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    Resumen del primer capítulo de Nueva Primavera

     
La Rueda del Tiempo

Loial escribió: "Tor Books, La editorial americana de La Rueda del Tiempo (Wheel of Time) ha puesto en la web que tiene dedicada a Robert Jordan el primer capitulo de Nueva Primavera (New Spring), recientemente publicada en inglés. Para aquellos no versados en el inglés os hemos preparado un amplio resumen del capitulo. Tal y como hemos venido comentando narra acontecimientos anteriores a El Ojo del Mundo, centrándose en la historia de cómo Moraine y Lan Mandragoran llegaron a conocerse. Aquellos lectores impacientes (en Mayo se edita en castellano) pueden leer ese capitulo y observar el buen pulso narrativo que Robert Jordan demuestra en esta nueva novela donde intriga y acción van mas de la mano que nunca, manteniendo un buen ritmo en la trama con el trasfondo de los inicios de la búsqueda del Dragón Renacido y los intentos de La Sombra por dar al traste con dichos planes. Se inicia una carrera crucial por el futuro del mundo, mucho esta en juego dependiendo de quien la gane".

Resumen del capitulo I

El capitulo podéis leerlo en ingles en
http://www.tor.com/jordan/excerpt.html


Nos encontramos en las afueras de Tar Valon, la nieve cubre la tierra donde los hombres han combatido encarnizadamente a lo largo de tres días. Lan cubierto con su armadura se encuentra haciendo una ronda en el campo de batalla y recordando como ha combatido a los aiel desde hace años, ya en Shienar lo hacía, a su vez observa los campamentos sin fogatas para evitar llamar la atención de los aiel.

Reflexiona sobre su espada, la espada que fue de los reyes de Malkier, espada forjada utilizando el poder único, en la guerra de la Sombra, al final de la Era de Leyenda y cuyo filo no necesita ser afilado ni puede romperse. Su empuñadura se ha cambiado numerosas veces, pero la espada nunca se ha quebrado.

En su ronda se encuentra con un centinela dormido, un veterano domani al que recuerda los peligros de quedarse traspuesto apoyado en un árbol y despertar solo para ver como un aiel le ha cortado la garganta o simplemente quedarse demasiado tiempo quieto y despertar con alguna parte del cuerpo congelada debido al frío.

Rumores apuntan a que hay Aes Sedai cerca del río ofreciendo su ayuda en la curación de los heridos, y que las heridas desaparecen a su paso como si nunca se hubieran producido pero Lan no se fía de ellas más que lo imprescindible, no es bueno, piensa, verse envuelto más de lo estrictamente necesario con una Aes Sedai, puede que años más tarde ella recuerde que necesita tu ayuda y te veas mezclado en sus tejemanejes. Lan se pregunta cuánto tiempo podrán aguantar sus hombres en este estado de alerta. No sólo su grupo sino todos los soldados de la Gran Coalición, que se encuentran exhaustos. Las batallas son siempre calurosas, independientemente del frío y la nieve y los hombres se encuentran debilitados y exhaustos por la acción sin descanso de estos días pasados.

En el campamento había 300 hombres, una cuarta parte en permanente guardia, Lan sabia de la necesidad de especiales precauciones cuando se trata de aiel, por eso continúa su ronda despertando a algún centinela más que se había quedado dormido, incluso de pie.

Lan se vuelve hacia Bukama, a quien le reprocha haberle estado siguiendo desde que inicio la ronda. Bukama refunfuña al verse descubierto. Y no es que haya hecho mucho ruido, Bukama había sido el maestro de Lan desde que era niño y sabia de la necesidad de un guerrero de las tierras fronterizas de moverse sin ruido y estar muy pendiente de lo que hay a tu alrededor. Bukama le contesta que ha vigilado su espalda de esos "amigos siniestros aiel", que le cortarían la garganta al menor descuido, reprochándole si ha olvidado sus enseñanzas.

Sólo cinco hombres de veinte sobrevivieron a la tarea que les encomendaron de poner a salvo al heredero del trono de Malkier, cuando esta nación fue destruida por las hordas de la Llaga, estos hombres entrenaron a Lan. Bukama era el último superviviente de ellos. Ambos llevan el hadori tradicional de Malkier, de hecho Lan sabe que morirá con el hadori puesto. Lan recuerda a Bukama que le ha descubierto y le pregunta si cree que los aiel son seguidores del Oscuro. Bukama le responde que si no lo son que hacen ellos allí, a lo que su antiguo pupilo le responde que dio su palabra de quedarse hasta el final. Ambos saben del valor de mantener la palabra.

Los aiel habían atacado de improviso, saliendo del Yermo y arrasando la ciudad de Cairhien y combatiendo con fiereza en Tear y Andor durante dos años, hasta llegar a las afueras de Tar Valon y estos ensangrentados campos de batalla, al principio Lan creyó que la mano del Oscuro estaba detrás de estos ataques tal y como decían, había un patrón común: El Oscuro había provocado la Guerra de la Sombra y cientos de años después La Guerra de los Trollocs, ¿qué otra cosa podía estar detrás de este ataque aiel? Pero Lan ya no creía en esto, pero había dado su palabra.

Cuando Lan va a continuar su ronda para despertar a mas centinelas junto a Bukama, un mensajero llega a caballo en la noche. Un teariano es anunciado por un veterano guerrero de Saldea que tiene una voz ronca debido a una cicatriz provocada por una flecha aiel y que le recorre el cuello y que enseña orgulloso cuando bebe. Allí el mensajero le comunica que unos seiscientos aiel abandonan el río hacia el este y que Lord Emares pretende emboscarles con sus seiscientos hombres y la ayuda de Lan. Se trata de que Lan en una loma haga de yunque y Lord Emares hará de martillo. Lan reflexiona sobre la falta de modales de los sureños que hablan sin decir su nombre y sin bajar del caballo, Lan frena la mano de su amigo Bukama ante la actitud insolente del mensajero y confirma que estará allí con las primeras luces del día, aunque no conoce a Lord Emares, lo que no es inusual dado que el ejercito lo forman mas de doscientos mil hombres de doce naciones diferentes, además de la guardia de Tar Valon y los Hijos de la Luz.

El jinete se despide con otra insolencia pues en su tono de voz hay una amenaza implícita si Lan no cabalga deprisa y se posiciona con sus hombres donde le manda el Lord teariano. A pesar de la insolencia del jinete de las tierras del sur, Lan hace un esfuerzo por calmarse y recuerda su palabra. En otras circunstancias, en las tierras fronterizas muchos duelos se habrían producido por la insolencia de este hombre.

A sus ordenes quedaban ya hombres experimentados que en orden y rápidamente se preparan para la marcha, la mayoría son de Saldaea y Kandor, también se habían unido soldados en el exilio de Malkier, pero Lan no iba a comandarlos en estas tierras y circunstancias.

Vuelven al campamento que está bien disciplinado y montan en sus caballos. Bukama ya ha comentado a los hombres lo que van a hacer por la mañana y ambos comentan que para que la táctica del yunque y el martillo no fracase y ambos se vean perjudicados han de llegar a tiempo a la ladera prevista.

Inician una dura carrera por llegar a tiempo y lograr que la emboscada sea efectiva, recorren las tierras alrededor de Tar Valon vigilantes puesto que los aiel son especialistas en camuflarse en zonas que pudieran ser impensables. Observan la alta estructura de la Torre Blanca y van al trote viendo pasar el paisaje que circunda Tar Valon. Pasan por las laderas del Monte del Dragón donde Bukama hace un signo contra el mal, la montaña de la profecía, símbolo a la vez de esperanza y desesperación, profecía que nadie quiere ver cumplida por completo, pero que inevitablemente algún día lo hará.

Tras alcanzar la posición donde deben encontrarse con los aiel, los hombres se preparan para la batalla, clavan las lanzas, preparadas para utilizarlas cuando las necesiten y preparan los arcos. Lan dirigirá el combate, no necesita arcos ya que el no esta allí para elegir blancos, los aiel no eran tan tontos como para participar en una batalla en desventaja, pero unos seiscientos aiel no rehuirían atacar a unos cuatrocientos hombres, aunque estos estuvieran posicionados con ventaja en lo alto de una loma, desde donde les dispararían flechas. Lan esperaba que los Aiel no prefirieran un intercambio de flechas, pues en ese caso ambos bandos perderían hombres con mucha facilidad, incluso aunque Emares llegara muy pronto. Se retrasara o no y esperando que los Aiel no atacaran por los flancos pues eso supondría que sabían que los seguían, tras lanzar las flechas, Lan dirigiría sus hombres con sus lanzas contra los Aiel.

La táctica básica que esperan realizar es la del "yunque y el martillo", consistente en mantener a los aiel fijos en un lugar y mientras un grupo hace esto otro atacarles y al final ir cerrando el circulo y atraparlos entre ambos grupos. Los hombres de la Gran Coalición de naciones que no han aprendido esta táctica de lucha contra los aiel, lo han pagado caro, como al principio de la guerra los altaraneses y murandianos.

Lan observa a los altos aiel, hombres y mujeres que van al trote en filas serpenteantes, a los que la nieve no parece frenar su ritmo y saca un visor de Cairhien para observarles en la distancia, los aiel a pesar de ver a los jinetes de Lan no parecen prestarles mucha atención, ni se detienen, algunos mueven la cabeza cuando suenan algunos toques de trompeta. ¿Vuelven la cabeza al oír ese sonido o saben que Lord Emares les sigue?

Pronto los aiel siguen apareciendo, pero son muchos mas de los que les habían dicho, cerca de dos mil. Ante tal contingente de aiel, Lan, Bukama y sus soldados no tienen esperanza de sobrevivir si se lanzan contra ellos directamente y posiblemente tampoco con Emares. Lan revisa a sus hombres y observa como a pesar de la situación se mantienen firmes y nadie parece buscar una salida para huir. Lan no va a dar marcha atrás, porque ha dado su palabra, pero tampoco va a lanzar a sus hombres al suicidio. Si el Lord Teariano no ha aparecido cuando los Aiel se vayan acercando, Lan intentara rodearles para unirse a Emares y quizás así pudieran golpear al unísono y sobrevivir. Las Trompetas suenan a lo lejos.

Uno de los Aiel levanta la lanza y la sostiene levantada haciendo que ese grupo se pare lo suficientemente lejos del alcance de las flechas. Con el visor Lan observa como los Aiel se paran y parecen hablar entre ellos, bajan las lanzas y vueltos hacia Lan gritan una palabra en la Antigua Lengua, Aan 'allein, ante la incomprensión de Lan y Bukama de porque gritan esta palabra que si no recuerdan mal significaba algo así como un hombre que esta solo.

Sorprendentemente los Aiel no parecen rodearles para atacarles sino que se marchan. Uno de los soldados de Lan comenta que vuelven al Yermo ante la incredulidad del resto. Bukama pregunta a su antiguo pupilo si han de seguirles. Ante la pregunta de Bukama, Lan responde negativamente. Parece que ha llegado el momento de tener una charla educada con Lord Emares sobre yunques y martillos y su papel en todo eso. Así se llega al final de un día extraño.

 

Enviado el Viernes, 23 de Enero del 2004 (15:38:36) por Ishamael


 

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