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Autor Mensaje
Etien
Jenn Mahdi
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Registrado: Dec 23, 2002
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Aiel Club de Lectura

MensajePublicado: Mie Mar 26, 2003 7:58 pm    Asunto: Responder citando

bueno pido disculpas por el retraso en poner la continuación de mis personajes, es que he estado super liada.


Ariel.


Ariel no podía creerlo, este tipo era más estúpido que la mayoría de los hombres que conocía, y por cierto eran muchos. Aunque a lo mejor no estupidez sino ingenuidad. Desde luego a nadie que peleara como él lo había hecho se le podía tratar de idiota.

Sopeso el diamante entre sus manos y luego miro de refilón la enorme bolsa que colgaba del cinturón del hombre, iba a hacer un negocio redondo. Se paso una mano por su cabello, haciendo que este brillara a la luz del atardecer, se subió la falda mas todavía buscando la bolsa que colgaba de uno de sus muslos, y con un gesto claramente provocador la abrió ligeramente e introdujo prietamente el diamante poco a poco dentro de ella. Luego soltó la falda, esta cubrió sus piernas para disgusto del hombre y sonrió. Había conseguido el efecto que quería.

- Pues me parece que ya tienes guía, mi nombre es Leira.

Desde luego no pensaba decirle su nombre verdadero, nunca lo hacia, jamás daba datos que pudieran contribuir a atraparla. De hecho nadie sabia su verdadero nombre.

Comenzó a caminar delante del hombre moviendo los brazos coquetamente y meneando las caderas rítmicamente.
Le condujo a través de las montañas hasta llegar al lindero de un bosque, una vez allí miro el cielo.

-pronto oscurecerá, propongo que acampemos aquí, parece un buen lugar.

Y sin esperar mas respuesta, se sentó en el suelo y se dispuso a esperar a que el hombre montara el campamento, ella era la guía, no la criada. Además, estaba muy ocupada planeando la mejor manera de robarle la bolsa, quizás no pudiera esta noche, pero en cuanto el hombre confiara un poco en ella..........


Ailiv.

Se hallaba atrapada bajo un montón de cuerpos inanimes, la sangre la manchaba las manos y la cara, cubriendo sus ojos con una patina carmesí. Apenas conseguía respirar debido a la presión que su pequeño cuerpo soportaba. Lentamente fue abriéndose camino entre la maraña de miembros amputados. Un soplo de aire fresco llegaba hasta ella ahora, un poco mas y conseguiría volver a respirar. Extendió sus manos apartando las masas de carne putrefacta y noto la brisa recorrer las yemas de sus dedos, se empujo con los pies, y logró salir del horrendo montículo de cadáveres. Siguió reptando por el suelo encharcado de sangre hasta que se vio totalmente libre de los cuerpos.

Miro a su alrededor, todo tenia una tonalidad rojiza, quizás debida a la patina de sangre que cubría sus ojos. Trato de limpiárselos con el dorso de la mano, pero solo consiguió extender mas la suciedad. Intento fijar su mirada en algún punto, pero le fue imposible, solo podía ver miles y miles de cadáveres, ora de animales, ora de hombres, ora de plantas. No había ningún ser vivo en su entorno. De repente algo llamó su atención, algo clavado en el suelo del osario.
Se acerco lentamente, arrastrando los pies, esquivando como podía los restos inertes que antaño fueran personas que sonreían, animales que jugaban, plantas que crecían.
Cuando llego hasta lo que había llamado su atención se dejo caer de rodillas sobre el suelo y cubrió sus ojos con las manos.
La había visto antes, allí estaba, era ella, de eso estaba segura.
La espada se erguía amenazadora, su hoja estaba cubierta de sangre, el suelo sobre el cual estaba clavada aparecía quemado y yermo. Ailiv extendió su mano para tocarla, un destello traspaso su mente, un hombre, un hombre velado con sed de poder en los ojos, con una sonrisa sarcástica en su boca, con un deseo tal, que nada podía contenerlo. Separo la mano, suspiro y volvió a acercarla, otro destello, esta vez otro hombre, un hombre de ojos verdegrises, con armadura abollada, en esta un emblema, sobre fondo oscuro una luna plateada, y sobre esta un lobo negro. Ambos vinculados a la espada, ¿cual seria el que llevara el mundo hasta el punto en que ahora se encontraba su pesadilla? No lo podía saber, solo podía rezar para que el hombre correcto usara la espada correctamente, si no, todo estaría perdido.

Ailiv noto como las lagrimas recorrían sus mejillas e intento secárselas con la mano, pero seguían manando, humedeciendo su rostro, recorriendo su frente y su barbilla, eran lagrimas cálidas, amables. Poco a poco las lagrimas la hicieron regresar de la pesadilla en que estaba inmersa, abrió los ojos para descubrir al perro sarnoso lamiéndole la cara.
Le sonrió acogedoramente, y acaricio su cabeza, el perro se tumbo boca arriba mostrando su tripita escuálida, con una risa abierta, Ailiv comenzó a rascarle donde sabia que más le picaba. Mientras esto hacia, oteo el horizonte, desde donde estaba se podían ver las murallas de Orzam.

hala, ya esta. espero que no os importe que me haya tomado la licencia de describir el estandarte de los lobos de la noche, es que se me ocurrio de repente, y no me parecio mal. bueno, sin mas un saludito
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DATHANNA
Jenn Mahdi
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Asha'man

MensajePublicado: Jue Mar 27, 2003 8:48 pm    Asunto: Responder citando

Nadhatan, empezaba a dudar de fuera una buena guia, el lugar donde quiera parar la noche era un buen indicio, en el lindero del bosque, donde todo el mundo podria verlos a distancia, donde las fieras podrian acercarse a cubierto por el bosque sin que nos dieramos cuenta, al menos seria asi en las montañas en estos lugares tan apacibles tal vez no hubiera tantos peligros...

Descolgo su mochila, y saco lo necesario para pasar la noche, la mochila, igual que el cinturon lleno de bolsillos que llevaba y la bolsa de la cintura, eran magicas y su tamaño dentro era muy superior al que aparentaba por fuera, ademas de reducir el peso, pero como hacia un tiempo tan agradable, apenas 5 o 6 grados, solo pondria una manta y dormiria al aire libre, dejaria la tienda en la mochila.

Aunque comida si que saco, no mucha, un odre de agua, embutido, queso, pan, carne curada, fruta, frutos secos, lo suficiente para 4 o 5 personas, aunque no lo pareciera el gastaba grandes cantidades de energia magica todos los dias, y la guardaba en su talisman, nunca se sabia cuando podia hacerte falta.

Mientras comia no dejaba de pensar, sentia que la chica tramaba algo, pero no conocia demasiado este mundo civilizado para deducirlo, lo mas increible era que su boca decia una cosa y su cuerpo otra totalmente diferente, por si acaso le guardaba alguna sorpresa lanzaria todas las noches conjuros de alerta por si acaso.

Y al mismo tiempo recordaba, su padre le habia transmitido todos sus conocimientos, y mas, las imagenes por él vista de la traición y quienes habian atacado la torre de la familia, como se habian hecho pasar por amigos y luego los habian traicionado, solo para intentar hacerse con los secretos que guardaban, pronto llegaria a Orzam y alli vivia uno de ellos, El Duque de Kirpalon, tenia grandes propiedades y su casa, alli empezaria la venganza y recuperaria los talismanes que les fueron robados, uno a uno y no habria piedad para ninguno.

Ya esta, hoy no tengo mucha inspiracion, vuestro turno.

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Marcus
Jenn Da'shain
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Asha'man

MensajePublicado: Vie Mar 28, 2003 2:58 am    Asunto: Responder citando

Setzer

El viaje, a partir de aquel momento, transcurrió de manera tranquila alrededor de una semana. La región de grandes colinas fue dando paso poco a poco a suaves llanuras, cubiertas de un suave manto de hierba baja, que ofrecía lo que parecían ser centenares de matices diferentes de verde. El aire era límpido, y el cielo se veía de un azul tan claro e intenso que casi se podría decir que se respiraba pureza.
En la lejanía podían avistarse unos altos picos apenas recortados contra el cielo azul, tal debía ser la distancia. La llanura y el cálido sol invitaba a hacer camino desde el alba hasta la entrada de la noche. En aquel terreno se avanzaba rápido, y pronto se encontró con que a lo sumo en tres o cuatro jornadas de viaje alcanzaría la cadena montañosa, que se interponía en su camino de norte a sur. Ahora podía ver los afilados picos con más detalle. No eran tan altas como habían parecido en la lejanía, pero lo agreste de su conformación ofrecía un aspecto realmente imponente. Grandes grietas surcaban las empinadas laderas, como si hubieran sido gigantescas garras las que hubieran arañado su superfície.

Estaba claro que, por el momento, no iba a poder continuar hacia el oeste. Hacia el norte la cadena se prolongaba y ensanchaba. Sólo hacia el sur parecía tener posibilidades de hallar algún paso, ya que las cimas perdían altura en aquella dirección. Viajó rumbo al sur un par de días más. Al final del tercero pareció que la cordillera acababa un poco más adelante, quizá a media jornada de viaje. Y fue entonces cuando empezó a percibir la ciudad. Era mucho más fuerte que cualquier otra población de las que había dejado atrás. No la tenía a la vista, pero podía sentir el lejano murmullo de las mentes de sus habitantes como si fuera la respiración de un gigante dormido. Aquello le hizo empezar a temer otra escena como la de la primera vez, así que decidió que esta vez utilizaría la cinta.

Conforme avanzaba en su camino, el aire poco a poco fue cambiando. En aquella zona era más húmedo, y el calor hacía que la ropa se le quedara pegada, y también sudaba mucho más que antes. No le hacía ninguna gracia. Al menos, la cinta también le servía para mantener apartado el cabello, rizado por la humedad, apartado de la cara. Una molestia menor, comparándola con las sensaciones que notaba procedentes de la ciudad. Gracias a la banda, la presión era mucho más leve. Podía sentir aquel gigante. Podía incluso localizarlo, un poco más hacia el sur, y hacia el oeste; pero era como escuchar una conversación en susurros amortiguada por un colchón de lana. Finalmente, alcanzó el extremo meridional de la cordillera, y pudo volver a girar sus pasos hacia poniente.

Ante él se extendía otra llanura, pero esta daba claros indicios de civilización. Hasta donde alcanzaba la vista, el suelo estaba cubierto de campos de cultivo. Había tal cantidad, y variedad, que el suelo parecía una extraña vidriera, salpicada de matices de verdes, rojos, marrones... Grandes plantaciones de árboles frutales ocupaban la mayor parte del espacio, pero aquí y allá se veían otros cultivos: hortalizas, cereales o simplemente pastos. También aquí y allá había granjas, o simples viviendas para los agricultores. Recordó entonces haber leído algo acerca de el sistema que se empleaba en algunos lugares, mediante el cual había hombres que trabajaban una tierra que no era suya, a cambio de dinero o una parte de la cosecha. Dedujo que ése era el método que debían utilizar en la zona, ya que ningún hombre podría trabajar por sí sólo el más pequeño de aquellos campos.

Y al frente, incrustada en una montaña que destacaba por el contraste que ofrecían sus suaves formas con la agreste cordillera que había dejado atrás, estaba la ciudad. Aquella era la mayor concentración de edificios que jamás hubiera podido imaginar. Dejaba pequeña cualquiera de sus especulaciones acerca del tamaño que debería tener la concentración de personas que venía sintiendo desde días atrás. Llegar al lugar le costó casi media jornada de viaje. Cosa curiosa, a un par de kilómetros de las puertas, había un enorme cartel, Amherich. Hasta ahora, se había visto obligado a preguntar el nombre de los lugares por los que pasaba, pero allí simplemente se lo indicaban por escrito... Aquel lugar parecía reservarle respuestas, y alguna que otra sorpresa.

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Celia

El tipo no era nada tonto. Había conseguido evitarla durante casi una semana. No cabía duda de que sabía moverse, y de que ya se había visto en las mismas en más de una ocasión. Era muy hábil dejando rastros falsos, cambiando de dirección de manera aparentemente aleatoria. Incluso llegó a temer que le estuviera preparando alguna trampa, una emboscada, tal vez. Iba desarmado, pero no faltaban piedras y ramas de buen tamaño en una zona como aquella. Poco a poco estaba consiguiendo empujarlo hacia la llanura. Allí sería muy fácil, sería sólo cuestión de agilidad. Y para alguien con su preparación, la carrera era algo ganado de antemano.

Pero tampoco sería tan satisfactorio. Si llegaban a la llanura, eso querría decir que había sido muy habilidoso, que la había obligado a llegar a aquél último recurso. No era para lo que la habían entrenado. Debía cazar, y alcanzar a la presa cuanto antes. Eso era lo que haría. Sería una noche muy larga, pero ese bastardo violador y asesino pronto estaría muerto. Utilizaría la noche para acortar distancias.

Al amanecer encontró el lugar donde esa rata había hecho noche. Apenas le llevaba unas horas. Un poco de suerte y lo tendría muerto antes de mediodía. El rastro era ahora más claro. Quizás presentía lo que se avecinaba, y por eso el tipo era más descuidado. Llevaba corriendo toda la noche, pero ya tendría tiempo de descansar con la recompensa en el bolsillo. Siguió avanzando a un ritmo inexorable. En todos sus trabajos había algo de personal. Era algo bueno; si odiaba a su presa, resultaba más fácil matarla. Si era un cabrón detestable como aquel violador de niñas, entonces la ira y el odio le daban alas en momentos como aquel. Sólo debía recordar mantener la cabeza fría. Todo lo demás, cuerpo y alma, lo podía entregar por entero a la sed de sangre, a la sed de venganza.

Al cabo de unas pocas horas, lo vió. Desde lo alto de una colina pudo avistarlo durante un breve instante. Ahora era cuando mayor cuidado debía tener. Debía sorprenderlo. Quería matarlo por la recompensa, sí, pero también quería mirarlo a la cara. Que viera que era una mujer, como cualquier otra de las que había violado o matado, la que iba a poner fin a su existencia rastrera. De hecho, el apodo con que se le conocía decía mucho de él, Jack la Comadreja.

Después de lo que le había hecho correr, emboscarlo resultó insultantemente fácil. Fue tan simple como adelantarlo y esperarlo en lo alto de una roca. Huía tan desesperado que, de no haber sido por el estilete que se le clavó en la pierna, habría pasado sin verla. Jack aulló de dolor, revolcándose por el suelo. Celia no pudo reprimir una carcajada.

- Vaya, vaya... El valiente de Jack, ese hombretón que domina a las mujeres a base de golpes, llora como una niñita cuando le pinchan un poco...
- ¿Quién... eres?-. El dolor le hacía hablar apretando los dientes, entre gruñidos. Intentó retroceder, pero su espalda dió contra un tronco caído a un lado del camino.
- Soy tu muerte. Has cometido algunos crímenes realmente escandalosos...
- ¡Sólo eran furcias!

Con una mirada fría como el hielo, Celia lanzó un segundo estilete, contra la otra pierna, en la rodilla. La Comadreja aulló de nuevo. Esta vez, comenzaron a brotar lágrimas. Su rostro había enrojecido ostensiblemente.

- Eran mujeres. Personas. Su oficio no te daba ningún derecho a tratarlas a golpes. De todas formas, y mal que me pese, la justicia te busca por lo de las pequeñas, no por lo de las rameras. La verdad es que secuestrar, violar y matar a dos niñas es algo que, para mí, no tiene perdón.
- ¿Pero... qué... demonios... quieres?-. Los sollozos apenas le dejaban hablar.
- Pues verás, hay una suculenta recompensa por tu cabeza. Para tu desgracia, da igual que estes vivo o muerto. Y te voy a contar lo que voy a hacer antes de llevarme tu cabeza en este saco...

Jack volvió a gritar. Sus voces perturbaron la paz del bosquecillo durante unos minutos. Cuando cesaron, el sol se alzaba con fuerza en lo más alto, casi como un reproche.

Celia cerró la pequeña saca con un cordel, y la dejó sobre la roca. Siempre sentía una especie de liberación cuando acababa una faena. También se sentía sucia hasta la náusea. La mayor parte de las veces lograba controlarse, pero esta vez no fue una de ellas. Vomitó junto al cadáver decapitado de aquel hijo de perra. Secándose las lágrimas, recogió el saco y emprendió camino de nuevo. Si tomaba el paso de las montañas, estaría de vuelta en Amherich en dos o tres días como mucho, y con una buena recompensa en el bolsillo. En cuanto a esa sensación, ya desaparecería. Siempre lo hacía.
_________________
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
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Etien
Jenn Mahdi
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MensajePublicado: Vie Mar 28, 2003 2:56 pm    Asunto: Responder citando

bueno pongo sobre uno de mis personajes, el otro no me ha dado tiempo a desarrollarlo, icon_confused.gif icon_confused.gif

Ariel

El tipo era increíble, se estaba hinchando a comer, y ni siquiera le ofrecía un pedazo de queso, además, tampoco había montado ningún refugio para guarecerse del frío, que por cierto penetraba entre su escasa ropa con una facilidad asombrosa. Estaba muerta de frío y de hambre, y el muy majadero hacia como si no se diera cuenta. Pues muy bien, si quería jugar, jugarían.

Se levanto de donde estaba sentada, cogió un trozo de pan y algo de queso, se llevo la hogaza a la boca con cara de pocos amigos, y le pego un soberano mordisco. Como el no dijo nada siguió comiendo, luego cogió algo de carne, le miro con cara de mala leche y se levanto para comérselo en otro lugar. Su enfado estaba adquiriendo proporciones titánicas. Era la primera vez que buscaba pelea, y no la conseguía.

Cuando el hombre acabo de comer se tumbo tranquilamente en el suelo, se cubrió con una manta y comenzó a roncar.

Ariel se quedo de piedra, era la primera vez en su vida que un hombre no la hacia ni caso.

Espero un rato y cuando comprobó que la respiración del hombre era lenta y regular, se levanto silenciosamente, se acerco hasta donde estaba y le observo atentamente. Había algo que no cuadraba, se dio la vuela y observo la mochila sin tocarla, era pequeña, demasiado pequeña para todo lo que había sacado Nadhatan de su interior. Se metió la mano dentro de la blusa, y saco de entre sus senos un colgante, a simple vista podía parecer un trozo diminuto de ámbar, pero al acercarlo a la mochila este comenzó a brillar. Ariel frunció el ceño, llevo el colgante hasta el hombre, este brillo con mas fuerza. Di un paso hacia atrás mientras volvía a colocar el ámbar oculto bajo la blusa. Luego muy sigilosamente, se fue internando en el bosque hasta dejar atrás el improvisado campamento. No quería saber nada de magia.

Mientras recorría el bosque intentando alejarse lo más rápido posible del hombre y su magia, fue recordando.


Apenas tenia seis años cuando su madre desapareció con su ultima conquista, un supuesto soldado con un supuesto mapa que llevaba a un supuesto tesoro.

- Espera aquí niña, regresare en poco tiempo, si tienes hambre utiliza tu sonrisa picara y tus manos rápidas para conseguir comida, si tienes frío metete en la cama de alguien.

No había dicho nada mas, se había marchado sin mirar atrás, dejándola sola, y muy a gusto, si algo no soportaba en el mundo era a su madre y sus amigos.

Abandono su miserable hogar un día después de que se fuera su progenitora. Busco dinero en los bolsillos ajenos, y se calentó lejos de las camas de la gente, si algo no pensaba hacer, era el convertirse en una cualquiera como su madre.

Recorrió ciudades y pueblos, y se divirtió mucho tomando el pelo a los hombres, se hacia pasar por una niña ingenua y confiada, y cuando estos no se daban cuenta les robaba hasta la camisa.

Cuando tenia diez años se perdió en un bosque, este parecía encantado, los árboles la miraban, las ramas la agarraban, el suelo se hundía bajo sus pies formando hoyos que antes no estaban. En un momento dado el miedo pudo mas que ella y corrió con toda la rapidez que fue capaz, pero el bosque no tenia fin. Cayo agotada en el centro de un claro, y allí la encontró una vieja, tenia una cara apacible y un cuerpo enorme, mas ancho que alto, la cogió en brazos y la llevo hasta una cabaña, la alimento, la preparo una habitación para que pudiera descansar y la dio ropa limpia. Por primera vez en su vida Ariel se sintió segura. Esta vieja no la pedía nada, escuchaba sus problemas y atendía sus necesidades. Había algo extraño en la anciana, pero Ariel lo obvio, todos tenemos algún secreto oculto se decía.

La mujer la alimentaba con cariño y la cuidaba con esmero, pero poco a poco Ariel fue adelgazando, se encontraba cada día peor que el anterior, al principio pensó que tenia alguna enfermedad, pero después se dio cuenta de que era solo debilidad. La comida no parecía llenarla, y su cuerpo siempre estaba aterido de frío. La anciana en cambio, estaba dejando de serlo, cada día se la veía mas joven, mas delgada, con mas fuerzas.

Llego a un punto en que apenas podía dar un par de pasos sin sentirse desfallecer, pasaba el día entero en la cama, mientras la mujer recuperaba lozanía ojos vista, ya no era una anciana, en menos de dos meses, había pasado de ser una vieja rolliza y cansada para convertirse en una mujer madura, con un cuerpo precioso y unos ojos enigmáticos. Ariel estaba muy extrañada por el cambio dado por la mujer, y por el malestar que hacia mella en ella.
Al principio pensó que de alguna manera la mujer usaba alguna clase de magia para apoderarse de juventud, pero enseguida desecho la idea, eso era algo imposible, aun así, empezó a observarla de otro modo, la vigilaba cuando no se daba cuenta, y por fin, un día que la mujer salió a por leña al bosque, Ariel se levanto como pudo de la cama e inspeccionó la pequeña casa. No encontró nada, hasta que pisando una tabla del suelo se dio cuenta de que estaba hueca, la levanto y vio una fina cuerda con un hermoso trozo de ámbar insertado en ella. Le pareció tan precioso que no pudo evitar esconderlo entre su ropa, Ariel, era ante todo una ladrona.
Cuando la mujer regreso, estaba en la cama como si no se hubiera levantado en todo el día, comió su cena, y se dispuso a dormir. Pero no podía, el ámbar era tan hermoso y suave, que no podía resistir el acariciarlo y mirarlo, así que lo coloco sobre su mano y lo contempló largamente. No se dio cuenta del tiempo que había pasado hasta que sintió un ruido. La puerta se estaba abriendo muy despacio, el ámbar comenzó a brillar, Ariel se apresuro a esconderlo entre sus dedos, y metió la mano bajo la manta para que ningún destello delatara su robo. Cerro los ojos e hizo que su respiración fuera lenta y acompasada, como si estuviera durmiendo.
Sentó pisadas acercándose hasta su lecho, luego una especie de polvo cayendo sobre su boca y nariz, el olor que desprendía era ácido y dulce a la vez, se quedo muy quieta y siguió respirando como si estuviese dormida, algo estaba ocurriendo, e intuía que no era nada bueno.


- ¿Estas despierta?

Era la mujer quien hablaba. Ariel no contesto
Sintió que la pellizcaban el brazo. No hizo ningún movimiento.
Sentía la piedra calentarse en su mano, no sabia que significaba, pero estaba decidida a que no descubriera que estaba despierta.

Se dio cuenta de que la cama se hundía bajo el peso de la mujer al sentarse esta.

Noto una mano deslizarse por encima de la manta y bajar esta hasta sus caderas. Cerro mas el puño con el trozo de ámbar en su interior, ante todo debía evitar que descubriera que lo había robado.

Sintió que una mano se posaba sobre sus pechos y los recorría, luego bajaba hasta su vientre y se entretenía en su ombligo. Ariel siguió muy quieta, continuo respirando lenta y acompasadamente, no debía descubrir que estaba despierta.

- Pronto conseguiré tu juventud, ya queda poco.

Unos labios se posaron sobre su boca, una lengua la abrió poco a poco en beso inquietante, sintió como parte de su fuerza comenzaba a pasar de su boca a la de la mujer, pero este flujo de interrumpió de golpe apenas comenzar. El ámbar le quemaba los dedos.

La mujer se retiro extrañada. Tras unos segundos volvió a posar su boca en la de Ariel y de nuevo la fuerza comenzó a abandonar su cuerpo, pero el flujo volvió a cortarse de inmediato. El ámbar estaba ardiendo, pero cuando la bruja lo intento de nuevo, sintió pinchazos de frío emanar de el.

- Quizás estés demasiado cansada, puede que haya abusado del hechizo. Esperare un par de días a que te recuperes.


La cama volvió a su posición inicial al levantarse la mujer, bruja, seria una palabra mas precisa, las pisadas recorrieron el cuarto, el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse indico a Ariel que esta se había ido. Abrió los ojos despacio, estaba paralizada por el miedo, acerco la mano hasta su cara y separo los dedos lentamente, el ámbar yo no estaba caliente ni brillaba. No sabia lo que había ocurrido, pero intuía que no era la primera vez que pasaba, aunque si la primera que no salía como la bruja deseaba. Volvió a observar el ámbar, se había iluminado cuando entro la bruja, y se había calentado cuando esta derramo el polvo sobre su cara, casi le había quemado cuando la boca de la bruja comenzó a absorber su fuerza. No cabía duda, el ámbar avisaba de la magia y le protegía de ella, aunque no era una protección muy eficaz, había notado como el ámbar había estado a punto de enfriarse la segunda vez que la bruja la besara.

Tomo una determinación, se levanto de la cama como pudo, y se vistió rápidamente, era poco mas de media noche, salió por la ventana y se interno en el bosque, prefería morir antes que seguir en manos de esa bruja.

Esa noche escapo de milagro, entre su debilidad, y el bosque, estuvo a punto de perderse para siempre, pero su fuerza de voluntad la ayudo. Desde entonces habían pasado siete años. Cada vez que el ámbar se iluminaba, Ariel se esfumaba.



Con un suspiro volvió a la realidad, hacia un frío intenso, las ramas la impedían ver las estrellas y no conseguía orientarse, debería haber tomado el camino que se alejaba del bosque, pero ese otro era llano y no podría ocultarse del maldito hombre y su asquerosa magia.
Siguió andando con decisión, saldría del bosque antes o después. Poco a poco noto que su piel se quedaba helada, los escalofríos recorrían su cuerpo, la temperatura iba bajando conforme la noche se apoderaba mas y mas del cielo, y ella no llevaba ropa adecuada. Sintió mucho sueño, sabia que no podía descansar, pues se dormiría y seria peor, se apoyo contra el tronco de un árbol, cerro los ojos para relajarse un poco, si darse cuenta su espalda fue resbalando por el árbol, hasta que se quedo sentada en el suelo.


hala ya esta, vuestro turno.
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DATHANNA
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MensajePublicado: Sab Mar 29, 2003 4:49 pm    Asunto: Responder citando

Estaba visto que el no sabia tratar a las mujeres, se habia ido, algo habia cambiado a su alrededor y se desperto, la mujer se habia ido, quizas habia cometido algun insulto, pero el pensaba que si queria algo tendria que decirlo, que pensaba que era adivino o que.

Pronuncio unas palabras, y agito la mano y una imagen de lo que habia pasado se formo, en ella vio a la mujer como se acercaba con cara de pocos amigos y sacaba un amuleto de cristal entre sus, todo habia que decirlo, estupendos pechos, aunque todavia no sabia porque le atraia su mirada. El amuleto le llamo la atencion, era el talendo de su familia, maestros arcaniscas capaces de crear maravillas, objetos magicos de todas las formas, tamaños y poderes, mmmm un amuleto que detectaba magia, debia ser mas precabido en las ciudades del sur.

Por algun motivo que no comprendia intuia que debia ayudar a la mujer, en otras ocasiones habia tenido ciertos presentimientos y mas de una noche de vela por culpa de ellos, lo peor era que no daban motivos, solo indicaban unas acciones pero nunca sus efectos, serian positivos si pero la mayoria de las veces nunca se veian sus efectos.

El no necesitaba descansar mucho, asi que cogio su equipo y la rastreo con habilidad, parecia que no tenia mucha experiencia en el bosque por las huellas que dejaba, la oscuridad tampoco era ningun problema para el mas sencillo de los magos, al rato la alcanzo y la encontro dormida bajo un arbol, con los sintomas claros de alguien con congelacion, al menos los inicios. No parecia que fuera a despertarse, pero por si acaso la durmio con un conjuro, pudo sentir que el amuleto tambien la protegia algo, pero no lo bastante y no en las condiciones en las que estaba.

La cubrio con una manta que saco de su mochila, le puso unos pantalones, chaqueta y botas de cuero, de cuando el era joven y mas delgado, que le servirian mucho mejor en el bosque y una capa con capucha, uno de sus primeros trabajos, aunque ya no la necesitaba, en otros tiempos no podia ocultarse sin ella y como no sabia si sabria leer cogio un simple cristal, lo encanto y lo puso encima de la ropa el cristal se activaria al despertarse y saldria su imagen y diria:
- Parece que nuestros caminos se separan, lamento si te he ofendido, pero parece que desconozco casi todo de las costumbres de los sureños, te dejo algo que se servira, quizas nos veamos en un futuro.

Dejando tambien algo de comida y agua se encamino de nuevo al camino y siguio en la misma direccion que antes llebavan, tarde o temprano llegaria a Orzam, cuando los primeros rayos del sol salieron ya estaba a muchos kilometros de distancia, y con su trote rapido cubriria muchas mas antes de parar a comer, poco antes de mediodia vio las primeras casas, en ellas alguien le indicaria si era Orzam o cual era la direccion a seguir y buscaria a algun comerciante que le cambiara alguna gema en oro, por la reaccion de la mujer las gemas llamaban mucho la atencion, tambien podria conseguir comida.

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MensajePublicado: Mar Abr 01, 2003 6:18 pm    Asunto: Responder citando

bueno, esta vez se me ha ido la olla ligeramente, icon_redface.gif icon_redface.gif icon_redface.gif , entre mi imaginación desbocada y las ideas de mi hija, mmmm, pos ha salido esta aberración, espero que no os disguste mucho icon_mrgreen.gif icon_mrgreen.gif icon_mrgreen.gif



Desde que encontrara a la humana, el pellejo le picaba menos, quizás era debido a las caricias que tan amablemente le propiciaba, o tal vez al emplasto de barro y hierbas con el que restregaba su cuerpo, pero lo cierto es que el ansia de rascarse era cada vez menor. Aun así en estos momentos sentía verdadera necesidad de ello. Se sentó sobre el suelo, subió su pata trasera hasta la testa, justo detrás de la oreja, y se rasco con fuerza hasta quedarse a gusto.

Se fijo en ella, últimamente la veía preocupada, quizás era por la cercanía de la ciudad.

Se levanto, ladró un poco, movió el rabo, y cuando por fin ella le hizo caso, le lamió la mano. Era una buena persona, el se ocuparía de cuidar de ella en la ciudad.
Se encamino alegremente hacia los muros sin dejar de mover el rabo, notó que ella posaba la mano sobre su cabeza. Todo estaba bien.

Orzam era enorme, la ciudad mas grande que había visto hasta ahora, era un verdadero caos de casas, personas, gatos, ratas y perros como él. No se veían apenas árboles ni vegetación de ninguna clase.

Las calles eran muy estrechas. Estaban encharcadas debido al orín de los caballos y a la lluvia que caía torrencialmente durante la noche.
Las casas construidas con argamasa y piedras se alzaban torcidas, un piso sobre otro sin ninguna armonía, como si hubieran construido la primera planta y a al cabo del tiempo, al notar que les faltaba espacio, hubiesen ido añadiendo pisos, de tal modo, que las vigas que en principio solo soportaban el techo y el desván, estaban arqueadas por el exceso de peso. Estas se encontraban separadas entre sí por apenas uno o dos metros de lo que en mejores tiempos pretendían ser patios ajardinados, y que ahora eran mas bien retazos de tierra impregnados de basura, siendo así que debido a lo desviado de los muros y los varios pisos de que constaban, en muchas ocasiones los tejados casi llegaban a tocarse. Las que más distanciadas estaban eran aquellas que se situaban a ambos lados de los estrechos cinco metros que ocupaban las embarradas callejuelas. Callejas, por su parte que eran recorridas por viandantes y carros, todos mezclados entre sí yendo en ambos sentidos por las menguadas vías, lo que propiciaba con frecuencia el choque o atropello entre unos y otros.

Perro notó que Ailiv se quedaba parada, su olor era el de la incertidumbre mezclada con el miedo. Se dio media vuelta y rozo su lomo sarnoso contra las piernas de ella en un intento de tranquilizarla, luego lamió sus manos, y mordisqueando suavemente sus tobillos la guió de nuevo a través de las callejuelas hasta salir de la ciudad. Caminaron apresuradamente hacia el bosque. Una vez al amparo de los árboles, ella se sentó en el suelo y comenzó a acariciarle el lomo.

- ¿Es esta la ciudad que buscas? -dijeron los ojos de Perro -
- No, aquí no esta el castillo de columnas y trono color rosa que dijeron las hormigas.
- ¿Por qué paramos aquí?
- Aquí encontraremos algo que precisa nuestra ayuda, y que a la vez nos prestara la suya.
- ¿Que es?

Ailiv se encogió de hombros y negó con la cabeza.
Perro se tumbo sobre el suelo y se restregó contra las hierbas, eso le ayudaba a pensar. Mientras esto hacia, los animales del bosque se habían reunido en torno a Ailiv, los miro y movió el rabo contento, ella estaría segura con ellos, él iría a la ciudad para ver que podía averiguar.

Atravesó de nuevo las puertas de Orzam, tuvo que esquivar varios carros y algún caballo desbocado.
Se acerco hasta una de las múltiples cuadras y observo a los equinos. No, se dijo, eran demasiado orgullosos y estaban demasiado pendientes de lo que sus amos hacían, todo el cerebro lo ocupaban en hacer la guerra o transportar cachivaches.

Siguió recorriendo la ciudad, apenas vio niños, los pocos que había estaban sucios y delgados, intento jugar con ellos, pero enseguida que las personas mayores se percataban de su presencia, le alejaban a pedradas.

Le estaba entrando hambre, vio una plaza, y en ella algunas palomas, estos eran los pájaros más estúpidos que existían, los machos siempre pendientes de sacar buche y cortejar a las hembras, las hembras siempre coqueteando con los machos, pero nunca decidiéndose.
Se agazapo detrás de un tocón de árbol y espero hasta que un palomo paso cerca pavoneándose de su plumaje, en ese momento impulso sus patas traseras y saltó, fue pan comido, mejor dicho palomo comido.

Mientras estaba masticando se acercó una rata, olisqueó con su alargado hocico al palomo, Perro gruñó, la rata reculó un poco, pero no se fue, se sentó a esperar los restos del almuerzo. Perro la observó por el rabillo del ojo, y poco a poco un plan fue formándose en su cerebro. ¿Quién mejor que las ratas para saber todo lo que pasaba en la ciudad?

- ¿Quieres comida?
- Estamosss hambrientasss
- Te ayudare a conseguir comida si me hablas de la ciudad.
- Danosss de comer y hablaremosss
- No se puede confiar en las ratas, habla y comerás.

Rata miro con ojillos astutos a Perro, ahora estaba sola, pero eran muchas y tenían mucha hambre, la comida escaseaba en la ciudad. Se levanto, miro a Perro y se interno en un agujero en el suelo, al poco rato, varias ratas surgieron de el.

- Aquí no podemosss hablar, los hombresss nos perseguirán si nosss ven. Sssigueme.



Perro acompaño a Rata a través de callejuelas hasta llegar a una parte de la ciudad que estaba casi en ruinas. Las ventanas de las pocas casas que seguían en pie se veían rotas, las cortinas hechas jirones, las puertas, en el caso de que las hubiera, descolgadas del marco, los tejados inexistentes, y las paredes en el mejor de los casos con enormes brechas por las que se colaba el mal olor. Fetidez esta, proveniente de los innumerables canales que atravesaban las calles de la ciudad, sobre los cuales se vertían desechos, ya fueran excrementos humanos o restos de comida (aunque estos eran los menos, debido a la escasez que sufría el reino) y que venían a parar a este lugar despoblado. Deshabitado al menos por los hombres, ya que era el punto de reunión de gatos, perros y ratas de la ciudad.

Rata penetro en una de las casas que más o menos sé tenia en pie, Perro la siguió alerta, no se fiaba de las ratas, eran demasiado taimadas.
Cuando entro, se encontró con la rata más grande que había visto en su vida, esta se hallaba sentada majestuosamente, si eso era posible, sobre una mesa mugrienta y rodeada de multitud de sus semejantes.
Perro se agazapó sobre sus cuartos traseros, arqueó su lomo, las orejas se pusieron firmes, en posición de alerta, y su hocico se estiro enseñando los colmillos. No mostraba amenaza, no lo haría hasta que empezara a gruñir, pero Si daba a entender, que con el no valían trucos.

- Mi hermana dice que nosss darássss comida.
- Te ayudare a conseguirla, pero antes tenéis que darme información
- Que información deseassss
- Cualquiera fuera de lo normal

Las ratas se miraron unas a otras, ni siquiera confiaban entre sí.
Por fin, una rata demacrada habló.

- no hay sobrasss de comida
- Por que no lass sabess buscar.
- Claro que lass sé buscar, pero tu me lass robass.

La primera rata salto sobre la segunda y la propino un tremendo bocado en el lomo, la agredida se revolvió y lanzo sus garras contra los ojos de la agresora, en escasos segundos las dos ratas comenzaron a morderse y saltar una sobre la otra en un baile sangriento y aterrador, gruñendo y escandalizando cada vez mas, hasta que de repente la enorme rata que parecía la reina de las demás bajó de un salto de la mesa roñosa sobre la que estaba y de un mordisco abrió la garganta a una, y con las garras destripo a la otra.

- No quiero mas peleassss - gruño con el hocico lleno de sangre y vísceras.

El resto de las ratas al ver que su reina no iba a destripar a ninguna mas, se abalanzaron sobre los cuerpos inertes de sus compañeras y comenzaron a comer.

Perro desvió la mirada, no había animal más sucio, mezquino y desleal que las ratas.

Cuando el banquete finalizó, la reina ordenó que informasen a Perro y una tras otra las ratas narraron todo aquello que les pareció extraño.

- no hay comida
- los gatosss nosss persiguen para alimentarsse de nosotras
- los perrossss no encuentran amo que lesss quiera.
- Lass cucarachasss huyen de la ciudad en busca de comida
- Lassss hormigasssss se esconden en el bossque
- Lossss pájarosssss son cazadosss por losss humanosss
- Lasss mujeressss no se asustan al vernosss, intentan cazarnosss.
- Losss hombressss se matan entre ellosssss sin que nada medie.
- Losss niñosss buscan comida en nuestrossss dominiossss

Y así siguieron enumerando todos los percances que eran extraños en la ciudad. Perro poco a poco se fue haciendo una idea de lo que ocurría. La comida escaseaba, la justicia no existía, el miedo había dado paso al hambre.
Cuando todas y cada una de las ratas hablaron llego el momento de cumplir su promesa.
Perro llevo a las ratas hasta donde había visto a los pocos niños jugando, comenzó a gruñir y a expulsar saliva por su boca y a continuación ladró de forma amenazadora, en ese momento varios humanos salieron de las ruinosas casas y armándose de piedras, comenzaron a perseguirle, las ratas aprovecharon el descuido para internarse en las casas y robar la escasa comida que los humanos tenían.
Perro comprobó que había cumplido su promesa, se dio media vuelta y corrió de nuevo hasta las casas, internándose en una de ellas, los humanos que lo perseguían observaron asombrados a miles de ratas recorriendo sus hogares, y olvidándose por completo de Perro comenzaron a perseguirlas. Este se dio media vuelta y se fue de la ciudad. Al fin y al cabo, había cumplido su promesa, las había ayudado a conseguir comida. Si ellas no se habían dado suficiente prisa, no era su culpa. Los humanos también tenían derecho a comer.




Ailiv leyó en los ojos de Perro toda la información que este había conseguido de las ratas, y comprobó que era igual a la que la proporcionaran los árboles y los animales del bosque. Orzam estaba en el mas completo caos. ¿por qué no hacia nada el Rey? Que clase de Rey era, ¿ es que no le preocupaban sus súbditos? Lo unió con lo que le contaron las hormigas en la última aldea.

- un asiento de piedra
- de piedra rosa
- sobre él, un hombre
- hombre de poder sin poder
- a su lado,
- el que usa palabras
- palabras falsas
- peligro


se temía que el hombre de poder sin poder fuera el Rey, ¿pero quien era el que usaba palabras falsas? ¿y que tenia que ver todo esto con la espada y los hombres de su sueño?

Apoyo su barbilla entre sus manos pensativa. Ademas de esto, había algo o alguien que estaba esperándola en Orzam, lo sabia por sus sueños, pero no sabia como encontrarlo, y era alguien fundamental.




Elliot se despertó después de miles de años durmiendo, sentía que alguien le estaba buscando.
Se incorporo lentamente sobre sus patas traseras y movió la formidable cabeza en un intento de despejarse. Fue hasta la entrada de la caverna y retiro la enorme roca que la tapaba, luego se asomo al exterior, dejando que la luz del sol calentara sus escamas. Hacia tanto tiempo que no sentía el calor, salió poco a poco de la gruta y saludó a los árboles y la hierba, a los pájaros y las hormigas, al lobo y la liebre, luego movió un poco sus atrofiadas alas e intento volar. Seguía siendo igual de complicado. Avanzo pesadamente hacia el arroyo, intentando no causar ningún destrozo entre la flora del suelo. Luego se sumergió en las claras aguas y cerro los ojos. No hay nada mejor que un buen baño cuando uno se despierta tras un sueño de mil años, pensó para si mismo.



Un murmullo recorrió el bosque.
- Elliot esta despierto. -susurraron los árboles -
- Elliot jugará con nosotras -tararearon las flores -
- Elliot nos traerá de nuevo la suerte -reían los animalillos -
- Elliot cuidara de nuestros nidos - entonaban los pájaros -
- Elliot correrá con nosotros - aullaban los lobos -
- Elliot no esta aquí para divertirse, tiene una tarea que realizar - Dijo el búho- todos sabéis que Elliot haría cualquier cosa por veros felices, pero ahora no es tiempo de juegos, si no de propósitos, no es tiempo de cuentos si no de leyendas.

Los animales del bosque callaron, las plantas permanecieron inmóviles, los pájaros cesaron su vuelo.
Y aunque no era de noche, y brillaba el sol con todo su esplendor, el búho salió de su escondite y comenzó a volar, recorrió con la mirada atenta el bosque, hasta que encontró lo que buscaba.



Ailiv estaba dando el emplasto sobre el lomo de Perro cuando apareció un gran búho, este se poso a sus pies y la miro fijamente, se dio media vuelta y emprendió de nuevo el vuelo, Ailiv se levanto presurosa y le siguió con la mirada fija en el cielo. Caminó a través del bosque hasta llegar a un claro que era cruzado por un pequeño arroyo, en el estaba la criatura mas maravillosa que hubiera visto en su vida. Se podría decir que era un dragón, pero Ailiv sabia que no lo era, un dragón jamás tendría la sonrisa inocente ni la mirada tierna de este ser.


Elliot parpadeo al ver a la mujer, era justo la persona que estaba esperando, aunque no sabia por que la esperaba, ni sabia que debía hacer, pero si de algo estaba seguro, era de ella le complementaba. Se alzo en todo su esplendor para que pudiera verle mejor, cruzó sus zarpas delanteras delante de su estomago, en un gesto de inseguridad y dejo que una tímida sonrisa asomara a sus labios, siempre había sentido vergüenza por sus atrofiadas alas.


Ailiv se quedo impresionada, media por lo menos cinco metros de altura, y era inmenso, con una grandísima y simpatiquísima barriga sobre la que cruzaba sus enormes garras, o mas bien manos, pues las uñas estaban escondidas dentro de sus dedos, su cuello larguísimo media por lo menos dos metros, y estaba coronado por una enorme cabeza de hocico redondeado y dientes embotados, la lengua asomaba juguetona entre ellos, divida en dos partes, los grandes ojos eran amables y divertidos, en ellos se veía un amigo. Sobre la enorme testa se veía un manojo de pelo grueso y rosa. Si, rosa. Las escamas que cubrían su cuerpo eran de un verde claro, tan brillante como la yerba humedecida por el roció. De su espalda sobresalían dos alas diminutas de color rosa, y una larga cresta de placas de color rosado, atravesaba su espalda hasta llegar a la cola. Esta era muy larga y regordeta, y en esos momentos se encontraba entre las manos del ser, de hecho, este la retorcía con nerviosismo una y otra vez.

Ailiv sonrió y se acerco a el, apoyo la cabeza en su inmenso cuerpo y rozo su mejilla contra su tripa, Elliot sonrió y comenzó a reír, Perro se acerco cautelosamente y olisqueo a Elliot. Luego le lamió un dedo que era mas grande que su cabeza. Todo estaba bien.

Ailiv se separo de Elliot, le miro a los ojos y leyó su nombre en ellos.

- Elliot, en tus grandes ojos veo un amigo, muy grande, muy tierno y muy divertido.
- Boom, bombombombom, boom boom. - Canturreo Elliot -

Y una vez hechas las presentaciones, Ailiv, Perro y Elliot, se pusieron en marcha.


bueno, pues para aquellos que hayais sido capaces de llegar hasta aqui icon_mrgreen.gif icon_mrgreen.gif , deciros que Elliot es cosa de mi hija, y es el personaje de una peli de disney llamada Pedro y el dragón Elliot, bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif (etien pensando que esta desvariando hoy muchisimo) bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif bufon.gif
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lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.

Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo

Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
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Turilly
Jenn Sorei
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MensajePublicado: Dom Abr 06, 2003 4:41 am    Asunto: Responder citando

Bueno, antes de nada decir que me ha encantado el último trozo de Etien, aunque parece que ha tenido ayuda para escribirlo icon_wink.gif A mí es que me llegan los animales pseudo-humanos (por cierto, recomiendo La canción de Cazarrabo).
Ahora, pasando a la historia, como veo que Damrod se ha medio desentendido de la historia, puedo utilizar a la compañía de los lobos y a Dharim de forma bastante más libre. Vamos allá a ver que sale con la fuerza del Juanito Caminante.


Karansir. Ciudad de brillantes almenas y pendones bailando al viento. Blanca y resplandeciente recibía a los visitantes, para transformarse en negra bestia que engullía a los incautos. Allí se dirigían los Lobos Nocturnos en busca de gloria, honor y, por supuesto, riquezas.
-¿Por qué nos han contratado?.-
Esa pregunta había corrido por las filas de la compañía durante todo el camino. La sede de los Puños Imperiales, rica y poderosa, reclamaba la ayuda de una mísera compañía de mercenarios. Eran guerreros, de los mejores, no se podía negar. Pero su presencia apenas se notaría entre las filas de los guerreros de roja armadura, famosos por su nula piedad en el combate.
Pero ahora se encontraban a los pies de las murallas de plata y las preguntas se vieron silenciadas por la esperanza de vino, mujeres y lechos donde poder disfrutar ambos privilegios. Cruzaron las puertas y se encontraron ante la civilización: calles cubiertas por los desperdicios, borrachos tirados en las esquinas y ladrones despojándolos de lo poco que tenían, soldados comprados por las bandas y mujeres vendiendo sus virtudes a las puertas de las tabernas.
-Ah Damrod, cuanto echaba de menos esto.-
Falond, el capitán de la compañía, había preguntado al sargento de guardia en la puerta, y este les había indicado el camino al álcazar. Debían presentarse ante el maestre de armas y confirmar su llegada. Él les indicaría su alojamiento y explicaría las intenciones de Karansir.
Los Lobos avanzaron por la ciudad. Doscientos hombres armados hasta los dientes no pueden pasar desapercibidos por las calles de una ciudad. Y así fue. Un hombre alto, cubierto por una túnica del color de la arena del desierto, y acompañado por un sirviente negro detuvieron la comitiva
-Ah maese Falond, esperabamos su llegada.-
-Hacía tiempo que no nos veíamos, nigromante.-
Y así los Lobos Nocturnos fueron recibidos por Inazagi, Mago Supremo de la ciudad de Karansir y primer consejero de Fulfin el Grande.
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Damrod
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MensajePublicado: Lun Abr 07, 2003 5:25 pm    Asunto: Responder citando

La ciudad era grandiosa. La gente andaba de aquí para allá por las anchas calles, parándose a observar varios puestos de venta para luego proseguir con su camino. Todo parecía tan pacífico... pero seguía sin entender qué ocurriría allí.
Después de que fueran recibidos, les dieron un descanso mientras el capitán Falond se reunía con el nigromante, según le había llamado.
Así que decidió explorar un poco los alrededores. Se cambió su armadura negra y plata y se colocó una simple túnica verde claro, escondiendo su espada bajo ella.
Quería liberarse un rato, pues las pesadillas se hicieron cada vez más fuertes a medida que avanzaban hacia la ciudad. Vestido con la túnica, pasaba desapercibido entre los ciudadanos.
Al cruzar una esquina, vió lo que parecía un gran palacio, con grandes cristaleras y con torres que intentaban alcanzar el cielo. Las torres brillaban a la luz del mediodía, jamás había visto un edificio tan perfecto.
Intentó acercarse, pero había dos hombres con cara de pocos amigos cerca de la entrada, y decidió que se acercaría después. Damrod prosiguió su camino, girando en una callejuela a un lado de la calle. Sin embargo...
Algo iba mal.
Se giró, sólo lo suficientemente rápido como para esquivar la hoja de una espada que surcaba el aire donde antes había estado su cabeza. Sin pensárselo desenvainó su espada, aunque falló el golpe. Giró sobre sí mismo y se puso en pie. Ante él, dos hombres bastante más altos que lo normal lo observaban. Había algo extraño en ellos, algo que le era familiar...
Las dos figuras atacaron. Damrod esquivó al primero, mientras le atravesaba el pecho al segundo. Sintió un pequeño corte en el brazo, aunque aún podía sostener la espada, que brillaba con una tenue luz azul. La figura que quedaba en pie observó el cuerpo del caído y luego a Damrod.
- Mmmm... eres interesante, joven mercenario... -dijo mientras reía, no pudo ver el rostro, pero la figura observaba detenidamente la espada.
Damrod se abalanzó sobre él. La hoja sólo le propinó un pequeño corte al hombre cuando intentó esquivarla.
Sin embargo, el hombre cayó al suelo... retorciéndose y agarrándose la herida. Pero a pesar de ello reía, cada vez más fuerte, hasta que su alma expiró.
¿Qué era aquello?¿Acaso lo conocían?¿Por qué le eran familiares?¿Por qué su espada brilló al estar en contacto con aquellos hombres?
Se acercó a la primera figura caída. Echó un vistazo en ella y encontró un pequño símbolo. Una pequeña serpiente plateada que giraba sobre un rayo dorado. Había visto ese símbolo en sus sueños, aunque apenas recordaba cómo. Guardó el símbolo y observó el rostro del hombre, los ojos eran negros, al igual que lo eran los del otro hombre. Un negro que parecía sobrenatural...
El otro hombre también poseía el mismo símbolo, y una nota. La cogió junto al otro símbolo y envainó su espada.
Salió del pequeño callejón un poco precipitado, a punto de ser arrollado por un carruaje. El hombre le profirió unos insultos, pero Damrod no los escuchó.
Caminaba ojeando en todas direcciones... si habían dos, podrían ser más.
La gente comenzaba a apartarse ante el paso apresurado del joven mercenario, aunque a él tampoco le importaba mucho eso ahora.
Llegó a una pequña posada. Ni siquiera observó cual era. Se dirigió a una de las esquinas de la sala y se sentó, observándola más detenidamente.
Era bastante grande. Las mesas redondas ocupaban casi toda la habitación, con pequeñas sillas alrededor. La chimenea encendida llenaba toda la sala con un aire cálido. A pesar de ello, la posada tampoco estaba muy llena. Tan sólo unos pocos comerciantes la ocupaban, junto con algunos campesinos y un juglar que tocaba una pequeña flauta.
La camarera le trajo una bebida y Damrod esperó a que se alejara para sacar la carta.

Siervos, parece que nuestro destino está cerca, pero
hay alguien que parece querer también lo que nos
pertenece por derecho propio. Id a la ciudad de Karansir,
recuperad lo que es nuestro antes de que el hombre al
que una vez servimos lo encuentre antes. Pero tened
cuidado, pues él también sabe que queremos recuperarlo.
Y cuidado con el mercenario que lo lleva.

Extraño. Se quedó pensativo mientras tocaba el pomo de la espada...
La espada.
La observó cuidadosamente. Las figuras del callejón miraron la hoja con recelo... ¿pero por qué querían esa espada?
Todo era muy extraño. No podía quedarse en Karansir, acabarían encontrándolo. Además, la carta decía que alguien más en la ciudad la buscaba...
Bebió de un trago la pequeña copa y salió de la posada. No podía detenerse a buscar a los demás. Debía huir. ¿Pero adónde?
La figura de la capa verde se perdió entre la multitud en dirección de las puertas de la ciudad.
En su camino arrojó en una esquina el símbolo de los Lobos de la Noche.
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Prestas las Lanzas... Todos los sueños se acaban.
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DATHANNA
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MensajePublicado: Mar Abr 08, 2003 11:42 pm    Asunto: Responder citando

Estaba la mar de aburrido, eso de ser guardian, aunque incluyera a alguien de la familia, y a algunas jovencitas realmente preciosas podia ser un aburrimiento, con sus mas de 40 años todavia se aburria si no tenia emocion o alguna pelea de vez en cuanto, pero su reputación era conocida y la mayoria de la gente evitaba meterse con el.

Y aqui estaba en la ciudad de Orzam escoltando a varios miembros ilustres de su familia que estaban en las reuniones que habia en la ciudad con varios embajadores y representantes de grandes casas y mercaderes entablando acuerdos comerciales y estableciendo alianzas y matrimonios, muy aburridos para el pero tremendamente lucrativos y eso siempre atraia a lo peor de la gente. En fin, de vez en cuando hacia este tipo de favores a su familia y le dejaban en paz el resto del tiempo, tampoco era mal acuerdo y siempre podia conseguir algo de alguna de las señoras y señoritas de la reunion.

De repente algo llamo su atencion, un joven con ropas sucias y sin adornos, aunque con movimientos seguros, el de un luchador experto, le vio los ojos y se puso alerta, reconocia esa expresión de hambre en la mirada, ese hombre era un asesino y estaba buscando a alguien tal como miraba a todo el mundo. Se concentro en uno de sus dones, aunque no era ni mago ni hechicero había nacido con ciertos dones magicos que le eran muy utiles y le habian salvado la vida innumerables veces, y empezo a ver la magia y cosas que normalmente que pasaban desapercibidas. Lo primero que vio es que de alguna manera para la demas gente pasaba desapercibido, lo segundo que su mochila y su cinturon y una bolsa en el irradiaban magia. Pero ocultaba algo mas, para cualquier otra persona, incluso un mago pasaria desapercibido pero no para el se concentro mas, aplicandose unicamente en la figura.

Poco a poco empezo a ver mas cosas, leche, irradiaba magia por todos lados, las espadas, la capa, cuchillos, las botas, guantes, entre la ropa, debajo de ella, amuletos, anillos, brazaletes y en tales cantidades como no habia visto en su vida. Y quien sabe que mas tendria escondido y casi peor algunos de los patrones de la magia eran muy complejos y desconocidos para el, aunque quizas no. En ese momento los conferenciantes salian a la plaza publica, debian haber terminado por hoy, cuando reconocio ese patron de magia, lo habia visto en el duque de Kirpalon, uno de los asistentes, llevaba un gran broche, que nunca se quitaba que segun se comentaba le protegia de todo daño, y como habian descubierto para su desgracia muchos asesinos, eliminaba al atacante.

En cuanto este salio la mirada del extraño cambio, solo podia ver una rabia inmensa, se levanto para interceptarlo de la fuente donde estaba apoyado pero al llegar este habia desaparecido, solo lo habia perdido de vista un momento pero ya no lo veia. Su cara devio de poner sobre aviso a otros guardias que empezaron a fijarse en la multitud con las manos en sus armas, pero nadie vio nada. La maga que estaba encargada de la seguridad se acerco a el, aunque a el le hubiera gustado que se acercara en otro entorno y otro momento, y este le conto lo que habia visto, parecia que esta conferencia se podia animar de una manera que no esperaban.

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Etien
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MensajePublicado: Mie Abr 09, 2003 6:25 pm    Asunto: Responder citando

bueno, pos nada, que estoy vaga, icon_sad.gif icon_sad.gif icon_sad.gif icon_sad.gif icon_sad.gif a ver si mañana me animo un poco y escribo algo mas. icon_redface.gif icon_redface.gif icon_redface.gif

ARIEL

Ariel despertó bruscamente, había tenido una pesadilla, soñó con una ¿espada?. Aparto la manta que la cubría y se llevo las manos a los ojos para frotárselos, entonces se dio cuenta.

NO ESTABA

No se veía su cuerpo pon ningún lado, solo podía ver sus manos y sus brazos, nada mas, sus moldeadas piernas, sus estupendos pechos, sus redondeadas caderas habían desaparecido, intento calmarse, seguro que era una espantosa pesadilla, parpadeo un par de veces y respiro profundamente.
Se miro de nuevo, seguía sin ver su cuerpo, asustada, se levanto de golpe de donde estaba tumbada, algo resbalo por sus hombros, dejándola ver de nuevo su estupendo cuerpo. A sus pies reposaba una capa vulgar, con visos de no ser muy nueva, y de haber sido usada a menudo, se arrodillo para cogerla y al hacerlo se dio cuenta de que ¿¡llevaba pantalones!? Se levanto de golpe y se miro mas detenidamente, llevaba una chaqueta de ¿¡hombre!? Que no la marcaba en absoluto sus estupendas curvas, los pantalones eran viejos y no insinuaban ¡nada! ¿Qué demonios ha pasado?
Se arrodillo de nuevo para coger la capa, y vio la manta con la que se había tapado por la noche ¿se había tapado? ¿Con una manta? Si ella no tenia manta ninguna. Se fijo en que también había algo de comida depositada en el suelo al lado del lugar donde había dormido, ¿había dormido?
De repente recordó, recordó al mago, la huida por el bosque, el frío que se apoderaba de su cuerpo, la sensación de sueño, la imposibilidad de mantenerse despierta, y nada mas, no recordaba nada mas. Miro de nuevo a su alrededor, luego a si misma. De golpe su cerebro se ilumino.
Se había quedado dormida, miro sus manos, la piel de estas estaba endurecida y pálida, tenia manchas blancas, claro síntoma de las quemaduras por el frío que precedían a la congelación. Había estado a punto de morir congelada, habría sido así, de no ser por la ayuda de alguien, ¿de quien? Volvió a mirar el suelo, en busca de alguna pista, su mirada se poso sobre un cristal, al agacharse para verlo mejor, este comenzó a brillar, de repente, el mago para el que servia de guía apareció en el interior hablando.

- Parece que nuestros caminos se separan, lamento si te he ofendido, pero parece que desconozco casi todo de las costumbres de los sureños, te dejo algo que se servirá, quizás nos veamos en un futuro.


Ariel se sentó en el suelo con las piernas cruzadas.

- ¿Por qué me ha ayudado?
- ¿Cómo a sabido que necesitaba ayuda?
- ¿Por qué lo ha hecho si le he abandonado a su suerte?
- ¿Qué clase de persona es?

De repente se acordó de su talismán, abrió la chaqueta y busco entre sus senos, allí estaba, donde había estado siempre. Se llevo la mano a los pantalones, se los desabrocho, su ropa estaba arrugada pero seguía en el mismo lugar que el día anterior, el hombre solo la había puesto la vestimenta encima de la que ya llevaba, por lo tanto no la había desnudado, y probablemente (solo probablemente) no se había aprovechado de ella mientras dormía. Solo que no estaba dormida, estaba a punto de morir congelada.

- ¿Por qué?

Todo se resumía en esas dos palabras.

Cogió un poco de la comida que le había dejado y la devoro con fruición, estaba muerta de hambre. Mientras comía, recordó la capa, la cogió entre sus manos, estas desaparecieron, la soltó, las manos volvieron a ser visibles. Miro la capa detenidamente, la echo sobre sus piernas, desparecieron, la retiro, aparecieron. Se levanto de un salto, recogió todas las cosas que el hombre le había dejado y comenzó a andar a paso ligero. Sabia que iba a Orzam, allí le encontraría.
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lo malo no es cambiar de ideas, lo malo es no tener ideas que cambiar.

Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo

Olvidate de las penas pasadas... quien vive el pasado es un museo con pata
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