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Min escribió "En la web SFRevu.com se ha publicado una entrevista que Ernest Lilley hace a Robert Jordan el 21 de Enero 2003. Es interesante porque se sale de la pauta habitual de entrevistas hechas al escritor. Habla más sobre su vida, sus ideas sobre ciertos temas del pasado y actuales, y relata anécdotas. Además, cualquiera puede leerla porque no hay spoilers de la saga.
Éste es el enlace si queréis leerla en inglés Entrevista a R.Jordan de SFRevu Ern: Le quedan otras dos semanas de gira, ¿compensa eso el aislamiento mientras escribe? RJ: No son dos semanas exactamente, sólo 9 días, y no sólo me compensa. Es divertido. Me he reunido con 2 multitudes de más de 600 personas y varias de entre 500 a 300, así que, créeme, compañía en la carretera no me falta. Ern: ¿Ansía tener compañía cuando escribe? Sé que trabaja 8 horas al día. RJ: Ocho como mínimo, a veces nueve o diez. Y no, no ansío tener compañía. Mi esposa dice que soy un tejón. Tiene que sacarme a la fuerza de mi madriguera para que asista a actos sociales. Ern: CoT es el libro 10 de la serie La Rueda del Tiempo. La idea de intentar saltarme todo hasta lo reciente o leerlos todos me intimida. RJ: Bueno, pues que no te intimide. Puedes intentarlo para ver si te gusta, pero tienes que empezar con el libro uno, El Ojo del Mundo. Te perderías totalmente intentando empezar con el libro mas reciente, pero El Ojo del Mundo es completo en sí, de modo que a diferencia de los otros puede leerse solo. De modo que, si decides no seguir con la historia, lo que se cuenta en él tiene su propio sentido. Ern: Desde hace unos cuantos libros viene diciendo que sólo quedan tres más. ¿Cuántos son ahora? RJ: Mínimo dos. He repetido que estaba seguro de que sólo quedaban dos más, y sigo convencido de que intentaré acabarlo en dos, pero muy pocos fans parecen creer que podré hacerlo en dos, y yo mismo no estoy tan seguro. Ern: ¿Hay alguna posibilidad de que una vez haya terminado la trama principal de la historia haga más cosas sobre este universo? RJ: No, realmente no. Hay tres novelas cortas que voy a hacer. En cierto modo son precuelas, y cubren incidentes específicos que creo son interesantes, sin tener en cuenta realmente a los personajes principales. Una de ellas será una ampliación de la novela "Primavera", que apareció en la colección titulada Leyendas. Escribí esas 35,000 palabras tras hacer muchas reducciones, y aun así tuve que dejar fuera varias tramas para llegar a esa extensión. Así pues, me gustaría hacerla como había pensado en un primero momento, unas 70.000 palabras quizá. Hay otras dos de ese estilo, que serían más cortas, pero no, no escribiré más sobre este universo cuando llegue al final… a menos que se me ocurra algo espectacular. En caso contrario sólo estaría moviéndome por el mismo terreno otra vez, y no quiero hacer eso. Quiero hacer algo diferente. Ern: Ha repetido varias veces que previó la escena final de la saga La Rueda del Tiempo, incluso antes de empezar a escribirla. RJ: La escena era parte de lo que me hizo concebir el libro. Había pensado cómo iniciarla, y después cómo poner fin a la historia. Así que a partir de ahí era cosa de imaginar cómo las personas de la primera escena llegaban a ser las de la última escena, porque son muy, muy distintas. Ern: Parece un trabajo tremendo conducir a los personajes hacia esa escena. Algunos tienen voluntad propia. RJ: Mis personajes hacen lo que yo quiero. En lo tocante a mi trabajo como escritor, soy un dios del antiguo testamento con el puño en medio de las vidas de mis personajes. Hacen lo que yo quiero que hagan. La dificultad ha estado en que la historia se ha hecho mas larga de lo que pensé que sería. Creí que podría poner un "x" de la historia en el primer libro, y no fue así. Cuando empecé El Ojo del Mundo creía que sería capaz de incluir más historia en él, y me fue imposible. No es más que un asunto de tamaño. Estos son unos libros bastante extensos, setecientas páginas en la edición de tapa dura. De haberlo hecho de otro modo, habrían sido unos libros demasiado grandes para que cualquiera pudiera llevar uno sin usar mochila. Ern: De modo que la trama no es que haya desembocado en otras direcciones de las que preveía, sino que es más rica de lo que imaginaba. RJ: Sí, exactamente. Ern: ¿Proviene de una familia con el hábito de leer? RJ: Oh, sí, con estanterías de libros por toda la casa. Ern: ¿Qué hacían sus padres? RJ: Bueno, mi madre era ama de casa, y trabajó en defensa durante la Segunda Guerra Mundial, pero aparte de eso sólo se dedicó al hogar. Mi padre fue oficial de policía después de la SGM, y después fue a trabajar para la Autoridad Estatal de Puertos en Carolina del Sur. Allí estuvo hasta que se jubiló. Se retiró antes de la edad por razones de salud. Ern: ¿Cuándo empezó a dedicarse plenamente a escribir? RJ: Hace unos 25 años. Por entonces trabajaba como ingeniero para el gobierno y sufrí un accidente. Tuvieron que reconstruirme la rodilla, y surgieron complicaciones a causa de la intervención. Se formó un edema pulmonar que me tuvo un mes ingresado en el hospital. Algún tipo de infección me dio fiebre. Me contaron que estuve a punto de morir, y entonces decidí que la vida era muy corta. Siempre había pensado que algún día escribiría, y me dije que era el momento de actuar o callarme. Ern: ¿Cuándo pensó por primera vez que iba a escribir? RJ: Cuando tenía cinco años. Aprendí a leer muy pronto. A los cinco años leía a Julio Verne y Mark Twain. Había leído Tom Sawyer y Huckleberry Finn, y De la Tierra a la Luna, esos eran los últimos tres libros que había leído y los tenía en una mesa; al mirarlos recordé que había pensado que algún día haría historias así. Ern: ¿Recuerda cual fue el primer libro que leyó? RJ: Sí. Fue Colmillo Blanco, pero sólo la segunda mitad. Verás, mi hermano mayor, que tiene doce años más que yo, a veces hacía de canguro conmigo. Lo que hacía para que no metiera las manos en su pecera de peces de colores ni que lanzara al aire sus aviones de madera desde el porche era leerme libros. Pero cogía cualquier libro que tuviera como deberes en la escuela, y, de algún modo, aprendí a leer así, y la primera vez que se hizo patente en mí, me había estado leyendo Colmillo Blanco hasta que nuestros padres llegaron a casa y volvió a colocar el libro en la estantería... Y yo quería saber qué ocurría. Así que cogí el libro y me puse a leerlo a mi modo. No entendí todas las palabras, pero sí las suficientes para entender la historia. Lo recuerdo con toda claridad. Me sentía muy orgulloso de mí mismo por haber hecho tal cosa. Al año siguiente no tenía el menor problema con Twain o Verne. Aunque sí tuve alguno con H.G.Wells. Ern: Parece que fuera un lector ecléctico. RJ: Por aquel entonces leía todo lo que caía en mis manos. Verás, leía lo que encontraba en las estanterías de mis padres. Más adelante, cuando conseguí un carné de biblioteca, me disgustó descubrir que tenía que ir a algo llamado "sección infantil". Los únicos libros que encontré allí que me gustaron fueron los de "Freddy el Cerdo", y algunos de Juvenil Heinlein. Esos me fascinaron, me encantaban. En cuanto a lo demás, no había nada en la sección infantil que me llamara la atención, y quería conseguir el tipo de libros que había leído en casa. Así que iba a la sección de adultos de la biblioteca y sacaba ejemplares. Me los llevaba a una sala de lectura y ponía los que quería guardar en una estantería donde no parecía que los tocaran, y los que no me parecían interesantes los dejaba en la mesa, donde los colocarían de nuevo en su sitio. Así que nunca volví a leer libros de niños hasta que me casé. La primera vez que mi mujer se puso enferma quiso que le leyera sus libros de cuando era niña. Y lo hice. Ern: Está casado con una editora. ¿Lo era ya cuando la conoció? RJ: Oh, sí. Era la directora de editorial de Tom Doherty, que publica los libros TOR. Antes de eso la ascendieron a vicepresidenta, y lo celebró dimitiendo para poner en marcha su propio sello editorial que distribuía Grosset & Dunlap. Mi primera novela se publicó con su sello editorial. Cuando se acabó ese libro, empecé a echarla de menos… así que empecé a salir con ella. Entonces le pedí que se casara conmigo… pero me acobardé. Era mi editora, ¿cómo podía casarme con ella? Así que me puse a vender algunas cosas en otros sitios y entonces todo estuvo bien. Sigue siendo mi editora. Ha hecho recortes, y soy el único autor que edita. Solía pasar una semana al mes en Nueva York para realizar su tarea editorial, y decidió que no quería seguir haciendo eso, pero sí editar cosas. Entonces, hace un par de años, cortó con eso a causa de mis giras por los libros, y yo quería que me acompañara porque iba a volverme loco de remate pasando un mes de viaje solo, durmiendo en hoteles. Ern: En hoteles bastante buenos. RJ: Sí, tienen que poder entregar la ropa limpia con urgencia, y dispongo de servicio de habitaciones las 24 horas del día porque a menudo no como nada hasta que llego al hotel a la 1 de la madrugada, y quiero poder tomar mi comida favorita, "espagueti boloñesa", que no es más que espagueti con una simple salsa de tomate. En cualquier caso, dejó de publicar a los otros escritores, el padre Andrew Greely y Mike y Cathy Greer, y yo había empezado a vender derechos de traducción de mis libros, y mis editores europeos comenzaron a pedirme que hiciera giras por Suecia, Noruega, Holanda, Rusia y Gran Bretaña. Así que ella decidió no que sería justo para los otros autores tener que pasar un mes sin estar en comunicación con ella. Ern: ¿Esas giras le quitan tiempo para escribir o le interrumpen lo que esta escribiendo? RJ: No, en realidad no. Tienen lugar enseguida de aparecer los libros. En los últimos cinco libros han pasado sólo dos meses entre el momento que entregué los manuscritos y el comienzo de la gira. Justo el tiempo para recuperar el aliento al acabar de escribir y salir fuera, parpadeando un poco porque no estoy acostumbrado a ver la luz del día. El año pasado calculé que me tomé cinco días libres en todo el año. El resto del tiempo estuve escribiendo. Dos de esos días fui a pescar, otro hubo una boda, y el quinto no recuerdo qué pasó… Ern: No empezó escribiendo fantasía, sino novela histórica de ficción, y con otro nombre. RJ: Sí, Regan O'Neill es el nombre que utilicé para las novelas históricas de ficción. Lo primero que escribí fue fantasía, al menos creo que lo era. No se publicará nunca porque creo que ahora soy mejor escritor. Escribí eso y lo envié a DAW Books porque me dijeron que publicaban obras de escritores noveles. Así que lo envié a DAW y recibí una carta de Donald Wolheim; era muy elogiosa, y evidentemente la había escrito en su casa él mismo a máquina, porque había corregidas palabras con pluma y su firma era muy apretada. Me hacía una oferta. Pedí algunos cambios en el contrato. Nada importante. Pedía ciertos cambios en derechos subsidiarios que no espera hacer valer nunca, aunque quería dejar claro que no iba a aceptar lo primero que me ofrecieran. Sin embargo no conocía lo suficiente de esta industria para saber si se me ofrecía una ventaja minúscula o una buena. Ern: Quería establecer un diálogo. RJ: Sí. Y descubrí que no le gustaba que escritores principiantes pidieran cambios. Pensaba que debían aceptar lo que les ofrecieran. Así que el resultado de mi petición de cambios fue una carta respondiendo: "Estimado señor, en vista de sus exigencias de contrato retiramos nuestra oferta. Atentamente, Donald A.Wolheim." Miré las dos cartas y no supe por qué me había llegado la segunda, ya que no había exigido nada. De hecho había escrito una carta que terminaba diciendo: "Si cualquiera de estas peticiones les parece fuera de lugar, comuníquenmelo, por favor." Así lo eché todo por la borda, pero era consciente de que no sabía nada sobre la publicación. Bien, pues decidí hacer caso omiso de la segunda carta porque en la primera decía: "puede escribir". Esa novela que pensé era de fantasía la compró posteriormente Jim Baen cuando estaba en Ace, como una novela de ciencia-ficción. Quizá sepas que Jim no tiene en muy buen concepto a la fantasía, así que la compró como novela de ciencia-ficción mientras que DAW la compraba como de fantasía. Entonces Susan Allison lo sustituyó cuando se fue a TOR, y no le gustó, de manera que me devolvió los derechos de autor y la novela está olvidada en una estantería desde entonces. Ern: ¿Y de qué iba esa novela que nunca veremos? RJ: Se titula "Warriors of the Altaii", y nunca la veréis ni sabréis nada de ella. No he destruido el manuscrito, porque tiene un poderoso "juju", aunque en mi testamento he dejado ordenado que se queme el manuscrito. Pero hasta entonces me da miedo librarme del "juju" que hay en él. En cierto modo, esa novela me llevó a conocer a mi esposa, y a que se publicara mi primera novela. A causa de que estaba enterado de lo de ese manuscrito, cuando Tom Doherty consiguió los derechos para hacer las novelas de Conan, necesitaba la primera enseguida a fin de que saliera al mismo tiempo que la película. Y sabía que una vez yo había escrito una novela de 98.000 palabras en 13 días. Así que pensó que podía escribir algo muy deprisa, y tenía razón. Y me gustó. Fue divertido escribir algo totalmente exagerado, repleto de prosa "púrpura", y en un momento de debilidad acepté hacer otros cinco y novelizar la segunda película de Conan. Había decidido que esas cosas eran una buena disciplina para mí. Tenía que trabajar con un personaje y un mundo que ya habían sido creados y aun así hallar el modo de contar algo nuevo sobre ese personaje y ese mundo. Fue un buen ejercicio. Ern: Hablando de crear un mundo, el mundo y la magia del universo de La Rueda del Tiempo son muy enrevesados, muy complejos, pero aun así su obra mantiene un alto grado de consistencia. ¿Cómo consigue que las cosas encajen? RJ: Cada vez que se me ocurre algo nuevo lo apunto rápidamente en mis notas. He construido una especie de árbol lógico: si esto es así y eso es así, entonces esto otro no puede ser así. A veces se llega a un punto donde si sigues una línea, algo no puede ser así, pero si sigues otra, tiene que ser así. Ern: Es decir, escribe fantasía "con la red levantada". RJ: Contemplo la magia como si fuera tecnología en cierto modo, como si fuera ciencia. El Poder Único y encauzar siguen unas reglas, no es simplemente lanzarse a lo loco y todo vale, sino que siguen unas reglas específicas. Ahora esas reglas están muy bien establecidas. Ern: Principalmente soy lector de ciencia-ficción, aunque me gustan algunas cosas de fantasía. Creo que lo que me gusta de la ciencia-ficción es que aborda algunas cuestiones importantes, pero usted escribe fantasía por la misma razón. RJ: Sí, creo entender la ciencia-ficción que te gusta, como a mí; es muy frecuentemente que el "ta-poquetá-poquetá"*, si recuerdas la vieja película de Walter Mitty, se haga con el mando y los personajes estén ahí sólo para encargarse de que ocurra en el momento oportuno. La mejor ciencia-ficción va mucho más allá que eso, y desde luego también hay un montón de fallos en un montón de obras de fantasía, pero quizá sea ésa la razón de que haya decidido seguir con la fantasía en vez de con la ciencia-ficción. * (Chicos, lo siento, pero no he querido cambiar ese "ta-poquetá-poquetá", que viene en el original, porque supongo que es alguna onomatopeya del ruido de máquinas o algo así. Min) Asimismo, la ciencia-ficción ha absorbido algo de la corriente dominante de la literatura, y eso es algo que entiendo como una ambivalencia moral, lo cual es una aplicación errónea de las éticas situacionales. No hay realmente nada que sea bueno o malo, no hay bien ni mal, todo depende de las circunstancias. Ern: Las éticas posmodernas para una cultura posmoderna. RJ: Y veo eso y digo, no, no. Hay bueno y malo, hay bien y mal, y a veces es difícil discernir entre lo uno y lo otro. Pero merece la pena intentar discernirlo. Uno no tira una moneda al aire. Ern: ¿Cree que la gente se está cansando de este relativismo moral? RJ: Creo que sí. No hacia un sistema de valores en particular. Hay montones de sistemas de valores en este país. Pero me parece que un montón de gente desea creer en algo, y quieren una serie de reglas en la vida, o unas líneas guía de vida y comportamiento de lo que es correcto hacer o lo que no lo es, y pueden discutir entre ellos sobre si esto o aquello es bueno o malo, pero quieren creer en esas cosas. Ern: La tolerancia es buena, pero que te dé todo igual es malo. RJ: Sí, hay una diferencia entre ser tolerante y ser una esponja. Ern: Bien, la fantasía le permite tratar asuntos morales, mientras que la ciencia-ficción hace que te centres en la tecnología a través de la cual se lucha con ellos de algún modo, es un escenario basado en el género más que en un personaje. RJ: Y muy a menudo la tecnología es mucho más importante que los temas, a mi parecer. Digo esto siendo alguien a quien le gusta Neil Stepheson. Y me gusta Greg Bear. Y releo periódicamente a Heinlein. Me encanta la ciencia-ficción. Ern: ¿Relee los Heinlein Juveniles? RJ. Por supuesto. Detesto lo que hicieron con "Starship Troopers". Estuve esperando que Heinlein saliese de su tumba y les aporreara la cabeza. Dejaron clarísimo que íbamos a tener un futuro nazi ahí, y lo que era evidente es que la gente que lo hizo no comprendía a Robert Heinlein, ni lo que lo movía, ni sobre lo que escribía. Ern: Aparte de estropear el concepto, y con todo el CGI que utilizaron, me dio mucha rabia que omitieran la tecnología central en la película, el traje de potencia.* (*Una especie de traje-armadura, con el que se protegían los soldados. Min). RJ: Ah, sí. No entendí por qué se dejaron eso fuera. Al ver la película decidí que no quería comprar la versión dvd. Ern: Sirvió en Vietnam, y me preguntaba cómo se sentía al respecto. RJ: Diría que de un modo ambivalente. No diré que me alegré de haber ido, pero fue algo que no habría podido hacer de otra forma sin ser alguien distinto. Ern: ¿Dónde estuvo destinado y que hizo? RJ: Fui artillero en Hueys. Al principio estuve en Saigon, y después fui a Ben Wa, y volamos a todas partes. Mar del Sol, La Plantación de Caucho, hasta Cu Chi, en el delta, y Nui Ba Dinh, Montaña Virginia Negra, y volamos a Camboya mucho antes del "Parrots Beak". (las faltas ortográficas son mías, eres libre de corregirlas -Ern) Ern: Aquí estamos, en vísperas de otra guerra, ¿qué le hace sentir ésta? RJ: Ojalá no hubiera que hacerla, pero creo que es la mejor ocasión que tenemos de realizar algún cambio en el mundo árabe. Eso significa forzar un arreglo al problema palestino. Iraq, antes de que Saddam tomara el poder, era la nación más secular y educada, y es la que ha tenido mejor oportunidad, a despecho de las dificultades, de moverse hacia algo que reconociéramos como democracia. Si pudiera hacerse eso, podría mitigar, en gran medida, un montón del odio callejero hacia el oeste. Es odio realmente. Dejamos que las mujeres piensen, que conduzcan coches, que consigan trabajos. Toleramos a los judíos. Hacemos todas esas cosas que son detestables, y nosotros somos detestables. Hay mucho odio que es producto de algo que nosotros, en Estados Unidos, no hemos visto desde la Guerra Civil, y posiblemente ni siquiera entonces. Es algo que el mundo occidental no ha visto realmente en los últimos tres o cuatrocientos años. Es un odio hacia el otro, porque es el otro, distinto a mí, y en consecuencia lo matamos. Ern: ¿De dónde viene el odio? RJ: Mucho viene del conocimiento. La televisión por satélite ha hecho que un montón de sitios del mundo sepan de Europa y los Estados Unidos, cosa que hace treinta o cuarenta años apenas tenían noticia de nosotros. Ern: Y minamos su autoridad. RJ: Sí, simplemente por estar aquí somos una amenaza para ellos. Se le preguntó a un experto después del 9 de noviembre que qué podíamos hacer para erradicar el odio de esas gentes hacia nosotros, él hizo una pausa y luego contestó: "Podíamos irnos del planeta". Es algo que debe preocuparnos. Puedes decir, ¿qué nos importa si una nación tercermundista tiene unas cuantas bombas atómicas? Pero, ¿sabes?, la Unión Soviética era una nación tercermundista. Una vez que en muro cayó, nos dimos cuenta de que teníamos delante una nación tercermundista, que había tenido al mundo atrapado en la Guerra Fría durante todo ese tiempo simplemente porque tenía armas nucleares. No quiero ni pensar en un mundo en el que Corea del Norte y Saddam Hussein posean armas nucleares. Estos dos gobiernos tienen gente que estaría más que dispuesta a usar esas cosas. Ern: Y, sin embargo, a menudos somos los feos americanos. Nuestro principal embajador en el mundo es Baywatch. RJ: Bueno, sí, pero nuestra TV se ha movido a altas horas de la madrugada. Las películas siguen siendo populares, pero la gente no la mira… a diferencia de un edicto gubernamental… parece que quiere ver otra cosa. Ern: Posiblemente la tecnología de videos baratos les ha permitido crear su propio contenido. RJ: Posiblemente. Ern: ¿Hay alguna otra cosa de que la deberíamos hablar? RJ: Bueno, no… Excepto hacer hincapié otra vez en que no puedes empezar por Crossroads of Twilight. Tienes que empezar con El Ojo del Mundo. (risas) Ern: Y que El Ojo del Mundo puede leerse solo. RJ: Sí, y no tienes que seguir, pero es el comienzo y descubrirás cosas. No intento repetir las lecciones de los personajes. Simplemente doy por hecho en los últimos libros que ya has leído lo que ha salido antes. Que lo sabrás. Ern: Tengo entendido que hay una historia de otro universo que tiene en mente para después de terminar La Rueda del Tiempo. RJ: Sí, algo muy distinto de La Rueda del Tiempo. Un universo diferente y cultura diferente sin conexión con este mundo o universo, pero es una obra de fantasía. Tengo la trama de la historia en cabeza, y he estado dándole vueltas en un rincón de mi mente durante los últimos siete u ocho años. Ern: Pero no va a descubrir nada. RJ: No, pero deja que te dé un ejemplo de por qué. Cuando pensé por primera vez que quizá tenía listo lo que se convertiría en La Rueda del Tiempo, el personaje de Rand, que tiene unos 19 años, y su padre Tam, eran un único personaje. Un hombre que había huido del hogar de muchacho, con trece o catorce años, y en esa clase de mundo que puedes tener si has crecido en una granja. Empezaba a trabajar con caballos entre los soldados y entonces se convertía en soldado, y habiendo pasado veinte años de su vida como soldado, está cansado y decide que quiere volver a casa. Así que un hombre con treinta y pico años regresa a su pueblo y descubre que el lugar al que vuelve no es el que dejó al marchar, y que él no es un jovencito que ha huido de casa, y que además el mundo y la profecía le pisan los talones. Habría sido una historia muy distinta que la que he acabado escribiendo. Decidí que quería dividirlos porque quería que los personajes principales fueran cándidos. Quería que miraran con ojos nuevos… quería que todo fuera nuevo. Ern: Bien, creo que ya le he entretenido demasiado tiempo, y que es hora de que vayáis a azadonar vuestro propio jardín. (Ernest farda aquí al hacer referencia a la última frase de Cándido, de Voltaire.) Gracias. RJ: (Ríe con cortesía) Sí. Encantado, no hay de qué.
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