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Publicado: Mar Jul 31, 2007 9:04 pmAsunto: JAQUE MATE
Inspirado en un álbum de Queen: Queen II
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JAQUE MATE
Sus ojos volvieron a mirarme tristes “¿Es que no ves?” les oí susurrar. Pero sólo vi sus pozos negros sonriendo, como cuando todo comenzó...
Era una noche sin respiración como la de ahora, besos luminosos me guiaban hacia su sombra mientras caminaba sólo por el camino a través de las lágrimas vidriosas que se rompían al caer.
La brisa susurraba dulces sonidos de amor mientras sus lenguas puntiagudas se me clavaban como pequeñas agujas cuando el camino se iba rasgando sin yo saberlo.
Las palabras provocadoras de la creación del tablero retumbaron nuevamente. Un trueno les dio fuerza “Luché contigo, luché en tu bando” me repitió una y otra vez. Su voz varonil aún se dejaba sentir, su sonido familiar llamándome, arrastrándome aquí...” No destruyas todo lo que pises. Simplemente construye, crea. Eso es haber vencido a la tierra.”-me dijo –“ El yugo del esclavo pesará más y más mientras los reyes serán coronados... pero mis palabras quedarán para siempre en tu memoria. Tú no entenderás ni querrás comprender nada de lo que digo, pero las transmitirás antes de morir. Y esas palabras seguirán y seguirán... ”
Mi pena se dio a conocer, siniestra y oscura, como siempre apareció sin más. Y fue entonces cuando ella, piadosa nube nacida de la tristeza, apareció ante mis ojos en medio del camino...
Era como una reina blanca, su cabello perfumado estaba repleto de hijas de la luna y éstas se empequeñecían cuanto más se acercaba a mí.
Ella caminó hacía mí y la noche creció muda palideciendo ante ella pero la necesidad no fue escuchada, el ruego se hizo carne y ella no lo sintió. La tristeza se reflejó en mis ojos pero ella estaba ciega y no quería ver, no quería entender...
“¿Cómo te fue?¿Qué te ha visto?”- me preguntó el arpa que brotaba de su alma.
Yo, asomado a su ventana, la llamé y amé las pisadas que ella había hecho y cuando se me acercó aún más, ¡oh, reina blanca cómo tus estrellas me asediaron, cómo sufrió mi corazón! Mis labios pastos del fuego no pudieron decir nada, mi amargo cuerpo no se movió, mi oscuro miedo me lo impidió. Es por eso por lo que aún espero, por lo que aún caigo. Hablé demasiado tarde, tan tarde... es para siempre más para lo que espero.
Ella se marchó tal y como había aparecido junto a mi pena siniestra y ennegrecida por el terror, por el paroxismo del que vive, más mi sueño real continuó, mi camino parecía no poder acabar nunca puesto que los laberintos se extendían ante mis ojos, pero yo ya los había recorrido. Años atrás, horas atrás.
Mi llegada a la casa que lamía el sendero me recuperó de las viejas palabras “Recuerda que yo estaba de tu lado tiempo antes de que tú nacieras. Recuerda las palabras que te dice tu padre y guárdalas en tus cabellos, briosos crines que derraman muerte y abismo ante el viento.”
Una sopa fría y una pipa encima de una silla me esperaban en su interior. Un extraño anciano me invitó a sentarme y comer. Así lo hice.
“La batalla final ya ha empezado. ¿Vendrás esta noche?”- sus ojos miraron en mi dirección. Yo seguí bebiéndome la sopa mientras él fumaba la pipa. El humo sofocante quemaba mis ojos y no me permitía ver con claridad. Pero esa sensación ya era vieja para mí.”Sígueme”.
Fuimos en dirección de la montaña de dos espejos, la nueva luna brillaba y un sonido surgido de las trompetas de algún extraño ser, hizo estremecer la tierra bajo un terrible escalofrío “Esta es la señal para encontrar un nuevo destino. Ven esta noche. Ven a la batalla”
Seguí sus pasos, la nueva luna me miró con gesto ausente. “¿Es que no ves?” le oí susurrarme con su gélido aliento.
“¿Por qué te sigo? ¿Adónde vas?”. Él me señaló el camino.
Caminé y caminé por el sendero hasta un espejo custodiado por dos enormes ostras violetas orantes. “ Todo lo que haces tiene un por qué. En cada alma muere un hombre. En cada alma duerme un dios pero hasta el fin de sus días la locura podrá dar un poco de alivio. Descubrirá y decidirá... más será ya tarde.”
Mientras las ostras oraban y oraban rezando con la fuerza de mil pergaminos, del espejo surgió un gigantesco mono negro, que me agarró con su cola fuerte e increíblemente grande y me introdujo junto a él en la puerta de la montaña de dos espejos.
Entonces llegó ella, la reina negra atravesando la noche muerta, y la nueva luna fue asesinada, eclipsada por su fuerza.
“Yo gobierno con mi mano izquierda porque soy la Reina de todo lo sombrío y juzgo con mi derecha porque soy la Señora de la noche. Ahora soy tu Reina. Yo esclavizo el poder. Baila mi danza, toca mi música ”
Mis labios se entreabrían, las palabras iban a brotar cuando, entonces, la vi otra vez...
El arpa blanca de su alma volvía a hablarme, su cabello cubierto de luz y verdad revoloteaba delante de la reina negra, su dulcísima sonrisa era sólo para mí y sólo yo bebía de su cálido elixir...
“Jamás has oído mi canción antes. El ruido era demasiado fuerte y la cercenaba. Ahora sé que me escuchas. Ahora veo que bebes de las lágrimas que vierto. Ninguna estrella puede iluminar tu camino. La bruma del miedo y el odio no deja ver. Pero algún día, alguno...”
La reina negra sonrió y ella volvió a dejarme sólo. Las piezas del tablero jugaban. Los peones y los caballos se enzarzaban en duras batallas, de igual a igual.
-“Ahora baila mi danza. Toca mi música”
-“ En tus manos estoy. Haré tu voluntad, seré lo que te gusta. Me convertiré en tu chico, me desnudo ante ti”
Sus pozos negros sonrieron, su sonrisa era sólo para mí y sólo yo bebía de su oscuro elixir...
Me entregó un objeto. Yo sabía que sólo tenía que soplar. Que era el céfiro lo que alimentaba su diminuta vida. Y soplé hasta que su pensamiento me abandonó, hasta que la bondad que había en ella desapareció de mi memoria. De las entrañas del objeto brotó un alarido, como salido de las trompetas de algún extraño ser...
“Esta música ha sido poseída por mí...” dije mientras mis piernas cedían ante mi peso “Yo la he oído antes y yo la he amado...” dije mientras mi carnoso cuerpo contactaba contra el duro y rocoso suelo.
Pero no lo sentí. Las piezas jugaban y se acercaba el fin del rey, sus tropas se rendían ante el paso de ella...
Sentí el calor de la vida sobre mi mejilla, un recuerdo me despertó a lo que era ahora. Así que desplegué mis alas como un ángel y atravesé la montaña de dos espejos raudo como el dolor hacia el fin del camino.
Pero volaba demasiado rápido, el céfiro poseyó mis alas, envolviéndolas con su fuerza. Se machacaron en sus fauces dulcemente, en paz... la espina de mi exhalación hizo brotar pétalos de cristal de mi ser mientras de mi roto corazón brotaban manantiales de amargo vino. El monstruo del vacío me esperaba. Quebradas mis alas ya sólo podía caer en sus manos y mi destino sería su voluntad... tan solo me quedaba el caer y morder el polvo, el caer y arrancar mi memoria a mordiscos.
“Los ríos se han secado. El viento ha dejado de respirar, y el sol ha dejado de brillar. Tu ser está mutilado y roto, pero yo te aliviaré.”
Ella me sostenía otra vez. “Por favor no llores más” me dijo. “Susúrrame...” le rogué. Su piedad me abrigó en sueños de mieles y laureles, su voz blanca era aliento de dioses y brotaba como el maná puro e inocente para alimentarme.
Sus ojos volvieron a mirarme tristes. “¿Es qué no ves? les oí susurrar. Y vi en sus ojos los pozos negros que tanto temía. Ella me volvió a mirar y acercó sus ahora ennegrecidos labios a mis pálidos oídos “ Jaque mate” me susurró mientras me soltaba.
Esa vez ya no lloré... _________________ "Homo hominis lupus"
"El hombre es un lobo para el hombre"
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