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La Torre del Sello: "En varios mundos del universo, unos pocos habitantes de esos mundos reciben, sin esperárselo y sin saber cómo ni lo que es, un misterioso Sello, el cual les otorga un poder aun por descubrir. El Sello cambiará sus vidas para siempre. Este suceso llamará la atención de unos seres superpoderosos, los

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Relatos de Personajes: La Torre Blanca I
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Autor Mensaje
Sayuri_
Jenn Da'shain
Jenn Da'shain


Registrado: Apr 02, 2002
Mensajes: 657
Ubicación: España

Afiliaciones:
Aes Sedai

MensajePublicado: Vie Oct 21, 2005 2:29 am    Asunto: Relatos de Personajes: La Torre Blanca I Responder citando

Weeeeeeeeeeeeeeeeeeeee a toos!!!

Bueno, seguro que os estaréis preguntando que diablos estoy haciendo aquí, verdad? icon_lol.gif Algunos ya sabéis cual es el motivo de este mensaje, otros no tardaréis en averiguarlo ^_~

Veréis… propuse una idea en el buzón de mi Asociación, dnd todas estuvieron de acuerdo. Consistía en hacer un relato multijugador. Partiendo de un relato inicial, cada una de las Hermanas, siguiendo un orden, retomarían la última historia escrita justo donde se quedó, interactuando con su personaje y otros.

La idea principal era que la Torre Blanca se moviera un poco en el roleo, pero eso no quiere decir que otros pj (de otras Aso), no puedan participar … Es más, sería interesante, la colaboración de todos ^_~

Como yo propuse la idea me tocó a mi el primer relatillo. Aldrus colaboro conmigo en hacerlo. Él ajustó y retocó el relato para dejarlo bien pulidito, además de modificar la parte del diálogo dnd aparecía, para darle un toque más personal.

Así pues, espero que disfruteis y os animeis a participar!!!


Sayuri Sedai, La Guardiana de las Crónicas
La Luz de la Batalla…


-------------------------------------------------------------------------------------

Esa noche se vaticinaba lluvia. Unas grandes nubes oscuras cubrían todo el cielo de Tar Valon. Era medianoche, pero Sayuri Sedai había interrumpido multitud de veces su tarea para levantarse y cerrar los grandes ventanales de su despacho, que no lograban resistirse a las violentas arremetidas del viento. La Guardiana de las Crónicas tenía mucho trabajo; las últimas semanas se había dedicado a realizar tareas fuera de los muros de la Torre retrasando al máximo los documentos que yacían sobre su escritorio. A pesar de no ser de gran importancia, ya no podía aplazarlos más.

Varias velas se habían consumido, y por la cantidad de papeles que aun quedaban sobre el escritorio no cabía duda de que debería usar un par más. Abrió el cajón de su escritorio, extrajo una vela blanca de su interior, la colocó en un candelabro plateado y la prendió con el Poder Único, sin mirar. Una llama bailarina apareció oscilante sobre el extremo de la vela, moviéndose al ritmo de la respiración de la Aes Sedai. El gesto de encauzar para realizar tareas cotidianas ni la inmutó, estaba tan acostumbrada a la sensación del Saidar inundando su ser que toda su atención estaba dirigida a los documentos que yacían en sus manos.

Unos leves golpecitos en la puerta hicieron que Sayuri levantara la vista del escritorio y se fijara en la puerta:

- ¿Quién es?


Una novicia con su peculiar vestido gris sin ningún tipo de adorno traspasó el umbral tímidamente. Tenía cinco años más que Sayuri, y su nombre era Irhilie. Era una mujer delgada y bajita de tez pálida, con una nariz respingona y pronunciados pómulos. Sus ojos miraban nerviosos toda la habitación, mientras que sus manos se aferraban a la falda con fuerza. Realizó una profunda reverencia en cuanto vio a Sayuri, y clavó la mirada en el suelo.

- Dime, muchacha. ¿Qué te ha traído a estas horas de la noche a mi despacho?

La voz de la Guardiana era dulce, pero firme a la vez. La novicia dio un respingo, como si la acabaran de descubrir haciendo algo prohibido. Continuaba con la vista baja, sin articular palabra. Sayuri no entendía qué había en este despacho, ni en el contiguo, para provocar tanto nerviosismo a las personas que lo visitaban. Era sabido que ante la Sede Amyrlin se requería respeto y un buen comportamiento, pero eso no era motivo para comportarse como una muchachita de seis años.

La Guardiana dejó la pluma en el tintero y colocó un trozo de madera tallado en forma de tortuga sobre varios papeles, para evitar que salieran volando en caso de que la ventana volviera a abrirse. Cruzó las manos sobre la mesa, y se dirigió a la mujer.

- Irhilie… Esta noche tengo mucho trabajo que realizar y ya voy bastante atrasada. –A veces Sayuri se sorprendía a si misma por la paciencia que demostraba hacia las novicias o Aceptadas. Con tono afable prosiguió- Si el asunto puede esperar, te agradecería que acudieras mañana a primera hora. Madre está descansando. Hoy ha sido un día duro y no tengo intención de despertarla por asuntos triviales.

- S-Sayuri Sedai, -la novicia inhaló una gran bocanada de aire para relajarse un
poco- el asunto que me ha traído aquí, no requiere la presencia de la Sede Amyrlin.

Sayuri mantuvo el rostro impasible, pero la mujer había despertado cierta curiosidad en ella. Si no se requería a la Amyrlin, la información no debería ser de gran importancia, aunque quizás…

- Sin rodeos, muchacha. ¿Qué me traes? No tengo tiempo que perder…

El rostro de Irhilie perdió todo color. La Guardiana no quería malgastar el tiempo contemplando las reacciones de la novicia. Estas siempre se daban aires de grandeza cuando tenían alguna información importante, o se sentían inseguras cuando pensaban que podían provocar la ira de alguna superiora.

- S-sí… Disculpadme, Sayuri Sedai. Os contaré. Hace un par de horas llegó un hombre encapuchado que pedía audiencia con vos. Se alteró un poco cuando se le negó la entrada. –La mujer agachó la cabeza al ver como la ceja de Sayuri se arqueaba al mirarla- Una Aceptada le explicó que no podíais ser molestada en estos momentos. Pero el hombre hizo oídos sordos, y continuó insistiendo en veros. Acudieron varias Aceptadas más y se ofrecieron amablemente a transmitir el recado que él llevaba para vos.

- Y estoy convencida de que no quiso escuchar esa sugerencia, ¿me equivoco? –Sayuri sonrió levemente, mientras que Irhilie se sonrojaba.

- Estáis en lo cierto. El hombre se negó a ello. Después de un largo tiempo discutiendo, el encapuchado se irritó con Elkenna, la Aceptada que lo atendió en primer lugar, y la zarandeó con violencia. Así que ésta, muy enfadada y con malhumor me envió para informaros sobre el incidente.

Sayuri se quedó pensativamente sentada en la silla unos largos minutos. La novicia empezó a frotarse las manos, nerviosa, bajo la atenta mirada de la Aes Sedai. La Guardiana se levantó de su escritorio en silencio, cogió la estrecha estola de color verde situada en el respaldo de la silla y se la colocó sobre los hombros. Se encaminó hacia la mujer y le dijo con voz seria:

- Lo habéis hecho muy bien muchacha. Hablaré con Elkenna para que la próxima vez controle su rabia y no la desahogue con la primera persona que se le ponga en las narices.

- Gracias Sayuri Sedai… Pero, ¿qué debo decirle a ella?

- Ve y comunícale que lleven al hombre a la pequeña sala próxima a la biblioteca. Yo me reuniré con él en breve. Y mandad que traigan algo de comer. Seguro que el pobre hombre estará hambriento, y ninguna se habrá dignado a ofrecerle alguna cosa comestible.

- Como digáis, Aes Sedai.- la novicia se ruborizó ligeramente e inclinó la cabeza.

- Esperad… ¿Os dijo su nombre o quien lo enviaba? –preguntó Sayuri cuando la novicia empezaba a dar media vuelta para irse.

- No, no nos dijo nada… -el tono de Irhilie traslucía seguridad, pero también una incipiente curiosidad, así como las ganas que tenía de salir de la habitación.

- De acuerdo, haz lo que te he indicado.

Tras una profunda reverencia, la mujer se fue a toda prisa a cumplir las nuevas órdenes. Sayuri miró fijamente hacia la puerta, pensativamente, mientras jugueteaba con el anillo en forma de serpiente que llevaba en el dedo.

----------------------------


Los pasillos de la Torre estaban en un profundo silencio. El bullicio de personas que invadían los pasillos durante el día no se parecía en nada a la tranquilidad que reinaba por la noche. Las pocas luces que alumbraban el corredor recreaban extrañas sombras en el mármol blanco del suelo. El sonido de los pasos de Sayuri era casi imperceptible. Se cruzó con varias novicias y Aceptadas que, al verla, se detuvieron para hacer las reverencias adecuadas. Sayuri les respondió con una leve inclinación de cabeza, sin interrumpir la marcha. Sus pensamientos se movían en pos del individuo que la esperaba en la sala de abajo.

El corredor estaba llegando a su fin. Al revolver la esquina se encontraban las escaleras que la llevarían al piso inferior y cerca de allí, a varios pasos se hallaba la Biblioteca. Se recogió ligeramente la falda, obligándose a avanzar más rápido. Quería saber quién era ese hombre y qué quería de ella.

Estaba tan distraída en sus pensamientos que no se percató de la figura que apareció en la esquina, y Sayuri chocó con violencia sobre el amplio pecho de un hombre. El impacto la desplazó hacia atrás con fuerza haciendo que perdiera el equilibrio. El hombre reaccionó velozmente, dando un paso hacia delante para coger la muñeca de la mujer. Tiró de ella hacia arriba, evitando que el cuerpo femenino impactara contra el suelo, mientras que con la otra mano la atraía hacia él, sujetándola por la cintura.

Tal era el aturdimiento de Sayuri, que no reconoció al hombre. El golpe había dejado sus pulmones sin aire y los reflejos del individuo la habían dejado sin palabras. Levantó sus grandes ojos azules para mirarle. Se sentía ridícula por la situación vivida, pero al alzar la vista se encontró con el rostro de Aldrus que sonreía burlonamente.

- Vuestro Guardián siempre dispuesto a arriesgar su vida para salvaros, Sayuri Sedai. – la joven se sonrojó intensamente, y se percató de que Aldrus se estaba esforzando mucho para contener la risa, pero esa sonrisa burlona aún seguía dibujada en sus labios cuando le guiñó el ojo.

Sayuri se desprendió de los brazos de Aldrus y comenzó a alisarse la falda, mientras sentía como la cara le ardía por la vergüenza. Se mordió el labio inferior y se dirigió a él con tono severo:

- Si fueras mirando por donde caminas, -Sayuri le clavó el dedo en el pecho, para dar hincapié a sus palabras- yo ni ninguna otra Hermana tendríamos que ir alerta, para evitar encontrarnos con grandullones como tú… -Aldrus seguía sonriendo, y cuando habló su tono de voz era sereno, aunque lo hizo en voz queda.

- Permíteme que te contradiga, querida, pero me temo que eres tú la que debe vigilar. Andas siempre distraída. –El rubor volvió a aparecer en el rostro de Sayuri, remarcando más las diminutas pecas de su nariz.

- Habláis sin conocimiento alguno, querido… –estiró con fuerza la estola, para colocarla en su lugar de nuevo. Aldrus se encogió de hombros.

- Puede, pero el otro día Erayam me contó que chocaste con él en el patio trasero. Ese día también ibas distraída, y si no llega a ser por él te hubieras dado un buen chapuzón en la fuente que había a vuestro lado.

Aldrus se estaba divirtiendo mucho provocándola, y Sayuri no tenía necesidad de percibir el regocijo en la parte de su mente que albergaba los pensamientos de su Gaidin para saberlo. Pero no estaba de humor para eso en estos momentos.

- De acuerdo. Tenéis razón.-replicó secamente- Andaba distraída. Tengo muchas cosas en la cabeza, y estaba pensando en ellas en este momento. Ahora si me permitís debo atender a una persona.Esta vez el rostro de Aldrus cambió; la sonrisa desapareció, dejando su lugar a un rostro impasible de puro autocontrol.

- Mis hermanos me comunicaron la llegada de un hombre que reclamaba a gritos tu presencia. Un individuo peculiar. ¿Qué sabes de él?

- Así es. Se tanto como tú, Aldrus. Una novicia me acaba de informar de ello y acudía a reunirme con él, antes de encontrarme contigo.

- Te acompañaré.

La respuesta cogió desprevenida a Sayuri. Aldrus no se movió del sitio, y su rostro seguía sin expresar sentimiento alguno.

- El hombre solicita sólo mi presencia. –repuso con cautela. Conocía a su esposo y si había decidido acompañarla, no podría hacerle cambiar de opinión- No será nada importante, no debes preocuparte.

- Insisto, Sayuri. Tu seguridad es lo primero. He visto al hombre antes de reunirme contigo y créeme, no es un vulgar vagabundo pidiendo algo que llevar a la boca. En mi opinión es algún explorador o soldado. No lleva armadura o emblema alguno, pero su presencia, sus movimientos, su modo de mirar lo que le rodea, indican que es hábil. Mucho.

Sayuri había escuchado y atendido a cada palabra de Aldrus. Su mente las estaba analizando para sacar sus propias conclusiones. “Un hombre con habilidades para la batalla…”. Sayuri cada vez estaba más intrigada.

- Bien, Aldrus, me has convencido. Vendrás conmigo. Nunca va mal un par de ojos y oídos de más. – Sayuri miró a Aldrus y le sonrió- Además, si te soy sincera este asunto me gusta cada vez menos. Tengo intención de finalizarlo lo antes posible. ¡Seguidme!


Aldrus asintió y se colocó tras Sayuri, siguiéndola como si fuera su sombra, con todos los sentidos alerta, observando todo lo que los rodeaba. Llevaba la espada colgando a la espalda, siempre dispuesta a ser desenvainada en el momento justo. La capa revoloteaba y cambiaba de color a medida que iban caminando, sin obtener un tono de color determinado. Caminaba tan silenciosamente, que a pesar de que Sayuri a través del vínculo lo notaba cerca, volvía la cabeza de vez en cuando para asegurarse de su presencia.

-------------------------


Llegaron a la puerta de la sala. Sayuri se tocó el anillo de la Gran Serpiente pensativamente y miró a Aldrus, que se encontraba a su derecha. Sonrió. Apoyó la mano derecha sobre el pomo de la puerta y la abrió.

La habitación estaba en penumbra, la única luz era un candelabro sobre la mesa, junto a los alimentos que había mandado traer. Estaban intactos. Sayuri empezó a buscar al hombre por la habitación, aunque estaba demasiado oscuro para ver con claridad. Aldrus se inclinó hacia ella y le susurró al oído la posición exacta del individuo, al que no perdía de vista ni un segundo. Le costó unos instantes descubrir la silueta del hombre, pero por fin lo logró. El individuo estaba en un extremo de la habitación, bien retirado de la puerta, oculto en las sombras. Era precavido; desde ese rincón podía visualizar tranquilamente a toda aquella persona que entrara en la habitación sin ser visto. La Aes Sedai se sintió algo irritada. Ese hombre desconfiaba de todo lo que le rodeaba.

Sayuri abrazó la Fuente y comenzó a manipular hilos de fuego, encendiendo con un fogonazo todas las lámparas de la habitación. El hombre se cubrió los ojos a causa de la intensa luz, pero no apartaba la vista de los recién llegados. Tal y como Aldrus había dicho, el hombre poseía un buen temple, una buena constitución y presencia, si se dejaba de lado las harapientas ropas. Su figura era similar a la de los Guardianes.

Sayuri se sintió satisfecha de haberlo cogido desprevenido. Antes de desprenderse del dulce contacto de la Fuente, tejió una salvaguarda alrededor de la sala. Nadie debía escuchar lo que se dijera en ese lugar. Fijando la mirada en el hombre, se presentó:

- Bienvenido a la Torre Blanca, mi señor. Permitidme que me presente, soy Sayuri Sedai, la actual Guardiana de las Crónicas. Tengo entendido que me buscabais, ¿cierto?

El hombre tenía los ojos prendidos en Sayuri, dando la sensación que la estaba sometiendo a un examen riguroso. Su mirada estudiaba cada parte de su cuerpo, sus ropas, sus gestos. Finalmente, su atención se centró en el rostro de la Aes Sedai mientras los ojos de ésta se clavaban amenazantes en los suyos. Aldrus se movió tras ella, aparentemente para limitarse a apoyar la espalda contra la pared, pero con la mano en la empuñadura de la espada, y siempre sin perder de vista al extraño visitante. Al poco tiempo el hombre se inclinó ante Sayuri con respeto y comenzó a hablar con voz serena y educadamente.

- Disculpad mi comportamiento, Sayuri Sedai. –el hombre intercambió una acalorada mirada con Aldrus- No he tenido el placer de conoceros en persona, y tenía que asegurarme que vuestros rasgos se ajustaban a la descripción que me dio mi señor antes de partir hacia aquí. No puedo permitirme el lujo de dar la información que traigo a otra persona.
- Entiendo, no os preocupéis - el rostro de Sayuri se suavizó lentamente y se mostró serena- Por favor, sentaos y tomad algo. Debéis estar cansado después de tan largo viaje.

- Sois muy amable, señora. Pero debo rehusar. El asunto que me trae aquí es urgente y en cuanto finalice mi misión, debo partir de inmediato.

La ceja de Sayuri se arqueó ligeramente. La curiosidad la estaba matando. El hombre se acercó a la mesa unos pasos bajo la atenta mirada de Aldrus, que seguía apoyado contra la pared, aunque en la mente de Sayuri su imagen se fundía con la de un arco tensado al máximo, esperando el momento de actuar. Estaba apoyado en la pared muy cerca de la Aes Sedai, aparentemente limitándose a juguetear con su daga. A pesar de parecer distraído, Sayuri sabía perfectamente que estaba con todos los sentidos puestos alrededor del hombre. Estaba escuchando atentamente todo lo que se decía o hacía. Con una queda sonrisa, Sayuri se ajustó la estola de color verde y se apoyó discretamente sobre la mesa.

- Bien. Pues vayamos a lo importante, sin rodeos si no os importa. Podéis hablar libremente. Nadie, exceptuando nosotros tres, tendrá conocimiento sobre el tema a tratar. Y ahora decidme… ¿Quién sois, y quién os envía?

El hombre asintió con la cabeza, y respondió:

- Pertenezco a la Compañía de la Mano Roja, mi señora. Soy un soldado y sirvo al Comandante Markusson. Él es quien me envía.

La daga se detuvo en las manos de Aldrus, quien enarcó una ceja y observó detenidamente al soldado. Sayuri también estaba mirando fijamente al hombre que tenía frente a ella, un poco extrañada. “Markusson”. La Sedai se hundió de nuevo en sus pensamientos, ¿qué podría necesitar él de ella? Se habían prestado ayuda mutuamente hacía mucho tiempo. Sabía que podía contar con él en caso de necesidad, pero… En el supuesto caso de que la necesitara de nuevo, no entendía el porqué del misterio que entrañaba esta situación.

- Conozco a Markusson, vuestro Comandante. Os podría decir la multitud de veces que hemos combatido juntos contra las hordas del Oscuro. Pero decidme, ¿le ocurre algo malo, necesita nuestra ayuda?

- No, Sayuri Sedai. Mi señor, al menos la última vez que le vi, gozaba de una salud de roble. Pero el asunto que me trae aquí no tiene nada que ver con ello.

El hombre comenzó a rebuscar en sus alforjas. Aldrus guardó su daga y se aproximó a Sayuri. Esta frunció ligeramente el ceño al intentar visualizar lo que estaba buscando el soldado. Al poco tiempo, extrajo una carta lacrada y se la tendió a Sayuri.

- Mi misión es entregaros esta carta, e impedir que ojos indiscretos la lean. –El hombre fijó su mirada en Aldrus, invitándolo a salir de la habitación, pero el Gaidin ni se inmutó. Se acercó discretamente a Sayuri para observar la carta, aunque no demostraba mucho interés en su contenido. Sin embargo, la joven sabía que la curiosidad le picaba tanto como a ella, lo percibía por el vínculo. El hombre se volvió hacia ella- Sayuri, debo pediros...

- Sayuri Sedai, soldado. Mostremos educación, ¿no te parece? –el tono del Guardián era ligero, casual incluso, pero dirigió una dura mirada al soldado que decía mucho más que esas corteses palabras.

- Sayuri Sedai, –prosiguió el hombre tras dirigir una mirada de reojo a Aldrus, quien se limitó a asentir con la cabeza- debo pediros que vuestro acompañante espere fuera. El contenido del sobre, tal y como os he indicado, sólo lo debéis conocer vos, hasta que decidáis lo contrario. Mi señor confía en vuestro buen juicio y sabe que tendréis tiento para este asunto. Pero no creo que él -el hombre señaló a Aldrus con un gesto de cabeza- deba tener conocimiento alguno de todo esto.
Sayuri seguía concentrada en la carta. Sin duda, el lacrado sello pertenecía al Comandante. Se preguntaba una y otra vez que pondría en la carta. Ni siquiera alzó la cabeza para contestar al hombre.

- Disculpad, pero él se queda. Este hombre al que estáis sugiriendo que mande fuera es mi Gaidin y esposo –repuso la mujer con calma, a la vez que alzaba la mirada y la clavaba en el soldado, sonriendo- Creo que no necesitáis más explicaciones al respecto, ¿verdad?
- Os pido nuevamente perdón, Sayuri Sedai. No tenía conocimiento de ello. En ese caso, no creo que haya problema.

El soldado miró al Gaidin y le pidió disculpas en silencio. Aldrus aceptó las disculpas con un cabeceo, y siguió concentrado en Sayuri y su visitante. La Sedai se alejó unos pasos y rompió el lacre que sellaba la carta. Abrió con cuidado la carta y comenzó a leer:

Saludos, Sayuri Sedai:

Hace mucho que no se nada de vos. Espero que os vaya todo bien y sigáis como siempre. Doy gracias a la Luz por ello. Lamento ser breve en este escrito, pero el tiempo pasa sin detenerse, y cada segundo que pasa es fundamental en los tiempos que transcurren.

Leed atentamente; tengo información que indica la posibilidad de que, entre vuestros muros, existan Hermanas pertenecientes al Ajah Negro. Esa información es verídica. No puedo deciros nada más al respecto, pero intentaré obtener más información. Os mantendré informada de cualquier acontecimiento. Pero os pido que vayáis con cautela y vigiléis vuestro entorno.

Atentamente,
Markusson
Comandante de la Mano Roja


A medida que iba leyendo la carta se mordía con fuerza el labio inferior. El rostro de Sayuri perdió todo color y un quedo gemido se quedó en su garganta, sin poder salir. Desde luego era la letra firme de Markusson, pero le costaba creer lo que estaba leyendo. ¿El Ajah Negro dentro de la Torre?

Notó como la vista se le nublaba por segundos, y se sintió agotada. Aldrus la miraba preocupado y a la vez extrañado. La mujer le tendió la nota para que la leyera por sí mismo, mientras ella se masajeaba las sienes intentando aclararse las ideas. Elevó el rostro y sus ojos intensamente azules perforaron al hombre que tenía enfrente. Su mirada era firme y directa, y su voz retumbó por toda la habitación.

- ¿Conocéis el contenido de la carta, señor?

- No, señora. El Comandante ordenó que os la entregara a vos. Nadie debía leer su contenido, salvo vos.


Sayuri asintió a lo que el hombre decía. Dirigió una mirada a Aldrus, y vio aparecer una ligera arruga en su frente. La carta era directa, sin tapujos. Si lo que se decía en ella era cierto, tendrían que andar con mucho cuidado.

- Escuchadme… -la voz de Sayuri sonó sosegada y tranquila, pero tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlarla- Escribiré una carta en respuesta para vuestro señor. Me gustaría que se la entregarais en persona. Con las mismas condiciones. Os daré algo de oro para recompensaros por todo. No quiero que habléis a nadie sobre la existencia de la carta de vuestro señor, ni de la mía.
- Por supuesto, Sayuri Sedai. Os presto el mismo juramento que realicé al Comandante. Si no lo cumplo, que mi alma esté condenada eternamente.


- Bien, me alegro de que nos hayamos entendido. Mi Gaidin y yo debemos marcharnos, tenemos que disponer varias cosas. Os mandaré a alguien para que os atienda, y yo personalmente os traeré mi carta escrita. Aprovechad, y comed antes de partir.

- Así lo haré, señora.

- Que la Luz os proteja y la Mano del Creador os de cobijo, señor.

El hombre realizó una profunda reverencia, mientras que Sayuri inclinó levemente la cabeza. Con paso apresurado salió de la habitación junto con Aldrus, que caminaba a su lado envuelto nuevamente sin hacer ruido. Durante la marcha el silencio los envolvía. El Gaidin continuaba en posesión del documento, y fue él quien quebró el silencio, no sin antes observar alrededor y cerciorarse de que estaban a solas, sin nadie que les pudiera escuchar.

- Sayuri, ¿crees que lo dicho aquí puede ser cierto?

Sayuri chasqueó la lengua con irritación.

- Antes de esta carta, ya tenía ciertas dudas sobre este tema, pero lo dejé de lado por falta de pruebas. Tenía informes sobre la existencia de este Ajah, pero no creí en la posibilidad de tenerlas dentro de los muros de la Torre. No tan cerca. Ahora… -sacudió con gesto cansino la cabeza, su rostro fatigado- .. me temo que habrá que hacerse cargo del asunto.
Aldrus la contemplaba de cerca, intensamente. Tenía el rostro apagado, triste. Había sido una noche larga. Los primeros rayos de sol asomaban por los ventanales del pasillo. Sabía que su esposa no había dormido durante la noche, y aún tenían que transcurrir muchas horas antes de que pudiera meterse en la cama para descansar. Aldrus no pudo evitar preocuparse.

- Deberé informar a mis hermanos para que extremen la vigilancia. –las palabras de Aldrus sacaron a Sayuri de sus pensamientos.

- No, antes de nada…hablaré con Madre. Ella encargará a alguna hermana organizar una reunión urgente, con las hermanas de más confianza. No podemos andar a ciegas en este asunto. Conozco a la mayoría de las hermanas, y descartaría a algunas sin pensarlo. Pero hay que ser cautelosa.

- ¿Sospechas de alguien? –el Guardián no titubeó al pronunciar esas palabras. Sayuri alzó la cabeza para mirar al frente.

- Últimamente han ocurrido muchas cosas, querido… El número de mujeres con el don se ha visto reducido enormemente; la búsqueda de objetos de poder sigue en funcionamiento, varias hermanas se dedican a ello, pero no avanza con la rapidez deseada; la Torre Negra cada día es más poderosa; los Hijos de la Luz han vuelto a organizarse; y los engendros del Oscuro continúan con sus andadas… -Sayuri suspiró y alzó el rostro para mirar a Aldrus- No, querido… He estado muy ocupada, y no me he fijado en los comportamientos anómalos que podrían tener ciertas hermanas… -el rostro afligido de la joven enterneció a Aldrus.

- No importa… Ahora observaremos todos los detalles e indicios que nos hagan sospechar –con una cálida sonrisa, Aldrus se paró, haciéndola detenerse a ella también, y apartó varios mechones de pelo del rostro de Sayuri- Vayamos a contarle lo ocurrido a Madre, no perdamos tiempo.

- Sí, tenéis razón.
–dijo ella sonriendo levemente.

La Aes Sedai se recogió la falda y apresuró el paso. Aldrus la seguía muy de cerca, sus movimientos ágiles como los de un lobo acechando. Con paso decidido, ambas figuras desaparecieron al subir las escaleras del piso superior…
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MensajePublicado: Vie Oct 21, 2005 9:21 am    Asunto: Responder citando

Me gusta mucho la idea,y si nadie ha comenzado ya una continuación me gustaría coger el turno icon_smile.gif

Creo que se debería avisar para que nadie se adelantara a otra persona que pudiera estar escribiendo y tuviera que perder lo escrito o adaptarlo(me huelo que mi querido Aldrus puede haber empezado icon_razz.gif)

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Alanna
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MensajePublicado: Sab Oct 29, 2005 8:03 pm    Asunto: Responder citando

Hola Guardiana, hola a todos:

Por fin pude leer el relato, me ha encantado, tienes una forma de escribir muy fresca, o mejor dicho tu "marido" y tú escribis de una forma muy impactante.

Me encantara praticipar en cuanto me llegue el turno.

Muchos besos a todos

Corenia sedai, cabeza ajah amarillo
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Sashka
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MensajePublicado: Dom Oct 30, 2005 12:23 pm    Asunto: Responder citando

Pueees a mi tambien me ha gustado mucho la idea,
y os esta quedando muy chuloo icon_smile.gif

a ver cuando podeis poner la continuacion icon_biggrin.gif

Nayla icon_loco.gif
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MensajePublicado: Mar Nov 08, 2005 8:36 pm    Asunto: Responder citando

LLevo un tiempo liado y ahora se me avecina una epoca con bastantes examenes :S, asi q no me queda mas remedio que ceder el turno o lo dejo parado muxo mas tiempo icon_sad.gif

A ver si cuando pueda ayudar con la historia ha avanzado y se ha complicado mucho icon_biggrin.gif

Suerte y cuidaros

Palin Majere & Rhelan Gaidin
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MensajePublicado: Mie Nov 09, 2005 5:27 pm    Asunto: Responder citando

En ese caso pido el turno, breve sabreis algo de Irelia sedai icon_sedai.gif
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2005 4:23 pm    Asunto: Responder citando

Y la Rueda continua girando...

Hacia mucho tiempo que mis obligaciones nos habían alejado de Tar Valon. Durante nuestra ausencia los rumores pasaban de lo absurdo a lo inquietante, pero mi miedo no lo provocaba su contenido, sino las consecuencias que se desencadenarían si los enemigos de la Torre daban crédito a esas mentiras.

A lo largo del camino de regreso, las nubes se agolpaban con una promesa de lluvia que nunca llegaba. Durante los últimos meses habíamos recorrido la mitad de las Tierras del Oeste y en cada uno de sus rincones el calor era asfixiante, aunque ese era el menor de sus males.

Cerca de Braem se levanto un fuerte viento que nos obligó a inclinarnos sobre la cruz de nuestras monturas. Fogil sugirió descansar en una posada y retomar el camino al amanecer. Por encima del viento huracanado grité que era preciso llegar esa misma noche, no deseaba retrasar mas el encuentro con mis hermanas. Él cabeceo afirmativamente, sentía y compartía mi ansiedad.

El agotamiento hacia mella cuando una oleada de intensa alegría y alivio me invadió a través del vinculo, levanté la vista y a lo lejos pude ver las titilantes luces que alumbraban los puentes, únicos accesos por tierra a la isla. Sendas doradas que nos permitirían acceder al corazón de Tar Valon, la Torre Blanca.

El viento arrojó hacia atrás la capucha de mi capa, desordenando mi cabello y cortando mi cara, pero no importaba. De mi garganta brotaba una carcajada llena de dicha que encontró su eco en Fogil, salté a sus brazos y me estrechó con fuerza mientras giraba sobre si mismo riendo conmigo.

Me ayudó a montar e iniciamos un galope para acortar definitivamente la distancia que nos separaba de la isla. Volamos sobre el camino y tuvimos la prudencia de hacer un alto antes de llegar, para vestir aquellos emblemas que decían quienes y que éramos. Los guardias nos abrieron las puertas y nos internamos entre las calles de la impresionante urbe con vivo trote.

Ya a los pies de la Torre un mozo se acercó para hacerse cargo de nuestras monturas mientras bostezaba sonoramente. Una mirada fue suficiente para que cerrara su enorme boca, eso y el anillo de la Gran Serpiente en las manos que le tendieron las riendas. Fogil terminó de desatar nuestros fardos y los cargo al hombro como si fuesen tan ligeros como una simple chaqueta. La claridad de la mañana acarició la blanca piedra mientras ascendíamos por las escalinatas.

Ya en el amplio Hall, una aceptada se acercó apresuradamente para recibirnos. Se inclinó con cortesía mientras nos daba la bienvenida que le habían enseñado y que anteriormente yo misma había recitado. A su espalda los pasillos estaban desiertos, demasiado temprano para que la actividad vibrase en el interior de la Torre.

Sin previo aviso una mujer cruzó el pasillo seguida de cerca por un hombre de movimientos felinos y coleta shienariana. Parpadeé sorprendida por la repentina aparición y por poco no arroyé a la joven, cuando corrí a su encuentro. De estatura media, largo cabello castaño y vestida con tonalidades esmeraldas, no podía ser otra.

- Sayuri! -grité -Sayuri sedai!

La mujer ya ascendía por las escaleras cuando se volvió a mi llamada, su hermoso rostro intemporal seguía plagado de diminutas pecas, pero el cansancio y la severidad lo convertían en algo similar a un pedazo de granito. Su expresión no se dulcificó cuando alzo interrogativamente una de sus cejas mientras sus ojos azules me estudiaban con detenimiento. Deje caer la amplia capucha y la sonreí dulcemente.

- Sayuri.... soy Irelia...–dije sin resuello- Irelia sedai, Hermana del Ajah verde...al fin he regresado!

Fue entonces cuando me percate de la estola verde que caía delicadamente sobre sus hombros, lo que significaba que algunos de los rumores o parte de ellos eran ciertos.

- Que alegría encontraros de nuevo, Guardiana de las Crónicas.

Saludé mientras realizaba una profunda reverencia, más por el aprecio que sentía hacia la mujer que por su nuevo rango.

...


Y q otro pille turno icon_loco.gif
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Bael
Jenn Hailene
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2005 8:00 pm    Asunto: Responder citando

Buena historia, Lilit icon_smile.gif


Si nadie tiene nada pensado, pido el turno icon_biggrin.gif
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Alanna
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MensajePublicado: Mar Nov 15, 2005 8:33 pm    Asunto: Responder citando

hola Irelia,

Has representado muy bien la llegada a la torre y a la historia.

Espero que me toque pronto a mi... que nervios....

Besos

Corenia
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Bael
Jenn Hailene
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MensajePublicado: Mar Nov 22, 2005 11:59 am    Asunto: Responder citando

Los pasillos de la Torre Blanca eran espaciosos y estaban bellamente ornamentados. Mesitas con jarrones de cerámica tarabonesa y tapices o pinturas realizadas hace decenas, cuando no siglos, atrás adornaban las paredes, atenuando o realzando, dependiendo del tramo, el color de las paredes y de los techos. Uno de esos pasillos terminaba en unas altas puertas de madera, talladas sobriamente. Tres hombres guardaban las puertas, uno de ellos alto y nervudo, con una sonrisa triste mientras tocaba la lira, y los otros dos de aspecto más corriente, que jugaban a los dados mientras escuchaban la música de su compañero.

Cuando se acercaba a las altas puertas, Aldrus hizo una ligera reverencia a los tres hombres, llevándose la mano al corazón, y les saludó diciendo:

- Que la Luz ilumine a las Aes Sedai.

- Que ella nos de fuerza para ayudarlas contra la Sombra - respondieron los tres hombres, levantándose rápidamente y repitiendo el saludo, una tradición que se remontaba a siglos atrás, cuando los primeros Guardianes entraron en la Torre Blanca después de las primeras vinculaciones.

Aldrus sonrió a los tres Guardianes, y estaba a punto de pasar las puertas cuando se detuvo y miró al que tocaba la lira, al que preguntó:

- ¿Ha pasado Keiven Gaidin por aquí? También necesito hablar con Corintur y Erayam, si les habéis visto...

Los tres hombres siguieron con sus entretenimientos, pero uno de los que jugaban a los dados le respondió mientras miraba la tirada de su compañero:

- Creo que Keiven ha marchado a la Llaga. Cuando salía le oí refunfuñar algo de un medallón perdido o algo así. A Erayam no le hemos visto hace bastante tiempo, y Corintur... - no terminó la frase, pero le miró de una forma cargada de significado.

- Estará ocupado, simplemente. Bien, si vuelven por aquí decidles que se reúnan conmigo, tengo que hablarles. Les he enviado unas palomas mensajeras, así que espero que tarden lo menos posible.

Los tres hombres asintieron y volvieron a sus asuntos mientras Aldrus cruzaba las puertas. Aunque puede que no fueran ellos los que vieran a los otros tres Consejeros, harían correr la voz entre los demás Guardianes, poniéndolos sobre aviso. El mensaje llegaría, de eso Aldrus estaba totalmente seguro.

Los aposentos de los Guardianes eran espaciosos, como el resto de las estancias de la Torre que no estaban ocupados por el servicio, que aún así era mejor tratado que en otros muchos lugares. Aldrus se dirigió directamente a su habitación, saludando a los Guardianes con los que se cruzaba al caminar, y más de uno le miró con extrañeza al darse cuenta de adónde se dirigía. Ciertamente no solía utilizar sus aposentos en este ala de la Torre desde que se había casado con Sayuri, pero aún así tenía una pequeña recámara en la segunda planta. Una de las ventajas de ser Consejero, suponía.

Cuando entró en sus aposentos, sintió en cierta forma que estaba en casa. En las paredes de la habitación colgaban varios ejemplares de armas, todas ellas utilizadas por él en el pasado; espadas de diversos tipos, un par de hachas y una maza. También había un escudo de gran tamaño, abollado por los golpes recibidos pero aún útil, y dentro de un armario un casco coronado por unos impresionantes cuernos de carnero destacaba sobre una cota de escamas de color verdoso y un peto de cuero con la Llama Blanca bordada en la pechera. Cualquiera que entrase en esta habitación por primera vez pensaría que se había equivocado y había entrado en una armería, pero Aldrus sabía que no era así. Aunque Sayuri no estaba aquí, sabía que este lugar también era parte de él.

Se acercó al escritorio que ocupaba una de las esquinas, bajo un gran ventanal orientado al este, y tomó asiento mientras pensaba en los últimos acontecimientos. Las noticias transmitidas por Markusson eran preocupantes, revelaban un nido de corrupción y traición en el seno de la Torre Blanca, y ese era un peligro mayor que todos los Capas Blancas y todos los engendros que atacaban las Tierras Fronterizas año tras año.

Durante siglos la Torre había sido un baluarte contra la Sombra, y él estaba orgulloso de ello. Orgulloso de formar parte de un grupo de personas capaces de mirar más allá del peligro inmediato y visible, que sabían que la Sombra tenía más poder y era más artera de lo que muchos pensaban. Y que luchaban contra ella porque eso era lo que había que hacer. Porque era necesario, y alguien debía hacerlo.

Aunque pocos agradecían esa labor. Las Aes Sedai eran insultadas en algunas partes del mundo, sobre todo allí donde los Hijos de la Luz tenían un poder considerable. Por suerte, ese desprecio solía ir unido al miedo, y eso refrenaba las lenguas tan bien como el respeto, al menos la mayoría de las veces. Pero, si había Amigas Siniestras en la Torre, si el Ajah más oscuro existía en realidad, y ese conocimiento se extendía...

¿Seguiría el mundo respetando a las Aes Sedai?

La respuesta estaba clara, al menos para él. El mundo odiaría desde ese momento a las Aes Sedai. Los campesinos harían caso a las paparruchas inventadas por los Capas Blancas, incluso algunos nobles menores les prestarían oídos, mientras los poderosos se negarían a aceptar el consejo de las Aes Sedai por temor a que si no la que les hablaba fuese otra detrás de ella quien perteneciera al Ajah Negro. Y no pasaría mucho tiempo antes de que la Torre se volviera contra sí misma, como un animal herido tratando de arrancarse algo que le quema en las entrañas, y que moría desangrado después.

Un escalofrío involuntario le recorrió la espalda, como si la caída de la Torre estuviera a punto de ocurrir. Miró por la ventana, hacia uno de los patios de entrenamiento, donde jóvenes procedentes de todos los países se entrenaban para alcanzar la maestría con las armas y proteger a las Aes Sedai de cualquier enemigo. Jóvenes llenos de ilusiones y proyectos, de vida y fuerza, que apenas sabían nada de la dureza de la vida y lo que el título de Gaidin llevaba consigo. No se merecían un futuro tan incierto y oscuro.

La Torre debía permanecer unida, poderosa frente a las naciones y la Sombra, y la gangrena en su interior debía ser extirpada con cuidado, como un cuchillo que raspa la carne muerta para salvar la sana. Y si alguien debía ser el cuchillo, él estaba dispuesto a serlo.
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Esgelith
Jenn Sorei
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MensajePublicado: Mar Nov 22, 2005 11:57 pm    Asunto: Responder citando

Me pido el turno :PPPPPPPPPPPPPPPPPPP
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Esgelith
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MensajePublicado: Mar Dic 13, 2005 9:22 pm    Asunto: Responder citando

Bueno pues tras una larga espera, señoras y señores, aqui esta para su disfrte el relato de Jarlin Sedai, La Maestra de Nonvicias (pongo el título porque parece ser que la gente ha empezado a fijarse recientemente aunque llevo con esta función bastante tiempo, así acortamos aclaraciones icon_lol.gif)

Bueno lamento haberos hecho esperar. icon_rolleyes.gif

Que los disfruteis!!!!

-------------------------------------------------------------------------------------

El sol se hundía en los verdes prados de Tar Valon
cuando , por fin, pude salir del auditorio. Las clases habían
empezado a media tarde, pero las novicias no estaban tan
despeirtas como esperaba. Normalmente eran capaces de entender
lo que les decía, pero eso era claro, cuando no estaban
dormidas.Tendría que investigar que era lo que hacían por las
noches para estar tan despistadas por la mañana.
Me drigí rápidamente al comedor de la Torre para poder
comer algo antes de que empezara mi turno en La Biblioteca
Cuando llegue a las grandes y bellamente ornamentadas
puertas de La Bilbioteca me encontré con Anamaya esperándome
en las escaleras.

- Vaya hermana, te has dado más prisa que de costumbre.
- No sabes como estaban hoy las novicias.
- ¿Dormidas?
- Sí, ¿cómo lo sabías?
- Tuve clase con ellas esta mañana y más de una tuvo que ser....
castigada.

( Así que no era cosa de que estuviésemos a media tarde, tendría
que descubrir que hacían en vez de dormir cuanto antes, era una
irresponsabilidad por su parte)

- Bueno al menos ahora podrás descansar.
- No creo sigo con esas pesadillas.
- Vaya, deberias ir a ver a Corenia, Anamaya, seguro que puede
ayudarte con eso.
- Mañana sin falta

Me despedí de Anamaya y entré en La Biblioteca.
Los nubarrones que se formaron durante la cena
estallaron en tormenta por la noche. Las ventanas se abrian y
cerraban contantemente con cada arrebato de viento, no me quedó
más remedio que cerrarlas con el poder, el riesgo para los libros era
demasiado alto.
El resto del turno permaneció tranquilo, un par de Sedai
grises entraron para consultar un tratado de leyes Domanies, pero
nada más.
Se estaba acercando la media noche cuando ví, a través
de una venta, a Elkenna, una aceptada algo orgullosa y con bastante
génio, ir junto con un hombre a uno de los anexos de La Biblioteca,
un edificio que servía como estudio para todas aquellas que
quisieran un lugar tranquilo, era comunmente utilizado por novicias y
aceptadas para sus estudios, pero era tarde para estudiar...
Salí de La Biblioteca y me dirigí a Elkenna cuando salía
de la habitación.
- ¿Qué haces aquí a estas horas pequeña?
- La Guardiana de las Crónicas me ha mandado traer aquí a este
hombre y darle algo de comer, Jarlin Sedai.

(parecía algo cansada, pero estaba claramente enojada...)

- Bien, termina cuanto antes y ve a tu habitación, no quiero ver más
caras somnolientas mañana.

Después de aquello volví a La Biblioteca algo extrañada
por las circunstancias, una visita a esas horas podría considerarse
factible pero no tenía porque usar aquel lugar, ella solía recibirlos en
su habitación o en su despacho.
Al poco rato dos figuras entraron en el anexo,
seguramente Sayuri y Aldrus por la forma y la altura.
De repente, mientras colocaba la sección de aritmética
que alguien había desordenado, todas las luces del edificio contiguo
se iluminaron de golpe y pude ver perfectamente a Sayuri, Aldrus y a
un hombre algo, fuerte y bien formado. Hablaban y el hombre le
daba una carta o una nota a Sayuri, esta se la pasaba a Aldrus y
luego él la guardaba. Al salir observe el caminar de La Guardiana
algo intraquilo. El hombre se fue poco después.
Me quedé en La Biblioteca hasta terminar el turno y de
paso apunte la lista de los libros que Benhard debía subir a mis
aposentos, pero no pude quitarme el picor de mi oreja izquierda,
siempre me picaba cuando algo pasaba.
Llegó el alba y espere en las escaleras a Sukiko , otra hermana
marrón, que venía a relevarme, me despedí de ella con pocas
palabras y me fui a mi habitación en la planta del ajah marrón.
Mi habitación se encontraba modestamente adornada con
mubles de cedro de elaboración ebudariana y con algunos ribetes
en dorado, lo único destacable era el gran ventanal que me otorgaba
la luz que tanto necesitaba. Cuando entré me encontré con Benhard,
sentado en mi escritorio resolviendo uno de sus juegos de herrero.

- ¿Qué haces aquí? Te iba a dar la lista durante la comida.
- No hay nada que me guste más que servirte de portalibros, pero
lleva picándome la oreja toda la noche, ¿Sabes la razón?

Me miraba descaradamente como exigiendome una
explicación, ya eran demasiados años y las relaciones sedai
guardian solian acabar así con el tiempo, la confianza otorgaba estas
cosas.

-Te la diría si la supiera, por cierto, quita tus botas de esa silla, para
algo tengo un escabel "¿sabes?"

Después de un largo duelo de miradas y una transmisión
por el vínculo, acabó bajando los pies al suelo... lentamente.

- "Por cierto", ha llegado esta nota para tí, la trajo una novicia con
pinta de no haber dormido en toda la noche.

Benhard me tendió la carta mientras me sentaba. Noté su
curiosidad por el vínculo, al fin y al cabo era igual que yo.

- Pues ya somos dos.

Abrí la carta:

Querida hermana,

Hace mucho tiempo que no hablamos. Me gustaría tomar una taza
de té contigo y con algunas otras hermanas que hace tiempo que no
veo. Ven después de mediodía y podremor admirar la belleza de la
seda de Shara.

Atentamente
Ravenna Sedai


- Una reunión privada.... Tal vez sepas porque te pica antes de
terminar el día.


-------------------------------------------------------------------------------------

El despacho de la Sede Amyrlin era el más lujoso y hermoso de toda la Torre, y una buena parte se la llevaba las bellísimas cortinas de seda de Shara trabajadas al estilo andoreño, unas piezas pulcramente elaboradas.
Cuando llamé me abrió la puerta Shalín, una aceptada bastante prometedora pero muy poco creativa con respecto a los tejidos. Me ofreció una taza de té con mucha miel, la cual acepte, y tomé asiento. Fue entonces cuando me tome un tiempo para mirar a mis compañeras. Rostros que hacía tiempo que no contemplaba.

Ravenna: Hacía tiempo que no la veía, se decía que su red de informadores era la más extensa de todo el ajah azul.
Shiroi: No la veía desde que decidió aislarse del mundo para aumentar su objetividad y para pensar sobre el mundo. Parecía mucho más... fría.
Azinia: Siempre a la caza de encauzadores, pasaba poco tiempo en La Torre.
Corenia: Me pregunto si Anamaya habría ido a verla aquella mañana.
Laira: Siempre de aquí para allá se rumoreaba mucho de ella aunque los rumores siempre eran inciertos.
Irelia: Había vuelto justo la noche anterior de sus viajes por el mundo
Alys: Había vuelto hace unos mese después de haber sido consejera en Kandor.

Las salude y hablamos un poco:

- Laira: Vaya tú también. Esto se hace más misterioso a cada paso.

- Corenia: Saludos hermana (Ella siempre tan alegre), recuerdos de Anamaya.

- Ravenna: Veo que recibiste la nota, bien, sabía que serias capaz de descifrarla.

- Shiroi: Me alegra volver a verte (desde luego su rostro no lo demostraba, aunque no parecía demostrar nada)

- Irelia: Mucho tiempo sin vernos Jarlin, espero que sigas siendo la misma, he oído muchas cosas en mis viajes...

- Alys: Jarlin (Alys había sido una persona muy sobria incluso desde el noviciado)

- Jarlin: Alys

- Azinia: Saludos Jarlin, veo que seguís como siempre, llegando tarde.

- Jarlin: Sí, así lo ha querido la rueda.

Entonces las puertas se abrieron y entró La Guardiana de las Crónicas anunciando a La Sede Amyrlin.

- Nafay: Me alegro de que hayáis podido acudir todas. Shalin, pequeña ya puedes irte.

La aceptada salió haciendo reverencias y cerró la puerta tras de sí.

- Madre: Bien podemos empezar. Sayuri.

- Sayuri: Sí, madre.

La Guardiana nos repartió unos papeles a cada una, me puse las gafas, últimamente mi vista ya no era la fuere en otro tiempo.

- Sayuri: Bien, lo que tenéis entre las manos es una copia de la carta que recibí ayer noche del Lord Comandante de la Compañía de la Mano Roja, Markusson.

Luego yo tenía razón en mis sospechas.

Todas procedimos a leerla y he de confesar que me dejó un mal sabor de boca.

- Alys: Con todos los respetos Madre, ¿para esto nos habéis convocado? Esta carta podría ser falsa.

- Madre: Pero regraciadamente no lo es. Ravenna y Sayuri la han corroborado y la propia Sayuri ha mandado una contestación. La carta aunque nos pese es tan verdadera como mis cortinas de seda de Shara.

Las tenía en gran aprecio.

- Madre: Debemos decidir que vamos a hacer ahora que nuestros peores pensamientos se han vuelto tangibles. Para eso os he llamado. Nada me gustaría más que poder confiar en la Torre entera, en todas mis hijas, pero desgraciadamente me veo obligada a escoger un puñado que se que me son fieles. Es entre nosotras que debemos encontrar una respuesta.

- Corenia. ¿Y que haremos?

- Alys: La Torre lleva negando esto durante siglos, no sé si la misma ley de la Torre tiene normas o tratados para este caso.

- Sayuri: Es una pena pero debemos decidir que hacer, que medidas tomar y que castigos imponer y debemos hacerlo así. Habrá más reuniones, se os informara dónde y cuándo en el momento adecuado. Debemos hacerlo de esta manera para no levantar sospechas hermanas.

- Irelia: Propongo descubrir a las negras e ir eliminándolas en secreto, como si fueran accidentes, bien sabemos que nosotras no podemos hacer daño, pero tenemos otras personas que sí

- Azinia: No estoy dispuesta a que la Torre sufra daño, este mal debe ser erradicado.

- Shiroi: ¿Es justo quitarles la vida?

- Corenia: Hermanas, hermanas nos estamos adelantando a los hechos. Cuando las descubramos ya decidiremos que hacer con ellas.

- Jarlin: Veo que todas os estáis tomando esto muy bien, pero ¿Os dais cuenta de lo que significa? Sedai cazando Sedai, Sedai contra Sedai. A parte de la implicación que esto conlleva años de traición y sabotaje, accidentes que pueden no haberlo sido, Sedai guardando su propia espalda dentro de la mismísima Torre, Sedai maquinando contra Sedai. Esto supone la discordia colectiva. Además no podemos matarlas, habría que encerrarlas o someterlas pero no podemos acabar con sus vidas, ¿En qué nos convertiría eso?

- Shiroi: En ellas.

- Laira: Siempre tan sentimental.

- Azinia: Veo que no has perdido tu don para el discurso durante estos años.

- Corenia: Tiene razón, además interrogarlas sería mucho más útil.

- Madre: Tiene razón, aunque sólo es la manifestación de lo que todas pensamos si nos quitásemos el velo de la ira de los ojos.

- Sayuri: Bien pero tendremos que encontrarlas antes. Tenemos que poner mil ojos.

- Ravenna: Laira y yo usaremos nuestras redes de información para captar cualquier comportamiento sospechoso.

. Corenia: Jarlin y yo investigaremos todos los accidentes para corroborar que en verdad lo fueron.

- Shiroi: Yo trabajaré vigilando en la Torre a todas las sedai sospechosas.

- Irelia: Yo me encargaré de visitar a las Sedai que se encuentren esparcidas por el mundo.

- Azinia: Yo investigaré dentro del ajah rojo

- Alys: Yo investigare la ley a ver que puedo encontrar.

- Sayu: bien yo os mantendré organizadas y me encargare de dirigir a los guardianes. Mantenedme informada de todo lo que descubráis.

- Madre: Me enorgullece tener unas hijas tan fuertes. Es probable que no pueda acudir a todas las reuniones, recordad que no podemos levantar sospechas pero sayuri me pondrá al día de vuestros descubrimientos, quizá pueda ayudaros desde aquí. El camino será duro, pero recordad que no estáis solas en esto.

Todas nos miramos antes de salir del despacho. Atrás quedaban las tazas de té, las sábanas de seda y la comodidad de un buen fuego, sólo nos quedaba un futuro incierto por delante.

-------------------------------------------------------------------------------------

Y eso es todo!

Sea quien sea quien pida el turno, buena suerte!
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Shiroi
Sorei
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MensajePublicado: Jue Dic 15, 2005 10:11 pm    Asunto: Responder citando

que bien!!!
Vale cuando me inspire escribire algo sobre la historia :PPP
Tener paciencia!!
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