobos es peligroso- kochab hablo de repente-
- Os encontrareis con enormes tormentas de arena, ni siquiera Benetnash puede contener a las gemelas allí. – continuo Yildun asustada-
- No hay comida, no hay sombra – Kochab golpeaba el aire con las manos al pronunciar las palabras.
- No sabemos como es la gente que habita allí.- siguió Yildun-
- Y lo peor no será el viaje, El dios Algiedi robo algo con argucias a las gemelas Nuby y Nelya, desde entonces están muy irritadas con los extranjeros, si queréis respuestas, habréis de pagarlas muy caras. –pronostico Sadalsuud.-
Aras e Iskander se miraron, se confirmaban así sus temores de que las diosas Gemelas del Dios Dubhe fueran las mismas que las de la leyenda de Sesmar.
- Os agradezco mucho vuestra ayuda y vuestro consejo, pero esto es algo que debo hacer. –dijo Aras mirando a Sadalsuud fijamente a los ojos-
- Lo que ha de suceder, que suceda.- dijo Iskander mirando a Aras- el águila no caza moscas.
- Id pues, hablare a los dioses de vosotros. –bendijo Sadalsuud-
- Debo hablar con Sadalmelik. - Kochab se levanto tan rápidamente como el animal al cual se asemejaba.-
- Te acompaño –dijo Yildun-
- Kochab, Yildun. De nada servirá. Lo que han de encontrar, lo deben buscar solos. No obtendréis mi permiso. –Sadalsuud apenas había susurrado, pero ambos se detuvieron en ese instante.-
- Id en armonía, hijos- despidió Sadalsuud a Iskander y Aras.-
Salieron al calor sofocante del exterior con mas dudas que respuestas.
- lo que buscas lo has encontrado hermano, no lo pierdas.- dijo Kochab al pasar junto a Iskander.-
Y este no supo que contestar, Kochab casi nunca hablaba, pero cuando lo hacia, sus palabras eran demasiado acertadas.
- Isk. ¿Qué ha querido decir Sadalsuud cuando ha hablado de la corona y el reino?
- Supongo que de alguna manera se ha enterado de que soy descendiente de Ildur Kain. – contesto a la desesperada mientras maldecía la sagacidad de Sadalsuud y la memoria de Aras.-
- ¿Tu?, no me lo habías dicho.
- Es que no es importante, soy el último de sus nietos. –dijo quitándole toda la importancia posible, no sabia como se tomaría Aras aquello- de todas maneras estate tranquila cielin, la gloria y el reino serán para ti, yo me limitare a besar tus pies. –dijo irónico intentando enfadarla, para que así se olvidara del espinoso asunto.-
- No, si lo conseguimos tu serás el adecuado, comprendes a la gente y sabrás lo que necesita el pueblo, serás un buen rey. –dijo mirándole a los ojos muy seria- no puedo imaginar a nadie mejor. –sonrió de tal manera, que Iskander se quedo sin palabras por segunda vez en pocos minutos.
la verdad es que esto ultimo me ha salido demasiado rosa, voy a ver si lo oscurezco un poco.
Partieron al alba dos días después. Todo Lakshmi salió a despedirlos, Sadalmelik les entrego toda la comida que pudieran transportar, Kochab le regalo a Iskander un cinturón de cuero con varios bolsillos que contenían herramientas, Yildun obsequio a Aras con un pequeño látigo de cuero trenzado acorde con su altura. Iskander repartió las hermosas tallas que había hecho entre sus amigos, junto con sus deseos de un pronto reencuentro.
- Debéis seguir el curso de Benetnash. A 10 o 12 días de aquí os encontrareis con que la tierra acaba y el rió cae. Bajar por el con las cuerdas que os doy. A partir de ese momento estaréis en peligro constante, los gritos de las gemelas querrán mataros, buscar cuevas para dormir, y protegeros todo el cuerpo y la cara con túnicas y velos. No perdáis nunca de vista el rió. Si lo hacéis os perderéis en el desierto. Si lográis atravesar la furia de las gemelas os encontrareis en Phobos/deimos. – Kochab hablo con mas palabras de las que nunca le había oído Iskander.
- Una vez dentro de las ciudades, debéis pasar desapercibidos, no les gustan los extraños, no os quitéis el velo, ni las ropas. Alpherat ha hecho un ungüento que aplicado sobre la piel y el pelo los vuelve negros, pero vuestros rasgos no se modificaran. No habléis si no es necesario, vuestro acento os delata. – prosiguió Yildun preocupada-
- Dirigios rápidamente a los templos de las gemelas, una vez allí, solo Aras podrá entrar, si a las gemelas les place le impondrán una prueba, si logra cumplirla obtendrá respuestas. Buscaran en tu mente, Aras, hasta que encuentren lo que mas miedo te da, y eso será lo que te pidan. Busca en tu interior lo que mas te asuste, si no lo puedes vencer no emprendas este camino.-advirtió Sadalsuud-
- Si aun así te arriesgas atiende bien sus instrucciones, las gemelas dentro de su furia son muy ingenuas, siempre hay formas de suavizar sus ordenes. Si no te ves con fuerza de cumplir sus mandatos, abandonad la ciudad antes de la noche, es el plazo que tienen los suplicantes antes de que las gemelas manden a sus fuerzas a por ellos. Corred lo mas rápido que podáis hasta llegar al templo del rió, allí suplicad a Benetnash, si le agradáis os ayudara. Recordad ante todo que las gemelas son crueles con todo aquel que tiene la posibilidad de futuro que ellas se negaron.- finalizo Sadalsuud
- Tendremos tus palabras presentes Sadalsuud. –agradeció Iskander.-
- Quedad en armonía –se despidió Aras.-
Abandonaron silenciosos Lakshmi, pensando en si algún día volverían a ver a sus amigos. Yildun avanzo unos pasos hacia ellos, pero a una señal de Sadalsuud se detuvo.
Recorrieron el camino hasta el rió, una vez allí comenzaron a andar entre la vegetación siguiendo su curso. Poco a poco las rocas y la arena fueron robando espacio a la vegetación, hasta que pasados cinco días desde la partida, solo se podía ver algún arbusto perdido en la bastedad del desierto. La arena dio paso a la roca, y estas a pequeñas elevaciones montañosas, lo que a veces les obligaba a alejarse del rió en busca de un paso mas fácil. El rió se había vuelto inestable, furioso. Telesto hacia arder sus pieles, mientras que Tetis les congelaba las lagrimas en los ojos por la noche, los dioses se habían vuelto mas despiadados desde que la vegetación había desaparecido.
Se levantaban al alba, cuando aun no hacia demasiado calor y caminaban todo lo que podían hasta que el medio día les obligaba a buscar cobijo, entonces se internaban en pequeñas cuevas que asomaban en las paredes de las montañas. Cuando atardecía volvían a caminar, hasta que la noche les impedía ver la senda a seguir, volvían entonces a buscar refugio. La comida que les entregara Sadalmelik se les estaba agotando, y era difícil encontrar animales que cazar. Si conseguían alguno lo asaban sobre el fuego. En caso de encontrarse cerca del rió, Aras solía pescar, pero los peces no abundaban en esas aguas tan turbias. Las mas de las noches comían las galletas que aun les quedaban mientras hablaban frente al fuego. Aras e Iskander se interrogaban una y otra vez sobre lo que mas miedo provocaba en esta. Sobre como serian los habitantes de las ciudades, sobre si saldrían triunfantes, de lo que nunca hablaban, es de que harían si conseguían la Llama Verde. Una noche, Iskander pregunto a Aras si no sabría ninguna leyenda sobre el dios Algiedi y lo que había hecho a las gemelas.
- No se nada de el, Isk, mi abuelo no llego hasta Phobos, así que no tengo nada que pueda ayudarnos. No creas que no lo pienso continuamente.
- ¿Has averiguado ya lo que más temes?
- Lo que más miedo me da es quedarme estancada, tener una vida insustancial.
- No creo que eso les valga a las gemelas. ¿No temes nada mas?
- No
- Piensa Aras, algún animal, alguna cosa, algo.
- NO, no tengo miedo a nada, si acaso a tus preguntas estúpidas.
Aras se alejo del fuego, mientras recordaba aquella noche en el camino con el viejo al que mato, había sido lo peor que le había ocurrido nunca, pero no tenia miedo a eso, ahora sabia defenderse. Temía mas que la pidieran permanecer encerrada en alguna parte durante mucho tiempo, sin posibilidad de actuar sobre su futuro. Eso era lo que mas temía. A esa situación es a la que tendría que hacer frente, y no sabia como.
Iskander estaba preocupado, conocía a Aras lo suficiente como para no creerse esa patraña de no tener vida. Era muy poético, pero muy estúpido. Imaginaba mas algo como perder la movilidad de algún miembro, no poder ver, o hablar.
Malditas gemelas con su crueldad, Maldita Llama Verde de mierda, Maldita Aras por ser tan testaruda, y sobre todo maldito el por no imponerse. Cuando comento la posibilidad de volverse atrás, solo obtuvo miradas de desprecio y burlas sobre cobardes y gallinas. Aras no sabia en que se estaba metiendo. Su sueño de ver mundo se estaba convirtiendo en una pesadilla. Iskander creía adivinar que no era el conocimiento lo que buscaba Aras, sino el seguir e incluso sobrepasar el camino de su mayor héroe, su abuelo Sesmar. Y era esa comprensión lo que mas le enfurecía, por que era algo fútil, sin sentido, cada cual era cada cual, y Aras no debía dejarse llevar por esas fantasías infantiles que podrían costarles la vida, o peor aun, el futuro.
Por otro lado, se acordaba de Mandertal. Hacia tiempo que no sabia nada de su país, pero imaginaba a los herederos apoltronados en sus tierras, haciéndose ricos mientras dejaban las riendas del poder a Shainar, por que sin duda eso es lo que había sucedido. Desde el principio Shainar ansiaba el poder que le diera gobernar Mandertal. A veces incluso, pensaba si no habría sido capaz Shainar de asesinar a Ildur, pero lo desechaba rápidamente. Era demasiado hasta para Shainar.
Mandertal, que pasaría ahora en Mandertal. Por mucho que se empeñara en que con el no iba nada, sabia en lo mas profundo de su ser que no era así. Se imaginaba el pueblo arrasado por los impuestos, los niños famélicos por la falta de alimento que acarrearían los saqueos sucesivos de los herederos sin escrúpulos, como su primo Nasser, las calles sin ley llenas de asesinos y ladrones, sin nadie que protegiera a la bella Mandertal. A los hombres y mujeres de Mandertal trabajando en una tierra sin esperanza. Y entonces recordaba la profecía,
- llegara el día en que uno de nuestros gobernantes morirá sin designar sucesor
- Y los grandes señores se abatirán sobre su herencia para repartírsela, esto traerá la devastación a nuestras tierras, los propios dioses volcaran el cielo sobre nosotros, debido a nuestro egoísmo trayéndonos tormentas y tempestades, y la terrible hambruna que sufrieron nuestros antepasados resurgirá tras perderse las cosechas. Nuestros ejércitos destruyendo nuestras ciudades y acabando con el ultimo vestigio de nuestra noble sangre. Solo aquel que porte la antorcha de la llama verde será merecedor de gobernaros, y nos salvara de tan temible destino, trayendo la prosperidad a nuestro pueblo durante largos años.
29 Mandertal
Las sabias no fueron escuchadas cuando predijeron que el invierno se comería la primavera, cuando avisaron que se debía guardar grano y comida para los tiempos peores que estaban al llegar. Cuando pronosticaron una y otra vez que al repartir las tierras, el reino perdería su solidez. Las sabias no fueron escuchadas, y ahora Mandertal pagaba el precio.
La lluvia, el granizo y la ventisca se habían cernido sobre Mandertal, hacia mas de un mes que los elementos descargaban su furia sobre Azhara y los pueblos cercanos.
Las cosechas se habían perdido en su mayor parte, y lo poco que se había salvado no era suficiente para alimentar a Mandertal.
Los herederos se habían asesinado unos a otros, y ya solo quedaban los mas fuertes y crueles, los cuales dominaban sus tierras con una tiranía exenta de piedad, asolando las ya de por si arruinadas granjas.
Shainar había cerrado escuelas y bibliotecas. Había mandado encarcelar a las sabias. Proclamando que ellas eran las causantes de todas las desgracias. Que sus mentiras habían acarreado la época de desolación que estaba viviendo Mandertal. Que hacían tratos con los dioses sacrificándoles bebes.
Myllian estaba encerrada junto con sus demás compañeras en los calabozos de Azhara, todo lo que predijo se había cumplido con creces. Solo le quedaba rezar que Karsin se hubiera enterado de los últimos acontecimientos en Azhara y se quedara allí donde quiera que estuviese.
Izar el mercader había viajado hasta Azhara con la esperanza de hablar con el Regidor Shainar Ru. Su pueblo estaba pasando hambre, el heredero que lo gobernaba los había llevado a la miseria, y las continuas lluvias habían asolado los campos. Necesitaban desesperadamente ayuda. Cuando bajo del caballo en que viajaba una niña con un bebe en brazos se acerco a el.
- no podría buen anciano darnos algo de comer a mi hermanito y a mí-
Izar busco en su bolsa la poca comida que le quedaba y se la ofreció a la chiquilla, esta estaba sucia y parecía hambrienta y perdida. La niña se lo agradeció como si le hubiera regalado la vida y luego se dio la vuelta alejándose, Izar pudo ver claramente que el bebe que sostenía en brazos tenia los ojos vueltos, en blanco, la cara lívida y los labios sin sangre de aquellos que llevan muertos varias horas.
Alkes miraba a su mujer con lagrimas en los ojos. Algorab estaba tumbada sobre la cama de su casa, desnuda, la piel blanca como la cera, el oscuro cabello cubriéndole los pechos y su bebe inerte tapándole el pubis. Todo en ella la hacia asemejar al ángel que había sido en vida. Cuando el momento del parto llegó, no hubo ninguna sabia que fuera a ayudarla, y Alkes no pudo hacer nada por ella.
Rigel cavaba bajo la lluvia, hacia un agujero donde enterrar a su padre, mientras su madre miraba con los ojos perdidos el firmamento. Cuando se quedaron sin comida, Deneb había robado un pollo de la cocina de Nasser Kain, por desgracia, este lo había descubierto, había mandado atar a su padre a un poste del patio, mientras el violaba a su madre y luego se la cedía a sus amigos, luego le habían abierto el estomago y dejado que se vaciase sobre la tierra húmeda. Rigel observo todo desde un escondite en la pared. Cuando Nasser se fue, acudió corriendo al lado de su madre y entre ambos llevaron a Deneb hasta el castaño en el que solían sentarse a disfrutar de las meriendas que les hacia la abuela Hecka. Ahora ya había dos tumbas bajo el árbol, Hecka y Deneb. Rigel con escasos siete años tenia una mirada que muy pocos hombres podrían olvidar.
Las historias se contaban por miles en Mandertal, hombres que perdían a sus mujeres, Mujeres que perdían a sus hijos, y familias enteras que desaparecían bajo el azote del hambre y la miseria. Todos, niños y viejos, hombres y mujeres, volvían la vista hacia el horizonte, esperando ver llegar al portador de la Llama Verde. Esperando que este apareciera y se llevase la lluvia, el granizo, la ventisca, el hambre, la podredumbre. Rezando para que derrotara a los herederos y sobre todo, rogando para que hiciera desaparecer a Shainar Ru.
Después de estar mucho tiempo dando vueltas Ydarka tuvo que admitir la cruda verdad, se había perdido en medio de aquel terreno montañoso y se le estaba acabando la comida. ¿Cuanto tiempo llevaba caminando en busca de un sueño, una cura para su maldición?
Cuando aquel maldito mago loco le había lanzado el hechizo de Olvido jamás hubiera pensado que las cosas llegarían a ponerse tan negras, pero ahora Ydarka vagaba solo, con aquella cruel maldición que le atormentaba todos los días sin parar.
Ydarka tenía una vida plena durante el día, mientras brillaba la luz del sol, pero al llegar la noche un sueño mágico se apoderaba de él y al despertarse por la mañana todas sus vivencias del dia anterior, todas sus acciones, todas sus alegrías y las penas se habían