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Charlietoule
Jenn Jeade
Jenn Jeade


Registrado: Jan 27, 2006
Mensajes: 11
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Asha'man Asha'man

MensajePublicado: Vie Jun 16, 2006 3:01 pm    Asunto: El camino de un Soldado (o primeros pasos de un asha´man) Responder citando

El camino del Soldado (o los primeros pasos de un Asha´man).

Este no es un relato épico, ni una crónica de grandes hazañas, no. Este relato no es más que las andanzas de un joven Soldado de la Torre Negra, Ornor.

Como cualquier narración que se respete un poco a sí misma, comenzaremos por el principio, es decir, en este relato se expondrán los hechos acontecidos tras el ingreso de nuestro Ornor en la Torre Negra. Disfrutadlo si os llega a gustar y si no……… criticadlo si piedad!!!

Ornor De´eroom, Soldado de la Torre Negra.




El sonido de innumerables animalejos llenaba la noche en las colinas del Muro de Galen. Para un chico básicamente urbanita, y como no serlo habiendo nacido y crecido en la excelsa Caemlyn, aquello era un verdadero tormento…. El insomnio había caído sobre él y ya se hacia a la idea de pasar la noche en vela.
- ¡Es que nadie duerme en estas jodidas COLINAS!!!!!!- Gritó frustrado. Desde que le habían asignado aquella búsqueda, sus horas de sueño se habían reducido en la misma proporción que su irritabilidad había aumentado.
Respirando hondo para calmarse, agarró su bolsa de viaje. Vació su contenido y, preparándose una pipa que posteriormente encendió, dejó su mente vagar hacia los recuerdos de los primeros días en la Torre Negra….


Para que engañarse, El joven Ornor estaba un poco desencantado. -¿Esto es todo? Pregunto mientras miraba el aspecto poco edificante de la granja donde un Asha´man de aspecto peligroso llamado Isarmari le había llevado.
-¿Todo? Esta es nuestra casa, el único lugar que podemos llamar hogar, Ornor. “Vale”, pensó, “pero sigue siendo demasiado rústico para mi gusto”. La mirada entre divertida y preocupada que acompañaba a Isarmari mientras le conducía por el recinto y le explicaba ubicaciones y usos de la Torre, le llevaron morderse la lengua antes de hacer algún comentario fuera de lugar.
Poco tiempo tuvo en los siguientes días para preocuparse por el estado del entorno que le rodeaba. Estos días fueron una lucha constante. El duro aprendizaje al que le sometieron para pulir el precario control que ejercía sobre el Saidin. La insufrible instrucción militar recibida le dejaba agotado, las prácticas para el manejo de la espada le llagaban las manos y la comida….. fría. Sin ninguna duda, el hecho de sentirse inmerso en el Saidin compensaba toda molestia y, con el tiempo, se fue acostumbrando a la rutina, de forma que en poco tiempo pudo considerarse un elemento provechoso para la Torre, ayudaba en las partidas de búsqueda de nuevos encauzadores y demás tareas. Pero este periodo de relativa calma no duró demasiado. Tal y como le explicaron algunos Dedicados, como Eharam o Asaphus, el mundo iba de cabeza a la Última batalla, y todo Asha´man debía conocer el mundo por el cual se iba a jugar el cuello, no? Intrigado por el significado de esas palabras Ornor siguió centrado en su aprendizaje hasta que, una noche fue reclamado por los mandos de la Torre.

Cuando llegó a la sala donde debía acudir, le sorprendió encontrarse a otros Soldados que habían ingresado poco antes que el Timore, Abhar y alguno más. Parecía claro que algo pasaba. En la sala se encontraban también dos altos mandos de la Torre Negra, Ryskkair y Damancor, que les soltaron un floreado discurso que podía resumir en lo siguiente “SALIR DE LA TORRE, VER MUNDO Y CRECER”. Tras esto repartieron encargos a cada Soldado presente, se les asigno y equipó adecuadamente y, con la bendición de la Luz les soltaron al mundo.

Su primera misión era para Ornor un motivo de alegría. Tras la estancia en la “rústica” granja le enviaban a su querida Caemlyn. Pero no solo eso, tenía que ir al propio Palacio y entrevistarse con el jefe amanuense Halwin Norry. Henchido su corazón de orgullo patrio cuando vislumbro las murallas de Caemlyn, traspaso estas y puso camino al Palacio.
Los documentos firmados por el Dragón que le habían proporcionado en la Torre le franquearon el paso al interior del Palacio, pero no sin llevar un par de Doncellas Aiel pegadas a el. La misión consistía básicamente en echar una mano a maese Norry para “pacificar” discretamente la situación convulsa de Andor. Y por tal y como fue su entrevista, le quedo claro que, ni era el único Asha´man dedicado a ello, ni eran los Asha´man el único grupo que colaboraba.
Lo que quería maese Norry de él era algo en principio sencillo, la búsqueda y recuperación de objetos sustraídos de Andor y que debían ser devueltos, además de la “supresión” de elementos que estaban desestabilizando la política Andoreña, o bien, amenazando la seguridad de sus gentes. Así, le encomendó la recuperación de unos guanteletes de fuerza ogier en Cuatro Reyes…

Y ahí se encontraba el joven Ornor, buscando diligentemente por los barrios pobres de Cuatro Reyes, cuando presenció una extraña escena. Se dirigía a una posada de mala reputación, donde había concertado una cita con una pasante de arte digamos que de fuera del circuito legal, cuando el sonido del acero repicando le llegó desde un callejón cercano. Curioso por naturaleza, asomó su, por otro lado no muy agraciada, jeta para ver que ocurría. Allí dos figuras se enzarzaban dando fulgurantes estocadas que iluminaban con chispas la penumbra del oscuro callejón. Sin saber exactamente que hacer, Ornor, vislumbraba el combate donde, poco a poco, un de las figuras iba sacando de línea a la otra, el combate no duraría demasiado. Y así fue, el líquido sonido del filo de una hoja enterrándose en la carne sonó en el callejón, una de las figuras calló al suelo, perdida la espada en el lance final. “He de hacer algo”. Pensaba Ornor mientras veía como, la figura que permanecía en pie, levantaba su acero preparando el golpe final. Decidido ya ha actuar desenvaino su espada aferró el Saidin y…. ¡¡ZASH!! Un fogonazo de luz; acompañado por el olor de pelo chamuscado le cegó. “Saidin” pensó “eso era Saidin”. Avanzó renqueando y medio cegado hacia el fondo del callejón donde, a medida que su visión iba aclarándose, distinguió la figura que antes parecía triunfal cruelmente ennegrecida por el efecto de una bola de fuego.
-¿Quién va? Noto como lo aferráis, soltadlo o por la Luz que sufriréis el mismo destino que este desgraciado-. Esa voz, pese al dolor que la impregnaba le era conocida.
-¿Sois vos, Eharam? -. Dijo Ornor soltando el Poder y acercándose ya sin ninguna duda de quien era la figura allí caída. -¿Ornor? ¿Que hacéis aquí, muchacho?-. Acercándose a Eharam le miró la herida, un feo tajo en la pierna. –He de llevaros a que os atiendan, Eharam. Esto queda lejos de lo que puedo Curar y tiene muy mala pinta.
-Olvídate de eso Soldado, todavía puedo arrastrarme hasta la Torre Negra para que me curen.-suspirando Eharam coge un papel de la chaqueta y se lo entrega a Ornor.-Pero deberás hacer esto por mi…Este cadáver de aquí era un Amigo Siniestro, llevaba semanas persiguiéndolo, a el y a dos trollocs que lo acompañaban cuando salía de las ciudades. Ahora no sabremos en que estaban metidos, pero por lo menos se donde se dirige uno de los Trollocs, a Dos Ríos. Oí como le decía que se escondiera por la zona cercana al molino de la familia Thane, ves y da caza a ese Engendro de la Sombra. Yo iré a la Torre Negra, haré que me curen me dirigiré hacia allí. Se precavido y no encauces hasta topar con el Trolloc, el camino hacia Dos Ríos esta infectado de Capas Blancas….en el papel hay un mapa para llegar al molino desde Deven Ride.
-Tranquilo, Eharam, cazaré al engendro.
-Ornor, cuando lo mates coge unas muñequeras que tiene…

Ayudando a Eharam a montar tras vendarle como pudieron la herida, se separaron. Mientras se dirigía a Dos Ríos, Ornor recordó algo que le había comentado Asaphus, un Dedicado de gran renombre en la Torre, sobre un búsqueda de un cuadro en un molino de Dos Ríos, ¿Estarían estos hechos relacionados? Decidiendo no preocuparse hasta llegar a destino, Montó en su vieja yegua y se encamino al Puente Blanco, su próxima parada antes de llegar a Dos Ríos.


FIN?


Aquí concluye la primera parte de la vida y obra de Ornor, las continuaciones (si hay) aparecerán en breve.
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Ryskkair
Jenn Sorei
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MensajePublicado: Mar Ago 01, 2006 4:04 am    Asunto: Responder citando

Encuentros con las burbujas del Oscuro. (protagonistas del suceso, valenko, Jerdam y yo. Suceso ocurrido por la noche del dia 31.)


-Jerdam, Detrás de ti!
Un arco de luz absolutamente blanca sale disparado de mis manos y choca contra una masa de musculos...
Un trolloc con cabeza de oso esta muerto!

Al fin, mi poder ya estaba mermado de tanto encauzar para borrar a estas criaturas del Oscuro de la faz de la tierra, aunque se que mi lucha, como la lucha de muchos, no ha hecho mas que empezar, es como si la ultima batalla estuviera a punto de empezar, el desgarro de la realidad, la presencia masiva de estas... cosas, que chocan y vierten su obscena sustancia oscura y de pesadilla por el entramado, atraídas probablemente a núcleos urbanos debido al peso que nuestros hilos tienen sobre el entramado, o quizás... simplemente para causar mas daño, pánico e impotencia a la población civil, tenemos suerte de que los rumores prendan rápidos, y que los ashaman del mundo contacten con la torre negra de forma rápida y eficaz... aunque según pude ver hoy, no somos los únicos.

No es extraño ver a un guardián luchando contra engendros, si lo es que no este acompañado de su sedai. Conocí a Jerdam hace mucho, cuando empezó a adiestrarse con los guardianes, recuerdo que fue Corenia sedai quien... digamos que me lo presentó, sabia manejar bastante bien la espada para ser un joven imberbe e ilusionado, tenía potencial. Mas tarde mis contactos me suministraron información acerca de su vinculación con una sedai... y perdí la pista de él, hasta encontrármelo mucho mas tarde en Rhuidean, al parecer Norry había reclamado urgentemente la ayuda de un guardián para abatir a un aiel que parecía ser un peligro para el trono, sigo pensando que deberíamos sustituir a Norry por un perro cojo, nos ahorraríamos paranoias y muertes innecesarias. El caso es que en rhuidean me lo encontré, por suerte nunca fue persona muy agresiva así que no reacciono mas que con un poco de hostilidad a mi presencia, solo hablamos un poco pero vi que el chico no había cambiado mucho, y que su manera de pensar no estaba apenas influida por la Torre Blanca. Nos separamos como iguales, la conversación que tuvimos no fue muy larga pero si influyó en mi para que la opinión que tenia sobre todos los guardianes variara un poco, ligeramente, ya no los vería solo como maquinas de matar a quienes tocasen a sus sedai, sino también personas atrapadas en un destino del que ya no podrían salir. Como el de un ashaman. Como el de todos en el umbral de la Ultima Batalla.

Numerosos sucesos han ocurrido hasta que hace una semana.... informadores revelaron de la presencia de burbujas malignas en el territorio de Maradon, ya de por si seria novedoso y terriblemente preocupante saber de la presencia del oscuro sobre tierras fronterizas, pero más curioso fue leer una de las ultimas notas, donde al parecer nombraban a un hombre sigiloso y con una férrea determinación que eliminaba engendros uno tras otro sin piedad, extraño fue que llegara apenas sucedían los horrores, pero se eliminaba toda duda de su moralidad al ver como sin mediar palabra y sin pedir nada mataba engendros uno por uno, hasta no dejar ninguno. No dio nombre aunque un ashaman pudo ver que su caballo tenia un collar en el que decía “pertenezco a Jerdam” Extraño fue que al parecer una vez terminada su labor se perdiera, o quizás se fuera... extraño sin duda, extraño. Varias preguntas se venían a mi cabeza, ¿por qué de toda la torre blanca solo enviaban a ese hombre? ¿qué ocurría tras sus muros? ¿acaso era un héroe más? ¿o simplemente era un suicida?

Empecé a interesarme por su paradero... y por su forma de actuar, casi esperaba encontrar otra oportunidad propicia... y la vi, de nuevo el Oscuro Golpeaba, allí donde más dolía, en Aringill, en pleno centro del mundo, entre Caemlyn y Cairhien, se avistaron numerosas hordas de engendros, ¿se volverían a repetir las Guerras Trolloc? Estaba lejos de suceder eso, muy muy lejos, pero una quinta columna en el mundo seria desastroso. Rapidamente cogí mi equipo, la Torre Negra estaba ocupada vigilando a las Aes Sedai, Damancor en paradero desconocido, probablemente luchando contra las hordas del Oscuro en alguna parte, Isarmari entrenando soldados y dedicados, y el resto desperdigados por el mundo, ni siquiera Ornor, quien me ayudo en uno de esos ataques del Oscuro, estaba localizable, así que cogí mis cosas y elevando una plegaria al creador me encamine a Aringill usando el talento recuperado del sueño. Abriendo una abertura en el tejido entre Vigilia y Sueño caminé durante segundos interminables hasta llegar al reflejo de las puertas de Aringill, sin impurezas, dado que el Telaranrhiod no es capaz de asimilar tan rapido los cambios. Sali presuroso al mundo de vigilia, dejando pasmados a dos de los guardias que se retiraban a atender sus heridas.

Aringill era un caos, la gente huia, el olor a suciedad impregnaba el ambiente, gritos y bramidos de ultratumba sonaban en las calles, y algunas plantas mutadas tipicas de la llaga trataban de destrozar con sus raíces edificios mientras trataban de alcanzar con sus pinchos a quien se les acercara lo suficiente, sin embargo allí a lo lejos, antes de que mi visión fuera obstaculizada por un trolloc enorme con cabeza de oso, dos hombres luchaban valientemente, uno que apenas puedo recordar joven de tez cobriza como la de un marino, y el otro con una capa de guardián y moviendo su espada con gracia y agilidad, pero también con fuerza y decisión. Pero ahora debía enfrentarme a la amenaza, maldije para mis adentros al precipitarme al combate sin haber preparado tejidos defensivos, alce el escudo y fui parando y esquivando los golpes que podía, mientras de mis manos arcos de luz blanca surgían, dejando un olor como a limpieza en el aire cada vez que estos salían con fuerza de mis palmas sudorosas por el esfuerzo. El combate duró poco, aunque me pareció eterno, al fin el trolloc caía a mis pies con un agujero del tamaño de una manzana en su pecho. Antes de continuar el combate tejí todos los tejidos defensivos que podia generar, así como percepción lo que incrementaría mis sentidos previniendo los ataques. Justo después de acabar vi como varias de esas criaturas innombrables se acercaban velozmente a los dos hombres que luchaban, no solo por sus vidas sino también por las de los demás, me acerqué corriendo a ellos mientras haces de fina luz salían de mis manos abatiendo a quienes trataban de acercarse, vi como uno de los trollocs, de cabeza de oso y dos de cabeza de buitre se abalanzaban sobre los dos hombres, “un hombre, quiza un maestro de armas, y un guardián” –pensé- “no, dos hombres que luchan por el entramado, nada de guerras ahora” vi como la agilidad del guardián, Jerdam casi seguro, debilitaba al trolloc, aunque sufría mas impactos de los que recibía, y los dos de cabeza de buitre flanqueando, haciendo que el hombre se girase provocando dejando la espalda a merced del enemigo... eliminar a uno de ellos hubiese supuesto demasiado tiempo así que...

-Jerdam detrás de ti!
Un arco de luz absolutamente blanca sale disparado de mis manos y choca contra una masa de músculos...
Un trolloc con cabeza de oso esta muerto!

No hubo tiempo para mucho más, los otros dos se abalanzaban de nuevo, y el otro hombre (ahora se que se llama Valenko) estaba ocupado matando plantas mutantes, o al menos intentándolo con mas o menos suerte. Jerdam se alzaba en una de esas posiciones extrañas que los guerreros suelen usar, y yo trataba mientras de sacar energía incluso de mi vitalidad para debilitar a esas criaturas...

Al fin derrotamos a esa avanzadilla, quedaban algunos reductos, pero mi fuerza estaba agotada, o casi. Solo tuvimos un breve intercambio de palabras, apenas cortesía, pero había mas “camaradería –pensé-camaradería por combatir juntos a un enemigo” le pedí su arma, el alzó una ceja pero no dijo más y me tendió su arma, una espada vieja, buena, de filo ancho para parar, y de manejo sencillo, pase mi mano acariciando la hoja y elimine las imperfecciones, Jerdam (estaba seguro de que era él) no se movió, pasé después, acariciando el metal aun caliente por la sangre vertida... y un brillo azul relumbró un instante, solo percibidle por mi, claro. Tendí el arma al guerrero, “gracias” dijo. Evalué el estado de sus heridas, que no eran criticas en absoluto, y el estado de Valenko, también casi perfecto salvando unas magulladuras aquí y haya, y una herida que al parecer se había vendado aprisa y que no revestía peligro, me despedí de ellos, y me volví a la Torre Negra... esta vez abriendo una hendidura en la realidad y usando un Portal.

Llegué a la Torre Negra y fui a las estancias de los Tsorovan... allí sigo meditando, pensando en las Nuevas Alianzas en este camino de dagas que es el preludio a la Ultima Batalla.

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La Luz o La Sombra no importan, solo lo que los hombres hacen por una o por la otra.
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Asha'man Club de Lectura

MensajePublicado: Mar Ago 01, 2006 3:56 pm    Asunto: Responder citando

Aldrus y yo(Rhelan), en "Muerte de un falso dragón" icon_biggrin.gif

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No hay tranquilidad ni paz para un guardián.
Es una lección que la vida, la vida que llevamos los vinculados de la Torre Blanca, no hace sino enseñarnos una y otra vez.
Toda historia tiene un comienzo, y por supuesto esta no iba a ser una excepción.

Ebou Dar es una gran urbe, una ciudad llena de historias que forman múltiples hilos que ayudan a tejer el entramado de la Rueda. Algunos hilos son oscuros, otros iluminan a aquellos con los que entran en contacto, pero en Ebou Dar la mayoría de ellos son negros.
Allí me encontraba yo, Rhelan, antiguo guardián de la, hace mucho, Sede Amyrlin Nafay, que partió un día a un viaje al que ni siquiera yo puedo seguirla, un viaje del que sólo sé que sigue viva. Había ido a visitar nada más y nada menos que al hombre que me descubrió, hace ya muchos años, en Tar Valon, y me convenció, o más bien me obligó, a entrar en la mágica Torre Blanca para recibir un entrenamiento y unas enseñanzas que me cambiarían la vida para siempre.
Ahora este hombre, este antiguo gaidin, ayuda a regentar una de las tiendas afines al poder Aes Sedai en esa misma ciudad. Lo miro y no sé cómo ha logrado llegar a viejo, cuando nuestra media de vida es tan, tan corta. Ha sobrevivido al tiempo, a cientos de batallas y a varias muertes de distintas hermanas que le han tenido vinculado a lo largo de los años. Su incipiente y descuidada barba es blanca, ya no queda ni una hebra gris, ni mucho menos, negra.
Me mira y sonríe, puesto que recordar qué era y en qué me he convertido le divierte, para él es como una batalla más en la que ha vencido y ha salido victorioso. Y lo cierto es que, a la luz de cómo soy ahora, ha sido una victoria aplastante.
No obstante, esta vez su sonrisa es menos franca, más tirante, y sus ojos brillan de un modo peculiar.

- Toma, muchacho – siempre me llamará muchacho – ha llegado una paloma desde la Torre, creo que deberías leer lo que trae.

Extrañado, tomo la carta en mis manos y la extiendo. La misiva es preocupante y me hace ponerme en tensión inmediatamente:

Ha surgido uno de ellos. Se sospecha que puede estar en Tear. Reúnete conmigo allí, dentro de 2 días.
Aldrus

Uno de ellos. Lo entiendo perfectamente, un loco encauzador que acaba de descubrir su poder desafía la proclamación de Al´Thor – otro tema espinoso – y ha conseguido que algún grupo de estúpidos lo crea.
No hay tiempo que perder, Aldrus es el guardián de la actual sede Amyrlin y como tal ostenta el título no oficial de ser el líder de todos nosotros, al igual que una vez lo fui yo por esa misma razón. Además, es uno de mis amigos personales y no puedo permitir que se enfrente sólo al peligro.
Me despido de mi viejo amigo y parto con las primeras luces del día. Es un viaje largo, pero entre otras ventajas el vínculo me permite realizarlo sin detenerme ni una sola vez, ni para dormir, ni para comer ni beber.
En Far Madding me llega un rumor. La proclamación no ha pasado desapercibida en la Torre Negra – hago una ligera mueca al oír ese nombre – y es posible que haya enviado a alguien a solventar el asunto. Hago ir a marchas forzadas a mi buen Gilead, no podemos permitir ningún encontronazo ni tampoco, lo que sería un desastre, que los ashaman recluten a uno más para sus desconcertantes filas.
Tear es otra ciudad desde su conquista. Flota en el aire un olor a rebelión, a no querer aceptar que la profecía de la caída de su ciudadela se haya cumplido. Los nobles tearianos confabulan sin descanso, y sólo unos pocos se posicionan claramente a favor o en contra de Al´Thor.
Unas discretas preguntas me llevan a una posada cercana a la salida norte, de donde he llegado. Subo las escaleras y doy un sencillo golpe a la puerta de una habitación. Se abre la puerta y ahí está mi amigo y superior, Aldrus.
Tenemos aproximadamente la misma edad, y es curioso que nuestra amistad haya llegado tarde, ya que coincidimos varios años de entrenamiento donde apenas nos saludábamos o cruzábamos algunas palabras. El haber salvado innumerables veces la vida uno del otro cuando ya fuimos guardianes entrenados y preparados une lazos, incluso cuando nuestro corazón se ha endurecido por pura necesidad y por los golpes del destino.

- Pasa Rhelan, pasa. El tiempo apremia y debemos ponernos en marcha enseguida.

Sobre una mesa, un plano de Tear y sus alrededores. Inmediatamente me fijo en una zona marcada en rojo, parece una aldea cercana, muy cercana.

- Así es – responde Aldrus a mi muda mirada – ya he descubierto el emplazamiento de este nuevo “dragón” – despectivo – Madre ha enviado espías que están recabando información y enviándomela tan pronto pueden.
- ¿Cuántos aliados ha reclutado ya? – pregunto. Si hemos reaccionado demasiado tarde, puede que no podamos resolver la situación solos.
- Estamos de suerte. Únicamente cuenta con una pequeña banda, unos cinco o seis hombres, diestros con la espada pero muy inferiores a nuestro entrenamiento. El principal problema será, obviamente, él mismo.
- ¿Por qué no se han ocupado de él las hermanas rojas? – vuelvo a preguntar.
- La situación aquí es muy inestable. No hay una sola hermana en Tear, y las pocas que podrían venir de países cercanos tienen sus propios problemas. No, es nuestro deber ocuparnos de esto solos. Tú eras el único que sabía podría venir inmediatamente sin demasiados problemas.

No muestra ni una emoción, como aprendemos a hacer, pero sé que en su interior, como yo mismo, estamos ya alerta y pensando mentalmente en la forma más rápida y eficaz de ocuparnos de este problema.
Estudiamos el terreno varias horas, debatiendo esquemas y tácticas para aprovecharlo, buscando el factor sorpresa ya que, evidentemente, un hombre capaz de encauzar podría destruirnos si nos coge de frente. Una nueva paloma nos fuerza a actuar de forma inmediata. El falso dragón ha quemado varias casas de la aldea, y parece que en algunas había gente dentro.
Todo decidido, ensillamos nuestros caballos y partimos. Nuestra intención es dejarlos cerca del lugar, a salvo, y acercarnos a hurtadillas para lograr pillar a esos malnacidos sin que tengan ni una sola oportunidad de escapar. Nosotros no somos hermanas rojas. No tenemos obligación de preservar la vida de nadie.
Nos separamos y nos confundimos con el entorno como sólo nosotros sabemos hacer. Nuestra presa se encuentra en un lugar apartado, una especie de “salón del trono” que este sujeto se ha buscado y donde se agrupa con toda su cuadrilla. Los veo. El falso dragón en cuestión es un hombre bajo de talla, repeinado y con ropas de baja estofa que seguramente él cree que son dignas del Dragón. Sus acompañantes son cinco, ninguno me causa demasiada inquietud, únicamente uno de ellos tiene aspecto de saber usar la espada de forma decente. Durará unos segundos más.
Sigo esperando, y finalmente llega la señal. Un movimiento imperceptible en unos árboles al otro lado del miserable grupo, una mano que cierra el puño. Si él no quiere, no hubiera visto nada, y al igual ocurre al revés; no me ha visto, pero sabe que estoy aquí, sabe que no le fallaría.
Caemos como sombras al mismo tiempo. Antes de que se den cuenta, ya han caído dos de los seguidores de este falso dragón, uno por mano de Aldrus y otra por la mía. El falso dragón emite un grito. Aterrorizado al ver que alguien osa atacarle con intención de matarle. Es lo que necesitamos. Caen dos seguidores más, mientras me ocupo de otro veo por el rabillo del ojo que Aldrus se dirige como una flecha al maldito encauzador. Esto va a resultar más sencillo de lo que esperábamos…
Explosión. Siento que vuelo y que no hay nada bajo mis pies. Sólo el entrenamiento evita que caiga mal y que me parta la columna. Me pongo en pie con dificultades y miro a mi alrededor. Una gran mancha oscura tiñe el terreno y ha quemado la vegetación colindante. Aldrus se levanta a unos metros de mi, se ha llevado la peor parte pero sus reflejos le han salvado la vida, pues logró fijar su escudo antes de que el maldito ataque que llevó a cabo el falso dragón se lo llevara por delante. No nos miramos, pero sabemos perfectamente la posición uno del otro. Avanzamos. Quedan dos seguidores que parecen paralizados, pero no tardarán en reaccionar y ya no podemos permitirnos más tejidos. El maldito encauzador está fuera de sí, no dice nada, sólo balbucea y nos mira con un odio no exento de cierta locura. Volvemos a atacar a una. Aldrus se lanza a por el falso dragón y yo en tres zancadas me planto frente a los dos seguidores. Desarmo al primero y le doy un tajo en el hombro de una sola vez, y aprovecho para dar un gran golpe con mi escudo al otro que lo lanza al suelo. Sin vacilar, atravieso su corazón. No puedo perder más tiempo.
Me giro y veo a Aldrus saltando a la izquierda, mientras una llamarada pasa rozándole el hombro. El falso dragón sigue enajenado, pero observo que le cuelga un brazo inerte. Aldrus ha conseguido acercarse lo suficiente para hacerle esa herida, sin duda prueba suficiente de su habilidad.
Como veo que sigue concentrado en él, salgo como una flecha por su costado izquierdo. El muy desgraciado se da cuenta y se gira, haciendo que mi tajo mortal sólo le haga una fea herida que recorre su espalda. Incomprensiblemente logra alzar su puño y darme de lleno en la cabeza. No ha sido muy duro pero tras la explosión mis reflejos no están al máximo. Caigo frente a él aturdido. Vaya, puede que este sujeto finalmente logre acabar conmigo. Pero no. El falso dragón emite un grito ahogado. Su brazo ha sido limpiamente diseccionado y un gran chorro de sangre sale del muñón, mientras veo la espada de Aldrus retirarse. No necesito más. Aprieto los dientes y lo atravieso por el pecho. Su última mirada parece ser de incomprensión y cae al suelo, sin vida.
Aldrus me ayuda a levantarme. Veo que su cabellera está quemada, aunque es un precio bajo para lo que podría haber pasado. Nos ayudamos mutuamente hasta llegar a los caballos, necesitamos llegar a Tear para recuperarnos y mandar una paloma con la noticia de que el nuevo falso dragón ha muerto.
No hay tranquilidad ni paz para un guardián; pero la paz que sentíamos en ese momento, medio muertos y necesitados de ayuda, era gloriosa.
Sólo por eso merece la pena haber elegido este camino.

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P.D. El viejo guardián es Pailin,el tendero de mi tienda en Ebou Dar icon_razz.gif

Palin Majere & Rhelan Gaidin
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Jenn Hailene
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MensajePublicado: Mie Ago 02, 2006 12:35 pm    Asunto: Responder citando

Este es un relato que llevaba tiempo queriendo terminar y colgar, pero por uno u otro motivo siempre lo dejaba para más tarde. Ya terminado, lo pongo aquí y espero que os guste. icon_smile.gif

Está ambientado en Illian, concretamente en el Palacio del Consejo.

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No le costó mucho entrar en el Palacio. Sus habilidades y entrenamiento le permitieron esquivar a los guardias con facilidad, si bien tuvo que hacer algo de ruido al atraer y tumbar de un golpe en la cabeza a un teniente de la guardia que se mostró demasiado curioso. Sin hacer ruido y oculto a los ojos de los que pasaban cerca de él, llegó por fin a la parte sur del palacio, que al contrario que el resto parecía casi deshabitada. Eso le extrañó sobremanera. El veterano Guardián frunció el ceño. Algo así era indicativo de dos cosas: o no sucedía nada especial, o era una trampa. Y no le gustaban las trampas.

Lentamente, con los sentidos alerta, se acercó a la puerta de los aposentos de Lord Brend, el hombre que parecía llevar la voz cantante en el Consejo de los Nueve y que según los informes guardaba en su poder un extraño ter’angreal, una tortuga de ámbar, que le habían encomendado recuperar. Al parecer era uno de los objetos desaparecidos meses antes, cuando hubo un robo en los almacenes de la Torre Blanca, aunque no se había enterado de eso hasta hace poco y nadie le había sabido explicar cómo había llegado a manos de ese hombre. Empujó el picaporte y entró en la habitación. Estaba desierta. A un lado unos cuantos papeles sobre un escritorio parecían olvidados por quien tuviera que mirarlos, mientras la puerta a una sala interior, seguramente un dormitorio, permanecía cerrada. Aldrus entró en la habitación con un cosquilleo en la nuca, algo le decía que le estaban observando, pero no veía a nadie. Empezó a mirar en el escritorio, pero aparte de informes de tropas y abastecimientos poco más había de interés. En los cajones no parecía haber tampoco nada de importancia, pero entonces se fijó en una mesita auxiliar que estaba al lado de la puerta de entrada. Desde fuera no se veía, pero ahora podía ver que la tortuga de ámbar (si es que era esa la que buscaba) estaba allí encima. Rápidamente la cogió y la metió en uno de sus bolsillos, pero al volverse hacia la entrada se quedó paralizado por la impresión.

Un hombre vestido con ropas de buen corte de color verde y dorado estaba cerca de la entrada, con una espada en la mano y una mirada colérica en su rostro cruzado por una cicatriz. Según lo que había oído decir este era el tal Brend, aunque había pensado que sería más alto; apenas superaba la talla de un hombre normal. Brend pareció percibir su pensamiento, y un rictus de desagrado e ira apareció en su cara. Apuntándole con la espada ligeramente elevada, dijo:

- Tienes dos posibilidades, o mueres y cojo lo que me pertenece de tu cadáver, o me lo das ahora y te ahorraré sufrimiento.

Aldrus oyó pasos que venían por el pasillo y el repicar del metal, por lo que dedujo que se acercaban algunos guardias a socorrer a este hombre. Se le acababa el tiempo, de modo que actuó casi sin pensar. En un solo movimiento desenvainó la espada y arremetió contra Brend con La rosa se despliega. En un espacio tan reducido apenas podía maniobrar, y el ataque pretendía más bien apartar a Brend que causar un daño real. Consiguió lo que esperaba, aunque brend detuvo su ataque con un gesto desdeñoso, como si le supusiera un fastidio tener que combatir. Aldrus dejó que el vacío se hiciera en su interior en toda su plenitud, y empezó a luchar poniendo su espíritu en ello.

Brend se movía de una forma peculiar, si bien utilizando movimientos y pautas de ataque reconocibles, aunque ejecutadas de manera extraña. Las formas eran sin embargo muy parecidas, y de esa forma empezaron a moverse por la habitación, intercambiando golpes, fintas y paradas cuando el entorno se lo permitía. En un lugar así las posibilidades de cometer un error eran muy grandes, y en poco tiempo Aldrus llegó a la conclusión de que Brend le superaba. Besando el escorpión fue contrarrestada por El gato baila sobre el muro, y poco después El jabalí baja corriendo la montaña estuvo a punto de hacerle tropezar con una silla. Los segundos pasaban, y cada vez se veía más obligado a defenderse que a atacar. De reojo vio cómo dos hombres armados con mazas se paraban a la entrada de la habitación, sin decidirse a entrar; dado el reducido espacio de la misma, muy bien podían perjudicar a su señor más que ayudarle. Brend les hizo un gesto con la mano, y ambos hombres permanecieron en la entrada, bloqueándola. En ese instante de respiro, Aldrus pudo ver que la hoja de su enemigo también estaba marcada con la garza, el símbolo de un maestro espadachín. Visto lo visto, no le sorprendía.

Brend se lanzó al ataque de nuevo con un gruñido mediante Rayo de tres púas, y Aldrus ejecutó rápidamente Torre de la mañana, casi con torpeza, y recibió por ello un feo tajo en el brazo. La situación no pintaba nada bien, así que decidió jugar una carta arriesgada. Con un movimiento del pie empujó la silla hacia Brend, y rápidamente atacó con El viento arrecia. Con ambos movimientos esperaba poder alcanzar a Brend en una pierna y dejarle incapaz de seguir combatiendo, pero no pudo terminar la maniobra. La silla salió disparada hacia un lado de la habitación, como empujada por un golpe de aire surgido de improviso, y pese a su incredulidad la expresión de Brend no dejaba lugar a dudas sobre quién, por imposible que pareciera, era el responsable. ¡Ese hombre podía encauzar! La impresión le dejó atontado un instante, en el que Brend arremetió de nuevo y le hizo otro corte profundo en el torso.

Aldrus torció el gesto, pero ahora más que nunca estaba decidido a salir de ese lugar con vida: la Torre debía ser puesta al corriente. Empezó a moverse de nuevo, con ferocidad, poniendo todas sus energías en empujar a Brend hacia la puerta donde los otros dos guardias. A La grulla arremetiendo en los juncos siguió La luna se alza sobre los lagos, mientras Brend se defendía con una sonrisa despectiva y retrocedía un paso, luego dos, y finalmente quedaba de espaldas a la puerta. Aldrus retrocedió un paso, y cuando Brend se adelantaba para iniciar el ataque, el Guardián se movió siguiendo los pasos de La parra enroscada. Brend abrió los ojos, sorprendido, cuando Aldrus pasó a su lado girando sobre sí mismo, y cogiéndole de un brazo lo lanzó contra los guardias.

Brend y uno de los guardias cayeron al suelo, confundidos y enfurecidos, mientras el otro chocaba con el quicio de la puerta y caía arrodillado sobre una pierna, aunque no por mucho tiempo. Aldrus saltó sobre ellos y cayó rodando en el pasillo, y no se entretuvo en mirar atrás. Corrió hacia las escaleras que llevaban hacia la zona de las cocinas del palacio, pero antes de llegar algo le golpeó por detrás y gritó de dolor. Era como si una enorme piedra le hubiese golpeado la espalda, pero no una piedra normal, sino una que estuviese envuelta en llamas. Notó el escozor en la carne y el olor a quemado de sus ropas y su piel, y se puso en pie ahogando el dolor como podía. El impacto lo había lanzado cerca de las escaleras, por suerte, de modo que corrió de nuevo hacia allí y empezó a descender justo cuando un rugido y una detonación le indicaban que algo se había estrellado contra la pared cercana. Corrió escaleras abajo mientras detrás suya escuchaba los gritos de los guardias y las órdenes airadas de Brend, y ello no hizo más que avivar su paso. Tenía que salir de ese lugar de inmediato, y encontrar un sitio donde recuperarse de sus heridas y cambiarse de ropas; a juzgar por el dolor en la espalda de la capa y el peto de cuero no debía quedar gran cosa. Apoyándose en las paredes y envuelto en los restos de su capa de colores cambiantes, se escabulló del palacio en poco tiempo, si bien sabía que debería volver a ese lugar a ajustar cuentas con Brend. No podía permitirse que un hombre capaz de tocar el Saidin gobernara Illian a su antojo...
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Valenko
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MensajePublicado: Vie Ago 11, 2006 11:48 pm    Asunto: Responder citando

Primer encargo de un marino. (Protagonistas: Ryskkair y Valenko)
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El día daba a su fin, pronto sería el momento adecuado para cumplir con mi primera misión para los navegantes. Apuré lo que quedaba de vino especiado y dejé el vaso sobre la mesa mientras levantaba la vista hacia el hombre con el que estaba compartiendo bebida y conversación. “bueno, amigo, me parece que debo ocuparme de cierto trabajito sucio en isla amayar, debería partir ya.”

Ryskkair se encogió de hombros y terminó también su bebida. “Lo cierto es que no tengo nada que hacer, y hace una buena noche para un poco de ejercicio.” Dijo con una sonrisa mientras se levantaba.

(Definitivamente es un buen hombre y un buen amigo) pagué la ultima ronda y salimos de la posada de Tremalking en dirección a la playa.
Cuando llegamos el sol ya estaba escondiéndose en el horizonte, el mar estaba tranquilo y la luna y las estrellas empezaban a iluminar la noche, la temperatura era agradable. En efecto, un momento estupendo para un poco de ejercicio, no me pareció justo ir en barco mientras mi amigo nadaba, así que los dos nos arrojamos al agua con decisión y nadamos rumbo a la cercana isla.
La noche ya era cerrada cuando llegamos, prácticamente no se percibía movimiento en el pueblo, afiancé una cuerda para subir a la altura del pueblo y comencé el ascenso, con tan mala suerte que la cuerda cedió y acabe dando de espaldas contra la arena… “ai… eso ha dolido” dije en voz baja mientras me levantaba y me frotaba mi dolorida espalda “malditas cuerdas baratas… cuando pille al buhonero que me la vendió se va a enterar” rebusque en busca de otra cuerda en la mochila, pero esa era la última que me quedaba.
“No pasa nada” dijo el Asha’man con una sonrisa y comenzó a mirar en su bolsa, estuvo rebuscando un rato y finalmente levanto la vista y un poco abochornado dijo “a mi tampoco me quedan cuerdas” no pudimos contener las carcajadas.

Ryskkair suspiró y dijo “bueno… pues habrá que hacerlo por las malas…” se elevo del suelo con suavidad para aterrizar en la parte de arriba del barranco y poco después la línea de un acceso partió en dos el aire y giró para abrirse por completo. Mi amigo me indicó con un gesto que atravesara el portal.

“Eres una caja de sorpresas” le dije al llegar al otro lado del portal, en la entrada del pueblo.

Me adentré con sigilo en el pueblo mientras Ryskkair esperaba mi regreso descansando a las afueras. Aparte de algún ciudadano y una chiquilla que jugaba en la calle a la puerta de su casa no se veía a nadie. Pasé sigilosamente de sombra en sombra, escrutando las calles y localizando a mis objetivos, sería un trabajo rápido y silencioso.
Una vez hube situado a todos los contrabandistas entre silencioso en la casa en la que uno de ellos estaba revisando su mercancía. Cerré y bloquee la puerta a mi paso, alarmado por el ruido de la puerta el pobre infeliz intento esconder a toda prisa un valioso jarrón, sin duda alguna obtenido en alguna correría. Con un rápido y certero tajo le rebané la garganta mientras giraba y clavé mi otra espada entre sus pulmones, no le dio tiempo a gritar y tampoco a sufrir mucho… la luz me perdone, pero es mi deber.
De la misma forma acabé con el otro contrabandista, guarde dos prendas como prueba y arrojé los cadáveres al mar, para que los tiburones tomaran buena cuenta de ellos.
Regresé a la entrada del pueblo y Ryskkair abrió otro portal, esta vez a la posada donde seguimos conversando otro rato entre risas y cervezas, parece que algo tan nimio como dos muertes no puede romper la calma de nadie en un momento como este, en el que tantos hechos terribles ocurren a cada momento…
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adiel
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MensajePublicado: Dom Ago 20, 2006 1:56 pm    Asunto: Historia de Daercos. Libro I Responder citando

Estimados maeses, se me ha pedido que os cuente mi vida desde que tengo uso de razón, hasta el punto que ingrese en la Torre Negra.

Nací en Caemlym, la capital del reino de Andor, hijo de un humilde oficial del gremio de los herreros y de una campesina que trabajaba en los campos de Gareth Bryne. En mi infancia hubo pocos incidentes dignos de mención, a los 3 años se me inicio en el arte de la escritura y unos rudimentos de aritmética y geometría, a los 9 años mi padre me tomo para iniciarme en el arte de la forja y del templado del metal, me presento como aprendiz al maestro herrero, el cual me instruyo en las que serian mis tareas como aprendiz de la forja. Estas eran si no las tareas mas duras si eran las mas rutinarias, como mantener limpio el taller, siempre tener llenas la carbonera y torva del mineral de metal para la fundición, cambiar el agua de templado, y colar y reponer el aceite del retemplado y acerado de las diversas piezas que allí se forjaban. Mas aparte de mi mismo como aprendiz estaban los hijos de los demás oficiales, no así del maestro herrero, que el creador tubo a bien darle solo hijas y ningún hijo, trabe amistad con varios de mis compañeros aprendices y con las hijas del maestro, las cuales eran casi todas mayores que yo salvo una que era unos 3 años menor que yo. La mi vida fue bien durante varios años... Sin embargo, como es de naturaleza los años pasaban y tanto yo como los demás aprendices crecimos...y empezamos ver a las mujeres con otros ojos distintos de los que hasta las habíamos mirado.

Debéis saber gentiles hombres, que ciertamente hice algo mas que hice buenas migas con las hijas del maestro herrero, quizás debido a mi caracter extrovertido en aquella época, pero el caso es que nos hicimos íntimos. Sin embargo aquella amistad, hizo mella en uno de mis compañeros aprendices, el cual era hijo del primer oficial de herrero, que tenia planes para tomar en matrimonio a una de las hijas del maestro herrero y así promocionar a primer oficial cuando su padre dejase el oficio y en un futuro tomar la maestría y la herrería cuando el actual maestro herrero estuviese finado. así pues mi persona se convirtió en un obstáculo para los planes del que había sido mi compañero en la forja, y en lugar de tratar de arreglar las supuestas desavenencias por las buenas decidió seguir una senda mas retorcida, que como mas abajo veréis al final resulto ser fatal tanto para mi como para el mismo.

Empezó, el que fue mi compañero, a ir desbaratando mi trabajo en la herrería, de forma que pareciese que eran simples accidentes de trabajo, por ejemplo, a veces mientras se martilleaba el metal para eliminar las impurezas, alguna esquirla al rojo caía a la carbonera cosa que a veces causaba que se incendiase y al apagar el carbón con agua este quedase inservible para la forja hasta que se secase con lo cual yo debía de reemplazar todo el carbón húmedo por carbón seco y extenderlo para su secado y posteriormente guardarlo en el almacén. Otras veces adulteraba con escoria de la fragua el aceite de retemplado para que pareciese que no lo había colado y así hacerme quedar mal ante los oficiales y el propio maestro. Mi padre claro esta se daba cuenta de la situación pues yo conté cual era el problema, sin embargo, me aconsejo que lo dejara parar todos los agravios, pues si armaba alboroto, solo causaría que lo echasen de la forja y no entrarían los tan necesarios oros en nuestra casa.

He de decir, que estuve aguantando la situación durante varios años, hasta que llego mi decimoséptimo aniversario, momento en el cual caí presa de unas fiebres muy altas, probablemente debidas a la tensión acumulada durante mi labor en la forja, que fueron minando mi salud y dejándome postrado en cama durante meses, durante los cuales apenas comí bocado y cuando comía inmediatamente vomitaba todo lo ingerido quedándome después en el lecho con unos temblores de miembros y con escalofríos, tan pronto estaba ardiendo con la furia de la fragua como tan pronto estaba helado como las nieves de las montañas. Al cabo de unos seis meses de intensas fiebres, que parecían incurables a pesar de todos los curanderos que mando mis padres llamar, comenzaron a remitir por si mismas, dejando que comenzara a salir del lecho paradar unos pasos, estaba tan débil que no podía dar mas de unos pocos pasos sin que tuvieran que sostenerme, tal era mi estado de debilidad.

Sin embargo unos dos meses mas tarde, ya recuperadas casi todas mis fuerzas y sin un solo oro en mi casa, volví a la forja donde, iluso de mi, creí que podría tener una vida normal viviendo de mi trabajo. Mas la diosa Fortuna no tuvo a bien, el concederme una vida normal, resulto que en estos meses el que fue aprendiz, había sido ascendido a oficial en la forja, y estaba preparando su matrimonio con la hija mayor del maestro herrero, el creyendo tener asidos todos los mangos de la sartén, no vio en mi al principio un peligro para su causa, y me recibió bien como el resto de mis compañeros, resto de oficiales, sin embargo la hija menor que por aquella época contaba con catorce años y comenzaba a estar en edad de merecer, al verme dio muestras de cariño hacia mi persona, hecho que ensombreció de nuevo la relación en la forja.

En fin sin animo de alargar mas la historia, estimados lores, el tiempo fue pasando y he de decir que unos hechos insólitos ocurrían en la forja y estos eran que por algún motivo desconocido ciertos días especialmente cuando estaba de mal humor por cualquier motivo, el fuego de la fragua ardía con mayor violencia como si quisiera salir de la fragua y devorar todo a su alrededor, al principio creíamos que era debido a la presencia de azufre en el carbón, por lo que cambiamos toda la partida de carbón, pues como bien sabréis la presencia de azufre en la colada de metal provoca que este sea quebradizo y de mala calidad, sin embargo con la nueva partida de carbón ocurría lo mismo, de modo que se decidió examinar el carbón, no encontrando restos de sulfuro alguno en el, por lo que los hechos parecían inexplicables.

Mas un aciago día llego en el cual mi padre fue reclamado por el creador, y así se dispuso funeral, allí estábamos tanto mi madre y yo abatidos por la perdida, recibiendo el pésame de mis compañeros, cuando el maestro de herreros acompañado de sus hijas me dijo: "Hijo lamento tu perdida, tu padre era un hombre honrado y trabajador. Mañana ocuparas su puesto y quizás en un futuro algo mas", cuando se despidió la hija menor me dio el pésame por la perdida de mi padre y me felicito por el ascenso con un abrazo y un leve beso en los labios, yo quede algo aturdido, pues no esperaba esa reacción de la hija del herrero y menos aun delante de todos, mi azoramiento causo una carcajada de todos salvo el que fuera compañero me miraba fijamente con ira en su rostro.

Al día siguiente, mi primer día como oficial, transcurrió normalmente, sin incidente alguno, mas que los que son comunes en todas las forjas, alguna pequeña quemadura por algún descuido y demás, nada grave que lamentar, pero al terminar la jornada el que fuera oficial antes que yo, quiso hablar conmigo para arreglar los malos entendidos que había entre ambos. Ni que decir tiene que lo que hizo fue dejarme bien claro que sus intenciones eran quedarse con la herrería a cualquier precio y que me marchase de Caemlym para no volver pues mientras cualquiera de las otras hijas no se casase con un herrero el tendría la forja en exclusiva para el solo, como podréis comprender no cedi a sus pretensiones, me gustaba la hija del maestro y no me dejaría intimidar por el, subiendo de tono la conversación hasta convertirse en disputa abierta, entonces cogió entre sus manos un gran martillo de herrero y se lanzo contra mi con la intención de abrirme la cabeza y después tirar mi cuerpo a la forja para que el crisol borrase todas las pruebas de mi existencia, sin embargo conseguí esquivarlo y zancadillearlo de tal manera que cayo dentro del recipiente donde estaba el aceite que usábamos en el retemplado, cuando salio su colera se acrecentó mucho mas aun y totalmente cegado por la rabia continuo atacándome, sin embargo, al retroceder yo hacia la forja donde aun ardía el carbón una lengua de fuego azulada surgió repentinamente con violencia y prendió vorazmente en las ropas de mi atacante por estar impregnadas de aceite, el pobre diablo comenzó a dar unos espantosos alaridos de dolor por las quemaduras que sufría y acusándome de ser la causa de su desgracia, consiguiendo llegar a la puerta de la calle donde cayo muerto o inconsciente, los vecinos al oír los gritos avisaron a la guardia y me señalaron como el asesino del muerto.

Intente decirles a los guardias que yo era inocente y que lo que había ocurrido era un accidente, pero el maldito traidor de mi excompañero se había encargado de morir mientras me acusaba de su muerte, y sin testigos a mi favor poco podía esperar salvo la soga del verdugo alrededor de mi cuello, ademas los ánimos se estaban alterando entre los vecinos se alzaron voces para colgarme directamente sin esperar a juicio así que vi que mi situación era desesperada y decidí poner tierra de por medio huyendo de la herrería en un caballo que había sido herrado esa misma tarde propiedad del mismísimo Gareth Bryne. Otro delito sobre mi cabeza! Asesino y cuatrero!


Pase unos dos años vagabundeando por las tierras de Andor, como en Dos Ríos, y naciones vecinas como Arafel, Cairhien y Far Mading, e incluso otras mas lejanas como Illian y Ebou Dar, ganándome la vida como bardo e incluso hacia algún pequeño trabajo en la forja, para sacar algún oro, hasta que decidí volver a Caemlym, para ver a mi madre, pero cuando llegue, esta había muerto, sus casa y sus pocos bienes embargados por la corona. Respecto a la herrería donde crecí y aprendí el oficio, ya no era del maestro herrero traspaso el negocio a otro oficial que ahora era el maestro de herrero, y caso a sus hijas con diversos comerciantes, retirándose después a vivir lo que le quedaba de vida.

En fin para que alargar mas mi relato? Con mi vida a los diecinueve años destrozada, proscrito, solo en este mundo y perseguido, decidí consolarme con la cura universal de todos los males, que hostigan al hombre desde su creación, es decir el vino. Estaba dispuesto a beber hasta embrutecerme y después irme de Andor para nunca volver. Y así hubiera sido de no ser que cuando entre a la posada llamada "La Bendición de la Reina" unos hombres de negros ropajes pusieron sus ojos en mi. Al principio no di importancia al hecho así que pedí algo de comer y sobre todo vino, me incomodaba que me mirasen y podría ser que me reconociesen como el herrero que era buscado por los cargos de asesinato y por cuatrero, así que pedí a la posadera un reservado donde pudiera beber sin ser incomodado por esos hombres, mas quiso la luz que mientras la posadera me guiaba al reservado esta tuviera un candil de aceite en la mano y al acercarse a mi, la llama bramo furiosa hasta el punto que el candil quemo la mano a la buena mujer la cual lo soltó cayendo al suelo y provocando un incendio que amenazaba con reducir a cenizas la posada , yo asustado di un salto hacia atrás para evitar quemarme, pero cual fue mi sorpresa que no podía moverme, estaba inmovilizado e imposibilitado de dar un solo paso, misteriosamente el fuego que amenazaba con extenderse por toda la posada se extinguió misteriosamente si dejar siquiera restos de carbón sobre la madera. Entonces uno de los cuatro hombres de negro se levanto y se dirigió hacia mi diciendo: "Herrero se quien eres y lo que te pasa, hazme caso si quieres vivir para ver el sol un día mas. Mejor será que te tranquilices y me escuches atentamente. Para empezar me llamo Isarmari y tu a partir de hoy serás conocido como Daercos".
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Dasam
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MensajePublicado: Lun Oct 02, 2006 2:42 am    Asunto: Cuestion de toh Responder citando

Cuestion de toh o caprichos del Entramado.

La piel ardía sobre la arena y me hacía sentir el dolor de la vida. Aquel que nos recuerda que aun no hemos de despertar, que aun hay una segunda oportunidad para aquel que la quiera agarrar con fuerza. Y aunque yo no lo supiera, ahí estaba.

Tras largos días vagando sin sentido ni esperanza por las enormes dunas del Termool, el ritmo de mi caminar iba decreciendo ante la expectativa de no poder salir jamás de allí con vida. Es una tierra baldía, incluso para nosotros, sin vida ni indicios de ella y mucho menos de poder encontrar agua. Una tierra que delimita las fronteras de la lejana Shara con las tierras del Oeste y nos recuerda a los Dedicados que hacia el sur se encuentra la más absoluta e increíble inmensidad de lo incomprensible.
Por motivos que ahora he de omitir, tuve que salir de la Tierra de los Tres Pliegues y adentrarme en lo que hasta un Aiel rechazaría por voluntad propia. Y como era de esperar, allí perecieron todas las esperanzas, allí sucumbí ante la cruda realidad y allí acabó mi búsqueda ilusoria. Con la lanza aferrada me dispuse a despertar…

Un súbito tintineo lejano martilleaba mi mente una y otra vez mientras sentía como el viento soplaba con más fuerza sobre mi cara aguijoneándola sin cesar. El velo de la muerte se iba retirando poco a poco de mis ojos forzándolos a fijar la mirada en algo frente a ellos. Una silueta se dibuja cobrando vida y salvándome de la tortura del sol ardiente. A lo lejos una voz cálida susurra algunas palabras.

……Aiel….
……Aiel, despierta……
……Aiel………

Los sentidos van cobrando vida de nuevo al escuchar las palabras, el mundo vuelve a ofrecer sus matices y me voy desperezando mientras levanto la mirada. Una joven de piel oscura y rasgos exóticos me habla con una cadencia diferente, mueve sus manos mostrando joyas y tatuajes sobre ellas mientras me encuentro cada vez mejor.

-Saludos, Aiel –logro entender.

Intento abrir mis labios para responder pero están sellados y secos como un kardon. Tras algo de esfuerzo logro articular. -¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Un silencio.
-Ya habrá tiempo de explicaciones, tanto para mi como para vos. Una sonrisa se dibuja en sus labios.
Asiento levemente mientras me dejo caer de nuevo y mis ojos se cierran.

Al abrirlos de nuevo todo ha cambiado. Frente a mi hay unos tablones de madera con diferentes cuberterías sobre ellos, todo de la más exquisita calidad. Sobre una especie de ventanal cae un tela que deja pasar a medias los rayos del sol y a su alrededor se disponen una serie de artículos que no logro reconocer. Todo es muy diferente, incluso tengo la sensación de que la cabeza me da vueltas… todo me da vueltas! Una punzada en el estómago y adiós a lo que quiera que quedaba en mi estómago.
Me recuesto y miro al techo de madera tallada mientras intento recapitular, forzándome a buscar explicaciones a todo esto. No debería estar aquí, no debería seguir con vida.
Y de nuevo aquella voz me hace volver a la realidad.
-Veo que te encuentras mejor -dice con voz cálida.


La desconocida mira hacia el suelo fijándose en la papilla que ahora adorna parte de las alfombras de tela.
-Pronto te acostumbrarás a esto- sonríe levemente.
Su tez es oscura y sus ojos brillan como piedras preciosas adornadas por pendientes y cadenitas en las orejas, manos y tobillos. Sus ropas son muy diferentes a lo que estoy acostumbrado y tremendamente llamativas. Aunque no es ni buhonera ni juglar a juzgar por su templanza. Bajo su cinturón brilla un cuchillo de mango ornamentado al que puede acceder con un simple movimiento de su mano.
-¿Dónde estoy? ¿Quién sois? Repito de nuevo.
La joven suspira ante mi insistencia.
-Estas en un Barco de los Marinos, y mi nombre es Elunais din Jubai, Luz en la Tormenta, Navegante del clan Catelar.
Miro atónito a la joven intentando entender algo de sus palabras, intentando recordar algo.
-No te preocupes, tenemos tiempo para que comprendas ciertas cosas sobre nosotros…. Arrugo el gesto mientras la miro de arriba abajo y caigo en la cuenta de que mi lanza descansa junto a mí, de que sigo con vida y aun no se como. Pero se que estoy vivo.
-Soy Dasam, algai’d’siswai de….-me interrumpo unos segundos. -Dasam, podéis llamarme Dasam. Aprieto la mandíbula en un intento de sofocar la ira y la decepción que me embargan.
-Bienvenido Dasam a mi barco, que los vientos te sean propicios en este día y en los que te quedan. –Sonríe de nuevo levemente.
Tras unos momentos de silencio me intento incorporar lentamente para mirar a la joven a los ojos.
-Elunais, mi agua es tuya, y mi vida también. Tengo toh contigo, y no se si podré saldarlo algún día, pero estaré vos día y noche hasta que eso suceda. Seré vuestra lanza allá a donde vayáis y vuestro protector hasta que llegue ese momento.
La joven se mantiene impasible y susurra algo sobre un Maestro de Cargamento, mira hacia ambos lados y responde.
-No se que queréis decir con eso del toh pero entiendo que os he salvado la vida. -La joven suspira levemente como resignándose por algo que ha hecho.- Supongo que lo que proponéis es alguna especie de pago, un trato…-la joven ahora sonríe maliciosamente.
-Bien, supongo que no me vendrá mal un guerrero, y sois lo bastante exótico como para poder venderos en cualquier puerto si surge algún problema. Ahora espero que sepáis usar esa lanza porque nuestras vidas van a depender en gran parte de ella.
-Soy un guerrero lancero, un Aiel…. Y antiguo car -dejo escapar entre susurros.
Una ceja levantada me indica que es joven pero que no es ingenua.
-Cuando queráis os mostraré que no hay nadie capaz de vencerme a la hora de danzar las lanzas.
La joven sonríe de nuevo ante mi orgullo.
-Bien Dasam, así lo deseo, mis dotes son bien distintas pero seguro que podremos usarlas conjuntamente. Y ahora, puesto que veo que pasaremos algún tiempo juntos, os explicaré algunas cosas sobre los Marinos y si os portáis bien, algo sobre mi.

Las horas volaron entre historias increíbles, datos que desconocía y costumbres a las que aun no logro dar crédito. Ante mi, había una muchacha que podía usar el Poder, si es que eso es posible para alguien que no fuera Aes Sedai o alguna Sabia. Una joven decidida y a la que he de proteger por el bien de los dos. Mi lanza y mi vida le pertenecen hasta que llegue el día que se rompan todas las lanzas…..A partir de ahora comienza una nueva historia, una tregua a mi destino, o puede que este sea el definitivo.
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MensajePublicado: Vie Abr 13, 2007 11:18 pm    Asunto: Historia de un abandono Responder citando

Bueno hacia mucho que no publicaba nada por aqui y lo cierto es que ha sido por mera vagueria, que no he tenido muchas ganas de escribir icon_redface.gif icon_redface.gif Sin embargo este es un relato que hace tiempo ya empeze y que di por finalizado hace unos dias. Es la historia del abandono de Ishegan del pueblo Aiel. Espero que os guste icon_biggrin.gif icon_biggrin.gif icon_biggrin.gif



Una joven Doncella se acerca hasta ti en silencio y te da lo que parece ser un papel escrito con una elegante y fluida letra. Junto a él te entrega una muñequera grabada con el símbolo más sagrado de los Aiel, la hoja de Avendesora.

“Con la lanza presta y una mirada de férrea firmeza, continué mi marcha por las áridas arenas del Yermo en dirección al Dominio. El sol brillaba con toda su fuerza y bronceaba mi más que curtida piel de guerrera a la par que un potente viento amenazaba con derribarme en cualquier momento. Pero a pesar de ello avanzaba con paso ligero, como si me deslizara en una tierra que para cualquier otro ser resultaría un infierno difícilmente soportable.
Una tierra que me había visto crecer, que me había visto sufrir y que me había visto incluso odiar lo que había más allá de la Columna Vertebral del Mundo en una eterna cantinela impuesta por mi pueblo, de que los habitantes de esa parte eran unos cobardes sin honor.
Creía en esa premisa, al igual que en muchas otras que a lo largo de mi vida me habían inculcado y enseñado. Sin embargo, ahora las preguntas que se albergan en mi corazón desde hace tiempo comienzan a volverse más fuertes, tan insoportables que ya no recuerdo la última vez que disfruté de una noche de sueño pacífico. Siento rabia y un dolor en mi corazón tan profundo que comienza a desgarrarme, el dolor de la duda ante lo que soy o ante lo que profeso.
Me dejo caer en un pequeño refugio de roca perdido en alguna parte de la ardiente alfombra que besa mis pies sin ser consciente apenas de su cálido abrazo. Observo en silencio el arma que porto. Una lanza de manufactura Aiel largo tiempo buscada por mi gente y que yo finalmente había logrado encontrar en un remoto rincón cerca las Montañas Funestas, allí donde sólo unos pocos han logrado sobrevivir. La hoja aún brilla con la sangre de la última criatura que osó interponerse en mi camino y que limpio de modo automático con un trozo de tela que siempre llevo encima.
Con ella apoyada sobre el duro suelo parece que doy la impresión de estar desprotegida y desarmada. Pero quien me observe en silencio será consciente de la alerta en mis ojos, de mi mano lista para empuñarla y de mi rostro, tan sereno y frío que impone a quien lo ve la voluntad de salir corriendo.
Hago un análisis de lo que ha acontecido últimamente en el mundo, en mi mundo. Aquel que nos unirá y destruirá por fin ha nacido. El Car’a’carn ha aparecido y bajo su signo se unirá el pueblo Aiel, firme y dispuesto a seguirle hasta la Batalla Final para poder enfrentarnos al Cegador de la Vista. Fui de las primeras en ceder mi lanza a su causa e incluso he formado parte en repetidas ocasiones de la guardia personal de Doncellas que siempre le custodia.
Así me habían enseñado. A vivir por y para la danza y descubrir que en cada una de ellas está presente el estricto código del ji’e’toh. Como una marca grabada a fuego en la piel de la que no puedes librarte porque ya ha cicatrizado y no hay forma de borrarla. He vertido mi sangre por los Aiel, por mi pueblo, por su causa. E incluso he vestido el blanco cuando fallé en mi propósito como Far Dareis Mai, cuando no podía levantar los ojos por la vergüenza que me embargaba.
Ahora todo eso se va derrumbando poco a poco. Pienso en mi pueblo y me siento una desconocida entre ellos que no tiene nada que decir porque de mi boca sólo saldrían reproches e hirientes ironías. Me quedo con ganas de gritar y de decir que estamos fracasando y convirtiéndonos en aquello que tanto hemos criticado y que tanto nos hemos esforzado por aniquilar.
Este no es mi camino. Dejó de serlo hace mucho tiempo, cuando descubrí que tenía que encontrar mi propia manera de hacer las cosas. El alma se me encoge y el corazón me late desaforado en el pecho cuando finalmente soy consciente de la decisión que he tomado.
Debo abandonar a los Aiel. Debo hacerlo para encontrarme a mí misma y para encontrar mis razones en esta lucha y así descubrir mi propósito. Es la única manera de lograrlo, desatarme de los lazos que me impiden razonar y ver más allá de las normas impuestas. Tal vez esto me convierta en una repudiada para siempre. Tal vez no se comprendan mis razones y se me tache de traidora por este camino que he elegido. No está en mi mano tomar esa decisión.
Solo espero que tú, que estás leyendo este pergamino que ahora está entre tus manos sepas la verdad. La verdad de que necesito encontrar respuestas que mi pueblo no puede darme y que para ello debo dejarles, pues puede que algunas de las acciones que lleve a cabo para lograrlo empañen su nombre. No podría vivir con la culpa de que mis actos recaigan sobre su honor. Sólo así la única culpable de mis actos seré yo misma.
No sé qué me deparará el futuro. Ni si algún día volveré a ver la tierra que me convirtió en lo que ahora soy. Ni si algún día volveré a formar parte de lo que ahora abandono. Mi camino es incierto y las sombras aún son demasiado espesas para saber nada de lo que ocurrirá. El tiempo será quien hable.”

Ishegan
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Jenn Jeade
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MensajePublicado: Lun Abr 30, 2007 12:36 am    Asunto: Del advenimiento de Cha Rahien, la Garra del Amanecer Responder citando

Poco a poco, los bancos y sillas dispuestos de manera anárquica sobre el gran Salón de la abandonada mansión, se fueron llenando. Los cortinones de grueso tejido, ocultaban la escasa luz de la luna creciente, dando un aire fantasmagórico a la estancia.

Keiven levantó la vista de los pergaminos que tenía delante de sí en la mesa de roble macizo. Examinó despacio a los presentes. Los conocía a todos personalmente, despues de mucho tiempo, había viajado, dormido al raso, luchado y sangrado con ellos. Constituian los primeros miembros de Cha Rahien, la Garra del Amanecer. Un grupo de luchadores escogidos de entre los mejores de todos y cada uno de los pueblos que aún plantaban cara al Oscuro y sus hordas. Conocía sus puntos fuertes y sus debilidades, sus cambios de humor. De algunos, hasta sus peores chistes.

Era la primera vez que se reunían todos. Sus rostros semiocultos en la sombra de las capuchas que portaban todos ellos en buena prueba de su deseo de no darse a conocer como miembros del grupo. Keiven era la única cabeza visible de la unidad, su Capitán. No había un registro escrito de los miembros. No debía haber posibilidad de filtraciones. El Oscuro tiene oídos en todas partes.

-Amigos, miembros todos de la Garra del Amanecer. Os he reunido en esta casa del bosque, lejos de oídos indiscretos. No os entretendré demasiado. Se que teneis urgentes asuntos en todos los rincones del mundo. La Lucha contra el Oscuro no debe detenerse.-Hizo una leve pausa y dio un pequeño trago a su copa de vino de Tear.- Y es por eso que estamos todos aquí. Como sabeis, he ido hablando con todos y cada uno de vosotros y vosotras, y os he propuesto pertenecer a esta Unidad de Elite, de luchadores por la Luz. Como ya os he dicho anteriormente, algunos de los propuestos han declinado su entrada por diversos motivos que no vienen al caso. Incluso hay aqui algun heroe cuya adhesión no estaba prevista, pero cuya compañía me llena de alegría.-Sus ojos brillaban en la parpadeante luz de las antorchas que en las paredes mantenían la estancia en una semipenumbra muy adecuada.-¿Alguna pregunta?

Una figura oscura, imponente, con una voz claramente distorsionada por medio del Poder, adelantó un paso desde detrás de una columna y se dirigió al grupo aunque miraba directamente al Capitán.

-¿Qué ocurre si nuestra misión es divergente de los objetivos de las distintas asociaciones o ejércitos a las que pertenecemos?

-Bien, algunos de vosotros y vosotras ya me habeis planteado ésto antes. Como ya os dije en su día, y os reitero, la pertenencia a Cha Rahien es principal. Las distintas asociaciones a las que perteneceis o perteneciais en algunos casos, deben quedar supeditadas. Sé que puede ser dificil a veces elegir. Pero pensad, que la lucha contra la Oscuridad es lo que os ha traído a todos aquí.-Keiven hizo una pausa y paseó nuevamente la mirada por la estancia, con una mirada que denotaba a todas luces que estaba repasando mentalmente algunas entrevistas anteriores.-Los intereses de nuestra lucha están por encima de los intereses partidistas de los reinos, las Torres, y los ejercitos. No estamos aquí para seguir el Daes Daemar. Estamos aqui para luchar contra la Sombra. No levantaremos nuestra mano contra ningún igual en la guerra. Solo contra los engendros, los amigos siniestros y sus lideres. Si lo pensais friamente...-Una nueva pausa, esta vez buscando un efecto estudiado-es bastante sencillo.

Algunas figuras se removieron en sus asientos, pero nadie miró directamente a nadie. Era mejor así. Keiven sabía que los recelos entre las diferentes facciones eran el principal obstáculo a superar. Si lo lograba, estaba muy cerca de conseguir aquello que tanto tiempo había anhelado, desde que tuvo aquella visión abrasadora en la ardiente Llaga.

-En proximas ocasiones, me pondré en contacto con vosotros a nivel individual por los canales previamente acordados. Os comunicaré formas de contactar entre vosotros y futuras actuaciones. Mientras tanto, será suficiente con que continueis vuestra lucha juntos o por separado como hasta ahora habeis hecho con tanto honor y heroismo. Partid, y que la Luz os guarde a todos, queridos amigos.

Cuando todos hubieron partido, unos en solitario, otros en parejas o pequeños grupos, Keiven Den'Astur apuró su copa y no pudo evitar un leve gesto de desagrado. Seguía prefiriendo el fuerte caldo de su tierra natal, la lejana ya Fal Dara.
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Jenn Da'shain
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