Nadhatan, estaba ocupado, la muerte del duque habia sido mas facil de lo que creia, y ahora tenia un par de dias hasta que todos los encargos que habia hecho en varias tiendas, asi que se pasaba la mayor parte del tiempo esperando en la biblioteca, nunca se sabia si podias encontrar alguna maravilla en el lugar mas insospechado.
Despues de estar 8 horas buscando en ella sin encontrar nada, salio a dar una vuelta a ver si se despejaba, todavia quedaba un dia y medio antes de que los encargos estuvieran listos, no le preocupaba la guardia, despues de su aventura nocturna, no habia dejado ninguna pista que lo condujera a el, y no creia capaz a los guardias que fueran tan estupidos como para arrestar a boleo sin ton ni son. Esa era otra faceta donde fallaba algo, habia vivido en un mundo donde los que no eran listos o tenian suerte o eran habiles o todas las cosas no sobrevivian mucho tiempo, asi que no sabia hasta que punto la gente en las ciudades podia permitirse el lujo no solo de ser torpe sino idiota de remate sin tener demasiadas complicaciones.
Se sento debajo de un arbol en la unica plaza donde podias encontrar alguno, que estaba en la entrada principal de la ciudad, estaba tan tranquilo cuando empezaron a llegar unos enormes carruajes llenos de criados, con libreas de diferentes colores y caballeros montados en magnificos caballos a los que la mayoria no sabia montar, segun pudo ver con su ojo clinico. Cuando de repente, uno de los nobles que llegaban montado en un bonito caballo negro, le reconocio en seguida, era o al menos hace tiempo el baron de Marquezzee, otro de sus objetivos, el debia tener el anillo de Moebiüs, un anillo que le permitia vivir joven y fuerte, regenerar practicamente cualquier herida, veneno o enfermedad.
Algo desperto sus instintos y se concentro mas atentamente, el que cabalgaba al lado de el era un mago, podia ver su aura si, ademas de un hechizo protector alrededor de los dos, pero habia algo mas, empezo a mirar atentamente por toda la plaza hasta que vio a dos personas que estaban cerca de la comitiva que acababa de llegar, una mujer que por su aura era maga y poderosa y un hombre con una aura muy interesante, debia tener habilidades innatas y al menos una de ellas la tenia activa y lo estaba mirando.
Traima, se sobresalto, primeo al ver repetirse las sensaciones cuando el joven reconocio a alguien pero antes de que pudiera saber a quien, este se volvio y lo miro directamente, era increible por como su aura se modificaba, sabia que lo estaba espiando, nunca le habia pasado. Se volvio para avisar a Amn pero cuando desvio la vista un instante ya no pudo verlo mas, habia desaparecido entre la multitud. Maldiciendo busco por toda la plaza pero no vio ni rastro, y el chico parecia demasiado habil y despierto para que la guardia no hiciera mas que el ridiculo, pero ahora si que tenian un problema, si no se equivocaba esa noche el chico iria a por uno de los nobles que habian llegado, miro a las decenas de nobles que estaban llegando y lanzo un suspiro.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
Apenas llevaba una semana en Amherich, pero había sido más que suficiente para verse contagiado del ajetreo que una ciudad de aquel tamaño soportaba. La banda le estaba resultando una ayuda imprescindible. Tal cantidad de gente respresentaba un reto constante, aún con la amortiguación que le proporcionaba aquella sencilla tira de tela.
A pesar del tamaño de la urbe, no le había resultado muy difícil orientarse en ella. El lugar presentaba una planta circular, con la zona norte asentada sobre la falda de una montaña baja, que era, a la vez, centro cívico y de poder del lugar. Allí era donde tenían sus residencias los mercaderes más ricos, los banqueros, algún que otro aristócrata venido a menos, y los Doce Señores de la ciudad.
En la parte este se agrupaban las viviendas y negocios de los artesanos, así como las de los arrendatarios de los enormes campos de cultivo que rodeaban la ciudad. En cierta forma, era la zona donde vivían los ciudadanos. Había también un buen número de posadas y tabernas, frecuentadas sobre todo por los guardias de los mercaderes, así como los de la ciudad.
Hacia la parte sur, que era la que en cierta manera hacía las funciones de entrada o salida del lugar, era donde se podían encontrar más comercios, artesanos y vendedores ambulantes. Parecía ser el punto de encuentro para cualquiera que tuviera algo que vender o buscase algo que comprar, fuera lo que fuera. Allí se mezclaban gentes de todo tipo y procedencia. Con diferencia, era el lugar con más posadas por metro cuadrado de toda la ciudad.
El pequeño núcleo del oeste era la parte más pobre. Todos los mendigos, lisiados, desahuciados y rateros la utilizaban de refugio, aun cuando pudieran pulular libremente por el resto del lugar. Había una zona dentro de ésta última a la que nadie se acercaba, y que a Setzer le había llamado la atención ya el primer día que entró en Amherich. Se trataba de la que todo el mundo llamaba Las Sombras. Nadie en su sano juicio, le habían dicho, entraba allí si quería conservar la vida y la cordura. Y si lo hacía de noche, es que realmente no tenía mucha cordura que perder.
Una de las cosas que más le había llamado la atención habían sido algunas tabernas, que por las noches ofrecían peleas como espectáculo. Por lo visto, había doce de éstas, una por cada uno de los Doce Señores. Cada una de ellas tenía un campeón, que cada noche aceptaba retos de quien quisiera disputarle el título. En toda su vida había visto Setzer tanto dinero cambiando de manos como en las apuestas que cada noche se hacían en aquellos lugares. También había oído decir que algunos de aquellos doce “campeones” hacían encargos especiales para el Señor al que representaban.
Otro rasgo peculiar de estos lugares eran unos enormes tablones negros, con nombres y números escritos en ellos con tiza. No le costó mucho descubrir que se trataba de nombres de delincuentes, y de las cantidades que se daba por ellos. En algunos incluso había dibujada una calavera, lo que significaba, le contaron los parroquianos, que daba igual que el tipo fuera entregado vivo, muerto, o las suficientes piezas del mismo como para corroborar que se trataba del sujeto en cuestión. Aquello lo había dejado fascinado y asqueado a partes iguales.
Para su suerte, Setzer encontró un trabajo a los dos días de llegar a la ciudad. Casi por casualidad, había ido a parar a un lugar que ni en sus más locos sueños hubiera imaginado: una biblioteca. Pero esta no era propiedad de una sola persona. Bueno, en realidad sí, pero el dueño en cuestión la había situado en un edificio aparte de su vivienda para ponerla a disposición de cualquier estudioso que necesitara hacer uso de ella. Por lo visto, uno de los Doce Señores era un mecenas interesado en cultivar las artes y la cultura, y poseía numerosas obras de gran valor, y esta era la biblioteca más grande de la zona, casi sin duda.
Tuvo aún más suerte cuando, al entrar, el menudo anciano que estaba a cargo del lugar reconoció sus vestimentas de monje. Más sorprendente fue aún el que el viejo le revelara que había conocido a su maestro hacía ya más de veinticinco años, y por ello había podido identificar la vestimenta de un monje de Kasei. Cuando Setzer le contó que acababa de llegar a la ciudad, Lagnan, que así se llamaba el hombrecillo, le ofreció trabajar para él en la biblioteca, ya que él estaba demasiado débil para andar cargando con pilas de libros, y otras faenas engorrosas. Así pudo Setzer ir aprendiendo más sobre la ciudad en un principio, y poco a poco algo más sobre el mundo que pisaba.
Lo siguiente había sido conseguir un alojamiento que pudiera pagar con el sueldo de bibliotecario. Al fin encontró una pequeña posada en la zona este de la ciudad. Había una caminata bien larga desde ella hasta la biblioteca, pero al menos era barata y bastante limpia, y no le importaba caminar. Además, por las noches, la zona era bastante más tranquila que el sector del sur, donde le parecía que debía ser casi imposible pegar ojo. A pesar de todo, aún por las noches necesitaba la banda, para evitar las intrusiones de los sueños de las gentes de por allí.
Fue una noche en la que le resultaba imposible dormirse a causa de los sueños inquietos de los vecinos. Decidió salir a despejarse. El pasillo al que daba su habitación daba a dos escaleras: una que iba a parar a la sala común de la posada, en la parte delantera; y otra que se dirigía a la parte trasera de la misma, para los que llegaban demasiado tarde y se encontraban cerrada la puerta principal. Fue por esta por la que salió a la calle.
Se limitó a vagar por las calles, con la mente vacía en uno de los ejercicios que había aprendido casi al mismo tiempo que a caminar. Sentía que el fresco de la noche apartaba algo del embotamiento que le producía la presión de las mentes ajenas. Sin darse cuenta, se fue adentrando cada vez más en la zona sur, entre todo el bullicio.
De repente, entre todas las voces que salían de las posadas, distinguió una. Una voz de mujer, una que ya había oido antes...
- ¡Te estoy diciendo que me dejes en paz, perro sarnoso!
- ¡Vaya! Parece que la gatita tiene uñas... ¿Qué te parece, Rhat?
La escena que se mostraba ante él, en la boca de un callejón cerca de una de las tabernas, le presentaba a tres tipos enormes, casi tan anchos como altos, dirigiéndose a una mujer, a la que no parecía hacerle mucha gracia que le prestaran atención aquellas tres moles. Setzer reconoció a la extraña mujer que se había encontrado en los bosques días atrás. Realmente no le parecía buena idea intervenir, pero inexplicablemente, sus pies lo estaban llevando hacia la escena.
- Vaaaamos, mi amigo te ha invitado a unos cuantos tragos. Lo menos que podías hacer es darle el besito que te ha pedido, ¿no?
- ¿Es que no entendéis lo que quiere decir NO?-. Respondió Celia, con un extraño dejo en la voz. Parecía algo... bebida. Setzer casi no podía creerlo; de hecho, no se creía lo que estaba a punto de hacer.
- Caballeros, ¿serían tan amables de dejar a esta señorita en paz?.- Se oyó decir. Y era él el que no quería meterse en problemas...
- ¿Y este renacuajo de donde sale?
- No sé, igual está jugando a caballeros y princesas... JAJAJAJAJA...- Era evidente que los cuatro estaban algo más que bebidos.
- Mira chavalín, será mejor que te pierdas antes de que te hagas daño... ¿Por dónde íbamos morenaza?
El que estaba en medio de ellos acercó la cara hacia Celia, intentando besarla. Ésta le giró la cara con un monumental guantazo, que provocó las risas de sus otros dos compañeros. Pero al primero no le hizo ninguna gracia. Lo siguiente para Setzer ocurrió como si todos se movieran bajo el agua, con lentitud. El tipo levantó el puño, dispuesto a golpearla. Setzer lo agarró del hombro y el gorila se giró hacia él. Al verlo, cambió el objetivo del puñetazo hacia él. Setzer apartó ligeramente la cabeza a un lado, dejando que el brazo del tipo pasara rozando su cara y, en un movimiento más rápido que la vista, le golpeó en la nariz, en la tráquea y en el plexo solar. Al pobre desgraciado se le salían los ojos de las órbitas mientras caía al suelo doblado por la mitad y respirando en gorgoteos.
El que estaba a su derecha había sido rápido en reaccionar, pero no le sirvió de mucho. Se abalanzó sobre él, intentando agarrarlo, pero para Setzer fue tan sencillo como darle un golpe seco de frente en la rodilla, que se dobló hacia atrás con un espantoso chasquido, y rematarlo, mientras aún caía, con un codazo en la mandíbula.
Entonces se dió cuenta de que había descuidado su espalda. Con apenas tiempo para girarse, vio como el tercero de había desenfundado un enorme cuchillo, y ya arremetía contra él. Sabía que iba a alcanzarlo, cuando de repente Celia apareció en la trayectoria del tercer armario. Cuando parecía que la cuchillada iba a alcanzarla, ésta movió sus brazos en un borrón, casi más rápido de lo que lo había hecho él mismo. Lo siguiente fue Celia sujetando el brazo del tipo retorcido de una forma extraña, y crujiendo conforme le aplicaba más presión. Acto seguido, lo soltó, propinándole un rodillazo en la entrepierna con todas sus fuerzas y, girando sobre sí misma, le golpeó con el talón en la barbilla, levantando al pobre desgraciado medio metro del suelo, y enviándolo a las sombras del callejón.
Setzer no podía creerlo. Se había movido más rápido que él. ¡Borracha y todo! Y no conocía ese estilo. En el monasterio de Kasei le habían enseñado nociones de otros estilos de artes marciales, como formación complementaria, pero jamás había visto nada que se pareciera a lo que acababa de ver. Estaba tan asombrado que apenas oyó a Celia cuando lo llamó:
- Eh, tú. ¿Sezzer? ¿Qué hacess aquí? Vaya lío has montado. Ya lo tenía controlado, ¿sabess?.- A Setzer le pareció notar cierto reproche en el tono de su voz; y cierta cantidad de alcohol en su aliento. - Ya casi los tenía en el callejón, donde loss podría haber pateado a gussto. Ahora tenemoss que largarnoss de aquí, antess de que algún guardia haga preguntas... ¡Vamos!
Diciendo esto, lo agarró del brazo y se lo llevó a la carrera por los oscuros callejones de Amherich. _________________ Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquà tengo por mÃo
cuanto abarca el mar bravÃo,
a quien nadie impuso leyes.
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marcus_thorne@jabberes.org
Ailiv
Hacia escasos días que había abandonado Orzam, y se dirigía en compañía de sus nuevos amigos hacia la ciudad que mencionaran las hormigas, pero como no sabia el nombre, ni tampoco su ubicación exacta, mas bien podría decirse que deambulaban sin rumbo fijo.
Ailiv confiaba en que Elliot los guiase hasta la urbe, no por que Elliot supiera donde estaba, si no por que era algo así como un dragón con suerte, con una suerte extraña, pues podía ser buena o mala, pero suerte al fin y al cabo, también tenia una rara capacidad para encontrar, lo malo es que no encontraba exactamente lo que buscaban, si no mas bien lo que no esperaban.
Un ejemplo de este extraño don, era que últimamente se encontraban inmersos en los sucesos más insospechados. El ultimo había tenido lugar hacia apenas escasos minutos, de hecho aun estaban bajo sus efectos por decirlo de algún modo.
Habían oído risas y llantos en el bosque, y al acercarse al lugar del que provenían, habían descubierto a un hombre desnudo tumbado sobre una roca, este lloraba amargamente, mientras murmuraba sin descanso una especie de letanía sobre vejez y muerte, para, a los pocos minutos comenzar a reír como un poseso mientras gritaba a los cuatro elementos que seria joven eternamente.
La mujer, el perro y el dragón se miraron unos a otros. Elliot se encogió de hombros y se hizo invisible, Perro gruño. Ailiv se sentó sobre la roca y acaricio al hombre en la espalda, este levanto los ojos hacia ella, tenia la mirada perdida, errante.
- ¿También tu vienes a ver a Ynnus? - pregunto el joven -
Ailiv negó con la cabeza.
Tras un rato el hombre siguió hablando.
- Yo estaba solo y perdido hasta que esta revelación escrita en piedra vino a mi. Desde entonces mi vida a encontrado su rumbo. Mírame, soy hermoso, soy joven, ninguna arruga afea mi cuerpo, ninguna cana mi cabello, mis azules ojos lucen hermosos sobre mi tersa cara, mi musculoso torso asevera mi juventud, mis fuertes brazos y piernas, perfectamente moldeados y formados son la envidia de todos los jóvenes del mundo, mi belleza no tiene parangón, y así será eternamente.
- ¿Cuándo encontraste la estela? - pregunto en un susurro Ailiv-
- Hace apenas una hora, pero desde entonces todo ha cambiado.
Ailiv miro al hombre detenidamente e inclino la cabeza dulcemente. Tras otro rato de silencio el hombre volvió a hablar.
- Aunque haga poco tiempo de la revelación se que esta es cierta. Todo lo que me promete Ynnus es lo que deseo. Gracias a sus palabras he visto la realidad de mi situación.
Ailiv continuo callada. El hombre se separo de la roca, indicando con una mano las palabras grabadas.
- Lee, veras que tengo razón. Solo Ynnus comprende a los que son como yo. La belleza solo puede ser comprendida y guardada por un dios.
Ailiv poso su vista sobre la roca y comenzó a leer en silencio. Algo movió sus cabellos, un soplo de brisa invisible, quizás la cabeza de un dragón verde de pelo rosa.
Sombrío es el ciclo de la existencia
Doloroso el abrupto sendero de la edad
Astuto, el tiempo se torna demencia
Para el que es efebo con beldad
Pues con pálido flujo la inocencia
tiempo ha se torno incredulidad
convirtiose la perfección en tara
la belleza, en repugnante fealdad
para que llegar a la decrepitud,
para que a la longevidad sucumbir
ofrece a Ynnus tu juventud
pues al expirar podrás vivir.
Empapa el ara con tu sangre
excítala con tu piel
deja que tus huesos la envuelvan
pues ninguna falta te harán
allá donde esta Ynnus
tu también estarás
serás rayo, frescor, y vida
tu belleza no marchitara.
Al acabar de leer Ailiv se quedo pensativa, parecía como si escuchara el susurro de la brisa, al cabo de un momento habló.
- Ynnus no es el dios de la juventud.
- Por supuesto que si que lo es, solo tienes que leer lo que promete.
- Rayo, frescor y vida.
- ¿Y que mas puede desear alguien como yo? Ser eternamente joven, ser adorado, ser amado por las demás criaturas y honrado como el ser mas bello que existe.
- ¿Ser tormenta es tu deseo?
- ¿tormenta? Estas equivocada. Fuerte como un rayo, Fresco como la juventud, Vivo en el paraíso de Ynnus.
Ailiv desvió la vista hacia la piedra.
- ya se que no pone nada de eso pero se sobreentiende. - dijo el hombre a la defensiva-
- ¿qué sabes sobre Ynnus?
- No me hace falta saber nada, creo en el, solo el ha sabido entenderme.
- ¿has hablado con el?
- Intentas hacerme dudar, pero no lo conseguirás, le daré lo que me pide, y cuando mueras vieja y decrepita te estaré esperando joven y hermoso en el paraíso.
Y mientras así decía se giro hacia un precipicio que había a escasos metros, la miro altaneramente y salto por el.
Ailiv suspiro y se acerco hasta el borde, el hombre estaba tumbado sobre un montón de ramas colmadas de hojas, no parecía haber sufrido ningún daño.
Elliot se volvió visible y se encogió de hombros, parecía que ahora su suerte estaba de buen humor. Ailiv le acaricio la barrigota y sonrió. Luego los tres amigos descendieron por el barranco.
El hombre estaba de mal talante, despotricaba acerca de que hacia un colchón de ramas bajo un precipicio, de que le habían fastidiado el día. Cuando vio acercarse a los compañeros, apenas se inmuto, pestañeo un poco al ver al enorme dragón verde y rosa, pero tras una segunda mirada desdeño cualquier comentario, no alcanzaba a su increíble belleza, por lo tanto, no era digno de mención.
- parece ser que la suerte me ha sido adversa, pero no cejare en mi empeño.
Ailiv le sonrió.
- He decido acompañaros un trecho hasta que encuentre un lugar digno de mi muerte. Así podréis disfrutar de mi beldad. - continuo a la vez que erguía sus hombros y se quitaba ramitas del cabello.
Y dicho y hecho, sin pedir permiso se dispuso a caminar al lado de ellos.
Y así fue, como una mujer que no habla, un perro sarnoso, un dragón verde de pelo rosa y un hombre hermoso y desnudo asombraron a los animales del bosque en su paseo.
bueno y eso es todo por hoy, mañana mas. _________________ lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.
Comienza tu dÃa con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahà desentonando con todo el mundo
Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
El viento del oeste traía consigo el aroma del mar. Soplaba suavemente por los caminos llevando el dulce olor de la sal.
Damrod se agarró un poco más a su capa. El olor del mar le hizo sonreír. Hacía tiempo que no estaba cerca de él, desde que los Lobos de la Noche fueran contratadas por la ciudad de Shaled, su nuevo destino.
Debido a su anterior viaje tiempo atrás, sabía que en Shaled había una gran biblioteca con grandes maestros del conocimiento.
Rastek aceptó en acompañarlo. Parecía contento de viajar al oeste, o quizás fuera que podía compartir su extraño secreto con alguien más y que éste no lo mirase extrañado.
Damrod desvió su mirada hacia él. Los pasos de Rastek eran amplios. Le costaba trabajo continuar con la marcha del ser.
Los caminos parecían poco transitados. Tras una gran túnica, Rastek se protegía de las posibles miradas de los pocos comerciantes o vagabundos que se encontraban por el camino.
Rastek le había contado que era un ser creado por la magia. Conocía al anciano que le dió la espada, pero apenas hablaba de él, sólo decía que era parte del pasado y que no era necesario que supiese nada más.
Parecía distante, siempre vigilante.
El aire era fresco, y una fina lluvia comenzó a caer sobre los campos. La luz del día comenzó a extinguirse debido a los nubarrones que comenzaron a agruparse en el cielo y la caída del anochecer.
- Tendremos que buscar un refugio para pasar la noche -dijo Rastek oteando el cielo-. Probablemente llueva toda la noche.
Damrod le siguió a través del borde de matorrales del camino, adentrándose en la espesura de un bosquecillo.
Sintió un pequeño escalofrío, no guardaba buenos recuerdos de sus noches al aire libre, y menos desde su encuentro con los Ke'lal.
- Construye el campamento -dijo Rastek observando el bosque-. Voy a explorar.
- De acuerdo.
Las sombras de la noche se mecían con el viento y el ruido del viento con las ramas de los árboles le erizaba la piel. Rastek observaba todo a su alrededor. No se le escapaba nada.
Hacía tiempo que no sabía lo que era el miedo, pero ahora, con esa joven criatura, se sentía extraño.
Parecía tan débil ante el mundo... extraño. Un ser como el que intentó destruírlo, parecido a esas sombras que le perseguían.
Sentía el deber de protegerlo... sabía que lo había buscado desde hacía tiempo, y ahora lo había encontrado.
No podía fallar a su promesa, una promesa tan antigua que ni siquiera recordaba...
Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Tan sólo el viento.
Volvió silencioso al campamento. Damrod estaba arropado con su capa en el suelo. Rastek se acercó a la hoguera y pronunció unas extrañas palabras. El hechizo los protegería de los Ke'lal.
Si sabían donde estaban. Se colocó en uno de los extremos de la casi extinta hoguera y descansó.
Aún les quedaba viaje por hacer. Mañana sería un día largo. _________________ Prestas las Lanzas... La vida es sólo un sueño.
Prestas las Lanzas... Todos los sueños se acaban.
Oculta bajo la capa pudo penetrar en el palacio de Kirpalon. Lo que allí vio la dejo asqueada.
Nada mas atravesar los portones se encontró en un enorme recibidor, en él había situadas varias puertas y una espléndida escalera de mármol que hacia menos de dos días era blanco, pero ahora se presentaba rojo por la sangre derramada. Recorrió lentamente la sala hasta una de las puertas y la abrió, en su interior no había nadie, excepto mas manchas rojizas, salió e investigo todas las puertas del gran vestíbulo, al no encontrar nada aparte de sangre decidió subir por la escalera, allí encontró un inmenso pasillo, y muchas puertas en él, comenzó a abrir una tras otra sin resultado alguno, exceptuando la sempiterna presencia de sangre, por lo que siguió inspeccionando el palacio hasta que al abrir una hermosa puerta de roble, se encontró con una escena dantesca.
Era, o había sido un magnífico salón, repleto de amplios ventanales por los que se colaba la luz de la luna, estos descubrían a sus ojos la carnicería que había tenido lugar en él.
Sangre en el suelo, sangre en las paredes, sangre en la mesa, sangre por doquier, pequeños restos de lo que posiblemente fueran vísceras pertenecientes a alguien se hallaban desparramados aquí y allá, las sillas caídas, la mesa volcada, las cortinas arrancadas narraban la lucha que había tenido lugar allí.
Ariel retrocedió un paso y al plantar el pie en el suelo oyó un choff, inclinó lentamente la mirada, para encontrarse con un ojo aplastado bajo la suela de su bota. En ese momento abandono todo asomo de razonamiento, y dando un grito echo a correr por los innumerables pasillos del palacio. Cuanto más corría, mas se perdía, cuanto más se perdía mas aterrada estaba pensando en que podía encontrarse con el sádico asesino. Abría una y otra vez las mismas puertas, recorría una y otra vez los mismos salones, subía y bajaba inútilmente por las mismas escaleras, no era capaz de encontrar la salida. Por fin paró su loco vagar y se apoyo en una pared, su corazón latía acelerado dentro de su pecho, la capa colgaba descuidadamente de un hombro, el cabello enmarañado y sudoroso el cubría los ojos impidiéndole ver correctamente, se lo retiro con una temblorosa mano de uñas partidas. Inhaló profundamente y cerro los ojos. Notó que poco a poco se iba calmando. Miró a su alrededor, no parecía que hubiera nadie, era un milagro que ninguna persona hubiera oído sus gritos, aunque bien podía ser, por que el palacio estaba construido con sólida piedra y las paredes interiores estaban en su mayoría cubiertas por tupidos tapices. Se coloco la capa de manera que nadie la viera, y acto seguido se planto en mitad del pasillo. Camino por el buscando una ventana, cuando por fin la encontró se asomo al exterior, estaba en el segundo piso, imposible escapar por ahí, sacó mas el cuerpo y oteó la periferia, por fin reconoció el sitio al que daban los ventanales en que se encontraba, se había desviado muchísimo, ahora solo era cuestión de variar el rumbo, y continuar asomándose a las ventanas para comprobar que estaba orientada en la dirección correcta, la dirección que le llevaría hasta la salida.
Los enormes portones se abrieron silenciosamente, pero nadie salió a través de ellos, los guardias se asomaron a mirar que había podido abrirlos, para tras unos instantes dieron por sentado que había sido el viento o algo parecido, en noches como esa, era mejor no pensar demasiado.
Ariel salió del palacio oculta por la capa mientras los soldados se preguntaban rascándose el cráneo bajo el casco por que se habían abierto los portones.
Una vez encontrado el camino de regreso había sido muy sencillo salir al exterior. Atravesó de nuevo el patio, solo unas pequeñas huellas en el barro delataron su presencia, pero nadie se paró a mirar al suelo, estaban muy ocupados investigando los alrededores y registrando a los pocos borrachos que quedaban en las calles, según pudo oír, había llegado una nueva partida de nobles babosos.
Se encontraba de nuevo en la calle, justo enfrente de la tienda en que había sido arrestada. La luna estaba en su cenit en el cielo, y las calles se mostraban silenciosas. Seguía envuelta en la capa, lo que impedía que nadie la viera. Se acerco hasta la tienda, en sus ojos se dibujo una mueca traviesa impregnada de rencor. Rodeo el comercio buscando la puerta trasera. La encontró sin dificultad. Era una cochambrosa puerta de madera vieja, con una pequeña y sucia ventana en la parte superior. Bajo la mirada al suelo, sonrió, se agachó y cogió una piedra del tamaño de su puño. La estrelló contra el asqueroso cristal, acto seguido cogió un palo y con el golpeó las esquirlas que quedaban, cuando la ventana quedo limpia, introdujo el brazo por ella y abrió la puerta.
La trastienda estaba igual de sucia que la ventana, los estantes se veían llenos de polvo y el suelo estaba pegajoso bajo sus pies. Fue vaciando una por una todas las estanterías, estaban llenas de trastos inútiles, al menos para ella, lentes, telas, cojines, mantas, herramientas, de todo un poco, cuando todo el contenido estuvo desparramado por el suelo, selecciono un par de las mejores mantas, luego cogió las telas, los cojines y las restantes mantas y las coloco cuidadosamente sobre los demás trastos, una vez hecho esto, cogió una enorme maza que había apoyada en la pared y se dispuso a machacarlo todo, con mucho cuidado de no hacer ruido por supuesto. No lo hizo por maldad, si no mas que nada, para que el estúpido y traicionero tendero se fastidiase un poco.
Luego se dirigió hacia la parte delantera. Allí encontró un petate del que se apodero, la vendría bien para meter todas las cosas que tomase prestadas.
Vació también los estantes que encontró y selecciono dos de los mejores y mas seductores vestidos, un par de pantalones, otro de camisas, unos zapatos coquetos y unas buenas botas de montaña, cogió también algunos cinturones, una cantimplora, un par de dagas con empuñadura de oro, un peine de nácar , todas las joyas buenas que encontró (que por cierto fueron pocas, ya que casi todo eran falsificaciones) y las pocas monedas que había guardadas bajo un tablón suelto en el suelo, reviso la tienda por todos lados buscando algo mas de valor, y al no encontrarlo, asió la maza, y se dispuso a llevar a cabo su pequeña venganza, destrozo todo cuanto era posible destrozar sin hacer demasiado ruido. Tras esto, se vistió con la ropa nueva, coloco el resto de las cosas en el saco y echo un ultimo vistazo. Cabeceo satisfecha, acto seguido se colocó la capa, abrió la puerta sigilosamente y recorrió la calle con la mirada, como no vio a nadie, salió. Se alejó de Orzam a paso rápido, pronto se haría de día. _________________ lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.
Comienza tu dÃa con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahà desentonando con todo el mundo
Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
Traima estaba preocupado, después de pensarlo un poco, se le ocurrió una idea, se concentro en los viajeros y bingo, allí estaba un objeto mágico único y reconocible, como los que llevaba el chico. Ya sabia quien iba a ser la victima, pero seguía teniendo un problema, se suponía que el estaba allí para añadir seguridad a la reunión de nobles, así que hablo con su maga favorita explicándole lo que había averiguado.
La noche no se hizo esperar, cuando los nobles recién llegados se enteraron de la muerte de la noche anterior se armo un buen alboroto y cuando Amn informo de quien podría ser la próxima victima. Se aumentaron las medidas de seguridad, el barón no se preocupo mucho, dijo que estaba protegido y no había fuerza en este mundo que pudiera dañarlo.
El numero de guardias en las inmediaciones era impresionante, Amn y Traima estaban cerca de la entrada principal y las horas pasan y pasan, hasta que amanece sin que nada extraño ocurra, tras comprobar que dentro de la casa todo esta normal. El mago del barón dijo que sus conjuros detectarían cualquier intruso mucho antes de que hubiera peligro real, que solo eran unos alarmistas que imaginaban peligros por conseguir notoriedad.
El día paso de reunión en reunión entre los distintos embajadores, con el barón burlándose cada vez que podía de Amn, esta estaba cada vez mas dispuesta a cortarle el cuello según pasaba el tiempo, pero no fue hasta el mediodía cuando comprendió que clase de “hombre” era el barón. Cuando estaban en uno de los numerosos descansos el barón vio a una mujer que pasaba por la calle y señalándosela a su mago este le lanzo un conjuro que hizo que la mujer entrara y se entregara al barón, mas tarde Amn vio a la pobre mujer llorando en una habitación apartada del palacio donde se hacían las reuniones llena de cardenales, y cortes en la piel, atada a la cama y con la piel en carne viva en algunos lugares. Ella sabía que habían usado magia para controlar a la pobre mujer y si no fuera porque tenía ordenes de proteger a todos los miembros de las conferencias habría convertido en eunuco al barón allí mismo.
De hecho fue Traima el que tuvo que apartar a Amn, físicamente para que no lo hiciera después de curar a la mujer y ayudarla en lo que pudo, hecho que no paso desapercibido por el barón así que convenció a sus superiores que la apartaran de su presencia y la retiraran de la protección de las reuniones. Traima la convenció de que lo mejor era que se fuera hasta que se le pasase el enfado y pensase con claridad, aparte que le advirtió de los enormes poderes del anillo que llevaba y del mago que le protegía. Amn que no era tonta y se le escapaban pocas cosas arrincono a Traima y consiguió sonsacarle algunas cosas, menos de lo que quería pero mas de lo que normalmente decía. Y la conexión entre el asesino, el barón de Marquezzee y duque de Kirpalon , esos objetos mágicos de gran poder y complejidad con la firma exclusiva de un verdadero genio.
- Tu crees que el asesino no se ha ido, sino que no parara hasta matar al barón ¿no?
- Si
- Bien, se supone que ya no estoy al cargo de su seguridad, pues nos vamos de fiesta y a pasarlo bien.
- ¿Ir…..nos?
Dicho eso Amn agarro por el brazo a Traima algo confuso y se lo llevo con una sonrisita en la cara que hubiera puesto los pelos de punta a muchos hombres que hoy en día vivían casados y con familia numerosa por haberla visto en sus dulces mujercitas cuando todavía eran solo novios.
Nadhatan estaba en esos momentos en la casa donde había dormido el barón, como sospechaba la vigilancia no era tan estricta y severa como la noche pasada, se había pasado gran parte del día lanzando conjuros y eliminando o modificando los conjuros protectores que había en la casa. Los pocos guardias que había nunca sospecharon que la sombra algo mas alargada de lo que debiera o la brisa era algo más. Una vez que termino se escondió y se puso a esperar.
No tuvo que esperar mucho, al poco tiempo el baron estaba en la casa con sus guardias, su mago y unas invitadas que parecia que estaban alli por su propia voluntad. Las dos jovencitas le eran familiares, enseguida las reconocio como dos de las que habia liberado en la casa del duque de Kirpalon. Podia escuchar la conversación del baron perfectamente, los conjuros que habia preparado estaban dando sus primeros frutos y el mago no se daria cuenta hasta que fuera demasiado tarde.
- Asi que fuisteis elegidas por el duque, pues ahora os hare el honor de mi atencion.
Y con una señal a su mago este las inmovilizo y las condujo a sus habitaciones para atarlas. En el momento que el mago terminaba se paro y elevando la vista dijo alarmado:
- Los conjuros de alarma y protectores han sido modificados.
Esa fue la señal de actuar, con una palabra desencadeno la serie de conjuros que estaban preparados, todos los que se encontraban fuera de la habitacion cayeron en un sueño profundo, las puertas y ventanas del palacio quedaron selladas e impenetrables. La armadura de sombras le cubrio por completo y salio al ataque. El mago rapidamente se puso delante de su señor y empezo a invocar su magia.
Durante parte de la noche los estallidos, estruendos y alaridos sonaron dentro del palacio del baron y los guardias del exterior no pudieron entrar a pesar de intentarlo. Hasta la mañana siguiente no consiguieron encontrar a la maga Amn y llevarla a la mansión, pero ya era demasiado tarde, ya habia terminado todo, con dos unicos testigos los chicas que estaban abrazadas en la cama del baron sin moverse un centimetro.
Pero ya antes de llegar toda la ciudad sabia que alguien habia entrado en la mansion del baron de Marquezzee y lo habia matado, igual que al duque de Kirpalon, los rumores hablaban ya de un asesino cubierto de sombras que mataba a los corruptos y los degenerados.
_________________ La locura no siempre es enfermedad, el loco dice cosas que los demás no se atreven a expresar.
Bueno, para empezar siento no haber escrito antes pero es q he estao un poco ocupao y a decir verdad también se me ha olvidao durante un tiempo . Así que intentaré seguir escribiendo poco a poco. Siento no haber seguio antes.
El sol comenzaba a alzarse en el horizonte sobre el mar, cuando levantaron el campamento para continuar su camino. La noche había transcurrido tranquila y en calma.
El camino mostraba marcas de las carretas y caballos que la transitaban asiduamente, puesto que Shaled era una gran ciudad comercial, debido en parte a su importancia pesquera, puesto que era una de las ciudades más importantes de la costa. Después de caminar largo rato se acercaron a las puertas de la ciudad.
La ciudad se alzaba sobre unos acantilados, con sus imponentes murallas protegiéndola de cualquier posible ataque. El camino mostraba un mejor estado a medida que se acercaban a las puertas de la ciudad.
Las patrullas paseaban de un lado hacia otro entre los campesinos y comerciantes que entraban y salían de la ciudad, alzando el estandarte del delfín blanco sobre fondo azul de la ciudad, que se alzaba también en las altas torres de la ciudad.
Damrod sintió la mano de Rastek sobre su hombro y se detuvo.
- No creo que debo entrar, si no me descubren los guardias lo hará la magia protectora de las murallas. Estaré por aquí cuando me necesites, pero si no puede esperar utiliza esto- introdujo su mano bajo su capa y le entregó una pequeña piedra-, e intentaré ayudarte lo más rápido posible.
Damrod observó pensativo la pequeña piedra antes de encaminarse hacia las puertas, mientras Rastek permanecía de pie, ocultándose más aún con la capa para que las miradas curiosas de algunos caminantes sólo viesen la figura de un hombre encorvado.
Los guardias le permitieron el paso sin ningún problema. Tras las murallas, la ciudad se mostraba rebosante de vendedores y comerciantes anunciando sus mercancías, de hombres y mujeres caminando de un puesto a otro mientras algunos carromatos o carretas intentaban abrirse paso entre el gentío. Algunos guardias estaban apostados a un lado de las calles, observando como estatuas.
Damrod caminaba sin prestar mucha atención a su alrededor, aunque sí bastante sobre sus posesiones. Conocía bastantes ciudades y sabía que su bolsa podría correr bastante peligro, a pesar de los guardias.
El sol se alzaba ya sobre la ciudad, y sintió el hambre que atenazaba su estómago, así que se dirigió hacia la posada más cercana que tenía a la vista.
Según el viejo letrero que colgaba sobre la puerta, su nombre era “El pez volador”. Damrod permaneció pensativo antes de entrar, acariciando la empuñadura de su espada.
Cuando volvió en sí, advirtió que un hombre lo miraba con mirada temerosa desde un lado de la puerta de la posada. Damrod caminó hacia la posada, ignorando como el hombre retrocedía lentamente y se alejaba caminando cada vez más rápido echando miradas temerosas hacia atrás. _________________ Prestas las Lanzas... La vida es sólo un sueño.
Prestas las Lanzas... Todos los sueños se acaban.
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