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Publicado: Mie Ago 22, 2007 7:04 pmAsunto: Fetichismos dedicados.
Hola.
Esta semana, en el ABCD de las artes y las letras, aparece un interesante artículo sobre los libros firmados, bajo el título de Fetichismos dedicados, que os reproduzco.
Manuel Rodriguez Rivero escribió:
Ten cuidado con los libros que dedicas en tu juventud porque te pueden hacer la puñeta en la edad adulta. Parafraseo la frase de Joyce a propósito de un librillo recién adquirido en un top manta de Atocha y en el que un mediano novelista de los cuarenta saluda brazo en alto, y con brindis por el «Generalísimo Salvador» (sic), al poeta del régimen a quien se lo dedica.
A veces los libros los carga (de dedicatorias) el diablo. Y cuando uno -o sus herederos- los vende, se le olvida arrancar la página en la que consta el ofrecimiento ditirámbico o el saludo lacayuno. Luego resulta que esas obras, adquiridas por libreros que sí saben lo que vale un peine, se cotizan mucho más. Un ejemplar de Ulysses dedicado a Pound puede valer cinco veces más que si sólo está firmado por el autor. El fetichismo de las firmas librescas busca la rareza. Por ejemplo, un libro cariñosamente dedicado por Marías a Herralde (suponiendo que tal cosa hubiera tenido lugar) podría valer el día de mañana una pasta gansa. Ya he contado alguna vez que cierto amigo adquirió hace años por una buena cantidad un ejemplar de la guía de Ávila, de Camilo José Cela, dedicada por su autor (el 3 de enero de 1953) así: «A S.E. el General Don José Millán-Astray, Coronel Fundador de la Legión, padre y amigo, dedica esta guía de AVILA, la noble ciudad de las murallas recias, con tanto cariño como respeto, su muy devoto, Camilo José Cela» (firma y rúbrica). Los grandes libreros adquieren bibliotecas en las que nadie ha tenido tiempo de suprimir los paratextos «extras».
Lame Duck Books (sí, los «libros del pato cojo», como si se tratara de los de Bush), por ejemplo, una estupenda librería de Cambridge, Massachusetts, incluye en su increíble catálogo libros de importantes autores hispánicos dedicados a célebres profesores españoles que los acabaron vendiendo (a los libros, me refiero), además de primeras ediciones (carísimas) dedicadas por Carpentier a Edmundo Desnoes, o por Borges a Silvina y Victoria Ocampo, o a su novieta de juventud «señorita Concepción Guerrero». O un ejemplar de la primera edición de Estravagario, de Neruda (dedicada «A Marta»), y que si me sobraran los 3.500 dólares que piden por ella quizás le regalara al señor Rioyo. Pero los libreros bibliófilos no sólo comercian con libros dedicados, sino con otros objetos de culto y fetichismo aún más valorados. Como ese pequeño lote compuesto por 35 cartas y postales hológrafas que Juan Rulfo envió a su último amor clandestino y (por ahora) innominado: por 45.000 dólares puede usted enterarse de la más íntima intimidad de aquel grandísimo escritor tímido y renuente. Yo de usted nunca lo haría, pero cada uno es un mundo. Y al mercado el pudor no le puede importar menos.
Me ha parecido muy interesante por aquello de que las dedicatorias las carga el diablo...
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