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marlene_dragon
Jenn Sorei
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MensajePublicado: Jue Ago 02, 2007 7:50 pm    Asunto: "Un Principio" Responder citando

“¿No me oyes?
¿No me sientes dentro de tu alma?”

-Sí. Te siento. Eres como el viento siempre susurrando en mi interior... como la voz materna que se oye cuando aún no se tiene conciencia...
El dolor le hizo despertar cubierto en sudor y con la cara llena de lágrimas.
Nunca recordaba que era lo que le despertaba, pero se sentía perdido. Siempre deseando recordar sus sueños, buscando una curación a esa amargura interior que siempre le golpeaba el cerebro.

Tenía miedo y no sabía a quien recurrir ni que hacer. Se sentía tan solo, tan perdido. Se levantó y salió fuera de la cueva donde dormía sobre el duro suelo.
Levantó su rostro y buscó consuelo en las estrella, en la luna y en la brisa de la noche.

Como cada noche, desde hacía ya siete años. Siete años en los que pagaba por un crimen no cometido. Un crimen por el que había sido relegado a vivir en la montaña, lejos de toda civilización.

Las lágrimas brotaron de sus ojos, pero esta vez no era un dolor casi físico el que se lo provocaba sino una rabia intensa que le obligaba a mostrar debilidad.
Menos mal que sólo las águilas y las ardillas podían verle llorar... Era uno de los pocos consuelos que tenía. Ahora ya no tenía que aparentar ser quien no era.

No, como hace siete años... No, como entonces...

“Ven a la batalla, hermano”
“Hoy las alimañas se alimentarán con la sangre de los sabios”
Un graznido, más que una risa, brotó de la garganta del hombre que se sentaba a su derecha.
Yo le miré. Eso lo recordaba claramente. Yo le miré y sonreí aparentando ganas de matar. Aparentando ganas de morir. Y bebí del oscuro brebaje para ser fuerte... para alejarme de mi mismo.
Y así entramos en combate, ebrios, asustados, pero con la fuerza de mil hombres, buscando escapar de nosotros mismos, muriendo por no morir... o al menos eso hacía yo. Prefería no mirar nunca a los lados, sólo al frente, siempre al frente, con mis dos ojos mirando hacia el sol... Hasta que todo acababa.
Pero nunca acababa... Siempre se repetía una y otra vez en mi interior. Siempre se repetía la guerra en mi interior...
Y gritaba. Y gritaba... Y gritaba entonces, como grito ahora...
-¡Nooo! – se reprochó- ¡No hay nadie que te oiga! ¡Todos están muertos!
-¿Estás seguro?- dijo una voz a su espalda.
Él se giró
-¿Es que aún te remueve la conciencia? ¿No eres capaz de reinar ni siquiera sobre ti mismo?
-¡Calla!- dijo mientras le miraba fijamente. No conseguía reconocerlo- ¿Quién eres?
-¿No me digas que no te acuerdas? ¿Es que no reconoces a un viejo enemigo cuando lo ves?- Y sonriendo se tocó la oreja.
Julian se llevó la mano a su oreja y la quitó instintivamente.
Él no tenía oreja.
Ahora le recordaba...
-Maldito traidor... Maldito seas por siempre...
-Vaya, parece que empiezas a recordar- dijo el otro hombre.
-Tú, te divertiste mucho, ¿verdad? Cuando no paraba de sangrar, te recuerdo muy claramente sonriendo con esa misma cara de suicida que tienes ahora. ¿Te sentiste bien? ¿Te sientes bien?
Y loco de furia se lanzó al cuello del otro hombre. Al que en otra época apodaron “Muerte sobre dos piernas”.
Muerte sobre dos piernas alzó su mano, y paralizó a Julian en el aire.
-Me gusta que lo intentes, aunque sea para verte fracasar una vez más.
Julian trataba de liberarse, pero tan sólo veía esa sonrisa... esa sonrisa horrible otra vez. Lo intentaba, y lo intentaba, pero no conseguía ni siquiera apartar la mirada. No podía nada contra él.
-Realmente no me cuesta reconocerte, Julian. Eres tal y como eras. Pero al final, no importa, ¿sabes? Para eso estoy aquí. Confiaré en ti y tú confiarás en mí.
-Confio en ti- dijo tembloroso Julian.
-Muy bien, así me gusta. Lo estás haciendo bien, esforzándote inútilmente. Pero como ya te he dicho, no importa. Así debe ser.
Diciendo esto, Muerte sobre dos piernas le liberó con un gesto.
Julian cayó inconsciente en el suelo...

Y otra vez el sueño se apoderó de él... el maldito sueño...
“Te busco en todas partes. Pero siempre me rechazas. Dame una respuesta. Soy el lirio. Se que no me recuerdas. Soy el lirio al que te gustaba mirar con los ojos abiertos, en mitad de la tormenta. ¿Cómo has podido dejar de tocarme? ¿Cómo has podido olvidar mis caricias?
“¿Es que no puedo tener paz ni por un momento?”- se dijo Julian.
-No puedes –dijo una voz femenina junto a él
Julian abrió los ojos, casi con pereza y la vio.
-Tampoco me recuerdas a mí.
-A ti sí. A ti siempre –dijo Julian con voz segura.
-Te he buscado-dijo ella- Olía el temblor en tu alma, olía tu dolor...
-¿A tanta distancia? ¿Desde hace cuánto?
-Desde siempre.
Y con un gesto casi felino, casi invisible le besó.

Julian volvió a abrir los ojos.
-Disfrutas con tus mentiras, ¿no? –dijo la voz negra de Muerte sobre dos piernas- Con tu debilidad, como entretenimiento y como tortura.
Julian se levantó. Su mente era clara por primera vez en su vida. Tal vez la última.
Muerte sobre dos piernas se acercó más a él, mientras se acurrucaba en su capa. Sólo dos llamas se veían cuando Julian alzó la vista. Sólo fuego en su mirada.
Muerte sobre dos piernas se paró a escasos centímetros de Julian, levantó su mano derecha, la de la cicatriz. En la que ella misma se había escrito la palabra “rata” a fuego en la palma de la mano.
-Te marcaré –dijo. Esta vez no sonreía- Y serás...
Julian tragó saliva. Sólo sentía el calor que emanaba del fuego, no era consciente de la quemazón que le empezaba a quebrantar el alma.
-¿Qué serás, Julian?
Julian abrió aún más los ojos.
Muerte sobre dos piernas le puso la mano sobre los ojos.
-¿Lo sabes?
Por primera vez, tal vez por última la voz de Muerte sobre dos piernas se quebró. Mientras Julian lanzaba su alarido al gélido viento de la madrugada.
_________________
"Homo hominis lupus"
"El hombre es un lobo para el hombre"


Ultima edición por marlene_dragon el Sab Ago 18, 2007 5:24 pm, editado 1 vez
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marlene_dragon
Jenn Sorei
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Registrado: Jul 30, 2007
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D'ayende'din Hermanos Lobo

MensajePublicado: Mar Ago 07, 2007 6:46 pm    Asunto: continuación Responder citando

Muy lejos de allí, en un remoto reino del interior.
Alguien cabalgaba sin descanso. Con el corazón temblando en su pecho, tan sólo desando llegar a su destino antes de que fuera demasiado tarde.

El caballo reventado cayó al suelo, arrastrando a su jinete. Éste, desconcertado, miró al frente. Ya vislumbraba la ciudad. Casi sin sentir su cuerpo, teniendo como único empuje su férrea voluntad siguió caminando.

-Señor
-Diga, soldado de Thraes.
El soldado miró con respeto y algo de temor al comandante supremo.
-Hemos encontrado un hombre moribundo y su caballo- el soldado miraba inquieto a su alrededor- a las afueras de la ciudad, señor.
El soldado acabó nervioso la frase.
-Bien. ¿Ha transmitido algún mensaje antes de morir?
-No, señor. Tan sólo unas palabras ininteligibles.
El comandante supremo arqueó las cejas con interés
-Ha empezado a relatar “39”, mi señor. El cuento...
-Visionario, sí – interrumpió con delicadeza el comandante - ¿Algo más?
-No, señor. Siento molestarle por tan poco, pero sus órdenes eran que le avisáramos personalmente ante cualquier acontecimiento que se produjera fuera de nuestras murallas.
El comandante supremo cabeceó.
-¿Sabe lo que esto significa, soldado?
El comandante supremo sonrió
-Es la guerra. Preparad los verask y preparad los caballos.
El soldado asentió. Y mientras iba hacia los vestidores de verask trató de recordar el cuento de “39”.
“Pálido es el rostro de todo mortal. Pronto el frío arrastrará vuestras almas hacia una tierra de la que se os obligó a salir. Demasiado tarde descubriréis que los hombres son bestias, y se casan con su propia tierra mientras la muerte pulula alrededor. Escuchad el canto de los 39. Mientras los animales se hacen los reyes, y la lluvia no para de caer. No intentéis salvar la vida, pues tan sólo asesorareis sed de venganza. La muerte os aguarda, cuando cantemos los 39. La tierra se romperá, en el futuro. Pero nadie nos escucha, nadie lo sabe, nadie lo dice. Escuchad a los 39 sabios, hombres. Pues tan sólo encontrareis esperanza en el ahora. Actuad con presteza. Ahora.”
Siempre le había gustado la historia de “39”. Así que el soldado no paró de reír hasta el puesto de guarda. Sabía que el comandante tan sólo les conduciría a la gloria.
-¿Qué ocurre que estás tan sonriente?
-“El camino está claro. Niños de la tierra, coged mis manos. Escuchad el canto de los 39 y manteneos firmes sin que el miedo os alcance.”
-Nadie sabe qué significa, tan sólo es un cuento para niños.
-El comandante supremo no piensa lo mismo- dijo el soldado- y el hombre que murió afuera tampoco. Es un anuncio de guerra y victoria. Habrá guerra.
-Ya era hora- replicó secamente el otro hombre, mientras se dirigía también a las caballerizas.

Julian abrió los ojos. Se sentía como si nunca hubiera tenido corazón. Vacío por dentro. El pánico se apoderó de él al recordar lo que había pasado.
-Que me ha hecho- dijo Julian- No siento nada, tan sólo el vacío...
Se levantó y se tocó la cara.
Y la sorpresa hizo que abriera la boca, temblando volvió a palpar todo su rostro y empezó a llorar.
Por fin la locura retrocedía.
Por fin había recuperado su oreja.
Un sonido rugiente le hizo darse cuenta de que tenía a su lado.
-Mi antiguo verask –dijo incrédulo mientras lo acariciaba con ternura- La causa y la solución de todos mis problemas.
Con manos sedientas encendió el verask. Éste empezó a vibrar y a ocupar cada centímetro de su piel, cubriéndole como si fuera agua. Protegiéndole como si fuera acero.
-Dame manos, verask- Y la armadura hizo brotar dos espadas para que las manos las empuñaran.
Julian sintió de repente, temor. Algo no iba bien, lo presentía. Lo sabía. Un antiguo recuerdo trataba de abrirse paso en su conciencia. Pero no lo lograba.
-Devuélveme mi vida, verask-reclamó
Pero el verask no obedeció esta vez su orden, desvistiéndolo, sino que le cubrió la cabeza con el casco.
-Devuélveme mi vida, verask-gritó Julian.
Y el verask chirrió con desagrado, mientras le hacía avanzar.
Julian empezó a entender que su vida estaba empezando a cambiar, cuando se dejó arrastrar por la voluntad del verask hacia el combate.
Se abrieron unas compuertas, y aparecieron más verask.
-Todos en posición- gritó una voz potente por encima de ellos. Julian la reconoció –Avanzad
Los aparatos aéreos iniciaron su avance por los cielos, mientras los verask empezaban a formar líneas de ataque.
Un pájaro plateado, similar a las naves aéreas cruzó las líneas interminables de verask. Buscaba algo, algo reluciente entre millones de estrellas iguales. Y lo halló.
Descendió rápidamente y se posó en el brazo de Julian.
Éste, a través de la visera vio los ojos de fuego de muerte sobre dos piernas.
-Así que es esto- le dijo una voz en su interior –Éste es el destino que se te brinda.
Julian intentó apartar el pájaro, pero el versak estaba demasiado ocupado en darle manos y pies móviles. Julian intentó seguir mirando al pájaro, pero el verask le obligó a mirar al frente.
-Siempre al frente- se dijo Julian mientras veía al enemigo.
-Verask. Disparad- tronó la voz aérea
Julian alzó la mano derecha, al igual que los todos los verask en una única sintonía. Y disparó.
Bolas de metal brotaron de sus brazos, y se dividieron en millones de fragmentos articulados.
Pronto el enemigo no existiría, tan sólo estarían los fragmentos de los verask.
La voz del comandante sonó desde el cielo otra vez.
-Escuadrón. Alto.
Los verask se detuvieron en seco. Julian miró hacia su brazo derecho. Ya no estaba el pájaro.
-Verask de avanzadilla. Avanzad.
Julian empezó a moverse al son de la avanzadilla. Multitud de cuerpos estaban en el suelo, junto a los fragmentos. Julian siguió avanzando, cada vez más rápido. Sus piernas móviles le permitían casi volar. Así que pronto alcanzó a ver lo que quedaba del enemigo.
Un grupo numeroso todavía, se había replegado en lo que era un cuadrado perfecto. La única defensa que conocían, pero que de poco les serviría ante los verask.
Los verask rodearon el cuadrado formando un círculo igualmente de perfecto.
-Espero que entendáis vuestra derrota- dijo la voz del comandante supremo- Rendíos.
-Jamás-dijo una mujer que se apartó del cuadrado y dirigió su mirada hacia las naves- Nunca nos rendiremos. Conoce la ley, comandante. No la romperemos. No nos rendiremos, ¡antes perecer bajo nuestras manos!
-Devuélveme mi vida, verask-susurró Julian
Pero el verask no le obedeció. Contemplaba a la hermosa joven.
-Lo que llamáis ley, no está reconocida por Thraes. Luego no es ley para mí, ni para vosotros. Vosotros érais thraestianos. Volved a serlo ahora.
-¡Jamás! –chilló la mujer -¡ni a costa de mi vida!
-¿Ni a costa de tu alma?- dijo el supremo comandante con voz aflautada- Rendíos, o seréis vosotras mismas verask.
Esta vez la mujer palideció y el cuadrado dejó de ser perfecto. Se oyeron gritos de mujeres, pero no de desafío, sino de puro terror.
La mujer que había salido del cuadrado miró con languidez hacia arriba. Lágrimas de cristal cubrieron sus labios mientras dictaba su sentencia de vida.
La voz del comandante supremo les llamó a la retirada. Y como siempre, los verask obedecieron.
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MensajePublicado: Mie Ago 15, 2007 9:55 pm    Asunto: Hola Responder citando

Papece interesante la verdad, no entiendo mucho de qué trata en principio del pasado de un joven esclavizado por maquinas de guerra que después lo deja exciliado
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marlene_dragon
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MensajePublicado: Vie Ago 17, 2007 5:21 pm    Asunto: sigo Responder citando

YA IRÁS VIENDO... MIS RELATOS SON SIEMPRE CONFUSOS. PERO QUIERO IR ACLARANDO LAS COSAS CONFORME TRANSCURRA LA HISTORIA. GRACIAS X LA OPINION !!!!!

Muerte sobre dos piernas contempló desde el aire la escena y sonrió. Realmente su poder era asombroso, incluso para sí mismo.
Nunca sabía que le iba a reparar a su instrumento hasta que lo hacía. Podía ocurrir cualquier cosa y siempre variaba dependiendo del individuo, sus características, su pasado, la fortaleza de su mente o si poseía alguna habilidad ya fuera visible u oculta. Al parecer, el futuro también contaba y los fantasmas del pasado... al menos, para Julian.
“O lo que queda de él”- pensó Muerte sobre dos piernas con una sonrisa. Una sonrisa que no asomó a sus labios, pues ahora era un pico lo que poseía. Con un batir de alas se alejó de la zona de combate y fue al encuentro de ella. Del Lirio del valle.

Lirio del valle estaba enfrente de Caste. Era una ceremonia importante, puesto que iba a ser ascendida de rango.
-Desde hoy dejas de ser Mano, Lirio. A partir de ahora serás Ojo.
-Acepto con gracia vuestra ofrenda, Gran Casterius.
Caste se aproximó a ella. Lirio cerró los ojos, y estos fueron besados por Caste.
-Puedes abrirlos –dijo Caste- Ahora has sido marcada nuevamente. Realmente me impresionas, Lirio. Ya te hemos marcado tres veces en tan sólo un año. Tan sólo puedo felicitarte.
-Gracias, Caste –dijo algo impaciente Lirio- ¿Qué nuevas hay de Thraes?
-Está en guerra, como ya sabrás. Tenemos una fuente dentro de Thraes que nos ha confirmado que ha iniciado el ataque. Al parecer sin provocación previa ni motivo alguno.
-No sabía que la guerra requiriera motivos- repuso Lirio con voz gélida- El comandante no suele dar muchas explicaciones sobre sus actos, ¿no?
Caste se acercó más a Lirio y le susurró algo.
-¿Es esa mi misión?-dijo sorprendida.
-Llevas poco tiempo en la Cuadriga, pero eras la única capaz. Requerirá de tus conocimientos aprendidos como Mano y Oído.
-Las marcas no desaparecen-replicó Lirio.
-Lo se-dijo Caste- Estaremos en contacto. Utilizaremos los cauces naturales. Trata de ponerte en contacto con el Oído que tenemos en Thraes.
-Entendido.
Lirio se preparó para el viaje con rapidez y eficacia. Montó a Valle y se dirigió a Thraes. Abandonó la organización con premura y sigilo y se dirigió hacia el este para encontrarse con el primer Oído y darle instrucciones.
De repente, un ave apareció en el cielo. Muerte sobre dos piernas cobró forma humana delante de ella.
-Lirio del valle. Bienvenida a mis dominios- dijo con una sonrisa cálida Muerte sobre dos piernas.
-No sabía que estas tierras perteneciesen a nadie- comentó con sorna Lirio- No recuerdo haberte visto, ni creo que nadie te haya hablado de mí.
Muerte sobre dos piernas alzó la mano y recorrió el vasto territorio con su mirada. Un viento gélido empezó a soplar con fuerza y dijo con voz ronca.
-Todo lo que toco es mió. Todo lo que veo me pertenece- y con descaro fijó su mirada en ella.
-No tienes poder sobre mí- dijo con voz segura Lirio- Búscate otra mujer, hechicero.
Muerte sobre dos piernas bajó el brazo.
-No he venido aquí para eso- dijo secamente- Lirio conozco tu misión y tengo interés en que sea un éxito. Digamos que te presto mi ayuda.
-No deseo tu ayuda-replicó mientras taconeaba a Valle que empezó a trotar delante mismo de Muerte sobre dos piernas
-La tendrás de todos modos –dijo.
Y mientras se alejaba Lirio al galope abrió la bolsa que siempre llevaba al cinto, murmuró unas palabras y dirigió su dedo índice hacia la figura que se alejaba rápidamente.
Lirio del valle tan sólo notó como si alguien tuviera clavada su vista en ella, pero no se giró. No quería volver a contemplar una mirada que tan sólo era fuego. Sin embargo, una fuerza invisible paralizó a su caballo y la paralizó a ella. Una extraña bruma empezó a cubrirlo todo.
Lirio del valle trató de gritar, trató de pensar...
Y la bruma empezó a desaparecer rápidamente. La presión que ejercían sobre ella se esfumó y Valle siguió trotando como si nada la hubiese estado reteniendo hasta ahora.
Lirio del valle lanzó un pequeño grito por la sorpresa. Estaba enfrente de las murallas de la capital de Thraes. ¡Casi no podía creerlo! Y eso que Caste le había dicho que utilizase los canales habituales.
De repente su mente se activó, pareció captar algo. Valle presintió algo y paró enfrente de la puerta de los extranjeros.
Las tres grandes puertas estaban reservadas para los nacidos en Thraes. Los demás debían entrar por las múltiples puertas pequeñas que estaban por toda la muralla.
-¿Quién va?
Lirio sólo tuvo que mirar la marca que el hombre tenía debajo de su ojo derecho para reconocer al instante un guarda de caballería.
-Tengo una invitación del Caballero Julian.
El guarda de caballería arqueó su ceja derecha.
-¿De verdad? Entrégamela.
Lirio introdujo despacio su mano izquierda en el bolsillo de su pernera. Valle rebulló inquieta. Lirio se agachó y le entregó la falsificación que le había proporcionado la organización.
El guarda inspeccionó la invitación y mientras murmuraba algo entre dientes se la entregó.
-Puedes pasar, aunque me temo que tu caballo no, ni tus pertenencias –dijo con lo que parecía una sonrisa el guarda, mientras le devolvía la falsificación- La invitación no incluye estos extras, como bien habrás observado.
Lirio maldijo para sí misma a los malditos thraestianos y al maldito falsificador. Si había un pueblo quisquilloso y absurdo, sin duda era este. El no haberlo previsto todo tan sólo complicaba aún más la operación.
Lirio desmontó. Entregó a su caballo al guarda y empezó a cruzar la puerta.
-Espera- dijo el guarda- No puedes pasar sin antes ser Observada. Hemos de comprobar que no introduzcas nada ilegal en Thraes. Ponte frente mía.
Lirio empezaba a protestar cuando alguien a su lado intervino.
-Es una muy buena amiga mía –dijo una voz enronquecida que reconoció de inmediato- Puedes dejarla pasar bajo mi confianza y responsabilidad.
Muerte sobre dos piernas la cogió del brazo y empezó a avanzar con decisión.
-Adelante, entonces- repuso el guarda con voz aparentemente suave.
Lirio del valle cruzó por fin la puerta, acompañada del brazo por Muerte sobre dos piernas.
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MensajePublicado: Vie Ago 17, 2007 7:12 pm    Asunto: y sigo :D Responder citando

Julian sintió rabia y temor cuando en los vestidores, los hangares móviles donde se almacenaban los verask no consiguió desprenderse de su armadura.
La mayoría de las portadoras de verask eran mujeres. Al parecer tan sólo tres hombres llevaban verask. Y el único al que su verask no había obedecido era a él.
-Devuélveme la vida- dijo por décima vez Julian
Pero el verask no obedecía, tan sólo emitía un zumbido de desaprobación. Y el resto de portadores ya empezaban a mirarle con desconfianza.
-Ese no debe ser tu verask- dijo una voz neutra femenina.
Julian levantó su vista aún cubierta por el casco del verask.
-¿Puedes ayudarme?-rogó Julian
La mujer de ojos acuosos negó con la cabeza.
-Sígueme.
Julian avanzó por entre las líneas de portadoras, seguido de cerca por los dos únicos hombres, aparte de él que habían llevado la armadura.
La mujer que iba enfrente salió del hangar, y el sol de la capital empezó a calentar al verask y a Julian.
Los dos hombres detrás de él, le seguían. El camino que llevaban le era extrañamente conocido, como si lo hubiera visto en sueños... Pero como casi siempre, el recuerdo se le escurría entre los recovecos de su mente.
Se dirigían hacia lo que parecía una torre. A Julian se le erizó el pelo sin saber siquiera por qué.
De repente, la breve marcha se paró.
Al parecer la mujer portadora hablaba con el guarda de la primera puerta de palacio. Julian miró a su alrededor, muchas miradas posadas en él y su extraño séquito.
Los verask siempre estaban en los hangares. Nunca se desplazaban por las calles, a no ser que se dirigieran al combate.
Murmullos de sorpresa y cierta preocupación llegaron a sus oídos.
La mujer portadora se aproximó a él y con voz neutra le dijo que subiera a palacio.
-¿Allí podrán ayudarme?-preguntó sin convicción Julian.
La mujer no se dignó a contestar y se dirigió a los dos hombres. Intercambiaron breves palabras y los dos hombres se colocaron detrás de él. A ellos también les había dicho lo mismo la mujer, al parecer.
El guarda hizó un ademán de cabeza, y el verask avanzó a través del pasillo principal de palacio. Julian jamás se había sentido tan avergonzado y a la vez tan nervioso. Al parecer se celebraba una especie de fiesta, porque estaba lleno de nobles thraestianos vestidos con sus mejores galas y sonaba una especie de golpeteo rítmico a lo que llamaban música. Los nobles no paraban de mirarle mientras, muy educadamente, se apartaban de su camino. O mejor dicho del camino del verask.
Julian palideció al ver hacia dónde le estaba llevando el verask.
Reconoció el lugar. ¡Claro que lo conocía!
El salón de mando. El santuario público del comandante supremo.
Julian hubiera caído de bruces al suelo, sino fuera por la eficaz labor de desplazamiento que realizaba el verask, fuera o no suyo.
Los nobles seguían apartándose con delicadeza de su camino. Dejándole vía libre hacia el supremo comandante que ya estaba a su vista.
Sentado en su trono.
-Comandante –dijo el guarda que había estado presidiendo la marcha
-Prepárese para el verask- le dijo la voz suave del comandante.
Éste levantó la vista y miró directamente a Julian.
-¿Qué quieres ser?
Julian creyó no haber entendido bien
-Parece que tratas de ser quien no eres –añadió de forma enigmática el comandante- Creo que te has metido en un problema, extranjero. Pero te liberaré de él...
El comandante se levantó de su trono y se acercó al verask.
Julian empezó a sudar copiosamente mientras su corazón parecía un martillo en su pecho.
El comandante se puso enfrente y repitió la pregunta
-¿Qué quieres ser? ¿Un verask?
-No. Quiero ser libre.
-Excelente. Yo también te quiero libre. Devuélvele su vida.
El verask reconoció la voz y tembló ligeramente mientras dejaba de cubrir a Julian y caía como sin vida al suelo de palacio. El silencio era tal que el leve gorgoteo se escuchó en toda la sala.
-Recójalo- le dijo el comandante al estirado guarda. Éste se apresuró a obedecer, recogiendo el verask con cariño y llevándoselo de la sala.
-Al parecer su predicción ha sido acertada, hechicero.
Todos se volvieron hacia dónde dirigía su voz el comandante.
De entre la multitud apareció Muerte sobre dos piernas, que miró hacia dónde estaba Julian por un momento, mientras se dirigía hacia el comandante.
-Siempre lo es, mi señor. ¿Le han gustado mis dos regalos?
El comandante sonrió.
-Creo que este no es el momento ni el lugar para conversar, hechicero. Sería un mal anfitrión si estropease esta hermosa fiesta social con tediosos asuntos de estado.
Los nobles rebulleron con intranquilidad, mientras sus codiciosos ojos observaban a los tres extranjeros con ansiedad.
Muerte sobre dos piernas sonrió y con una reverencia y un gesto de mano obligó a aproximarse a Julian y a Lirio, mientras empezaba a entonar una canción que empezó a ser coreada por todos, excepto el comandante.
Era el cuento de 39.
Julian y Lirio fueron obligados a inclinarse, fueron obligados a escuchar con reverencia el cuento visionario.
El himno de la nobleza, que tan sólo era un cuento para niños para el resto de la población thraestiana. Ellos habían olvidado su significado, pero unos pocos privilegiados la habían conservado en la memoria.
El cuento de los 39 seguía siendo entonado... parecía que iba a durar eternamente. Pero la voz del comandante concluyó su último verso.
-“Pero temed la risa de la locura, pues ella anuncia vuestro destino”.
Julian y Lirio fueron obligados a ponerse en pie.
-Dejadme deciros que os dejaremos elegir, no temáis- dijo con voz casi divertida el comandante –Lirio del valle has sido de tremenda utilidad para Thraes. No olvidaremos con facilidad un gesto de tanta generosidad.
Los nobles lanzaron una gran risotada. Todos parecían divertirse aunque Julian no entendía el motivo.
-Quiero pactar con vos- repuso con voz calmada Lirio.
-Me temo que no estáis en posición de realizar ningún pacto.
-Mi vida está en vuestras mano- dijo Lirio- seré vuestro Ojo.
El comandante la miró con curiosidad mientras se humedecía los labios.
-¿Me ofreces tu marca? ¿A cambio de qué?
Lirio le miró fijamente, sin parpadear.
-Como le he dicho quiero pactar con vos. Pero no aquí, no quisiera estropear esta hermosa fiesta.
Los ojos del comandante centellearon, mientras miraba alrededor.
-Me temo que no podré continuar presidiendo la fiesta en honor a nuestro ilustre invitado.
Los nobles se inclinaron ante su comandante, mientras miraban de refilón como éste se llevaba a los tres interesantes extranjeros.
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MensajePublicado: Sab Ago 18, 2007 5:22 pm    Asunto: y sigo nuevamente :D Responder citando

Se dirigieron hacia la torre, el santuario privado del comandante. Muy pocos habían podido penetrar en él, y nadie sin el consentimiento previo del comandante.
Trapasaron la puerta, con su guardia correspondiente.
El acceso al interior de la torre era muy oscuro, Julian tropezó varias veces con objetos que no conseguía discernir. Lirio caminaba a su lado, precedidos por el comandante. Cerraba la marcha Muerte sobre dos piernas.
Atravesaron la oscuridad y se encontraron con unas amplias escaleras ligeramente iluminadas que parecían no tener fin. El comandante se paró y se dirigió hacia ellos
-Quiero que seáis mios. Los tres.
Julian se quedó perplejo
-¿Vuestros? ¿Qué demonios...?
-Antes tendréis que cumplir nuestro pacto- repuso cortante Muerte sobre dos piernas- Y os recuerdo que vos no sois el único con el que tengo lazos. Algunos de esos vínculos me superan, lo sabéis muy bien.
-Vuestros lazos no importan ahora, me da igual que los consideréis sagrados o no –dijo tirante el comandante, como si se le obligara a retomar una conversación mantenida cientos de veces- lo único que me interesa es vuestra lealtad.
Muerte sobre dos piernas cabeceó y le preguntó casi con sorna.
-¿Qué pensáis hacer con mis dos regalos?
-Ya te lo dije en otra ocasión. Serán mis halcones.
-Creo recordar que dijo que podríamos elegir –intervino Lirio, adelantándose a Julian- y que pactaría conmigo.
El comandante sonrió, al parecer complacido.
-Los pactos pueden esperar ahora mismo- dijo, mirando por un instante a Muerte sobre dos piernas- pero sí te dejaré elegir, Lirio. A ti sí.
-¿Qué quiere decir todo esto?-preguntó Julian con impaciencia, parecía que su presencia no le importaba a nadie- ¿Qué es eso de ser vuestro halcón? ¡Yo no soy ningún halcón! ¡No he pactado con nadie, ni le pertenezco a nadie! ¡Quiero una explicación!
-Tu caso es diferente, Julian – le dijo Muerte sobre dos piernas con voz oscura- ¿O has olvidado dónde estabas hace apenas unos días? Enterrado vivo en una montaña, viviendo como una alimaña con la culpa atormentándote una y otra vez... Se te perdonan tus culpas pasadas, y se te ofrece una nueva oportunidad. Deberías estarme agradecido, un poco de gratitud no te vendría mal, Julian. Deberías postrarte ante mí y mi poder.
Julian le miró con ojos enloquecidos.
-¿Postrarme? ¿Con quién crees que estás hablando traidor? Tú me traicionaste... –dijo con voz jadeante- Por tu culpa me exiliaron. No me has dado nada que no mereciera, traidor.
-¡Yo he cambiado tu destino!
-Basta- repuso el comandante- esta discusión no tiene ningún sentido ni ninguna utilidad para Thraes.
-Tú a mi no me ordenas- repuso Julian hastiado- No soy thraestiano, no tienes poder sobre mi.
-¿Eso crees? – preguntó educadamente el comandante- Vas a ser mi halcón. Serás lo que siempre has debido ser. Tus sacrificios pasados no han sido en vano y te lo voy a demostrar. ¿Recuerdas a Sher?
Y dicho esto apareció una mujer thraestiana al lado de Muerte sobre dos piernas. Era baja de estatura, de ojos negros y brillantes. Con una gracia natural que emanaba de ella como si fuera elixir.
Una luz brilló en el cerebro de Julian, una caricia atormentó su alma. Sintió dolor, pena, rabia todo junto. Sólo por ver a una mujer que no reconocía.
Julian cayó de rodillas, sentía un dolor profundo en su cabeza, dentro de su alma.
Gritó y sus gritos resonaron en la torre.
-¿Lo ves? –dijo con voz casi paternal el comandante- Serás mi halcón y todo eso quedará atrás. ¿No te das cuenta? Es el nuevo destino que te ha brindado Muerte sobre dos piernas. Realmente es tu única posible elección.
Julian levantó la cabeza.
-¿Quién es Sher?
-Seré tu compañera, Julian. Soy una halcón, como tú.
Julian se puso en pie, tambalante, con las manos sujetando su cabeza. Sher se puso a su lado, le cogió del brazo y se lo llevó de la torre.
-Ahora hablaremos de nuestro trato- le dijo Muerte sobre dos piernas
-Aún no- le dijo con voz de mando el comandante- No nos olvidemos de nuestro Lirio.
Lirio le miró por unos instantes con odio, pero se refrenó al instante.
El comandante sonrió, Muerte sobre dos piernas también.
-Me ofrecías tus marcas, ¿no es así?
-Sí –dijo con voz fría Lirio.
-¿A cambio de qué?
-De la guerra.
El comandante la miró divertido.
-Me temo que no vales tanto, querida. ¿O piensas darme también a la organización entera? ¿Los traicionarías a todos?
-No me has entendido –dijo Lirio, el comandante dejó de sonreír- Quiero que dejes en paz a la organización. Te diriges hacia el este, cerca de nuestros territorios de acción, como una amenaza latente. Pero sabemos que pretendes con esas maniobras, con el uso de tus verask. Thraes siempre ha ambicionado sus antiguos territorios, cuando era un imperio. Pero si ha habido algo que ambicionara aún más es nuestra tecnología... y nuestros conocimientos. Te serviré a ti, con las marcas como aliadas tuyas. Pero a cambio jurarás protección a la organización, jurarás no agredirnos y será con un juramento enlazado.
-No te permito que me des órdenes –le espetó el comandante- ni siquiera en privado.
-Esas son mis condiciones – terminó tranquilamente Lirio –No te serviré de ninguna otra manera.
Muerte sobre dos piernas no había perdido la sonrisa.
-Creo que tal vez no se te permita elegir después de todo, Lirio- dijo Muerte sobre dos piernas- ¿Y si fueras una de sus mujeres, Lirio? ¿Qué te parecería si se te obligara a darle tu alma? ¿A ser una verask?
Lirio le miró con odio, esta vez no intentó refrenar su sentimiento.
-No se puede obligar a nadie a ser verask –repuso con un escalofrío- su fuerza proviene de su sacrificio voluntario.
-Sabes mucho de nosotros, para ser extranjera –dijo el comandante, con educada sorpresa- Acepto tu trato, Lirio. Te haré llamar, y hablaremos de tus conocimientos. El guarda de la puerta de la torre te acompañará a tus nuevos aposentos.
Lirio inclinó la cabeza y se retiró.
-Ahora hablaremos de nuestro pacto- le dijo el comandante a Muerte sobre dos piernas.
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MensajePublicado: Sab Ago 18, 2007 9:40 pm    Asunto: Hola Responder citando

___Ahora estoy comenzando a entender, pero. qué queres decir con esto?.¨Dijo una voz neutra femenina.¨ No es mejor decir ¨Dijo la mujer con voz socegada¨. Queda mejor así creo

Saludos
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MensajePublicado: Dom Ago 19, 2007 1:23 pm    Asunto: Responder citando

he puesto voz neutra a propósito porque los portadores de verask no tienen alma.
Voz sosegada, implica control. Pero los portadores de verask simplemente tienen voces que no dicen nada, pues ellos mismos no sienten, están vacios.
La excepción es Julian, pero ya explicaré eso más adelante icon_wink.gif

Mi duda era si mi relato es demasiado "rollero" porque le meto mucho diálogo y poca acción icon_mrgreen.gif
¿Qué piensas? icon_question.gif

Un saludo!
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MensajePublicado: Jue Ago 23, 2007 9:33 pm    Asunto: mas Responder citando

Julian no sabía que fuerza extraña le permitía seguir caminando. El aroma tóxico de Sher nublaba sus sentidos y le impedía pensar.
Casi no le importaba hacia donde le llevaba. Casi.
Sher seguía agarrándole del brazo, con delicadeza y firmeza a la vez.
La halcón nunca soltaba a una presa.
Sher condujo a Julian hacia uno de los numerosos templos de la capital. Templos cuya existencia era orar a los sabios de antaño, los hombres que crearon el imperio de Thraes. O al menos, lo que en otros tiempos era un imperio, ahora ya desfragmentado y roto por su ambición.
-Siento... – dijo rompiendo el silencio Julian, mientras entraban al templo- Siento odio.
Sher le miró con ojos de comprensión, mientras seguían avanzando.
El odio, la muerte, el desprecio fueron introduciéndose en el cuerpo de Julian a través de los inciensos que se quemaban dentro del templo. La oscuridad era la dueña de ese lugar.
-¿Por qué siento... esto?- dijo Julian- ¡Sácame de aquí!
-Aún no. Primero debes ungirte con las aguas negras de Thraes. ¿U olvidas que eres un extranjero?
Julian se sentía mareado, ni siquiera veía por dónde caminaban entre los vapores apestosos del templo. Tan sólo sentía.
Y no le gustaba lo que sentía.
Sher se detuvo de repente delante de lo que parecía un anciano.
-¿Qué va a ser?
-Un halcón- dijo Sher con voz muy controlada.
-Afortunado extranjero- murmuró el anciano, mirándole con ojos inexpresivos- jamás le hubiera otorgado mayor honor del que tiene un perro.
-Es decisión del comandante- repuso Sher.
-Umm- gruñó el anciano, mientras levantaba la mano- Mírame, nuevo halcón.
Julian sintió que la voz le dominaba. El odio y la pesadumbre que sentía empezaron a despejarse... al igual que la niebla que ocupaba su mente y su corazón.
-Mírame y bebe- le dijo mientras le ofrecía un cáliz lleno de una sustancia pegajosa negra.
Julian cogió el cáliz, no sabía por qué pero se sentía atraído a beber. Tenía sed, necesitaba sentir algo líquido por su garganta.
-Bebe- le dijo Sher
Como si fuera una orden que tuviera que cumplir, Julian bebió. Notó algo gélido que le traspasaba la garganta, el estómago, las piernas. Un zumbido empezó a escucharse, atronador.
Sher cogió el cáliz y bebió a su vez, con los ojos del anciano puestos en ellos.
Sher apuró la bebida y cogiendo la cabeza de Julian entre sus manos le besó.
Fue la experiencia más extraña que Julian había tenido en su vida, pues su mente no había estado allí en el momento del beso. Al contactar sus labios Julian desconectó de su cuerpo, y se encontró a millas de distancia.
En las lejanas tierras, fértiles y dulces que se encontraban fuera de cualquier dominio. A través de los mares, a través de los campos se encontraban las Tierras Perdidas.
Julian miró a su alrededor, ver tanta belleza le causó una grata sorpresa. Deseó vivir allí, deseó morir allí, rodeado de buenas noticias. Por fin Thraes poseía esa tierra. Por fin el comandante...
-¡¡Nooo!!- negó Julian, y con ese acto apartó a Sher de si mismo. Con ese acto regresó al templo de la capital, con los ojos negros del anciano fijos en él.
La sonrisa de placer del anciano no le gustó nada.
-Por fin un halcón que vale la pena domar- dijo relamiéndose- serás de gran servicio a Thraes. Te había subestimado extranjero. Podeis iros, la unión ya está hecha.
Sher se inclinó. Julian, aún confuso, también.
Y así fue como Julian se convirtió en halcón de Thraes.

-La culpa es mía- le dijo Oído a Lirio- Debí haber escuchado mejor el rumor del viento.
-Te aseguro que nunca lo habrías sabido- le dijo Lirio con franqueza- Tuve ayuda no deseada. No pude contactar contigo a tiempo.
-¿Y ahora qué?- le dijo Oído – No se cuanto tiempo aguantaré aquí. Ya hay cientos de ojos que me vigilan.
- Lo se. Este pueblo es muy quisquilloso... y observador.
-¿Te Observaron en la entrada?
Lirio tragó saliva. No. Por suerte, no.
-Aquí tienes- dijo mientras rebuscaba entre sus ropajes más íntimos las cartas que debían ser entregadas a los miembros de la organización- Será tu última misión. Cúmplela con honor.
-¿La última?- repuso con sorpresa y alivio Oído- ¿No será por lo que te acabo de decir?
-No, tranquila- dijo Lirio- Aunque no creo que te marquen por tus servicios.
Oído sonrió ante sus palabras.
-No todas tenemos tu condición, Lirio. Te felicito.
Lirio asintió, aunque sin convencimiento.
-Parte ahora. Tal vez parte de la protección que me ha sido brindada también te llegue a ti.
-Gracias, Lirio. No te defraudaré.
Cuando Oído ya se marchaba de los nuevos aposentos de Lirio se giró bruscamente.
-¿Algún mensaje para la organización central?
Lirio dudó, pero negó.
Oído se marchó, con los mensajes escondidos en sus propios ropajes íntimos.
Lirio quedó sola. Si supieran el trato que había sido obligada a hacer no estarían tan contentos con ella en la organización. Aunque quizás hubiese una forma de darle la vuelta a la situación. Era peligroso, pero mejor que nada.
Lirio decidió intentarlo.
No es que su poder en las marcas fuera pequeño... pero sabía que siempre era mejor ocultarlo pues conocía los peligros y los riesgos de utilizar los objetos mágicos que eran las marcas. Y más cuando estos estaban vinculados a espíritus.
Pero no tenía más remedio. Había sido una suerte no ser Observada. No sabía cuánto podían ver los thraestianos con esos objetos observadores que utilizaban para proteger su capital. Dudaba que hubieran visto el pequeño objeto ubicado en su ombligo pero era mejor no haberlo averiguado.
Con delicadeza se quitó sus ropas, y se quedó desnuda frente a la lujosa cama en la que no pasaría esa noche.
Con mayor cuidado desprendió el “ojo” de su ombligo.
Y se dispuso a utilizarlo.
Con sumo cuidado puso el pequeño ojo en su lengua, cerró la boca y tragó.
Tras unos breves instantes, sintió un profundo dolor en su interior.
Parecía que funcionaba.
Con esfuerzo dijo las palabras adecuadas y de su cuerpo salió el ente invocado.
Era igual que Lirio. Nadie notaría la diferencia hasta que fuera demasiado tarde. Al menos, eso esperaba.
Con rapidez se vistió y se acercó al balcón. Era una suerte que las mejores habitaciones tuviesen balcón. Era una suerte que ella dispusiera de otra marca que utilizar y que le permitiría huir del balcón. Era hora de usar su “mano”.
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MensajePublicado: Jue Ago 23, 2007 11:18 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

-Espérame- dijo Julian- mientas salían del templo.
-¿Me amas?
Julian la miró sorprendido.
-¿Debería?
- Tal vez sí- repuso Sher con lo que parecía un tono algo melancólico – Sígueme.
-¿Por qué confío en ti?
-¿Por qué confías en Muerte sobre dos piernas?
-No confío en él- dijo Julian mirando fijamente a Sher que caminaba a su lado, alejados de las calles bulliciosas de la capital, caminando por las callejuelas inhóspitas de los barrios destinados a los halcones.
-No dijiste eso la última vez.
Julian se detuvo en seco.
-¿Qué has dicho? ¿Cómo sabes eso?
Sher se limitó a cogerle de la mano y conducirlo dentro de su casa.
Julian trató de soltarse, pero no pudo. La mano de Sher era férrea como una garra de halcón.
-Lo se porque estaba dentro de tu alma ese día, Julian. He estado dentro de ti desde que nos separamos, hace ya siete años. Yo nunca te he olvidado, Julian. Y tú, al parecer, no del todo.
Julian trató de soltarse, pero no pudo.
Sher le miró con ojos incisivos mientras le relataba cómo se vincularon hacía siete años. Utilizando el verask como medio para conseguirlo. Julian recordó cada palabra, cada hecho acontecido hacía siete años.
Y volvió a recordar la traición de Muerte sobre dos piernas. Y el odio que había sentido en el templo reapareció con fuerza. Esta vez la que se intentó soltar fue Sher. Pero Julian también era halcón. Nunca soltaba una presa.

-¿En qué consisten las marcas, Lirio?
Lirio estaba sentada inquieta en la lujosa cama. No era agradable estar a solas con el comandante en una habitación en la que era fácil caer en el juego de siempre. En el antiguo juego seductor de siempre.
-¿Dónde está Julian? ¿En verdad le habéis convertido en halcón?
-¿Por qué te interesa ahora Julian?- dijo el comandante con voz edulcorada- ¿Es que mi presencia no te inspira pensamientos alejados de Julian?
Lirio se estremeció. Definitivamente no le gustaba nada esta situación.
-No... simplemente me preguntaba...
-Basta de juegos absurdos, Lirio- repuso cortante el comandante acercándose a ella- Ahora tu lealtad te ata a mi. Contesta a mi pregunta.
-¿A cuál de ellas?
-A la primera.
-Mis marcas- repuso con voz muy pausada Lirio- Mis marcas son el medio que me han permitido escapar de aquí.
El comandante tensó el cuerpo.
-¿Escapar?- dijo arqueando la ceja derecha- Que yo sepa estás delante de mi, Lirio.
Con un movimiento demasiado rápido para ser visto. Lirio, o más bien, ojo se lanzó contra el comandante.
Un grito resonó en la segunda estancia más lujosa que había ubicada en la zona de seguridad de la torre.

Los dos soldados thraestianos entraron raudos como el rayo a la estancia. El comandante se había movido ligeramente, y eso le había salvado la vida. Casi a punto de desvanecerse, su férreo brazo apretaba una herida que no paraba de sangrar en su costado, mientras que en el suelo había un pequeño objeto plateado. Tan pequeño que pasó desapercibido a los guardas, cuando asombrados condujeron a su comandante ya desvanecido hacia el templo.

Muerte sobre dos piernas presintió la magia. Casi la palpó. Era muy diferente a la suya, casi corpórea y eso impidió que supiera ubicar dónde se había producido. Aunque enseguida supo quién la había provocada.
Muerte sobre dos piernas levantó su mano donde había grabada a fuego la palabra “rata” y dibujó un extraño símbolo en el aire.
Del símbolo brotó una cabeza de pájaro que le saludó con un graznido.
-Aeris- dijo Muerte sobre dos piernas- ¿Puedes localizar a Lirio?
El pájaro estuvo materializado unos segundos y cuando pareció a punto de responder explotó.
Muerte sobre dos piernas no tuvo tiempo de reaccionar y aunque trató de cubrirse con los brazos no lo consiguió. Antes de caer inconsciente murmuró unas palabras.
El cuerpo de Muerte sobre dos piernas no golpeó el suelo de la capital de Thraes.
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MensajePublicado: Vie Ago 24, 2007 11:05 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

-Quiero que seas mi mujer- repuso Julian a Sher mientras se adentraban en las negras aguas como alquitrán del Rhio.
Sher le sonrió. Una sonrisa dirigida a sus ojos.
-Simplemente soy un halcón, Julian –le dijo- ¿No tienes suficiente con los dos vínculos que nos unen?
-No. Nunca.
Julian aún se sentía confuso, pero sabía que sentía lo que decía.
Le bastaba con saber eso.
-¿Me ayudarás a cumplir mi deseo?- repuso Julian con voz tirante.
-¿Cuál de ellos? ¿Casarte conmigo o matar a Muerte sobre dos piernas? ¿O tal vez ambos?
Julian sonrió.
-Soy un hombre ambicioso.
Sher sonrió a su vez.
-No me parecías muy ambicioso en la montaña, halcón. Parecía que no tenías intención de salir de allí.
Julian cerró los ojos con rabia. Parecía que habían pasado años de aquello... Algo había cambiado en él...
-Ahora lo soy. Con eso es suficiente.
Sher se dirigió al barquero que les conducía a través de las aguas espesas del Rhio.
-¿A dónde nos dirigimos, barquero?
-A donde quiera el Rhio, mi señora.
-Soy una halcón- repuso herida Sher- No lo olvides. Contesta a mi pregunta.
El barquero no esbozó una sonrisa en los labios, pero sus ojos expresaban un gran sentido del humor.
-Se nota que no habéis navegado por el Rhio, halcón. El Rhio no conduce a ninguna parte, y conduce a todas. Sus negras aguas llevan al destino de cada ocupante. Estas aguas son las mismas que recogen los ancianos de los templos y utilizan en sus rituales. Son mágicas y oscuras- dijo con voz grave. Su sonido y ritmo emulaba a las tranquilas aguas del Rhio.
El barquero siguió hablando, pues como les contó tenía pocos pasajeros, pero Thraes pagaba muy bien sus escasos servicios. Y él ya formaba parte del Rhio. Jamás se separaría de él.
Así lo quería el Rhio.
Julian escuchó un estruendo y, de repente, un chapoteo en el agua, como si alguien acabase de caer al agua.
-¿Qué demonios...?
Una sombra inerte se movía con el compás de la corriente. La cabeza ligeramente inclinada. Era un cuerpo que flotaba.
El barquero movió la barca hacia el cuerpo, y con uno de los remos lo fue acercando, mientras iluminaba con una pequeña luz la figura.
Julian y Sher se pusieron en el borde de la barca y reconocieron la negra figura en cuanto la luz la rozó.

Era Muerte sobre dos piernas la que ahora yacía inmóvil dentro de la barca. Inmóvil pero no inerte como habían creído, puesto que respiraba costosamente.
El barquero empezó a reír con fuerza, mientras Julian y Sher se miraban el uno al otro con perplejidad.
-Aquí está el destino del que os hablaba- dijo con sorna- en vuestro caso salvarle la vida a este hombre... o lo que sea.
Julian miró fijamente a Muerte sobre dos piernas.
-¿Salvarle la vida?- repuso fríamente Julian- Creo que interpretas mal mi destino, barquero. Los efluvios de estas aguas han debido sorberte el cerebro. Mi destino es matarle y te lo voy a demostrar ahora mismo.
Diciendo estas palabras, Julian se dispuso a coger el remo que estaba apoyado en la barca. Cuando algo le detuvo.
-No debemos matarle, el barquero tiene razón- dijo Sher que había cogido el brazo de Julian con férrea fuerza- Nuestra misión es otra. No olvides que ahora eres un halcón, tenemos otras presas que coger.
-¡Calla!- gritó enloquecido Julian- ¡No tienes ningún derecho a pedirme que renuncie a mi venganza! Él me quitó todo lo que tenía, todo lo que era... –dijo mientras se rozaba la oreja que seguía estando en su sitio- No merece vivir.
Sher se interpuso entre Julian y Muerte sobre dos piernas.
-Ahora tienes un lazo conmigo. Pero por encima de mí, un lazo con Thraes. Y lo cumplirás aunque tengamos que obligarte a ello.
-¿Obligarme?- dijo Julian con una sonrisa- ¿Cómo osas siquiera...?
El barquero golpeó con fuerza a Julian por detrás.
-Aún le queda mucho por aprender- le explicó Sher al barquero, mientras la barca continuaba su camino por las negras aguas del Rhio.
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MensajePublicado: Sab Ago 25, 2007 2:35 am    Asunto: Hola Responder citando

Espérame- dijo Julian- mientas salían del templo
-¿Me amas?.
Esa parte no entiendo, no espesificás quién de los dos habla. Si es Sher podes poner Sher dijo ó Julián dijo, sino queres poner más que eso. Pero la espesificasón tiene que estar, sinó el lector no sabrá quién es el que esta contestando o preguntando.

-¿Por qué confío en ti?
-¿Por qué confías en Muerte sobre dos piernas? Por ejempo aquí no se sabe cual personaje pregunta y cual contesta, o si es uno solo el que pregunta todo.

Lo demás esta bueno, me gusta. Lo de los diálogos esta bién. Depende de vos si querés ponerle más contenido al relato. Lo que sí tenés que aclarar un poco los diálogos y un poco como es la magia y los Verask, las marcas y todo eso. Creo que como lector mi humilde opinión es esa

PD: ¿Lo de los Verask y las marcas lo inventastre vos?. Si es así es bastante original. Sinó esta bueno igual icon_mrgreen.gif
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MensajePublicado: Sab Ago 25, 2007 9:06 pm    Asunto: Responder citando

Sí, lo he inventado yo icon_mrgreen.gif

todo jaja icon_redface.gif

Gracias por los comentarios!! como nadie me dice nada no se si gusta, o qué jaja

lo de los diálogos... sí, es verdad que no lo puse.
Porque como el diálogo sigue pensé que no hacía falta y que quedaba mejor así. Pero te contesto:

Lo de "¿Me amas?" lo dice Sher
y lo de "¿Por qué confio en ti?" lo dice Julian
"¿Por qué confias en Muerte sobre dos piernas?"lo dice Sher

espero haber contestado a tu mensaje! icon_razz.gif

Con respecto a las explicaciones de las marcas y los verask, etc. tengo intención de ir revelando cosas conforme siga avanzando.

Pero hay partes de la narración que no voy a contar.
Por ejemplo, qué pasa desde la entrada de Lirio a la capital de brazos de Muerte hasta cómo llega a la fiesta de la nobleza.
Eso no lo expliqué y no pienso hacerlo.

Es mi modo de escribir jaja bufon.gif

Un saludo!

y muchas gracias x tus comentarios
espero que disfrutes de mi relato !
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MensajePublicado: Sab Ago 25, 2007 10:46 pm    Asunto: ACEPTO OPINIONES, COMENTARIOS... Responder citando

Lirio empezó a correr. Tenía la impresión de que algo la seguía. De repente, vislumbró una negra sombra muy cerca de ella y, sin pensar, lanzó su “mano” contra ella.
Su marca actuó de inmediato ofensivamente, y prendió fuego a la extraña sombra.
La sensación desapareció. Ahora estaba sola.
Lirio suspiró. La marca de la “mano” era la primera que le habían dado. De esa forma ella se convirtió en mano, puesto que actuaba en nombre de la organización. Sus hechos eran la actuación de la propia organización. Ese era el primer paso para conseguir relevancia y servir con mayor poder a la causa. La marca te ayudaba a actuar, a hacer cosas inimaginables que permitían llevar a cabo con éxito cualquier misión o propósito. Por ello, la organización marcaba a muy pocos de sus miembros. Los elegidos podían contarse con los dedos de las manos.
Además todas las marcas tenían su propia magia, y al marcarte se volvían parte de ti. Cada miembro marcado las desarrollaba de una manera. Algunos casi no conseguían avanzar en su uso, pero otros podían utilizarlas de múltiples maneras.
Ella era uno de esos últimos.
La marca de la “mano” le había permitido bajar del balcón y huir rápidamente sin ser vista por los guardas. También le había librado de la sombra extraña que le seguía.
Oído había tenido razón. Ella era afortunada, a pesar de haber temido que utilizar y abandonar su marca del “ojo” en su huida. No importaba, ya lo recuperaría de algún modo.
Ahora lo más importante era encontrar refugio, puesto que de noche no se podía salir de la capital sin una orden especial.
Y en la organización no habían falsificado una de esas.
Su único recurso, era encontrar a alguno de los miembros de la organización que vivían ocultos en la capital de Thraes.
Haber memorizado una de las direcciones a las que iba dirigida una de las cartas de la organización había sido prudente, puesto que se dirigía hacia allí. Ya estaba cerca, muy cerca...

Mientras, en esos mismos momentos el comandante era bañado en las negras y frías aguas negras del Rhio.
Los sacerdotes rezaban y rezaban el cuento de los “39” mientras lavaban el cuerpo desnudo del comandante en el Rhio.
Las aguas se llevaban la sangre fresca que aún brotaba de su herida, mientras los ancianos seguían con su oscura labor.
El comandante empezó a temblar convulso, mientras lo sacaban del margen del río y lo conducían hasta el interior del templo. Allí lo colocaron con cuidado sobre uno de los altares, mientras susurraban los últimos versos del cuento.
-“Pero temed la risa de la locura, pues ella anuncia vuestro destino”.
Dichas estas palabras cogieron las manipuladas aguas del Rhio y con ellas cubrieron la herida del comandante.
Éste paró de temblar de inmediato y su sufrido rostro se convirtió en una máscara de serenidad.
Era el momento.
Uno de los ancianos ya tenía en su mano la vara para realizar la invocación. Era una lástima no haber tenido más tiempo, pero la operación debía realizarse con premura o el comandante no duraría mucho más.
-¿Quién será la víctima? – preguntó el sacerdote que sostenía la vara.
-Ella es la única que se ha ofrecido voluntaria- repuso el anciano que estaba a su lado, mientras señalaba a una joven thraestiana.
El sacerdote la miró de arriba abajo y asintió. Estaba seguro de que serviría.
-¿Por qué?- le preguntó a la joven con voz segura.
-Yo... –repuso la joven con voz trémula- ...Quise ser verask pero se me negó tal privilegio.
-¿Por qué?- volvió a preguntar el sacerdote.
-No hay tiempo p