Sedice: Una de las comunidades herederas de Cyberdark. Para discutir e informarse sobre Ci-Fi, Fantasía y Terror. Un sitio en el que comentar cualquier cosa que te preocupe y donde siempre serás escuchado. Incluye también un Rincón del Autor donde los autores y los lectores se fusionan en una tertulia amena
Registrado: Jan 30, 2002 Mensajes: 79 Ubicación: Madrid
Afiliaciones:
Ninguno
Publicado: Mie Mar 13, 2002 5:05 pmAsunto:
...Y como en el peor de mis sueños fui arrojada a un tunel vacío y oscuro. Caí, caí y volví a caer cien veces. Una esencia amenazadora, perversa, llenaba mis sentidos, me inundaba por dentro como un vaso a punto de colmarse. Ya al hilo de la inconsciencia, choqué contra el suelo. Fue un golpe sordo.
Estuve tendida sin pensar en nada durante varias horas. Por fin, en un ataque de sobriedad, tuve la oportunidad de levantarme. Me sentía serena, limpia, algo que no alcanzaba a entender muy bien.
Alcé la vista, contemplando absorto el inmenso paraje que me rodeaba. Quedé más desconcertada todavía al presenciar aquello: eternas ondas de arena se propagaban sin
cesar de un lado a otro, arena blanca y sedosa que difuminaba el ambiente. Todo estaba tranquilo, en calma, llegando casi a una perfecta placidez. .....
Un saludo, Joe
NOTA: Se ha reescrito el comienzo para adaptarlo a las características incluidas por Mesaana en el segundo mensaje. Seguro que la historia gana
[ Este Mensaje fue editado por: JoeB el 2002-03-15 00:41 ]
... El sol ya se había ocultado tras el horizonte manchando el cielo de vivos colores carmesíes, camino de los violetas y añiles que ya gobernaban en el este. La arena se enfriaba con rapidez anunciando la llegada de la noche, de una nueva noche...
Sentí una breve ráfaga de aire, bendita sobre mi piel abrasada, y salí de mi estupor cuando la maza de la consciencia golpeó mi cabeza. Con la mirada fija en el oscuro horizonte, recordé el deber que me aguardaba, seguir adelante hasta agotar la última brizna de fuerza, hasta acabar con el último aliento de vida.
Miré pesarosamente a mis espaldas. Allí yacía el cadáver famélico y deshidratado de mi último caballo, el buen corcel que me había seguido en este infierno, compañero de desdichas en la soledad del Yermo. Tras recoger en un fardo dos mantas y un saquillo de cuero con lo que quedaba de mis objetos más preciados, pues ya había abandonado tiempo atrás los que consideré superfluos, emprendí de nuevo el rumbo con paso cansino dejando a mis espaldas el poniente.
Las dunas dejarían paso a más dunas, y pronto la noche sería tan fría que tiritaría entre mis ropas y mis pies yagados gritarían de dolor. Era mejor avanzar de noche y guarecerme del infernal día o no sobreviviría, aunque tampoco estaba segura de aguntar así mucho más. El hambre y la sed atormentaban de nuevo mi cuerpo, y las piernas apenas me sostenían. Quizás volviese a delirar soñando con encontrar algún remoto manantial, o algún ser humano que me ofreciese un poco de agua.
Me habían dicho que ellos vivían y prosperaban en tan árida tierra, más yo no encontraba una explicación racional para que semejante prodigio fuera posible, porque ese desierto era la tierra de la muerte. La tierra que enterraría mi cadáver. Alguna vez creí habeles visto, quizás espiándo mi martirio desde la lejanía... Mi cabeza recalentada estaba enferma y se dejaba engañar por los espejismos.
Aún así tenía que seguir adelante, no podía desfallecer ahora que había llegado tan lejos. Mi vida no importaba, tan sólo mi misión. Habia dejado todo atrás. A mi hijo, a mi pueblo, mi nombre... yo ya no tenía nombre ni era nadie. Tan sólo el deber de encontrarles. Yo era Shaiel, la Dedicada...
Mesaana
[ Este Mensaje fue editado por: Mesaana el 2002-03-14 19:34 ] _________________ .
`·.¸¸.·´¯`·.¸¸.·´¯`> MESAANA <´¯`·.¸¸.·´¯`·.¸¸.·´
Mejor parecer idiota, que no abrir la boca y confirmarlo.
Registrado: Jan 30, 2002 Mensajes: 79 Ubicación: Madrid
Afiliaciones:
Ninguno
Publicado: Vie Mar 15, 2002 10:30 amAsunto:
Bien jugado, asumo el cambio de sexo del protagonista, a partir de ahora (mejor al principio que al final) será ella
...Mis impulsos cedieron poco a poco. Detuve mis pasos, y sólo entonces, reflexioné sobre esta locura. Mis rodillas empezaron a flaquear, estaba desmoronándome.
Según flotaba, como una chispa en la oscuridad, vislumbré una forma, estallé en júbilo y me lancé duna abajo. Cada vez más cerca, ¡un pozo!, realmente era un pozo!.
Sus baldosas pétreas descansaban en armonía, unas sobre otras, goteando humedad entre el verde musgo que había florecido en ellas. Vacilé un instante, pero al final me asomé a su boca. El agua estaba allí, esperándome, transparente como el aire en un día claro. Me ví reflejada, sudorosa. La espesa melena me caía sobre el rostro quemado. Mis ojos vigilaban, adivinando temerosos tal vez lo que en unos segundos...
Un saludo, Joe :F
[ Este Mensaje fue editado por: JoeB el 2002-03-15 03:11 ]
Alargué la mano... Tan cerca y tan lejos. Tenía el agua que podía salvarme la vida a la vista, pero no a mi alcance. Vi un rostro reflejado en el agua, contraído por la desesperación, y en mi estado febril apenas me reconocí en aquella máscara desfigurada. Sentí ganas de llorar, pero mi cuerpo estaba tan deshidratado que ni siquiera tuve el consuelo de las lágrimas.
A punto de rendirme, de permitir que el cruel desierto borrara toda huella de mi paso y mi existencia, escuché una voz en mi interior.
-¡Cobarde! Decidiste libremente emprender este viaje sin retorno. Dejaste atrás todo, esposo, hijo, familia, país... ¿Y para qué? ¿Para rendirte cuando las cosas se ponen difíciles? ¿Qué esperabas? ¿Un paseo por los jardines de palacio? Si te falta coraje para afrontar tu destino... bien, cede al cansancio, a la sed, y fúndete con estas arenas. Aquí sólo sobreviven los fuertes, y el destino que te fue marcado requiere un espíritu indomable y sacrificado. Busca dentro de ti. Tiene que quedar un rastro de esa fuerza. Si la Rueda en sus giros te eligió es porque posees ese espíritu. ¡No te rindas!
La voz logró sacarme del peligroso estado de ánimo en el que me había sumido. No podía rendirme. Jamás.
Saqué las pocas cosas que había guardado en la bolsa de cuero. Desgarré una tira de la falda, y la até de manera que pudiera descolgar la bolsa hasta la ansiada agua. No resultó muy difícil, y poco después tenía en mis manos el improvisado recipiente, rezumando líquido.
Iba a llevarmelo a la boca cuando algo me detuvo. Un olor... desagradable. No podía ser. ¡No podía tener tan mala suerte!
Mis sospechas se confirmaron al probar un mínimo sorbo, que escupí de inmediato. El agua estaba contaminada...
-¡Luz, no!
Grité al inclemente cielo, a las crueles arenas, a la vida, a mi destino...
Las escasas fuerzas que me quedaban se consumieron con mis gritos de protesta, inútiles, pues nadie me oía en el monótono paisaje que se perdía en un horizonte sin límites.
--------
Empecé a recobrar el sentido. Mi primer pensamiento consciente fue que no estaba sola. Oía voces. Unas voces de mujer. Entreabrí los ojos, hinchados y abrasados, y atisbe unas botas de cuero flexible, atadas hasta las rodillas...
_________________ La relaciones externas que traen calor y frío, pena y felicidad, van y vienen; no son permanentes. Aguántalas con valentía...
Registrado: Jan 30, 2002 Mensajes: 79 Ubicación: Madrid
Afiliaciones:
Ninguno
Publicado: Mie Mar 20, 2002 4:51 pmAsunto:
Unas gotas de agua regaban mis labios. Mi garganta no dejaba pasar el agua, gracias a la luz que aún pasaba aire. La muchacha lucía una túnica de color claro, y sus ojos vendían más años de los que seguro tenía.
Una tienda perfectamente montada descansaba a unos pocos metros. Dentro se escuchaba el ronroneo de varias voces discutiendo. Todas femeninas, si mis sentidos no me engañaban...
Un saludo, Joe
[ Este Mensaje fue editado por: JoeB el 2002-03-20 07:00 ]
La muchacha escondía su rostro bajo una capucha blanca, aunque varios mechones rebeldes de pelo pajizo escapaban cayendo sobre su pecho. Mantenía los ojos bajos y sostenía junto a mis labios una pequeña taza con agua, la esencia de la vida que tanto ansiaba y que en esta árida tierra resultaba tan preciada como el oro. Temblando a causa del dolor que laceraba mis cansados músculos, conseguí erguir lo suficiente la cabeza como para beber unos sorbos. Ella se apartó sin ofrecerme una nueva taza, y tras un instante comprendí que en mi estado no era bueno saciar mi sed en exceso o podría ser perjudicial: debía de tener fiebre. El sol estaba bajo, camino de su lecho nocturno, y la tibieza de sus rayos sobre mi piel abrasada casi resultaba reconfortante al pensar en el crudo frío que traería la noche.
- ¿Eres una Doncella Lancera? – pregunté cuando mi seca garganta logró articular las palabras. Por fin había encontrado a los Aiel, a las legendarias doncellas guerreras que Gitara me había encomendado buscar. Aunque nunca logré que me revelase los auténticos motivos por los que me acosaba como un cuervo a un escarabajo, la anciana Aes Sedai había depositado en mi una gran fe desde el principio. Muchas noches maldije su nombre entre la fiebre y el dolor por arrancarme de mi confortable hogar y del seno de mi familia, pero por fin había un atisbo de esperanza tras el sufrimiento.
La joven alzó sus ojos fríos y verdes como una esmeralda, y por un instante su rostro se contorsionó en una expresión fiera. Sin duda la había ultrajado, pero no tuve siquiera tiempo para asustarme cuando ya había vuelto a bajar la cabeza y adoptar una impropia postura de sumisión. No lo entendía, pero con esa mirada no podía pretender ser dócil e indefensa como un cordero.
Unos pasos rápidos y decididos me hicieron volver la cabeza. Cuando conseguí centrar mis ojos, vi que una mujer alta y de cabello extremadamente claro había salido de la tienda. Vestía ropas pardas y flexibles botas de cuero atadas en la rodilla, al tiempo que empuñaba tres lanzas en su diestra y una pequeña adarga cubría su zurda. Un cuchillo largo colgaba de su cinturón, y alrededor de su cuello lucía un amplio pañuelo negro. Entonces comprendí mi error. La mujer de blanco iba totalmente desarmada y no podía ser más que algún tipo de sirviente, aunque por mis escasos conocimientos, sabía que esta fiera raza despreciaba la servidumbre.
- Estás muy lejos de tu hogar, mujer de las tierras húmedas. – pronunció fríamente la alta guerrera. – El destino de aquellos que osan penetrar en el la Tierra de los Tres Pliegues es la muerte, y el sol la mejor justicia. No obstante, eres uno de los pocos que han llegado vivos hasta los dominios de los Taardad Jindo, y aunque no lo apruebe, te has ganado cierto respeto y la curiosidad de mis hermanas de lanza. Quieren oir de tus propios labios los motivos que te han llevado a buscar la muerte.
- Busco a las Doncellas Lanceras. – conseguí balbucir en un hilo de voz, con el corazón en un puño y la sangre galopando en mis sienes. Enarcó una ceja inquisitivamente como haciendo mofa de mis palabras. En su pétreo rostro no había ni una sóla pizca de compasión hacia mí, ahora comprendo que me sentía en exceso afortunada por haber llegado a esa encrucijada. Sin duda debía pensar que yo estaba loca, y lo peor es que a lo mejor tenía razón.
- Entonces nos has encontrado. Acompáñame, - continuó la mujer, e hizo una señal para que la muchacha de la túnica blanca y otro hombre de indumentaria similar me llevaran hacia la tienda. - Soy Amys, del septiar Nueve Valles del Taardad Aiel.
Mesaana :sedai
[ Este Mensaje fue editado por: Mesaana el 2002-06-10 03:11 ] _________________ .
`·.¸¸.·´¯`·.¸¸.·´¯`> MESAANA <´¯`·.¸¸.·´¯`·.¸¸.·´
Mejor parecer idiota, que no abrir la boca y confirmarlo.
No puedes publicar nuevos temas en este foro No puedes responder a temas en este foro No puedes editar tus mensajes en este foro No puedes borrar tus mensajes en este foro No puedes votar en encuestas de este foro