Stephanie Pui-Mun Law Art Gallery: Stephanie Law es una dibujante de fantasía y ciencia ficción con un gran talento, que con frecuencia es requerida por editoriales para ilustrar portadas, cartas de rol, etc... Entre estos proyectos, participó con varios dibujos en el Juego de Cartas Coleccionables de la Rueda del Tiempo. Una artista
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Publicado: Sab Mar 19, 2005 3:36 pmAsunto: Misión de los athan'miere
Establecida por un tiempo en la ciudad de Tar Valon, donde los inesperados giros de la Rueda me habían llegado a conocer a la Amyrlin en persona, recibí de manos de Korin, miembro del Consejo de Navegantes, la misión de recuperar un tomo robado.
Llegó pues el momento de levar anclas, y nuevamente partir en un viaje que me llevara a ayudar a mi clan así como a fortalecerme más en la vida y el Poder. Realizando los preparativos del viaje, de nuevo los azares del Entramado cruzaron mi camino con el de la Amyrlin. La Luz sabe que si he permanecido tanto tiempo en la ciudad es por ella, con la cual tengo una gran deuda, que espero algún día saldar. Informada de mi cometido, Nafay Dohon me comentó que precisamente dos asuntos de capital importancia requerían su presencia en Godan, ciudad que me quedaba a mí de camino según las indicaciones de Korin Arpón Nocturno. Sin opción a réplica, la Amyrlin decidió acompañarme y así de paso protegerme especialmente al cruzar el inhóspito bosque de Haddon Mirk. A veces pienso que Nafay Dohon debe tener algo de sangre athan’miere en sus venas, pues cuando se le pone algo en la cabeza no hay tempestad que se lo lleve, por no hablar de su afición a la pesca y sus largos ratos a la orilla del río Erinin.
La Amyrlin y yo emprendimos viaje sin demora, tras hacer acopio de provisiones para nuestra travesía. Tuvimos un viaje tranquilo hasta el sur de Cairhien, pero una vez entramos en los bosques, el agua empezó a agitarse. Sombríos exploradores que, en su vestimenta de incógnito, no reconocián a la Amyrlin, se abalanzaban sobre nosotras, y en varias ocasiones un tajo de espada bien dirigido habría acabado con mi vida si Nafay Dohon no hubiera congelado el arma a tiempo con sus rayos de escarcha. Una vez más, mi deuda, lejos de saldarse, se acrecentaba. Empiezo a pensar que es voluntad del Creador que así sea, quizá la Última Batalla me depare la oportunidad de repararla.
Pasada la tempestad, llegamos a las tranquilas aguas de la campiña de Tear. No entramos en la ciudad, deseosas de no llamar la atención sobre tan dispar pareja. Bordeándola por el este, continuamos nuestro camino en dirección este, por la calzada que se dirije a Godan. De nuevo nos esperaba un viaje por aguas mansas, sin incidentes, tan sólo breves encuentros con otros viajeros, y tras unos días llegamos a la encrucijada que debía separarnos. Como Godan no quedaba lejos, decidí acompañar a Nafay Dohon hasta la ciudad, para ayudarla en sus asuntos (que no puedo revelar). Nuestra estancia allí fue breve, pues la Amyrlin es diligente y se nota que está acostumbrada a manejar información y tratar con la gente, cosa que agradecí porque exceptuando la extraña ciudad de las Aes Sedai, enseguida me siento oprimida rodeada de tanta piedra y tan poco aire libre, sin sentir el sol sobre mi piel y el viento acariciando mi cara.
De nuevo volviendo sobre nuestros pasos, nos encaminamos a una mansión siniestra en medio de colinas bajas cerca de Godan. Allí había sido yo informada de que encontraría lo que buscaba, en algún lugar oculto de la luz. Si ya el tiempo había estado tapado, al llegar a la casa empezó a llover intensamente. Estudiando la mansión desde lejos, aparentemente abandonada, nos sorprendió ver actividad en ella, pues de vez en cuando unos hombres ataviados con alabardas asomaban a la entrada de la finca, ademas de que en algunas ventanas se veían sombras de personas en su interior tras los cristales empapados. Ni la Amyrlin ni yo nos atrevíamos a encauzar, para evitar que alguna mujer con habilidad en el Poder pudiera detectarnos, si es que había alguna. Maldiciendo por lo bajo, por no poder cambiar el tiempo a mejor, guié a la Amyrlin sigilosamente hasta cerca de la puerta, amparadas por la oscuridad reinante, siempre alerta a cualquier movimiento sospechoso. Sin embargo, mientras decidíamos cómo seguir, uno de los guardias nos avistó y, gritando, atacó a Nafay, aunque ésta demostró por qué es la Sede Amyrlin, en un alarde de habilidad y potencia con sus tejidos. Siendo ya inútil nuestro sigilo, tras recoger una llave del cinturón del cadáver del guardia entramos corriendo a la mansión, esperando encontrar más guardias. Para nuestra sorpresa la mansión parecía desierta, y la gente que habíamos visto, haberse evaporado como el agua del mar bajo el intenso Sol. Sin más incidentes, llegamos a la planta superior, y abriendo la puerta del desván con la llave encontrada, allí, en la oscuridad, hallé el tomo que me había sido reclamado. De vuelta abajo sin dilación, sólo una mujer, ni siquiera encauzadora, osó intentar detenernos, y esta vez fui yo quien dio buena cuenta de ella, pues sus gritos la identificaron como una sierva de quien emponzoña las aguas. Alejándonos presurosas de la mansión, llegamos de vuelta al camino de Tear a Godan, donde la Luz quiso que el tiempo amainara y rayos de Sol se filtraran entre las nubes.
Mi misión estaba cumplida.
Mantenía yo algo de paz entre los miembros de las diferentes bandas en Mayene, cuando en una visita a los astilleros para comprobar de primera mano las reparaciones de mi cutter, y cambiar impresiones con el capataz sobre si la cuerda de cañamo es mejor o peor que la de trenza para el amarre entre rocas, cuando llegó un velero de la ruta de cabotaje entre Tear e Illian, que se había desviado a causa de una tormenta que la detectora de vientos (joven e inexperta) no supo detener a tiempo, y nos contó la desgracia que había acontecido con nuestra hermana de raza Shan Firian, y cúal había sido su último deseo.
Alterado e incluso enajenado por el truculento relato de las terribles heridas inflingidas a nuestra jermana, no me lo pensé dos veces y partí en dirección a Godan, atravesando la citada población cual feroz marea que destroza todo a su paso en busca de mi sed de venganza. Mas tuve que refrenar mis impulsos y buscar con cuidado las huellas de Sahn Firian, y dar con el sendero apropiado que me llevo a una mansion, custodiada por unos guardias a los que la verdad, no hice demasiado caso, y pase al Recibidor de dicha casa, en la que fui redundantemente recibido por un siervo que se tomó a malas mi presencia en las estancias de su Señor, y con el cual tuve una discusión para que no siguiera armando bulla y así pasar a recoger discretamente el tomo de nuestra hermana. Pero ay!, nuestras voluntades no siempre se cumplen, por lo que terminé sesgando la vida del pobre diablo. Ojalá los vientos lleven su alma a un descanso eterno en alguna costa propicia. Seguí mi camino después de despojarle de una llave que llevaba consigo, y me interné en la biblioteca por si pudiera encontrarse el tomo escondido entre el resto de los libros, pero al no estar allí, subí las escaleras, yendo de habitación en habitación hasta entrar en la principal, de la que me fije tenía una puerta en la misma forma que las escotillas de nuestros veleros, esto es, en el techo del cuarto, escotilla bloqueada por una cerradura. Probando a abrir dicho cerrojo con la llave que repviamente habia adquirido de forma ya relatada, subí hasta un desván, y ahí me acordé de las palabras de nuestra hermana Sahn Firian, donde la luz no alcanza. Porté un terangreal de luz para iluminar la estancia, y he ahí se encontraba el tomo de deslumbrar que tantos esfuerzos y pérdidas irreparables ha costado a nuestra raza. Lo guardé de manera meticulosa y me dispuse amarcharme de lugar de tan infausto recuerdo, ya que la presencia de Sahn todavía flotaba en esa mansión, cuando de una manera por lo demás imprevista me topé con una bodega llena a reventar de excelente vino blanco. Procedí al saqueo de rigor, para poder al menos celebrar la buena ventura del fin de la misión con los compañeros marinos con los que ya tenía pensado reunirme en el barco de la Asociación de Navegantes para relatarles como hacen las cosas las gentes de tierra adentro, y como nos las gastamos los athan miere cuando nos provocan.
Excelente vino, eso si...
A vuestra salud
Maturen Bruth na Muir, Navegante Novel _________________ Nulla rosa coram spinis
"Rhelan Gaidin,...un horrible zombie,que se hace llamar el señor de todos ellos,ha matado a una hermana y a su guardián,Madre no puede ir,eres el único que puede acabar con él."
Con estas palabras,me embarqué en una hazaña que casi acabó conmigo,una hazaña que,además,no dio frutos deseados porque no logré acabar con mi objetivo.
Me equipé adecuadamente y comenzé mi viaje hacia Godan,para luego internarme en las malditas Tierras Anegadas,hogar de criaturas peligrosas y precursoras de mi objetivo,los oscuros subterráneos de una ciudad olvidada mucho tiempo atrás.
Dio la casualidad que allí,en Godan,me encontré a un ashaman de nombre parecido,Gonan,el cual es uno de los pocos que aún sortean la locura de forma satisfactoria.
"Guardián,mi deber es acabar con las criaturas que rehuyen la Luz,te acompañaré."
Así pues,me encaminé con él hacia mi objetivo,concentrado en la táctica que tendría que seguir para matar al miserable "Señor de los Zombies".
Atravesamos las Anegadas sin muchos problemas,ya que con sus tejidos y las huellas e indicios que podía rastrear, hallamos el camino a la ciudad maldita y encontramos el pasadizo sepultado a sus entrañas.
Entramos allí y,¡todo un ejército de muertos esqueléticos se nos echó encima!,parecía que sabían a qué veníamos,pues su fiereza era notable y aún siendo incapaces de acabar con nosotros no cejaban en su empeño.
Y no sólo ellos,más al interior nos salieron al paso otras criaturas en diversos estados de descomposición,zombies y cadáveres más recientes.
"Malditos...moriréis aquí y vuestra dulce sangre alimentará nuestra carne putrefacta",balbuceó uno de ellos que aún conservaba la lengua.
A golpe de espada y fuego de Poder Único logramos abrirnos paso hasta lo más profundo.Al otro lado,detectaba la masa oscura de mi objetivo,una criatura tan abyecta y degenerada que era incapaz de salir de donde estaba enclaustrado,pero que sin duda devoraría cruel y salvajemente a aquel que entrara en sus dominios...y sólo podía ser uno,ya que el hueco era demasiado angosto para que el ashaman oudiera acompañarme.
Discutíamos el mejor método para acabar con aquella cosa cuando...algo surgió,algo sucedió...no sé realmente qué fue,pero de repente estaba caído,en medio de escombros,y de Gonan no había ni rastro.
Además,dos horribles muertos se acercaban a mi,relamiéndose de haber tenido lengua.
Algo en mi inetrior me dijo que no me preocupara del ashaman,que él sabía cuidar de sí mismo,y me dispuse al combate.
Los muertos son criaturas muy difíciles de matar con espada,ya que no sienten dolor y no importa si les cortas un brazo,una pierna,pues seguirán moviéndose hasta que su cabeza caiga,y son lo suficientemente listos para protegerse.Ejecuté una danza mortal a espada y escudo,puesto que a dos espadas habría sido vulnerable a sus acometidas,y las pose de batalla iban surgiendo en mi a gran velocidad, La Luna se alza sobre el Agua fue la más utilizada ya que me permitía mayor agilidad para poder acertar golpes.
Aún así,fue una batalla a muerte,ya que poco a poco iban agotándome,agotando a un guardián,e iban inflingiéndome daño y desgastando mi equipo.
Pensé que iba a morir,sentía en mi mente la angustia de Madre,de Nafay...y fue la resignación lo que me salvó,puesto que con ella llegó la calma y ejecuté mis golpes con mortal precisión...las dos cabezas de los muertos cayeron.
Allí,al otro lado,el maldito señor de los zombies parecía regocijarse,pero yo no podía acometerlo en ese momento y en solitario,mi deber era otro,proteger a alguien con mi propia vida y no dejarme matar.
Comenzé el camino de regreso al exterior,a la luz del Sol,todos los meurtos parecían echárseme encima,mi espada staba mellada,mi armadura llena de desgarraduras,sólo sobrevivía por pura obstinación y con el miedo de acabar yo convertido en una horrible criatura no muerta.
Justo al final,casi a la salida,me esperaba el último reto: un numeroso grupo de esqueletos,con ansias de batalla y de muerte,me esperaba,y yo,al borde del agotamiento,enderezé mi escudo,hice girar mi estropeada espada y acometí.
No recuerdo bien esos momentos,sólo la resistencia y regeneración de la que gozamos los guardianes me salvó,puesto que cortaba,no,golpeaba huesos y tierra y no hallaba el camino a la salida,pero no me rendía y seguía intentándolo,con los ánimos silenciosos que me llegaban por el vínculo.
Con un último salto,logré traspasar la hendidura por la que habíamos entrado el ashaman y yo,y con un fuerte estruendo la tierra cayó tars de mi y sepultó el camino al hogar de tan siniestras criaturas,antaño hombres.
Agotado,desfallecido y sin fuerzas,me desplomé larags horas allí mismo...
Cuando recobré el sentido,algo más recuperado y con suficientes fuerzas,hice inventario.Tendría que pasar largas horas arreglando mi equipo,afilando mi espada,recuperando mi vigor.
Me encaminé a la salida,y una última mirada atrás me convenció de algo:volvería,y cuando volviera,el señor de los zombies sería pulverizado por mi espada,su cabeza rodaría,y su mal se extinguiría.
Seguí caminando en busca de mi caballo,para partir hacia Godan. Y de ahí a Tar Valon,a la Torre Blanca,hacia mi auténtico deber.
Bueno, aunque mi PJ (Arislan) no tenga pasado en el mud. Siempre he sido reacio a crearle una historia, quizás por vagancia o porque ello conllevaba ir más allá de lo que quería ir con él. Creo que al final me he encaprichado con este PJ. Pero resulta que el otro día cuando volvía en tren de vacaciones, y mientra escuchaba la canción de Lucciano Pavarotti, Nessun Dorma, se fue formando en mi mente la siguiente historia. Espero que disfruteis de ella.
La noche lluviosa empapaba las ropas del viajero pero esté parecía hacer caso omiso a ella, y al frío que debía entrar por los pliegues de las ropas. El único sonido que llegaba a sus oídos era el de la lluvia caer sobre el sediento suelo, llevaba más de dos meses sin llover, y el chapoteo del caballo cuando pisaba los charcos que se formaban en el embarrado camino. Sin previo aviso el camino se abrió a un pequeño claro y un relámpago casual iluminó la noche dejando ver lo que parecía una casa abandonada. El jinete hizo parar al caballo ante tal visión. Y antes de clavar los talones al caballo soltó un pequeño suspiro de resignación. Dirigió al caballo hacia la parte derecha de la casa, donde parecía que había una destartalada cuadra, una vez desmontado, secó al caballo lo mejor que pudo y le colocó una manta por encima para que no pasase frío. Con paso cansado se dirigió hacia el interior de la casa, encendió un pequeño fuego en el hogar de la cocina y cenó una frugal cena. Una vez comido y calentado, se tumbó en el suelo y se dispuso a dormir.
El ruido de un trueno le despertó antes del amanecer, cuando empezaba a clarear el cielo. Se estiró para desentumecer los sufridos músculos de la espalda, y se frotó la cara. Una incipiente barba empezaba a oscurecerle la cara. Buscó por la casa algo que le sirviese de espejo para poderse afeitar, en una de las habitaciones superiores encontró en el suelo un trozo de espejo roto, cogió el más grande y sin mirar la habitación se dirigió de nuevo a la cocina. En un desportillado aguamanil vertió un poco de agua, se colocó enfrente del espejo y empezó a afeitarse.
A través del espejo vio entrar a Ieden en la habitación, con una sonrisa en los labios y el pelo recogido en un coleta. Lo abrazó por detrás, acariciando su pecho desnudo y susurrándole que el desayuno estaba ya preparado. Se dio la vuelta y la besó en los labios. Su boca sabía a mermelada de manzana, sin duda alguna no podía haber resistido la tentación de meter la cuchara en el tarro. Era una golosa empedernida. Todavía con el sabor a manzana en la boca y cogiéndola de la mano se dirigieron a la cocina donde le esperaba el desayuno. La jornada que le esperaba iba a ser dura sin duda, tenía que arar el terreno para plantar los nabos y demás legumbres, luego tendría que sacar a las vacas a pastar. De eso se encargaría Ieden, por lo menos hasta que él acabase de arar la tierra. Eran felices, había encontrado este trozo de tierra fértil al norte de Maerone y se disponían a pasar el resto de sus vidas juntos. El sol estaba alcanzando su cenit cuando un caballo con su jinete se acercó a la casa. Vio como Ieden le daba indicaciones y le señalaba a él. Incluso vio como el extraño se llevó la mano al sombrero para despedirse de ella. Era un jinete joven, con el pelo rubio y una cara ligeramente aniñada. Sus ropas denotaban un cierto poder adquisitivo, por lo menos más de lo que Ieden y él podía permitirse.
-Buenas-saludó el jinete llevándose la mano al sombrero y haciendo una ligera inclinación-me llamo Daran, soy el hijo de Aegel.
-Soy Arislan, hijo de Rosean. ¿Qué es lo que queréis?- Le sonaba el nombre de Aegel, lo había oído alguna vez cuando había bajado a Maerone a comprar cosas. Le había parecido entender que era una especie de hombre poderoso de la zona. Un cacique.
-Veréis, al parecer sois nuevo en la zona y no conocéis las costumbres de aquí. Todas las personas que desean protección hacen una contribución a Aegel, para que les proteja de los bandidos. Personas muy desagradables y que pueden hacer daño a vuestra persona y a vuestra esposa-dijo esto con un cierto tonillo recalcante- sin olvidar la casa y las cosechas.
-Vaya, no sabía yo eso. No me informaron de nada en el pueblo. De todas formas no he visto ni tenido problemas con esos bandidos.
-¡Oh!-exclamó el joven jinete, con una sonrisa en los labios- son nuevos por estos parajes. Vienen de Andor, pasan el río de noche, y hacen sus correrías en terreno cairhienano. Muy peligrosos.
-¿Y cuanto cuesta vuestra protección?-preguntó con un cierto tono de desdén.
-Digamos que dos sacos de trigo y un cordero-dijo el jinete.
-Eso es más de lo que podemos permitirnos. Siento rechazar la protección, de nada servirá que nos protejáis si me muero de hambre. Ahora si me disculpáis tengo mucho que hacer esta mañana-el jinete lo miro con cara de asombro, y después de forma calculadora.
-Que tengáis un buen día, señor- se despidió el jinete. Antes de espolear a sus caballo , lanzó una mirada a la mujer que estaba en la puerta de la casa.
El mes fue pasando sin tener noticias de Daran no de Aegel, quizás se habían olvidado de ellos, pensó. La noche se cernía sobre la casa, y Ieden se estaba vistiendo para dormir. Fuera se oía el canto de un búho en el bosque. El ruido de una rama seca al cascarse, le hizo ponerse tenso y levantarse de la cama. Con una mirada preocupada Ieden le miró, se llevo el dedo a los labios indicándola que no dijese nada. Se asomó a la ventana discretamente, intentando que no le viesen desde el exterior, y vio a la luz de la luna unas manchas negras correr en dirección a la casa. El crujir de la escalera le llevó a ponerse delante de Ieden, en forma protección. Cogió una silla en forma de arma y espero a que se abriera la puerta. El tiempo parecía que se estiraba y que no pasaba. Notaba la respiración de Ieden y la gota de sudor cayéndole por la espalda. La puerta se abrió y dejo pasar a un hombre corpulento y barbudo, sin perder tiempo golpeó con todas sus fuerzas la cabeza del hombre con la silla. El hombre se desplomó, haciendo un ruido seco al caer. Su compañero se lanzó entonces escaleras arriba al oír ruidos en el piso superior. La silla había quedado inservible después de golpear al hombre con ella, y sólo era un amasijo de maderas y cuerda. En cuanto apareció un segundo hombre le lanzó lo que quedaba de ella. El asaltante grito de rabia, al notar como la silla le golpeaba la cabeza. Eso apenas le detuvo y sin tiempo a pensar se lanzó sobre él. El alboroto aumentó, mientras ambos hombres se enzarzaban en una dura pelea. Oía los gritos de Ieden, intentando buscar auxilio. En un momento de la pelea notó como chocaba contra el espejo, y éste se rompía en pedazos. El bandido sacó entonces un cuchillo y se lanzó sobre él. Con infinita desesperación esperó la cuchillada que sesgara su vida, pero Ieden se subió a su espalda y empezó a golpearle y a arañarle la cara. El bandido se puso a gritar de dolor al notar las uñas de su mujer clavándose en su cara. Ambos cuerpos fusionados en una macabra danza se movían por la habitación, yendo de un lugar para otro. En un momento dado el cuerpo de la mujer cayó al suelo, inerte, como un saco de patatas. Su grito desesperado debió de oirse hasta en el mismísimo Shayol Ghul. El bandido al ver el cuadro, se olvido de él y descendió escaleras abajo, huyendo en la noche y dejándole sólo con el cuerpo inerte de Ieden Se acercó a ella, la sangre le empezaba a cubrir el pecho a pasos agigantados. Se colocó a su lado y le sujeto la cabeza, con las manos ensangrentadas le acariciaba la cabeza mientras la llamaba con quedos susurros. El cielo empezaba a clarear cuando las lagrimas ya no le salían, se había quedado ronco de tanto llamarla. Cogiéndola suavemente y con delicadeza salió de la casa. Se dirigió al pequeño jardín que tenían y sin importarle empezó a cavar una tumba con sus propias manos. Cuando hubo cavado lo suficiente depositó el cuerpo de Ieden en el pequeño agujero. Se acercó por ultima vez a sus labios y los besó. Acariciando la cara de su esposa muerta le susurró “Duerme, mi vida, duerme”. Una vez acabó de tapar a su mujer con la fría tierra se tumbó sobre el túmulo. Quizás esperando morir para reunirse con ella.
Con calma se secó el agua que le corría por la cara. Había acabado de afeitarse y el agua del aguamanil se había quedado fría. Salió por la puerta y comprobó que el caballo estaba bien. Sacó al caballo de la cuadra, y lo ensilló, justo antes de subirse a la grupa del caballo se quedó pensando. Dejo al caballo sólo mientras él daba la vuelta a la casa. Allí estaba el pequeño jardín, ahora comido por las malas hierbas y por las espinosas zarzas. Pero si uno se fijaba todavía era posible distinguir la piedra que marcaba la tumba de Ieden. Suspirando, intentando obtener valor de donde no le quedaba, encauzó. En unos pocos instantes todas las malas hierbas y zarzas habían sido arrancadas dejando la blanca piedra libre de ellas. Se arrodilló y por una vez más lloró por su esposa. Se desabrochó el alfiler que llevaba prendido a la solapa de la chaqueta y, lo enterró en la mojada tierra. A Ieden no le hubiera gustado pero seguro que se sentiría orgullosa de lo que se había convertido. Sin pensárselo más se alejó de la tumba, y se montó en el caballo. Cuando apenas se había alejado cincuenta metros de la casa, ésta estalló en llamas. Una densa columna de humo empezaba a levantarse cuando el sonido de los cascos del caballo desapareció del claro. _________________ Vive bien que has de morir
Publicado: Mar Abr 19, 2005 11:12 pmAsunto: Mi relato definitivo :)
Después de todo (el mud no funciona), he creido que lo mejor sería cambiar toda mi historia, para que tenga algo más que ver con la rueda... la historia comienza así:
"Una noche sin luna y con un viento del norte nace Eowomyrin. No se conoce realmente su verdadera procedencia, sus padres adoptivos son de Shol como su hermano SINNOMBRE. Desde la más tierna edad sus padres se ven desbordados dado ambos chicos tienen unas capacidades encauzadoras sorprendentes.
Un día gris como la muerte, un hombre extraño completamente ataviado de negro llega para ver a Eowomyrin. Le ofrece promesas por luchar junto a sus filas contra un enemigo común. El muchacho, ya de 16 años acepta, el hombre extraño le dice que se volverán a ver...
Una noche con luna llena, un fado entra en la casa de los padres de Eowomyrin y gracias a un Asha'man llamado Gonan ambos chicos son salvados de una muerte segura. Gonan se lleva a ambos a estudiar con él a la Torre Negra. Eowomyrin empieza a estudiar y aprende rápido...
Más adelante Eowomyrin se empieza a dar cuenta de su verdadero poder, aunque el mismo se teme pensando que la infección del saidin le hara volverse loco, desatando un infierno si nadie le da una solución a su locura."
De todas maneras creo que a este relato le falta algo... y la verdad no se que es... _________________ Eowomyrin al'Shadar
[url:http://eowomyrin.com]http://eowomyrin.com/[/url]
Espero que os guste, es un relato sobre mi pj en el mud...
Edad: 18 años
Lugar de nacimiento: Shol Arbela
Llovía, la gotas procedentes del cielo salpicaban los cristales del palacio de los Tir'ein. Era de noche, una noche sin nubes, con una luna llena plateada que se reflejaba en los estanques que estaban en la parte exterior del palacio. Hacia tiempo que Nerain Tir'ein no salia de palacio, de repente mirando desde la ventana de su estancia vió algo extraño más abajo, cogió una espada y bajo por las escaleras blandiendo la espada, no sabía si eran sueños o era la realidad aunque él estaba convencido que había visto desde su ventana una forma humana.
Un hombre de negro pelo y negros ojos ataviado también completamente de negro con una capa blanca, le dijo “Vuestro tiempo ha terminado, dadme al niño”. Nerain respondio “¡¡¡ Jamas !!! Antes morir, que daros a mi propio hijo para vuestros oscuros designios”. El noble hombre se rodeo de un escudo de fuego presto a defender su casa y a su familia. El extraño hombre dijo “Bien, así sea... ¡¡¡hoy será el día de vuestra muerte!!!” De repente, materializandose de la nada apareció un Myrddraal que se avalanzo sobre Nerain, a su vez de la mano de él salieron unas lineas de fuego que atravesaron y mataron al Myrddraal.
El hombre extraño había desaparecido... Nerain tenía dos hijos, Eowomyrin de 12 años y Celad de 14. Los dos hermanos se llevaban bastante mal, las riñas y peleas eran habituales. Llegaron hasta tal extremo de odiarse mutuamente...
Pasaron los años y Eowomyrin había cumplido su 17 cumpleaños cuando decidió que quería ver mundo, con una capa de terso cuero y una espada que le había sido regalada marchó. Eowomyrin no era como su padre, era ambicioso y deseaba a toda costa la fama, el oro y que se arrodillasen ante sus pies. Dentro de él no existía el orden, todo era caos... pero un caos ordenado con unos principios muy claros... su oscuro corazón se la tenía jurada a las personas que teniendo 3 años mataron a su madre, por ser una bruja como ellos la llamaban, él la llamaba madre... Al tiempo hizo las paces con Celad, y ambos juraron matar a cada capa blanca que se encontrasen!
Se fue a Caemlyn y allí conoció a varios asha'man como su padre, entre ellos Gonan, que vió en el muchacho un diamante sin tallar. Así que tras muchos debates en la Torre Negra sobre si debían o no debían aceptar al muchacho, finalmente el muchacho fue aceptado y sería entrenado para convertirse en un Asha'man. Un tiempo más tarde conoció a un asha'man llamado ... que le ayudo a conseguir sus objetivos. Eowomyrin veia su futuro con expectación...
Aqui pongo el principio de lo que espero sea un historia larga (tampoco demasiado larga, que luego me da pereza escribir, y la imaginación se me agota ) Espero que disfruteis de ella.
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El olor a madera quemada era sin duda reconfortante pero sobre todo, el calor que le subía por las piernas. El calor parecía abrazarla como un amante en una fogosa noche, y era casi igual de grato. No a su pesar se retiró la manta que la cubría y dejo el libro en el suelo, acto seguido se levantó. Tenía las piernas medio dormidas, se estiró y se dirigió a la gran chimenea que había en la habitación. Cogió el atizador y golpeó los leños que había dentro, una nube de chispas subió por la chimenea desapareciendo rápidamente. Volvió al sillón, recogió el libro y lo dejó encima. Un bostezo surgió de su boca, no hizo ningún ademán de taparse la boca, para qué. Estaba sola en la casa, su marido había ido a la ciudad con sus amigos. No volvería hasta altas horas de la madrugada, con un aliento a vino y tambaleándose. ¿Qué se le iba a hacer? Con paso resignado se dirigió a su alcoba, sin prisa se fue desnudando. Dejo al descubierto sus pechos y se observó en el espejo de pie que había en la habitación. Se llevó las manos a ellos y se los levantó ligeramente. Con tristeza se alejó del espejo, los años pasaban y ya no era la chica con la que casó Ulric, por aquella época tenía los pechos tiesos y apetitosos pero ahora empezaban a colgar ligeramente. Terminó de desnudarse y se puso el camisón largo. Antes de dormirse su último pensamiento fue que mañana iría a la ciudad a comprarse un hermoso vestido para compensar lo de los pechos.
La noche estaba en calma, la luna iluminaba el jardín y al fondo se podía ver la ventana del salón iluminada. Una mujer atizaba el fuego, se acercó al sillón y recogió un libro del suelo para acto seguido dirigirse hacia la alcoba. Ajena a la noche, una sombra se movió furtivamente entre los árboles del jardín hasta llegar a la fachada de la casa. Con el sigilo que le caracterizaba a la sombra se puso debajo de la ventana del salón. Palpó la ventana, probando a ver si estaba abierta. Estaba cerrada pero eso no fue problema para la sombra, del bolso que llevaba sacó una palanca y la aplicó a la ventana. Un minuto después la sombra estaba dentro, se dirigió momentáneamente a la chimenea para calentarse. Aunque no estaban en invierno y no llovía, hacia una rasca memorable y estaba helado después de haber estado en plena intemperie sus dos horas. En cuanto volvió a tener sensibilidad en los dedos de la mano se alejó del fuego y se dirigió a la puerta de la alcoba. Aunque ya se había cerciorado desde el exterior, se fijó en la parte inferior de la puerta para ver si se colaba algún rastro de luz. Nada. Con movimientos lentos empezó a mover la manilla de la puerta, cuando tuvo abierta un poco la puerta asomó la cabeza. La respiración profunda y pausada de la chica le llegó a sus oídos. Terminó de abrirla procurando que la luz que llegaba del salón iluminara la estancia pero no diese luz en los ojos de la muchacha. No quería que se despertara antes de ocuparse de ella.
La columna de carretas y personas se agolpaba frente a la gran puerta de entrada a la ciudad en espera a que los centinelas las abrieran. El sol empezaba a remontar cuando se oyó el ruido de los goznes al girar, en un acto reflejo todos los componentes de la fila se tiraron hacia delante, en un intento infructuoso de franquear las puertas. El sol calentaba ya el ambiente cuando el jinete envuelto en una capa traspasó el umbral después de soportar la mirada inquisitiva del guardián de la puerta. Sin prisa aparente el jinete se dejo llevar por la corriente humana, mientras el olor a sal y a mar le llegaba a la nariz. Era un olor reconfortante y que le hacia sentirse bien a uno. Pronto se alejó de la calle principal y del bullicio originado por los campesinos que empezaban a montar sus puestos para vender sus mercancías. “El Pollo Pisador” era una posada modesta y con una clientela modesta pero era tranquila, y era esa tranquilidad lo que buscaba. Después de un largo viaje necesitaba descansar, dormir en una verdadera cama y comer una comida de verdad, no queso y carne seca. El posadero, que decía llamarse Oto, era delgado con ojos verdes y resuelto en su oficio, atendió a su nuevo cliente ofreciéndole cama y comida por un precio módico. El hombre se dirigió con paso cansino hacia las escaleras y subió al primer piso, la última puerta del pasillo era su habitación. Cerró la puerta, se quitó la capa y las botas y se tendió en la cama. No había pasado más de un minuto cuando se quedó profundamente dormido.
El ruido proveniente del salón y el olor a comida le despertaron, con gran pesar sacó la pierna de la cama y con un increíble esfuerzo se incorporó, se llevó las manos a la cara en un intento de comprobar que todo estaba en su sitio. El olor a comida había despertado a su estomago que pedía con ruidos algo que comer. Sin apenas quitarse las legañas de los ojos, ya que no había agua en la jofaina, se dirigió escaleras abajo, hacia el comedor. No había más de una docena de parroquianos pero armaban tanto ruido como un centenar. Al parecer estaban discutiendo sobre caballos y apuestas del Circuito de Plata. Sin casi esperar a que la camarera se marchara, después de dejar la comida en la mesa, empezó a devorar el estofado. Se sorprendió a sí mismo rebañando el plato con el pan hasta dejarlo inmaculado, el vino tampoco era malo y había dado cuenta de una jarra durante la comida. Con objeto de estirar las piernas y bajar la comida se dirigió al exterior de la posada, pero apenas hubo salido de la posada volvió a entrar. La noche empezaba a caer sobre la ciudad, y Ebou Dar no era precisamente una ciudad muy segura por la noche. Se había pasado todo el día durmiendo y lo que él pensaba que era una comida era ,sin dudas, una cena. Sin otra cosa que hacer se dirigió al salón y se junto alrededor de las mesas, los dados y los naipes empezaban a hacer su aparición junto con las apuestas. A lo largo de las horas incluso llego a apostar unos céntimos de plata, pero llegó un momento en que se cansó y se dirigió a una de las escasas mesas vacías que había. La voz de un juglar alegraba la velada y el vino hacia el resto. En un momento de la noche una joven, que le recordaba a Ieden, se sentó en la mesa y empezaron a hablar.
La claridad que entraba por la ventana le despertó, el dolor de cabeza laceraba su cabeza y apenas era capaz de abrir los ojos, la lengua seca se le pegaba al paladar. Sin duda alguna la resaca iba a ser memorable. Tardó unos segundos en darse cuenta de la suavidad de las sabanas y del colchón mullido. Con un esfuerzo memorable intento incorporarse, pero al moverse le llego el ruido de un respiración profunda a su espalda. Un cabello largo y negro se esparcía por la almohada, la cara apenas era visible porque estaba tapada con la sabana. Entonces fue cuando se dio cuenta que no estaba en la habitación de la posada, los muebles de madera noble y espejos enmarcados en oro y plata poblaban la habitación. Su ropa estaba tirada en el suelo, totalmente hecha una bola y totalmente arrugada, las botas estaban unos metros más allá, le llamó la atención que el vestido de la mujer estaba perfectamente colgado de un percha. Procurando no hacer ruido y venciendo el dolor que le taladraba la cabeza, se incorporó de la cama y salió de ella. La piel se le puso de gallina cuando los pies desnudos se posaron en el suelo de mármol, decidió ponerse lo primero los calcetines. Como siempre sólo encontraba uno, el dolor aumentó considerablemente cuando se agachó para cogerlo de debajo de la cama. ¿Cómo era posible que siempre acabase uno debajo de la cama? Casi soltó un alarido cuando la cabeza de la mujer se asomó por el borde de la cama y le miró a los ojos. Juraría que había reculado hasta la pared, pero no era así, apenas se había movido de la cama.
-¡Vaya! ¿Intentando escaparte?-dijo la mujer con un tono divertido.
-¿Yo?-contestó, poniendo la cara más inocente de la vida, mientras el color le subía a las mejillas-No, sólo que....¿Dónde estoy?
-Estáis en Ebou Dar, pero eso ya lo sabéis, ¿no?-una sonrisa afloró en su rostro- Si os referís a la zona de Ebou Dar no creo que os lo diga. De esa forma no podréis iros-dijo la mujer con un tono malicioso en la boca.”¡Oh, si! Era sin duda una mujer muy peligrosa” pensó Arislan.
-¡Uy! Se me ha hecho tarde. Mi caballo deberá estar preocupado-dijo. La risa de la mujer llenó la estancia, más bien se le saltaban las lágrimas de los ojos. El rubor le subió por la cara, sin duda era la excusa más patética que había dado en su vida pero, no se le había ocurrido nada mejor, además quería poner la mayor distancia entre esa mujer que no conocía y él. Maldito Vino. La mujer no tuvo ningún pudor en tapar su cuerpo desnudo mientras se revolvía sobre la cama. La muy jodida no paraba de reírse, lo cual le hacia parecer más idiota de lo que había sido su excusa.-Bueno, ya vale-dijo intentando parar la risa de la mujer.
-Veras pichoncito-le dijo mientras salía de la cama y le miraba a los ojos. Sin duda alguna tenía un hermoso cuerpo. La blancura de la piel resaltaba más junto al color del pelo. El pelo le llegaba hasta la cintura y era totalmente liso. También le llamó la atención la estatura de la mujer, a pesar de ser dos puños más baja que él, la decisión con la que se dirigía hacia su persona y el porte regio le hizo recular esta vez hasta la pared de la habitación. Se sentía acorralado por una mujer desnuda.-me siento muy sola, además me caes muy bien. Ambos somos viudos y nos sentimos solos, así que ...no creo que pase nada por poner algo de salsa en solitarias vidas-sin previo aviso sacó un puñal curvo y se lo puso a la altura del corazón. Los ojos de ambos se miraron mutuamente, la mano de la mujer le agarró del pelo de la cabeza y le hizo agachar la cabeza. La punta del cuchillo empezaba a clavarse en su piel, produciéndole un pequeño pinchazo. No se atrevió a moverse pero la resaca desapareció como por ensalmo cuando sus labios se juntaron.
Una hora después su dedo índice recorría con suavidad la blanca espalda de la mujer, estaba explorando cada lunar de su espalda. Su dedo se paró en un extraño tatuaje que había en la parte baja de la espalda. Se dedicó a estudiarlo con detenimiento, en un principio parecía un rosa pero si uno se fijaba bien se podía leer tres letras entrelazadas.
-¿Y este tatuaje?-preguntó Arislan apoyando su dedo contra el dibujo de la espalda..
-¿Ummm?¡Ah, eso! No lo sé. Lo tengo desde niña. No recuerdo cuando me lo hicieron.
-Es raro ¿no? Es de una bella factura, sin duda costó bastante y cosas como esta no las hace cualquiera. Quizás lo hicieran marinos, he oído que realizan tatuajes muy buenos.
-Puede ser. Yo hace tiempo que no pienso en ello. Sea cual sea el motivo por el cual se hizo, ya no quiero saberlo.
La mañana pasó tranquilamente y finalmente salieron de habitación. Resulta que Leila, que era como se llamaba la mujer, vivía en una pequeña mansión de Ebou Dar a escasos doscientos metros de la posada del “Pollo Pisador”. Su difunto marido había sido un mercader de especias que había muerto hacia dos años cuando iba a Tear, la fortuna que le dejo, y que sabiamente había administrado, le permitía vivir cómodamente. Aunque como ella decía, el dinero facilita la felicidad pero no la da. Así que de vez en cuando salía de su mundo y volvía al mundo que la vio nacer. Escapaba de esa rancia atmósfera que rodeaba a la aristocracia y se dirigía a los barrios más modestos, y recordaba lo que en un día fue. “Quién sabe, quizás algún día tengo que volver a empezar” le confesó durante la comida. Era sin duda, una mujer fascinante llegó a la conclusión Arislan.
Aunque no se despidieron como amantes, no lo eran, simplemente eran dos personas que se intentaban consolar mutuamente, quedaron para cenar esa noche en casa de Leila. Mientras él iba a la posada para ver como estaba el caballo y recoger algunas cosas, ella iba a comprar comida para la cena. Le había prometido cocinar para él.
El color del cielo se iba oscureciendo a marchas forzadas, dejando paso a las rutilantes estrellas y a los antorcheros, su misión encender las antorchas que había ordenado colocar la reina para disminuir la delincuencia nocturna. A Jorg le parecía una medida estúpida, la delincuencia no había disminuido aparentemente pero si la reina lo ordena no iba a ser él, sargento de la guardia, el que fuera a cuestionar sus decisiones. La posada del “Pollo Pisador” se encontraba cerca. Un joven de pelo cano y ojos azules. Esa era la descripción que le habían dado, sin duda no podía pasar demasiado desapercibido. Se dirigió a Oto nada más entrar en la posada, le indicó que el personaje que buscaba estaba en esos momentos en el establo. Sin despedirse del posadero dirigió sus pasos hacia la parte de atrás de la posada. Efectivamente allí estaba el joven susurrando cosas al oído del caballo mientras le acariciaba la parte de debajo de la quijada.
-Hermoso caballo, no se suelen ver caballos de esa factura por esta posada-dijo Jorg mientras apoyaba la mano en la testa del caballo.
-Créame que vale lo que pague por él en Tear.-contestó el joven.
-¿Así que sois de Tear? –preguntó inocentemente Jorg.
-¿Yo? ¿de Tear?-respondió Arislan con un sonrisa en la boca- No no, soy andoreño. De Caemlyn. Hace poco pase por Tear y compré este hermoso ejemplar, al anterior tuve que matarlo. Enfermó de fiebres y no podía verlo sufrir de esa forma.
-¿Andoreño? Mi abuelo era andoreño por parte de madre, también tengo familia por la zona de Caemlyn. Si no es molestia ¿Hace cuanto tiempo que no estais en Caemlyn? ¿Me podéis dar noticias frescas sobre ese falso Dragón que dicen se ha apoderado de Tear, Cairhien y Caemlyn?
-No creo que os pueda dar noticias frescas pero si te puedo decir que en efecto, se ha apoderado de Tear, Cairhien y Caemlyn. Todo gracias a los aiel, parecer ser que le siguen. Quien lo diría después de 20 años los aiel vuelven a cruzar la Columna Vertebral. Y siguen a un hombre que encauza y para más inri no aiel.-dijo esta última frase con gesto escandaloso, aunque más bien era un gesto de sorna-¿Qué pensara la Torre Blanca? Aunque se rumorea que la Torre Blanca se ha fraccionado y que ahora hay una roja como Sede Amirlyn.
-¿Si? No lo sabía. Por los senos de Tilyn, un hombre que encauza. Eso es peor que los aiel. Si lo deseáis podemos sentarnos y tomar una jarra de vino, yo invito, y me contáis más cosas.
-Lo siento pero me esperan. No sería correcto hacer esperar a una mujer, sobre todo si cocina para ti-contestó Arislan-quizás otro día.
-Si , quizás otro día. Suponiendo que no os vayáis.
-Ja ja ja , no creo que me vaya en un tiempo. Creo que esta ciudad tiene cosas hermosas que ver-con esta frase se despidió del desconocido y se dirigió hacia la posada.
Jorg se quedo mirando al joven mientras entraba en la posada. Se llevo el dedo a los labios y se los golpeó suavemente, era un gesto que siempre hacia cuando pensaba en un dilema. “Quizás si, quizás no” pensó. Miró un momento más al caballo y salió de los establos. Cuando llegó a la calle se dirigió a un sitio oscuro desde el que pudiese observar quien salía de la posada y se sentó a esperar. No tuvo que hacerlo mucho, ya que el joven salió al cabo de un rato con una botella de vino en la mano. Desde una distancia prudencial le siguió por las sombras, intentando no hacer ruido.
Había escogido un buen vino para la cena, quizás un poco caro pero ...por el Creador, la ocasión merecía la pena y también Leila. Pensó en ella momentáneamente, rememorando el día, y se puso a silbar de alegría. Cuando torció la esquina para entrar en la calle de la casa de Leila, se dio cuenta de que algo no iba bien. Había demasiado ajetreo para esa hora de la noche, además casi todo el movimiento se concentraba en la entrada de la mercader. Frunció el ceño.”Que raro” pensó “si Leila tenía visita, lo normal es que se lo hubiese dicho”. Según se iba acercando a la puerta de la casa, un pensamiento de mal augurio le cruzó por la mente, y cuando vio a guardias de la reina en la entrada, el miedo se convirtió en pánico. Echo a correr pero cuando llego a la altura de la puerta, los guardias le impidieron pasar, les explicó que tenía una reunión con la señora de la casa, a lo que los guardias le contestaron que era imposible que pasara. Tenían órdenes de no dejar pasar a nadie. Fue en ese momento cuando Jorg hizo aparición e hizo una señal a los guardias y estos dejaron pasar Arislan.
Cuando entró en el salón un olor dulzón le llego a la nariz. Y había un bulto tirado en el suelo del gran salón, junto al bulto se encontraba una figura que parecía estudiarlo con detenimiento. Según se fue acercando el bulto fue tomando forma humana, si es que aquello era un ser humano. En ese momento la figura que estaba al lado se aparto y pudo observar que efectivamente era una persona lo que yacía sobre el frío suelo del salón, si no fuera porque le faltaba la cabeza hubiera medido dos puños menos que él. De repente fue consciente de algo y miró hacia atrás, a escasos metros le seguía el hombre que había estado hablando con él en los establos.
-¿Dónde esta Leila?-preguntó asustado Arislan. El hombre señaló con la cabeza al cuerpo sin vida. -No puede ser… ¿Quien le haría una cosa así?
-Quizás me lo puedas decir tú-respondió el hombre.
-¿Yo? No pensara que yo he tenido algo que ver con ello, ¿verdad?
-No lo sé-diciendo eso, hizo un gesto a la figura que estaba al lado del cuerpo. Por primera vez Arislan se dio cuenta que era un mujer, con un solo gesto apartó la tela que cubría el cuerpo. Si lo de la cabeza ya era de por si terrible, no lo eran menos las heridas que tenía el cuerpo, en realidad sólo era una gran herida pero se extendía por toda la espalda. La habían despellejado la totalidad de la espalda. Una arcada le subió desde el estomago intentando sacar el contenido del estomago. Poniéndose la mano en la boca consiguió reprimir la primera pero no la segunda. El vómito cayó sobre el suelo del salón, el olor inundó momentáneamente el salón. Una presión empezaba a atenazar su pecho, la presión empezaba a aumentar poco a poco hasta casi costarle respirar. Un grito intentaba salir de su garganta intentado dar rienda suelta a su dolor, mientras el saidin le llamaba. Con un increíble esfuerzo se reprimió de asirlo, y dar rienda suelta a la destrucción. Notó como la mano del hombre se posaba en su espalda y le ayudaba a erguirse. La mujer había vuelto a cubrir el cuerpo de Leila.
-¿Quién puede hacer una cosa así a una mujer?-preguntó con esfuerzo Arislan, todavía no tenía suficiente aire en los pulmones.
-Pues no tengo ni idea-dijo el hombre-ni tampoco por qué la han despellejado de esa forma, ni por qué la han decapitado. A la otra no le hicieron eso.
-¿La otra?-preguntó Arislan-¿No es la primera vez que despellejan a una mujer en esta ciudad?
-Ummm…creo que he hablado demasiado. De todas formas puedo decirle que estas libre de toda sospecha, si le sirve de consuelo ya le había descartado mucho antes de que vomitara sobre el suelo.
-¿Por eso fue a la posada?¿Para interrogarme?
-Si. Una de las criadas, en concreto al que ha encontrado el cuerpo, nos dijo que había estado con un hombre la noche anterior y que se hospedaba en el “Pollo Pisador”. Lo demás fue fácil, digamos que no hay mucha gente con el pelo de color blanco por la zona.
- Entiendo- contestó Arislan. La presión en el pecho había disminuido y había alcanzado de nuevo el Vacio. Todas las emociones habían desaparecido quemadas en esa hoguera imaginaria. Ahora era acero.-¿Hay alguien que se pueda ocupar de su cuerpo y de su funeral? Si no hay nadie, yo mismo me ocupare de ella. Ahora si me disculpa me voy a la posada a descansar.
-Mañana me pasaré por allí y le informare sobre el asunto del funeral.
Jorg le vio marcharse del salón con detenimiento, cuando se hubo cerrado la puerta se volvió a la mujer.
-¿Qué opináis?-preguntó a la mujer.
-Sin duda alguna, no es más que un personaje no invitado a este juego. Una aparición casual. Pero quizás a tener en cuenta a partir de ahora. Tal vez podamos usarlo y dirigirlo hacia donde nos interese. ¿No crees?
-Puede ser-dijo Jorg, llevándose los dedos a los labios.
A la mañana siguiente visitó a Arislan en la posada, el posadero le indicó que todavía no había salido de la habitación. Con paso cansino subió las escaleras y se dirigió hacia la puerta que le había dicho el posadero. De forma lenta abrió la puerta, y llamó a su inquilino. Al no obtener respuesta, asomó la cabeza. Un olor a alcohol le llegó a la nariz, un cuerpo yacía sobre la cama. Cogió la jarra de agua que había cerca de la jofaina y sin compasión la derramó sobre la cabeza de Arislan. Un gemido salió de la boca, mientras unos ojos rojos miraban a Jorg.
-¿Tú? Váyase-dijo Arislan.
-Te quería comunicar que hemos descubierto que Leila no tiene familia, por lo menos en Ebou Dar. Y como ayer os ofrecisteis voluntario para su funeral, tenéis que pasar a recoger el cuerpo.-Arislan asintió con la cabeza, y con un gran esfuerzo se levantó de la cama. La cabeza le dolía, casi no podía centrarse en ponerse las botas.-Si queréis os puedo acompañar a recogerlo a la morgue.
-Gracias-eso fue todo lo que dijo en los siguientes minutos.
La figura femenina miraba a través del cristal de la habitación, en realidad estaba dejando vagar su mente fuera de ciudad. La cosa se complicaba, llevaban varios meses en la ciudad y no habían avanzado demasiado en la búsqueda. Los elegidos no se caracterizaban por su paciencia, y un fallo suponía la muerte si no era otra cosa peor. A veces se planteaba o se imaginaba vivir sin servir al Gran Señor, tener la única preocupación de vivir. Aunque servirlo daba sin duda muchas gratificaciones a veces pensaba si merecía la pena, eso de estar siempre pendiendo en la cuerda floja no a tranquilizaba mucho. Pero la recompensa merecía la pena. La inmortalidad.
El ruido de la puerta al abrirse, le hizo salir de sus pensamientos, al volverse vio la figura de un hombre en la entrada.
-¿Lo conseguiste?-preguntó a bocajarro.
-Fue fácil-dijo con una sonrisa-y un placer.
-Disfrutas demasiado con tu trabajo-le dijo con la mujer-¿Lo tenía?
-Aquí lo tienes. Fresquito-dijo mientras sonreía y le lanzaba una bolsa húmeda a los pies de la mujer. La tarabonesa abrazó la parte femenina de la fuente y encauzó aire para abrir la bolsa y coger lo que había en su interior. Un lienzo ensangrentado. Con cierta repugnancia lo limpió con un tejido y el trozo de piel quedó limpio de sangre, en una de la zona había un pequeño dibujo. Lo estudió con detenimiento, y lanzando un suspiro, lo dejo encima de la mesa.
-Aquí tienes, tu paga-dijo la mujer lanzándole una bolsa de monedas-si requerimos tus servicios volverás a saber de mí. Ahora puedes marcharte.
-Como diga la señora-dijo el asesino, haciendo una burlesca reverencia. Con sigilosos pasos abandono la habitación. “Cuando acabe los servicios necesarios, le haré pagar su insolencia” pensó Ispan. Se volvió hacia la mesa para estudiar de nuevo el dibujo. El dibujo de una bella factura, igual que el anterior, era una rosa con las letras PNT disimuladas entre los pétalos dibujados. Cuando llevaba varios minutos estudiando el dibujo, otra mujer entró en la habitación.
-¿Lo tenemos?-preguntó la mujer que acababa de entrar en la habitación.
-Si, acaba de traerlo. Aquí lo tienes fresquito-dijo la última palabra con rin tintín.
-¿Algo más claro que el anterior?-preguntó la mujer.
-Es muy parecido al otro-respondió Ispan-por lo menos su manufactura es del mismo origen. Creo que los tatuajes los hizo el mismo autor, y me aventuro a proponer que se hicieron los tres al mismo tiempo.
-Puede ser. Pero todavía no sabemos donde esta el tercero, y sin los tres es como si no tuviésemos nada-le recordó la mujer.
-Por lo menos tenemos los dos primeros, Falion. El tercero caerá en nuestras manos en breve. Pero parece ser que la tercera mujer ha desaparecido de la ciudad.-dijo esto chasqueando la lengua. Teníamos que haber intentado conseguirlos los tres a la vez, de esa forma no se hubiera levantado la liebre.
-Pues más te vale que espabiles, los elegidos esperan resultados rápidos-dijo Falion. Se volvió y dejo a su compañera sola en la habitación. _________________ Vive bien que has de morir
La resaca se fue diluyendo según iba pasando la mañana Jorg, que es cómo se presentó el hombre, le acompañó a la morgue. La nube de moscas que había a la entrada de la morgue sólo era explicada por el olor que llegaba de dentro, eso y quizás la inmundicia que había frente a la puerta. Arislan pensó para sus adentro que tenía que sacar cuanto antes a Leila de allí, no permitiría que pasase más tiempo de lo necesario en aquel antro de muerte. Una vez en el interior, pasaron a una sala con mesas donde descansaban los diferentes cadáveres que habían ido encontrando a lo largo del día anterior. Los cadáveres sólo duraban un día o dos como mucho allí, según le explicó Jorg, no querían que enfermedades contagiosas se propagaran por la ciudad. Si nadie reclamaba el cadáver en ese tiempo, se incineraba. El cuerpo inerte de Leila estaba en un estado lamentable, no podía ser de otra forma teniendo en cuenta que la habían despellejado toda la espalda y cortado la cabeza. El responsable de la morgue, un tipo realmente repulsivo, se alegró de saber que alguien reclamaba un cadáver, un muerto menos significaba uno menos que incinerar, algo que realmente odiaba. El olor a carne quemada se quedaba prendido en las ropas y en el cuerpo durante días.
Jorg se quedo impresionado cómo aguantó el tipo el hombre de pelo blanco, cogió el cuerpo de la mujer con delicadeza y lo cargó en una carreta que había alquilado para transportar el cuerpo, llevo el cuerpo a casa de la difunta donde cosió la cabeza al cuerpo como buenamente pudo, lo lavó y finalmente lo vistió y peinó. Tenía que reconocer que mejoró notablemente el aspecto del cadáver, sin duda alguna aquel solitario hombre tenía que querer mucho a aquella mujer para hacer todo lo que estaba haciendo por ella. Cuando acabó de arreglar el cadáver lo volvió a poner en la parte de atrás de la carreta y lo llevó a las afueras, allí eligió una colina desde la cual se viese el mar y cavó una tumba. A media tarde habían acabado con todo, Jorg prefirió dejarlo solo durante un rato para que pudiese estar a solas.
Cuando Arislan bajó de la colina, la expresión de su cara había cambiado, sin duda alguna, aquel hombre no era el mismo que el de la noche anterior, pensó Jorg, cuando vomitó en el salón. Regresaron en silencio a la ciudad, a Arislan le parecía un tanto sospechoso la compañía de aquel hombre, pero aún así la agradecía. Lo que había pensado en lo alto de la colina mientras recaba una oración al Creador por el alma de Leila, era una cosa que lo había sorprendido, ni siquiera cuando asesinaron a Ieden se le pasó por la cabeza. Quería venganza. El que había asesinado de esa forma a Leila pagaría cien veces por lo que había hecho, el saidin lo llamaba en esos momentos de furia. Cuando entraban por la puerta de Dal Eira se dirigió a Jorg.
-Ayer, cuando estábamos en la casa de Leila, hablaste de un segundo asesinato. ¿También lo despellejaron?
-Ummmm-Jorg suspiró largamente- aunque creo que sé lo que quieres, he de decirte, que como guardián del orden en esta ciudad, el asesinato o venganza esta penado con la horca. Pero creo que eso no te va a detener, ¿no es cierto?
-Ni siquiera tú, quiero que quede claro desde el principio, me detendrás. El asesino pagará por ello. Yo seré su captor, juez, jurado y verdugo.
-Lo suponía, entiendo como te sientes pero…
-Tu no tienes ni idea de cómo me siento. Agradezco que me hayas acompañado durante el día de hoy pero si no me vas a ayudar, nuestros caminos se separan aquí-dijo mientras detenía la carreta. Jorg miró al joven y volvió la cabeza hacia atrás, en dirección a la colina donde habían enterrado el cuerpo, suspirando asintió con la cabeza.
-Hace cosa de dos semanas-empezó a contar el guardián-en una casa de las afueras, y que pertenecía a un ricachón de la ciudad, cometieron un asesinato parecido al de Leila. Con la diferencia que a éste no le cortaron la cabeza. No te puedo decir mucho más, sinceramente.
-¿La edad de ambas mujeres era la misma?-preguntó Arislan.
-Podrían ser de la misma edad. ¿Qué piensas?-inquirió Jorg.
-Nada-contestó Arislan mientras volvía a arrear al caballo para que volviera a ponerse en camino.-Mañana me gustaría hacer una visita a marido de la otra victima, te agradecería que vinieses.
-De acuerdo. Me pasaré por la posada a primera hora.
El sol no había hecho acto de presencia aquella mañana debido a la espesa capa de nubes que cubría el cielo, el bochorno en el ambiente hacia presagiar una tormenta. Y de las buenas. Los dos jinetes dirigieron sus monturas hacia la entrada de la mansión, atravesaron los jardines hasta la puerta de la mansión. Un sirviente les estaba esperando en la puerta. Después de hacer las presentaciones y preguntar por el señor de la casa, el mayordomo les hizo esperar en la entrada mientras avisaba su señor para que bajara a recibirles. Un figura de unos cuarenta años bajo por las escalaras que daban a la entrada, vestido con una fina chaqueta de seda azul con brocados en oro y una camisa blanca con chorreras. Los pantalones de terciopelo azul marino hacían juego con sus ojos.
-¿En qué puedo servirles, señores?-preguntó con voz profunda.
-Buenos días, señor-saludó Jorg-me llamó Jorg y soy de la guardia de la reina. Estoy investigando el asesinato de su esposa, aquí mi compañero quería hacerle una preguntas sobre su esposa, si es posible.
-¿Y su compañero es?
-Arislan, de Caemlyn-se presentó el aludido mientras avanzaba un paso.
-Un poco lejos, ¿no? Para investigar un crimen-dijo con un poco de amargura.
-Digamos que tengo un gran interés en encontrar al asesino-contestó Arislan en un tono sin emoción. El señor de la casa lo miró con renovado interés.
-Por si no lo sabe, ayer, no. Antes de ayer, el mismo asesino de su mujer volvió a matar a otra mujer. Si no es el mismo asesino, cosa que no dudo, si el mismo modus operandi. Quiso el destino que el señor Arislan conociese a la victima, y se ha prestado a colaborar en la investigación.
-Entiendo-contestó el marido de la victima.-si no han desayunado pueden compartir el desayuno conmigo en la salita-diciendo eso se dirigió a través de varios pasillos y salones hasta entrar en una pequeña sala llena de libros y con unas vistas al puerto de Ebou Dar que no tenían nada que envidiar a la de cualquier palacio de la ciudad. Mientras llegaba el desayuno hablaron sobre cosas triviales. Que si el tiempo, las carreras de caballos. Una vez acabado el pequeño refrigerio, Arislan se decidió a preguntar.
-Bueno, señor Meliadus un desayuno magnifico pero quisiera hacerle un par de preguntas-dijo Arislan, mientras Jorg le miraba de lado.
-Adelante, señor Arislan-le contestó Meliadus.
-Me podría decir si no indiscreción cuál era la edad de su mujer.
-Nadia, que así era como se llamaba mi mujer, tendría unos veinticinco años. Aunque no lo sé con completa seguridad-contestó como si fuera lo más normal del mundo mientras los otros dos hombres le lanzaban una mirada extrañada.
-¿No sabía la edad de su mujer?-pregunto Arislan un poco asombrado.
-No con exactitud. Ni siquiera Nadia lo sabía. Verán Nadia no conoció ni a su madre ni a su padre, durante la infancia vivió en la calle hasta que una noche, según me contó ella, la recogieron y la llevaron a una casa. Allí la cuidaron y la adoptaron. Tras la muerte de sus padres, unos pocos años después, la cuidaron sus tíos. Digamos que tuvo un culo inquieto, como decía ella-lanzó una sonrisa de nostalgia al recordarlo- cuando cumplió veinte años fue a un baile en la ciudad, quiso la fortuna o el destino que yo fuera ese baile. La cuestión es que, tres meses después le propuse matrimonio. Ella la principio no quería pero al final aceptó. Dentro de cuatro semanas cumpliríamos cinco años de casados. Nunca supo que edad tenía con exactitud ni el día de su nacimiento. Su cumpleaños lo celebrábamos el día que nos conocimos-una irada triste apareció en los ojos de Meliadus mientras recordaba.
-Entiendo-dijo Arislan-¿nunca supo quienes eran sus padres?
-No que yo sepa.
-Supongo que tampoco tenía enemigos-dijo Arislan.
-Nadia era muy reservada. No hacía demasiada vida social, prefería quedarse en casa leyendo un libro en vez de acompañarme a las fiestas y demás actos. Tampoco tenía amigas.
-La noche que cometieron el asesinato, usted no estaba en casa ¿verdad?
-No, señor Arislan. Fui a una cena en la ciudad, cuando volví me encontré el cuerpo de Nadia en la cama, totalmente ensangrentado y con la espalda despellejada.
-¿Nadie escuchó nada?
-No-negó con la cabeza-el servicio que hay durante el día marcha a la ciudad todas las noches. No quedaba nadie.
-Bueno, señor Meliadus creo que eso era todo-dijo Arislan mientras se levantaba, Jorg le siguió un segundo después. Antes de dar dos pasos se volvió al hombre y le preguntó- Por curiosidad, ¿Tenía Nadia un tatuaje en la espalda, señor Meliadus?
-Si…pero ¿cómo lo sabe?-preguntó Meliadus.
-Leila, que así es como se llamaba la otra victima también tenía uno, ¿Qué tipo de tatuaje tenía su esposa?
-¡Por los dientes de Tilín, por eso la despellejaron!-exclamó Meliadus- El tatuaje era de bella factura, sin duda alguna, y aunque no los apruebo, he de decir que éste no desmerecía para nada la piel de mi Nadia. Era una bella luna con estrellas.
-¿Tenía alguna letra en el tatuaje?-preguntó Arislan.
-Si, tres. Una P, una R y una T, bellamente escondidas en el dibujo de la luna.
-Muchas gracias, señor Meliadus, por su tiempo. Siento haberle angustiado por las preguntas-dijo Arislan.
-Señor Arislan-el aludido se giro y miró al interlocutor-maté a ese hijo de puta.-con un asentimiento con la cabeza Arislan salió de la habitación acompañado por Jorg.
Sus caballos se encontraban a la entraba de la mansión. Una vez montados ambos jinetes, espolearon a los caballos y se dirigieron al galope hacia la ciudad, mientras una figura los observaba desde la ventana de la salita, alzó la copa de vino que sostenía e hizo un brindis y acto seguido la bebió de un trago.
Una vez en la posada, entraron en una de las salas que tenía y pidieron una jarra de vino para los dos. Jorg que había permanecido callado todo el rato seguía en su mutismo, mientras Arislan daba vueltas a la habitación mientras explicaba sus primeras conclusiones. Estaba claro que las dos mujeres tenían relación, el tatuaje era la prueba, también eran de la misma edad. Mientras explicaba sus conclusiones, Jorg iba asintiendo con leves movimientos de cabeza. Ahora bien, ambos llegaron a la conclusión de que había que descubrir si las dos mujeres había compartido su vida en algún momento. Después de comer, se dirigieron de nuevo a la zona donde vivía Leila para ver si descubrían algo sobre su pasado, se pasaron toda la tarde preguntando a los vecinos. Nada. Apenas sabían algo de Leila. Se había casado con Termal, el mercader, hacia apenas un año cuando éste murió, Leila había heredado todo y fin de la historia. Nadie sabía nada sobre ella. Fue entonces cuando Arislan se acordó de algo que dijo Leila durante la comida: “Quién sabe, quizás algún día tengo que volver a empezar”. Si no estaba equivocado allí, en aquel barrio rico no iba a encontrar nada, tenían que ir a barrios más “populares”. _________________ Vive bien que has de morir
Bueno dado que el mud esta parado momentaneamente, voy a poner la historia o si queréis el relato de mi 2º pj del mud o sea Iamwyn... Dadme opiniones, si veis que algo no esta en su sitio decidlo
La historia de Iamwyn no es común, es una historia triste de una chica de madre viuda a causa del Oscuro. La historia comienza una noche en las tierras fronterizas, donde su padre estaba destacado, su padre un hombre noble que había ido a luchar contra las hordas del Padre de las Mentiras... esa noche trágica y sin esperanza el padre de Iamwyn, Nethair lucha contra trollocs y semihombres, aún sabiendo que no hay victoria posible sigue luchando hasta la muerte, y siendo el heroe que necesitan para que Malkier resurja de sus cenizas...
Jorim, un compañero de filas de su padre, les lleva a su madre y a ella la triste noticia, Nethair esta muerto, pero no ha sido una muerte inutil. Ha sido un valeroso hombre de batalla que ha dado su vida por salvarles de una muerte segura. Jorim le entrega a Iamwyn la espada de su padre y le dice que su último pensamiento estuvo con ella. Con 15 años Iamwyn llora por la muerte de su padre y deja olvidada en un arcon esa espada...
Más adelante a los 17 años de edad, mientras duerme una noche se da cuenta de que sueña con un mundo paralelo donde las aventuras y el peligro la llamán. Asi que al día siguiente busca en el arcón de su padre la espada y ve que es una espada poco común, con una hoja irrompible, y en la hoja hay extrañas marcas, marcas de la garza... esa misma mañana sin darse cuenta crea una bola de luz de la nada, asustada pero también esperanzada decide ir a Tar Valon a convertirse un dia en Aes Sedai y luchar contra las fuerzas oscuras que mataron a su padre...
Holasssss...aqui os dejo un Nafay ( )/Daisha( )..la firma de libros sera proximanente espero que les agrade!!!
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Nafay
"Una fina capa de lluvia cae sobre nosotros, suspiro al pensar en el camino que aun me queda por recorrer para llegar a Tar Valon, me han hecho llamar, así que he de acudir cuanto antes. Tendremos que pasar la noche por el camino, aun falta mucho camino para llegar a Cairhien.
Uno de mis acompañantes echa el alto a los caballos y nos indica que desmontemos, es hora de descansar, cosa que yo agradezco al Creador, tengo mis huesos molidos. Mientras Rhelan monta el campamento, Keiven se retira a inspeccionar el terreno, yo decido sentarme a seguir barajando las posibilidades por las que soy llamada con tanta urgencia a la Torre Blanca.
Keiven vuelve rápido y limpiando sangre de su daga con un trapo..
-La cena-dice mientras se sienta-Conejo guisado..
Me estremezco al pensar en el animal, aun recuerdo lo que se siente cuando te dan un tajo. Sacudo la cabeza y trato de alejar todo eso de mi mente, tiempo ha pasado desde aquella noche, hace poco mas de un año que alcance el chal y vincule a mis gaidines, ahora tengo una nueva vida.
Pasamos una noche agradable, a pesar de la lluvia, conversamos, nos reimos y Keivin saca su laúd y entona mi melodía favorita, Rhelan por su parte trata de hacer oídos sordos a su música.
Me acuesto para trata